LA ERA DEL OCIO, LA TV Y YO
Hay quienes se toman la vida con calma. Son los que creen en la Era del Ocio -que sería la nuestra- en la que, para ellos, lo único importante de una Constitución es la fecha de su promulgación, y, sobre todo, que permita un buen juego de puentes festivos. Su problemática llega hasta como llenar el siguiente feriado. Pero algunas publicaciones pueden despertarles, como el reciente informe que publicó Minugua sobre desarrollo huimano, mujer y salud.
Comentándolo, en este diario, Armando de la Torre señala que Guatemala progresa, a pesar de la terca resistencia que le ofrecen la corrupción y la ineptitud de los gobernante. Pero hace notar, acertadamente, que hay intangibles que se escapan a cualquier estadística. A esto quería referirme en estas líneas, a algo que está en el fondo de cualquier desmejoramiento de la sociedad, y que es la familia. Algo intangible, pero que el ciudadano de carne y hueso si puede controlarlo.
La reciente Asamblea del Consejo para la Familia, celebrada en octubre en Sacrofano (Italia), afirmaba que éste es «un momento histórico dificilísimo para la supervivencia de la familia, institución que sigue siendo un bien necesario y fundamento de la convivencia humana». Que está puesta en peligro por una «manipulación cultural»: «bajo un perfil cultural --constataban--, la familia es presentada hoy como un "obstáculo" para la realización de la mujer, la cual como esposa y madre sería "discriminada" en su integración en la sociedad y en la política».
Esto nos lleva a algo muy cercano a cada uno de nosotros. Todos los días, en nuestro propios hogares, entra -o puede entrar- esta manipulación cultural. Es la televisión. Utilizada con criterio, puede ser un medio eficaz para la formación de la familia. Y todos tenemos derecho a que sea de calidad, y respete los valores que queremos priven en la sociedad. Van a continuación algunos consejos de qué puede hacer cada uno en su casa: sea quien esté en el gobierno; tengamos o no a Minugua...
1. Hay que enseñar que no hay que "ver televisión", sino que hay que "ver programas de televisión". Hay que desarrollar la capacidad de selección y discriminación. Debemos preguntar ¿Qué quieren ver?, más que ¿Quieren ver televisión?
2. Nunca tener aparato de televisión en el dormitorio. Esto incentiva el aislamiento, provoca una adicción a la televisión y es contrario a la vida de familia.
3. Algunas consecuencias prácticas: tener un horario preestablecido; la televisión tiene "su lugar" en vida familiar, junto a otras actividades. No usar la televisión como una "niñera electrónica"; cuando ambos padres trabajan esto es especialmente importante. Y el ver o no televisión no debe convertirse para los niños en un premio o castigo.
4. Es muy deseable -aunque cueste esfuerzo- que los padres acompañen a sus hijos a ver televisión. Así podrán seleccionar aquellos espacios que tengan que ver con el desarrollo de valores de la persona. En esta línea, no dar por sentado que todos los programas llamados "infantiles" tienen un contenido adecuado. No olvidar, también, que los comerciales pueden ser tan peligrosos como los malos programas de televisión.
5. Cuando, y no obstante nuestros esfuerzos, haya contenidos televisivos contrarios a los valores familiares, hay que fomentar que los programas sean analizados y conversados en reuniones de familia, por ejemplo en las comidas.
6. Relacionado con esto, los padres de familia deben buscar alternativas a la televisión: deporte, visitas a museos y parques naturales, proyección de videos, fomento de conversaciones familiares, lectura, prácticas de acciones solidarias a favor de los demás, etc. Muchas familias, poco a poco, crean una videoteca con películas y documentales de interés para los niños... y los mayores.
La recomendación final de fondo es que los padres deben comprender que la televisión no es imprescindible ni el único medio para llenar el tiempo libre. Si los padres ven mucha televisión, o televisión de mala calidad, no tendrán autoridad para evitar que sus hijos vean aquellos programas negativos para ellos.
Y no olvidar que "lo que mancha a un niño, mancha a un viejo"...