LA IMPLOSIÓN DEMOGRÁFICA

Últimamente hemos estado sometidos a un bombardeo sobre la necesidad de controlar los nacimientos. Desde declaraciones de un ministro, hasta un libre encuentro, aunque en este si hubo voces claras y valientes. Vienen a decir: somos muchos, seamos menos. Hay muchos embarazos de adolescentes no deseados: tengamos menos adolescentes. Hay adopciones ilegales de niños: que haya menos niños. Hay muchos pobres: que haya menos gente y habrá menos pobres.

Se que estoy simplificando; pero en el fondo todos estos planteamientos ignoran dos verdades fundamentales. Una es que la riqueza de las naciones son las personas, que haya abundantes. Lo dice alguien que sabe: el economista Julian Simon. En un artículo publicado en la revista Wired (San Francisco, febrero 1997), resumía ya este tema: los recursos, en su mayor parte, no crecen en los árboles. Son las personas las que los producen, ellas los crean, ya sean alimentos, industrias, máquinas, nuevas tecnologías o reservas de materias primas extraídas, refinadas y elaboradas. 'Los recursos salen de la inteligencia de las personas más que del suelo o del aire -dice Simon-. Desde el punto de vista económico, las inteligencias importan tanto o más que las manos o las bocas. En general, los hombres crean más recursos que los que gastan. La población es el principal recurso para acelerar el progreso’.

Como botón de muestra de los daños que a la larga produce una miope política demográfica tenemos el caso del Japón: según datos recientes de France Press (marzo, 31): los mayores de 65 años representan ahora el 16,7% de los 126 millones de japoneses, y son ya una población más numerosa que los jóvenes menores de 15 años. El desequilibrio tiende a acelerarse: para 2050, uno de cada tres japoneses estará jubilado; y el problema es quien los atenderá en un país de ancianos, aparte del evidente problema económico.

Cada uno es dueño de tener hijos, según considere en conciencia; pero lo que es claro es que manipular la población –como parecen ser los intentos del actual gobierno- puede suponer una bomba de relojería a largo plazo, que estallará en las manos de nuestros propios hijos dentro de treinta años. Tal es la opinión del profesor canadiense Alban D'Entremont, comentando los últimos datos de la ONU sobre la población mundial. Por este informe está claro que la ONU se ha dado cuenta, por fin, de los problemas que se derivan, no de la supuesta superpoblación del mundo, sino de la previsible infrapoblación. Ello produce el descenso de jóvenes y un aumento de la población envejecida, lo que hace dispararse los costes sociales.

Pasando a motivaciones de por qué gobiernos del primer mundo y las principales
empresas multinacionales están tan interesados en el control de la población, sobre todo en el tercer mundo, Alban d'Entremont afirma: está bastante documentado el hecho de que hay muchos intereses económicos y políticos por parte de Gobiernos y empresas occidentales, que se benefician del mantenimiento del statu quo en cuanto al reparto de poder y de influencia en el mundo. Esto implica controlar, entre otras cosas, los efectivos de población en los países del tercer mundo, que según la mentalidad antinatalista son contemplados como competidores en los mercados mundiales. Latinoamérica es vista como una amenaza respecto de la estabilidad actual de la estructura económica y política mundial. Pero sin necesidad de recurrir a turbios manejos políticos, la misma demografía –afirma Profesor de Geografía Humana, Alban d'Entremont- basta para alertarnos de las consecuencias altamente negativas de este control.

La otra verdad fundamental es que el que haya embarazos no deseados de adolescentes, tanta drogadicción, tanto fracaso escolar, es por falta de valores. Todo ello no es producido por una alta densidad de población o una política desacertada del gobierno. No busquemos soluciones donde no podremos encontrarlas. La crisis es de valores y esto es problema de la sociedad, de cada uno de nosotros.

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