Histeria, temores, población y otras cosas

Estamos en un mundo lleno de temores. Sobre muchos temas y en casi todos los países. Temores que abarcan desde las técnicas biológicas modernas o el peligro de destrucción del paisaje o de la vida rural; y que se extienden hoy día en Europa, de la misma manera que en nuestros países Botón de muestra es la revista The New Scientist, que a principios de año publicaba un artículo titulado: "¿Hay algo seguro que se pueda comer? En el año pasado se envenenaron con la comida más británicos que nunca". Un futuro más sombrío nos amenaza, según. Lester Brown, director del Worldwatch Institute. Aseguraba, que en el 2050 China necesitaría importar 400 millones de toneladas de cereales, más de todo lo que hoy día se dispone en el mercado mundial.

Muchos tienen el planteamiento -tal parece- de que la mitad de la humanidad se está envenenando y hace pasar hambre a la otra mitad. La paradoja de nuestra época es que nunca le ha ido a la humanidad tan bien como ahora. Según Louise Fresco, holandesa, directora de investigación de la FAO y catedrática de agricultura "sólo hace cinco o seis generaciones, 9 de cada 10 de nuestros vecinos vivían por debajo del nivel de pobreza, ya fuera campesino, u obrero. Desde 1750 el bienestar humano, en cualquier sector –salud, alimentación, educación, ingresos– ha mejorado. Y esto ha ocurrido también en el Tercer Mundo, donde la esperanza de vida ha pasado de 40 años en la década de los cincuenta, a 72 años actualmente".

La industria alimentaria de hoy está capacitada para producir lo suficiente para una población mundial que es casi el doble que hace 40 años. Este es uno de los mayores y menos valorados logros de la segunda mitad del siglo XX. Un habitante de un país en vías de desarrollo consume hoy casi un 30% más de calorías y casi un 50% más de productos animales que la generación de sus padres. Y esta producción de tiene lugar en una superficie cultivada de igual extensión que antes. Esto significa que no hay que roturar más tierra y que pueden mantenerse los ecosistemas. Igual es en China, donde se cultiva igual extensión de tierra que en 1960, lo que no hubiese sido posible si los rendimientos de las cosechas no hubiesen aumentado. Esto es posible gracias a la moderna genética, es decir, a la mejora de plantas y animales, y a la optimización de abonos, piensos, regadío, mecanización y lucha contra las plagas. En China, por ejemplo, se está preparando una variedad de arroz super-híbrido que produce 13 toneladas por hectárea en 130 días.

La razón es que, aunque cada vez somos más, hay más recursos naturales. Se ha venido abajo científicamente uno de los temores que suscitaba el crecimiento de la población mundial: que llegara un momento en que los recursos de la Tierra no alcanzasen para todos. Ahora, nuevos datos publicados por The Economist (abril 17, 1999) lo confirman. El semanario británico viene publicando desde 1864 un índice de precios de materias primas (IPMP) cuyos primeros datos corresponden a 1845. El equipo de The Economist ha compensado la diversidad de criterios empleado a lo largo de los años, ha convertido todos los precios en dólares y los ha ajustado teniendo en cuenta la inflación.

El resultado es sumamente interesante: se ve que hoy las materias primas cuestan, en términos reales, el 20% del precio que tenían hace 149 años. Eso significa que ahora hay más recursos disponibles que antes, incluidos los no renovables, como los minerales. Por ejemplo, el cobre ha bajado un 55% desde la última alza de en 1995.

El tema lleva tiempo planteándose. Los datos recientes conforman la tesis del economista norteamericano Julian Simon, profesor de la Universidad de Maryland. Un artículo publicado en la revista Wired (San Francisco, febrero 1997), resumía ya este tema: la gente se multiplica, pero los depósitos de materias primas en la corteza terrestre, indudablemente no. Entonces, ¿cómo es posible que se haya duplicado la población de la Tierra y los precios de las materias primas se hayan reducido a la mitad? Esto es absurdo... Sin embargo, así ha ocurrido. Por tanto, tiene que haber una explicación. Y la tiene: los recursos, en su mayor parte, no crecen en los árboles. Son las personas las que los producen, ellas los crean, ya sean alimentos, industrias, máquinas, nuevas tecnologías o reservas de materias primas extraídas, refinadas y elaboradas. 'Los recursos salen de la inteligencia de las personas más que del suelo o del aire -dice Simon-. Desde el punto de vista económico, las inteligencias importan tanto o más que las manos o las bocas. En general, los hombres crean más recursos que los que gastan. La población es el principal recurso para acelerar el progreso’.

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