LA SOCIEDAD ANTE LA MANIPULACIÓN GENETICA
El porvenir de la sociedad depende hoy en día de que se solucionen correctamente los grandes problemas que se presentan en la bioética. Es decir, es tema que interesa a todos y cuya verdad debe ser socialmente reconocida.
La tecnología genética y las prácticas a que dan lugar no son, como muchos quisieran, moralmente indiferentes. Son del dominio del gran público casos grotescos, como el anuncio en Internet donde supuestamente están en venta los óvulos de las modelos. En un artículo del "New York Times" que originó la noticia se explicó que el fotógrafo Ron Harris así lo estaba ofreciendo por medio de una subasta a personas que quisieran ser los padres de un hijo que proviniera del óvulo de mujeres bellas. Se hablaba de personas que estarían dispuestas a pagar hasta ciento cincuenta mil dólares por este privilegio. Bien es verdad que dicho personaje es conocido como fotógrafo de la revista "Playboy" y un largo y sucio etcétera; de todas maneras, provocó la intervención de un portavoz de la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva, Sean Tipton, quien comentó que el anuncio parecía un comportamiento no ético.
Mas clara es la intervención, en este tema, de Margaret Somerville en el "National Post" (27/10/99), donde se examinan algunas de estas cuestiones. Somerville comenta que está en juego el respeto por el modo en que la vida humana es transmitida y también el respeto por cada vida humana en sí. La comercialización de la fecundación artificial conduce a consecuencias muy ofensivas al concepto de la dignidad humana. Somerville solicita que se ponga al niño en el centro de esas técnicas de reproducción, para que no sea considerado simplemente como un producto en venta.
Las nuevas posibilidades de intervenir técnicamente en la vida humana suscitan entusiasmo, pero también temor. La manipulación genética, por ejemplo, puede permitir curar enfermedades hoy intratables o llevar a la eugenesia, la teoría que llevó a los nazis a todo tipo de experiencias médicas para mejorar la raza. Pero
la sociedad –cada uno de nosotros- puede y debe influir en la correcta aplicación de estos descubrimientos desde la base: la noción de dignidad humana. Francesco D'Agostino, especialista en bioética, y ex presidente del Comité Nacional de Bioética decía Aún estamos a tiempo de convertir la manipulación genética en terapia. Explicaba así: "No debemos tener miedo de las manipulaciones genéticas, ya que, la medicina siempre ha manipulado al hombre para curarlo. El problema surge, evidentemente, cuando estas manipulaciones no tienen ninguna finalidad curativa."Estamos ante algo que debe conocerse y debe rechazarse firmemente por la sociedad –hay mucho por hacer en este campo en la legislación específica sobre esto en Guatemala-, aunque no fuera más que porque viola el mandato constitucional de proteger la vida desde la concepción. Pero, sobre todo, porque va contra la naturaleza de las cosas, de la misma naturaleza humana. En el caso concreto de la fecundación artificial, manipulando la procreación, se viola el primer derecho de un niño como persona humana: no ser concebido en una probeta... Estas manipulaciones, aunque fueran con ocasión de solucionar un problema personal, no pueden sino conducir a la larga –y a la corta- a problemas muy serios para toda la sociedad.
Hay que estar atentos y conseguir que se plasme en nuestra legislación todo esto, sin confiarnos en rechazos intuitivos a las manipulaciones genéticas, que se derivan del hecho de que, para nuestra fortuna, existe un fuerte convencimiento de que la medicina es búsqueda del bien para el enfermo. Y en el caso concreto de la tecnología genética, debe ir sobre la base de que el embrión es una persona humana.