EL GENOMA HUMANO Y SUS SORPRESAS

Causó sorpresa a muchos la declaración de Clinton y de Blair, pidiendo que se hicieran públicos los descubrimientos sobre el genoma humano. Se trata de un proyecto de años, que ahora está concluyendo en su fase inicial y terminará en el 2004.

Es del dominio público que los genes determinan los caracteres de cada persona. Es como un código –millones de códigos-, inserto en cada célula, que determinan la inmensa variedad de los individuos. Ellos determinan como es mi cuerpo, que tenga cinco dedos…; y características menos corporales, como puede ser mi facilidad verbal, mi capacidad intelectual. Y todavía más: pueden tener mensajes de qué ocurrirá en mi cuerpo cuando vaya envejeciendo. Por ejemplo, se ha descubierto un gen que puede multiplicar por diez mi susceptibilidad al mal de Alzheimer. El genoma humano es como el mapa del conjunto de genes que son propios del género humano. Como alguien comentaba recientemente, es como un libro, más voluminoso que 800 Biblias, pero tan pequeño que cada ser tiene billones de copias.

El tema es muy especializado, pero interesa a todos enfocarlo bien. Por ejemplo, una primera tentación es la determinista. Todos tenemos, dentro del común genoma humano, nuestro genoma humano personalizado. Conociendo el de una persona se podría decir como tiende a actuar, si tiene tendencia alcohólica, si puede enfermarse de determinados males. Pero, como el puro sentido común y la experiencia señalan, lo que hay son sólo tendencias; pero los genes, salvo casos patológicos, no son tiránicos. El hombre es libre y, con mayor o menor trabajo, hace lo que quiere.

Pero no hablamos de sólo teorías. Es interesante conocer que ya desde comienzos de los 90, la Academia de Ciencias de EEUU publicó un informe en que afirmaba que los resultados de los análisis genéticos debían ser confidenciales y ser utilizados exclusivamente con fines terapéuticos. Porque mediante un diagnóstico genético se puede saber si una persona o sus descendientes desarrollaran ciertos defectos o enfermedades hereditarias.

Para evitar que los interesados sufrieran discriminaciones, decía el informe, las pruebas genéticas debían ser confidenciales. La Academia incluso pedía leyes que prohibieran a los empresarios obtener información genética sobre sus empleados presentes o futuros. También sostenía que esos datos no debían servir para determinar las primas de los seguros de salud. Aunque; por esas mismas fechas, las principales compañías de seguros europeas celebraron una reunión en París para examinar este tema y sostienen que los datos genéticos deberían tener el mismo tratamiento que cualquier otra información médica. Alegan que lo contrario sería injusto con los asegurados que no tuvieran problemas genéticos.

En otra línea, valiosa es la confirmación científica de que ninguna raza es superior a otra por su dotación hereditaria. Si se prescinde de los genes que determinan los rasgos externos –como la pigmentación o la estatura- las "razas" humanas son todas muy parecidas desde el punto de vista genético. Y no se puede sostener científicamente la superioridad genética de ninguna. Incluso porque las diferencias genéticas entre individuos son mucho mayores que las que puedan haber entre los grupos tomados en conjunto. El concepto mismo de raza resulta irrelevante desde el punto de vista genético.

Es claro el interés terapéutico que todo esto tiene. Pero también hay que estar conscientes de los peligros de la manipulación genética que puede traer consigo toda esta información, no sólo para nuestra intimidad sino también para la misma humanidad. Siendo conscientes, estaremos en mejores condiciones de defender los fundamentos de la dignidad humana, aunque continuemos cosechando los considerables beneficios que la tecnología genética proporcionará.

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