EL PRESERVATIVO Y LA PREVENCIÓN DEL SIDA
Muchas personas tienen el complejo de la oruga procesionaria. Es un animal que siempre va uno detrás de otro; hasta el punto de que si se coloca a la primera oruga detrás de la última, formando un círculo, se quedan dando vueltas hasta que se mueren. Definitivamente Linda de Yurrita, con su carta protestando la campaña de promoción del preservativo, no tiene ese complejo. Se salió de la cola de los que se tragan todo lo que miran y no protestan. Aunque en honor a la verdad, pienso que muchos piensan como ella. En un artículo científico, muy bien documentado, el Dr. Javier Marcó, Catedrático de Fisiología en la Universidad de Santiago y Especialista en temas de reproducción humana, habla de esto. Es buen palo al que arrimarse, porque escribe con la experiencia similar hecha en España. Su experiencia la podríamos resumir así. 1. No hay que esperar a que aparezca la vacuna. Ahora, los esfuerzos hay que hacerlos en la prevención de la infección. Sólo en la medida en que se ataje el contagio, la enfermedad será vencida. En el caso del sida prevenir no sólo es mejor que curar, sino el único camino. Y tratándose de una enfermedad mortal, esta prevención debe ser de absoluta seguridad.
2. Hay que tener el coraje de decir claramente que la única manera de evitar el contagio y erradicarlo es tener comportamientos sexuales correctos: ser fieles a la única pareja elegida.
3. Los estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la eficacia de los preservativos para evitar la natalidad, indican que la probabilidad de embarazos en mujeres mayores de treinta años es del 10%; y en menores de 18 años, del 18%. Sobre su uso en la prevención del sida, pero baste considerar que el virus del sida es 500 veces menor que un espermatozoide. En consecuencia, algunos cifran la probabilidad del contagio de sida, usando preservativos, entre el 13 y el 27%; otros el 30%.
4. Siendo enfermedad mortal, es inadmisible basar la prevención -ni siquiera parcialmente- en algo que puede fallar: un 15 al 25 % en las relaciones sexuales con riesgo, es abrumador para una enfermedad mortal sin posibilidades actuales de cura.
5. Recomendar los preservativos en una campaña gubernamental -colegios, medios masivos de comunicación social, etc.-, es engañar y favorecer la irresponsabilidad. La menor probabilidad de infección con su uso, se contrarresta con el mayor número de relaciones sexuales supuestamente seguras. No hay ningún país en el que el fomento del preservativo haya disminuido el número de embarazos no deseados ni de sida. Por el contrario, aumentan.
Al artículo me remito. El preservativo es ineficaz al menos en uno de cada 5 ó 6 contactos sexuales, dato trágico tratándose de peligro de muerte. Recomendarlo es como si se recomendara a una compañía aérea a la que se le cayera, sin sobrevivientes, uno de cada cinco aviones. La imagen está tomada del Dr. Goedert, en el New England Journal of Medicine, 136, pg. 1339-1342.
Además, utilizado en una campaña de salud, induce a error e indudablemente favorece en la práctica a una mayor promiscuidad y permisivismo sexual. Aunque evitara en un 80% el contagio, al aumentar el número de los usuarios y el número de veces por los que ya lo usaban -por el simple hecho de estar avalados por la campaña de salud-, habrá un incremento masivo de contagio. La experiencia de otros países lo confirma.
Las consideraciones siguientes pueden ser el resumen final del Dr.Marcó: "presentan el preservativo como la panacea. Y eso es engañar, yo lo califico como el timo del preservativo, cuyas consecuencias estamos pagando -se refería a España- por la irresponsabilidad y el dogmatismo de quienes lo propusieron. Ya es hora de que se tomen en serio el sida y se dediquen esfuerzos para aplicar soluciones eficaces y profundas. Sólo se vencerá el sida en la medida en que se cambien las conductas de riesgo, tal como lo recomiendan los especialistas. La solución del sida, mientras no se encuentre un remedio efectivo, pasa por los cambios de conducta de riesgo y por fomentar una juventud sana y libre, en la que la cabeza sea la que mande sobre los instintos".