CLONACION HUMANA: CANIBALISMO TECNOLÓGICO
Así la calificó Lord Alton, prominente miembro de la cámara de los Lores Británica. Algo puede haber, cuando se profundiza este tema que puede afectarnos a todos.
El Gobierno inglés acaba de aceptar el llamado Informe Donaldson, sobre el posible empleo de la técnica de clonación que se suele denominar "terapéutica". La técnica en cuestión consiste en la producción, por fecundación artificial, de embriones genéticamente idénticos a las células del paciente al que se desea ayudar. Posteriormente, tras unos días de cultivo in vitro, los tejidos del embrión así obtenido, cultivadas y diferenciadas en el laboratorio, son trasplantadas al paciente, para reparar los tejidos lesionados del enfermo.
Todo suena bien en principio: va en beneficio de los enfermos. Sólo que se olvida –quiere olvidarse- que el embrión utilizado es un ser humano, y se concluye que se lo puede sacrificar si existe un interés importante por parte de terceros en los resultados de dicho sacrificio.
El gobierno inglés actualmente enfrenta las quejas de varias organizaciones de defensa de la vida y la familia que se han pronunciado contra el uso de los embriones por implicar el sacrificio de seres humanos alegando beneficio para otros. El vocero de la Iglesia Católica en el país, Tom Horwood, aclaró que "nos oponemos fundamentalmente porque un embrión humano es una vida humana". En el campo puramente científico, el profesor Antonino Zichichi, presidente de la World Federation of Scientists (Federación Mundial de Científicos), asegura en el diario italiano «Il Messaggero» que la ingeniería genética es más peligrosa que la bomba atómica. «¿Estamos mejor o peor que antes?», se pregunta el profesor Zichichi. Y responde: «La violencia política actuaba antes al descubierto: Hitler y Stalin. La violencia económica, no. Con su tecnología sobre materia viviente, podrá llevar a desastres mucho más devastadores». «Desastres que --añade-- será necesario bloquear a tiempo con una acción cultural encaminada sobre todo a explicar al gran público que el uso de la ciencia (es decir la técnica) está dejando de ser ciencia, y que el enemigo número uno de la especie humana es el secreto de los laboratorios tecnológicos». De hecho, da la impresión de que los autores del informe mencionado al comienzo, desean que el Reino Unido se ponga en cabeza en la carrera de investigación sobre células progenitoras que, dicho sea de paso, promete ser muy rentable económicamente. Business are business.
La comunidad científica ha mostrado sus reservas ante esta precipitada e irresponsable iniciativa del Gobierno británico. Así resumía el problema el Profesor Jean-Francois Mattei: "Este tipo de experimentos ilustra una filosofía utilitarista de la vida, para la cual el fin justifica los medios, implica el sacrificio de una vidas para salvar otras, con graves consecuencias para la evolución de nuestra sociedad: es lamentable que esta decisión esté tomada al margen de todo consenso internacional". Además, el hecho es que dichas células existen también en el organismo humano adulto, del que se pueden extraer, y también, en teoría, manipular para obtener los mismos resultados, como señala el Dr. .Antonio Pardo, Profesor de Bioética de la Universidad de Navarra.
No podemos olvidar que los experimentos humanos que llevaban a cabo los nazis en campos concentración, no los hacían por pura maldad: también ellos buscaban solución a enfermedades; pero olvidándose de que estaban tratando con seres humanas.
El punto es claro: esta medida del Gobierno británico está causando un grave daño, contribuyendo a crear en la sociedad una indiferencia hacia el embrión humano en sus primeros momentos de vida, como si la vida humana fuera un fenómeno meramente biológico, que se puede manipular para conseguir otros fines.