CULPAS HISTÓRICAS, MEMORIA HISTÓRICA Y OTRAS HISTORIAS

Alguno, ante tantas recriminaciones históricas, puede tener la tentación de aquel dibujo de un inconforme: representa al mapa-mundi girando y una sola frase: paren el mundo, que yo me quiero bajar... Pero es evidente que nadie se puede bajar, hay que arreglar "esto" entre todos.

A propósito de reclamos históricos, hay cosas actuales que es muy bueno reconocerlas. No esperar que lo hagan nuestros nietos.

Recuerdo la noticia del aumento imparable de divorcios en el Reino Unido en los últimos años, que aconsejaba al gobierno hacer más lento el proceso para su obtención, y ofrecer más oportunidades de reconciliación a las parejas. Reconocer el Gobierno su culpa, hubiera sido muy productivo. Porque la causa fue la aprobación en 1969 de la Ley de Reforma del Divorcio, que redujo a tres meses el plazo para su obtención. Desde entonces el número de divorcios experimentó un alza continua hasta situarse en 155 mil, comparada con los 6 mil de 20 años atrás. Pero el problema está más extendido.

En Estados Unidos los divorcios han crecido en un 30%, y la Universidad de Oklahoma atribuye la mitad de este aumento a la legislación que facilita divorciarse. Una consecuencia es que en la actualidad uno de cada cuatro menores de edad norteamericanos vive en familias de un solo padre, con los daños que ello significa en primer lugar para los niños. Y alguien comentaba que los hijos del divorcio son más vulnerables que los huérfanos.

La diputada Jessie F. Dalaman, que tramitó una ley para poner barreras al divorcio de matrimonios con hijos, lo justificaba así: "tenemos que comenzar a ver la relación entre el divorcio y otros problemas", especialmente la pobreza familiar y la delincuencia juvenil. Algo parecido declaraba a NewsWeek William Galson, ex consejero del Presidente Clinton: "Hemos hecho un gran experimento social en los últimos 40 años, en favor de la autonomía individual, la capacidad de elección, y la realización personales, en detrimento de la responsabilidad y del sacrificio. Ahora nos preguntamos si el experimento ha sido un éxito o un fracaso". Es evidente que básicamente ha sido, es un fracaso. Y es evidente que no soluciona los problemas de la sociedad.

La realidad es que la unidad familiar, base de la sociedad, ha sido colocada frente a una sugestión: quienes contraen matrimonio no ven reconocida civilmente la indisolubilidad de su compromiso, y tienen que aceptar la posibilidad del divorcio. La mera existencia de esta alternativa condiciona ya el modo de afrontar las dificultades conyugales, muchas veces inevitables, que podrían resolverse de otras maneras. Partir de esto, es buen camino para una solución correcta.

Un ejemplo de intento en esta línea, es la ley aprobada el pasado 23 de junio en Lousiana, que introduce la opción a un tipo de contrato matrimonial -el covenant marriage, matrimonio alianza- bajo el cual las parejas aceptan libremente tener más dificultades legales para divorciarse. Una especie de "matrimonio blindado", que introduce condiciones más rigurosas para el divorcio que el matrimonio ordinario. Además, al pedir a las parejas que se planteen si eligen este tipo de contrato, se facilita que reflexionen sobre el alcance de su compromiso, un primer paso a favor de la fidelidad.

Grandes procesos de transformación están produciéndose en el mundo. Y nosotros debemos de ser los protagonistas conscientes, sabiendo que podemos configurar una sociedad más humana, si queremos.

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