MEDIO SIGLO DE DECLARACION DE LOS DERECHOS HUMANOS
El 10 de diciembre se cumplen cincuenta años de la aprobación en París de la Declaración Universal de los derechos humanos por la ONU. Se concluía así el último tramo de un proceso iniciado casi tres años antes, en que se creó la Comisión de Derechos Humanos, con la tarea de redactar esta Declaración como misión primera.
Grandes logros ha habido. Y dificultades poco percibidas por la opinión pública. Por ejemplo, la versión china de los derechos del hombre: sostienen que países diferentes tienen concepciones diferentes sobre los derechos del hombre. Paradójicamente en París, Chirac hace un par de años jugaba con la objetividad de estos derechos: "nuestra fidelidad a los derechos del hombre, a los valores universales, no deben impedirnos reconocer que esos valores pueden expresarse bajo diferentes formas". Lo dijo con ocasión de la visita del Primer Ministro chino, y de posibles aperturas de mercados franceses hacia la China… Tesis inaceptable, porque en derechos humanos no hay relativismo cultural. Las naciones se han comprometido desde 1948 en que ciertos derechos son básicos y universales. Se tienen intrínsecamente, y no admiten excepción: torturar, por ejemplo, sigue siendo intolerable en cualquier lugar y cultura
Esta Declaración funda esos derechos en la misma esencia del hombre, están basados en el derecho natural. No es por simple acuerdo, sino algo inherente a la naturaleza humana. Por eso advierte de Mary Glendon, profesora de Derecho de Harvard. La democracia, junto a un marco legal y económico, dice, requiere determinado tipo de ciudadano, y aquí entra la necesidad de promover los valores humanos, incluidos en gran parte en la declaración a que nos referimos. Si las naciones democráticas no dan a sus ciudadanos esas ideas y sentimientos -que los preparan para la libertad y para poder disfrutarla-, no habrá independencia para nadie, ni pobres ni ricos: sólo una tiranía igual para todos. Defender los valores humanos universales no es un problema de simple ética, sino de supervivencia de la sociedad. Y de supervivencia de la democracia, pues se puede caer en la asfixia de la misma sociedad por puro legalismo democrático.
Ejemplo de rechazo de la ley natural es como algunos jueces del Tribunal Supremo de Estados Unidos se refieren, en una sentencia, a temas como el matrimonio, la procreación, la contracepción: 'Tales cuestiones corresponden a las decisiones más íntimas y personales que una persona pueda hacer en su vida, temas centrales para la dignidad y autonomía personal. Es del núcleo mismo de la libertad que cada cual defina su propio concepto de existencia, de sentido del universo y del misterio de la vida humana' (sentencia Planned Parenthood vs. Casey, 1992). Afirmación de individualismo absoluto, privada de la necesaria subordinación a valores universales, y que significa abandonar la sociedad a la fragmentación total. Los que elaboraron la Declaración de los Derechos Humanos, daban por supuesto un fundamento moral para las instituciones: querer cosechar los frutos de la democracia sin proteger el árbol y las raíces sería un contrasentido. Antes o después sólo quedarían frutos secos.
Juan Pablo II en un discurso a las Naciones Unidas, señaló la ley natural como gramática común base de las culturas, y necesaria para todo diálogo internacional: 'Si queremos que un siglo de imposiciones dé paso a un siglo de persuasiones, tenemos que encontrar el camino para discutir sobre el futuro del hombre con un lenguaje comprensible y común. La ley moral universal, inscrita en el corazón de cada hombre, es una especie de gramática que sirve al mundo para afrontar esta discusión sobre el propio futuro' (Discurso a la ONU, 1995, n. 3). La Declaración que ahora cumple el medio siglo, podría ser un buen intento de esta "gramática común".