UN MENSAJE DESDE LA PLAZA DE SAN PEDRO

Publicado en Siglo XXI, Guatemala, el domingo 13 de octubre 2002

Muchos vimos la reciente canonización de san Josemaría el pasado 6 d octubre. Llamaba realmente la atención por muchos motivos y, la verdad, lo pasé muy bien, aunque algo desvelado por la hora en Guatemala, las 2 am. En aquel momento se me escapó el contenido de la homilía del Papa, pero cuando la leí, algo me llamó profundamente la atención. Hago ahora un comentario lógicamente muy personal...

Me dio la sensación que era sobre todo una exposición del mensaje del santo, y la figura quedaba como en un segundo plan. No desdibujada, entendámonos, porque, como toda canonización, se trataba de una solemne ceremonia en la que el Papa inscribía en el Catálogo de los Santos a un Beato y disponía que se le honrara como santo en toda la cristiandad. Es decir, que se le inscribiera en el «Canon», palabra que significa, entre otras cosas, «lista», la lista de los santos. En realidad, con estas matizaciones, se cumplía de algún manera lo que el siempre deseó san Josemaría, no llamar la atención. En frase gráfica, lo suyo era «ocultarse y desaparecer, que sólo Jesús se luzca».

Quizá un resumen de su mensaje, al menos un aspecto muy llamativo es una frase suya que se recoge en la nueva estampa para su devoción: "Allí donde están vuestras aspiraciones, vuestro trabajo, vuestros amores, allí está el sitio de vuestro encuentro cotidiano con Cristo. Es en medio de la cosas más materiales de la tierra donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a todos los hombres. En la línea del horizonte, hijos míos, parecen unirse el cielo y la tierra. Pero no, donde en realidad se juntan es en vuestros corazones, cuando vivís santamente la vida ordinaria...".

Como señalaba recientemente un corresponsal de prensa en el Vaticano, Escrivá de Balaguer «democratizó» la santidad, y el Papa lo propone ahora como ejemplo a toda la Iglesia. Y lo presenta como asequible, atractivo, porque llega a personas corrientes, como nosotros, que quizá nunca serán noticia, que pasan penas para sacar adelante su familia y su trabajo, pero que ven que todo eso es -puede ser- camino hacia Dios. Y están agradecidos a Dios por un santo que les ha ayudado a descubrir la grandeza de su vocación cristiana. Y explica la difusión de su mensaje, por igual, entre todas las personas, sin importar su lugar en la sociedad o su posición económica.

Precisamente en Guatemala, al día siguiente de la Misa de acción de gracias en Roma con 200 mil personas, en Itzapa, Chimaltenango, se daba un fenómeno espontáneo, que era una demostración de la difusión de su mensaje, por e3star al alcance de todos... Me lo contaba uno que es de allá. Decidieron hacer una Misa de acción de gracias, pidieron a un sacerdote de la zona si podía celebrarla, e invitaron a personas que consideraban que estaban familiarizados con el mensaje de San Josemaría. Esperaban quizá una docena de personas... y llegaron unas 200 personas, hombres, mujeres, jóvenes, niños, ancianos. Incluso unos 20 seminaristas procedentes de la zona... Se veía gráficamente -me comentaba mi amigo- lo que ya sabía, que el mensaje es para cualquier persona y por eso acoge en el Opus Dei -la institución que San Josemaría fundó- a personas de toda clase y condición. Lo bonito es que, mientras esto sucedía, quizá un campesino en San Antonio Aguascalientes, con ese mismo espíritu, se aprestaba a comenzar el trabajo en su milpa.

Regresando al comienzo, me pareció entender por qué la homilía de la canonización del pasado 6 de octubre se detiene tanto en el mensaje y por qué éste atrae a tanta gente corriente: están felices de que la santidad se presente ahora de un modo como más asequible, más al alcance de la mano para cualquiera.

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