PORQUÉ, PARA QUÉ VIENE EL PAPA

La venida del Papa a canonizar al Hermano Pedro ya nos ha traído mucho bien. Me lo comentaba Ricardo, en una breve secuencia desde su puesto de responsabilidad en preparar la tan esperada visita del Papa. Lo primero quizá es la colaboración... Emociona, me comentaba, ver tanta gente, de recursos a veces limitados, volcada en ayudar. Desde las de 200 señoras que trabajan ya una colocación gigantesca de flores, hasta un albañil que ya tiene planeada su venida de San Juan Sacatepequez, en columnas, que son verdaderas peregrinaciones. Una auténtica movilización popular. Un gran bien para incontables personas.

Algunas notas vienen recogidas en las agencias internacionales. Por ejemplo, la agencia ACI, señalaba que en esta semana el P. Chemita, anunció que "nadie se va a quedar fuera" en la elaboración de la alfombra floral con la que miles de guatemaltecos recibirán al Papa Juan Pablo II. Serán nueve kilómetros de alfombra, distancia que va a recorrer el Santo Padre. Además, informó que se van a construir 16 arcos de flores, y habrá seis lugares de animación. Según el presbítero, se estima en más de tres mil 500 voluntarios involucrados en esta preparación. Hasta el momento -informaba- se han inscrito 300 agrupaciones; inclusive participan miembros de otras religiones. Por su parte Mons. Ramiro Molliner, Nuncio Apostólico en Guatemala, indicó que al Santo Padre "le encantan las alfombras", tanto así que ha preguntado si las van a elaborar, ya que en visitas anteriores le gustaron mucho.

Específicamente, todos sabemos a qué viene. Viene, como en toda canonización, a declarar que el Hermano Pedro ha vivido en grado heroico las virtudes propias de un cristiano y nos las pone como ejemplo. Además, declara que está en el cielo. El Hermano Pedro a partir del 31 de julio, será Santo, y el Papa viene al lugar donde se santificó, Guatemala, quizá para recalcar que santificarse no es exclusivo de pocos especialistas, ni de personas de determinados lugares o tiempos. Ser santo, viene a decirnos, está al alcance de todos, y son muchísimos los que lo consiguen. También aquí y ahora: en Guatemala.

Hay otro punto a considerar en esta venida, que no se dio en las dos anteriores. Viene un Papa muy cansado, con secuelas de la enfermedad de Parkinson y visiblemente avejentado, aunque con la cabeza y el corazón perfectamente en forma. También en este aspecto, nos trae algo. El Papa -comentaba Eulogio López en un reciente editorial- demuestra el valor del cumplimiento del deber frente a toda adversidad y la fidelidad a su misión apostólica. Pero también dicta una lección cuya ejemplaridad trasciende el ámbito de lo religioso, para abarcar a toda la conducta humana. Juan Pablo II nos enseña que el valor de la vida humana no reside en ser conservada sino en ser gastada al servicio de la vocación. El Papa nos transmite la buena y ejemplar nueva del heroísmo de quien en el crepúsculo de su vida es ejemplo para todos, y, especialmente, para los jóvenes, pues exhibe la fuerza de la verdadera juventud, que no es la del cuerpo sino la del espíritu.

Un comentario similar viene desde Polonia. Son declaraciones concedidas este viernes al diario de mayor tirada en Italia, «Il Corriere della Sera», por Krzysztof Zanussi, uno de los mayores directores de cine polacos. Explica que recientemente se ha encontrado personalmente con el Papa y que es más fácil constatar en privado que en público su «lucidez y agudeza». «El Papa no es un "manager" que, al quedar debilitado o enfermo, es sustituido por considerar que ya no es capaz de atender con eficacia los intereses de la empresa», explica. «Hay un pragmatismo occidental que deforma el problema». Además, «al ver a un atleta viene la sospecha de que persiga objetivos inmediatos. Un hombre débil, sin embargo, sólo puede pensar en las cosas eternas y transmitir mensajes sumamente válidos».

Esto y mucho más significa la venida del Papa a Guatemala. Ya nos ha hecho mucho bien. Preparémonos con deseos de mejorar, con deseos de cambiar.

Y quizá venga a repetirnos -él está convencido- de que el mal no tiene la última palabra. Ello nos llevará a rechazar el negativismo, para comprometernos en la construcción de un mundo mejor.

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