NOTICIAS BUENAS DE LA ONU

Han sido muy comentadas, por lo inesperado, las recientes negociaciones de la Asamblea especial de las Naciones Unidas sobre la mujer, que se celebró del 5 al 10 de junio pasado. En ella participaron 10 mil delegados y delegadas de 180 naciones. Terminó más tarde de lo previsto, pues las negociaciones se extendieron hasta las 4 de la mañana del sábado 10 de junio, pocos momentos antes de que se llegara a la hora límite.

Posiblemente debió influir, en esa reunión, la experiencia de la India, un país conocido por haber sido el primero en introducir un programa nacional de planificación familiar. Entre 1975 y 1977, 4,5 millones de personas fueron esterilizadas con métodos más coercitivos que incitadores. Y hasta abril de 1996 no se abolió el programa nacional de contracepción, basado en la idea equivocada de que la clave del desarrollo del país era reducir la población.

La política coercitiva de la India no era muy conocida, pero se trasluce por las discusiones actuales: ahora, el gobierno ha rechazado los topes de población y las medidas que proponían algunos grupos parlamentarios, según parece, apoyados como en nuestros países por grandes organizaciones internacionales. Entre otras medidas propuestas, estaban denegar la concesión de créditos o la imposibilidad de desempeñar cargos públicos a los miembros de familias con más de dos hijos. En cambio, han optado por mejorar la sanidad pública y ampliar la enseñanza obligatoria hasta los 14 años. Muchos expertos han visto un avance en la política demográfica india. K. Srinivasan, director ejecutivo de la Fundación para la Población de India, afirma que "las medidas drásticas no pueden ser válidas en un país democrático", ya que los programas de planificación familiar "no han de verse como políticas para manipular los niveles de fertilidad" (The Times of India, 14-II-2000).

Volviendo a la reciente conferencia de Pekín+5 (se le dio este nombre a la cumbre, pues pretendía revisar la aplicación de la Conferencia sobre la mujer que se celebró en la capital china hace cinco años), concluyó contradiciendo todas las previsiones. Fue como una especie de rebelión de muchos países, que se negaron a acoger las propuestas de grupos de presión de grandes organizaciones internacionales y de algunas delegaciones de países occidentales que querían imponer derechos humanos nunca antes codificados. Entre ellos unos «derechos sexuales», que contemplan programas de promoción del aborto en el mundo entero o la equiparación jurídica de las parejas de hecho con los matrimonios. Según comentaristas, la música de fondo era precisamente el no a la vida, uno de cuyos modelos está fracasando en la India.

Por otra parte, ha habido resultados satisfactorios. Pekín+5: ha permitido hacer progresos en la lucha contra la pobreza, contra el tráfico internacional, y contra la falta de educación y de asistencia sanitaria de las mujeres. Al mismo tiempo, ha pedido que se destinen recursos económicos, como por ejemplo a través del microcrédito, para promover programas de desarrollo de la mujer.

El compromiso actual de las Naciones Unidas parece ir en los aspectos que forman parte del desarrollo integral de la mujer, concretamente necesidades de las mujeres pobres, en desarrollar medios para detener la violencia, promoción del acceso a la educación, al empleo, a la tierra, al capital y a las tecnologías de la mujer en todo el mundo.

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