EL MODERNO HOLOCAUSTO DE LA CLONACION

El logro de una oveja clónica a partir de una célula de un ejemplar adulto supuso un gran avance en biotecnología, pero suscitó alarma ante la posibilidad de aplicar la nueva técnica a los seres humanos. Prácticamente todos subrayaron que la clonación humana es inadmisible. Muchos pidieron que se reformaran las leyes nacionales e internacionales a fin de impedirla.

Pasados dos años, sigue siendo mayoritario el rechazo a que se produzcan hombres clónicos. El problema, sin embargo se ha desplazado: No han aparecido ejércitos de esclavos clónicos como los de algunas novelas de ciencia-ficción; pero se está comprobando que el principal afectado por las técnicas que dieron lugar a la oveja Dolly es el embrión humano. En la práctica, se está admitiendo el uso de embriones humanos obtenidos por clonación para suministrar materiales de utilidad terapéutica. Es decir, para ser claros, se están utilizando seres humanos -ésos que nuestra Constitución reconoce que su vida debe defenderse desde el momento de la concepción- como material terapéutico.

Nadie dio mucho crédito al científico estadounidense Richard Seed, quien hace un año anunció que clonaría seres humanos. De todas formas, su proyecto fue objeto de condena general. Pero, a diferencia de la clonación "dura" que acabamos de mencionar (para la reproducción), la clonación "blanda" (con fines terapéuticos) se abre paso. La idea es simple: si se puede obtener un clon a partir del núcleo de una célula extraída de un individuo adulto, el nuevo ser puede servir como fuente de tejidos genéticamente idénticos a los de su "padre". El problema es que las mejores de estas células se encuentran en los embriones: son las células totipotenciales las que dan lugar a cualquier tejido. Se trata, entonces, de emplear embriones ­clónicos o no­ para que las suministren.

Estos comentarios son de actualidad porque es tema que ya saltó a las páginas de los diarios. El dato: una pequeña firma de Worcester (Massachusetts) anunció que había cultivado esas células desde 1995. Posiblemente refiriéndose a estos casos, el Centro de Bioética de la Universidad Católica del Sacro Cuore (Roma) ha elaborado un estudio sobre la producción de embriones humanos clónicos con fines terapéuticos. Fue publicado íntegramente en L'Osservatore Romano (14-I-99) y en el sitio web del Centro. Todo esto nos importa a todos pues no es algo sólo médico, sino ético y que por tanto afecta a la entera sociedad. Veamos algunas de sus consideraciones.

Para lograr más fácilmente el consenso, la opinión pública ha sido inducida a creer que se podrían producir células de tejidos, por clonación a partir de otras células y tejidos, sin considerar que tal procedimiento implicaría necesariamente la generación de embriones humanos, aunque fuera en el estado de blastocito (aún inicial, pero ya embrión humano), y que estos seres no estarían destinados a su implantación en el cuerpo de la madre para un sucesivo desarrollo, sino a la utilización de sus células y posterior destrucción. En definitiva, y los investigadores lo saben muy bien, se trata de la producción de células y tejidos a partir de embriones humanos clónicos, es decir, de seres humanos cuyo proceso de desarrollo es interrumpido con el fin de utilizarlos como fuente de "precioso" material biológico.

El principio que se introduce en nombre de la salud y el bienestar, en realidad sanciona una verdadera y propia discriminación entre los seres humanos con base en la medida de su tiempo de desarrollo (así, un embrión vale menos que un feto, un feto menos que un niño, un niño menos que un adulto). Con ello, se pervierte el imperativo moral que impone la máxima tutela y el máximo respeto precisamente de aquellos que no están en condiciones de defenderse y de manifestar su intrínseca dignidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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