UN CENTENARIO PARA TODOS NOSOTROS
En enero próximo se cumple el primer centenario del nacimiento del beato Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei. Con esta ocasión, Francesco Ognibene entrevistaba al Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, sobre el significado del centenario (Avvenire, 7 julio 2001). "Este centenario –explica Mons. Echevarría– no supone una simple conmemoración, sino más bien una invitación a reflexionar sobre las enseñanzas del fundador del Opus Dei, y a descubrir modos nuevos de darles siempre más cuerpo en la existencia ordinaria".
¿Y por qué nos interesa esto a todos? Las siguientes palabras de la entrevista de L’Avvenire, puede darnos la clave: "El fundador del Opus Dei gastó todo su tiempo en anunciar a Jesucristo, recordando que se puede ser plenamente discípulo de Cristo en medio del mundo. El centenario ha de ser un eco de esa verdad cristiana radical, que llena la vida de sentido y de alegría".
Es una figura riquísima de matices, como todos sobre los que pone su dedo el Espíritu Santo. Quisiera ahora detenerme en un punto vital en este comienzo de siglo: los laicos, la gente corriente. A ello se refería la agencia romana Zenit (marzo 19, 2001), en un despacho que titulaba: El Papa: ha llegado la hora de los laicos. En un encuentro con unos cuatrocientos sacerdotes y laicos pertenecientes a esta Prelatura personal, les decía: "Los laicos cristianos tienen un papel decisivo en la nueva evangelización: deben poner a disposición sus «competencias específicas en las diferentes actividades humanas» para dirigir el empuje misionero de la Iglesia hacia aquellas «nuevas fronteras» que afronta la humanidad. «Su testimonio directo en todos estos campos mostrará que sólo en Cristo los valores humanos más elevados alcanzan su plenitud», añadió el Papa. Y continuaba: «los laicos con su celo apostólico, la amistad fraterna, la caridad solidaria permitirán entretejer relaciones sociales cotidianas para despertar en sus semejantes esa sed de verdad que es la primera condición para el encuentro salvífico con Cristo».
Este centenario ha tenido múltiples manifestaciones también en Guatemala, como fue resaltado en su momento por los medios de comunicación. Y es razonable, porque en Guatemala muchos recordamos su estancia entre nosotros en 1975. En la Universidad del Istmo (UNIS), con un acto académico realizado en junio pasado, nuestro Arzobispo, en la conferencia central de dicho acto, se refirió al tema que nos ocupa. Expuso cómo la secularidad, en la predicación del Beato Josemaría, es estar en el mundo con conciencia clara de que hay que santificarlo desde dentro, haciendo que el espíritu de Cristo impregne todas las actividades temporales. "No es un simple estar -subrayó Monseñor Quezada-, sino un estar santificando; es un vivir y actuar en las estructuras humanas por quien está metido en Dios, y puede así llevar el mundo hacia Dios".
Este mensaje es, como gustaba repetir al Beato Josemaría, "viejo como el evangelio y como el evangelio nuevo". Quizá el mejor resumen serían las palabras de Juan Pablo II en un Congreso Teológico sobre el Beato Josemaría Escrivá. "La profunda conciencia que la Iglesia actual tiene de estar al servicio de una redención que atañe a todas las dimensiones de la existencia humana, fue preparada, bajo la guía del Espíritu Santo, por un progreso intelectual y espiritual gradual. El mensaje del beato Josemaría, al que habéis dedicado las jornadas de vuestro congreso, constituye uno de los impulsos carismáticos más significativos en esa dirección (...). El beato Josemaría invitó a los hombres y a las mujeres de las más diversas condiciones sociales a santificarse y a cooperar en la santificación de los demás, santificando la vida ordinaria. (...) ¡Cuanta fuerza tiene esa doctrina ante la labor ardua y, al mismo tiempo, atractiva de la nueva evangelización, a la que toda la Iglesia está llamada!"