PILDORA ABORTIVA: VIAJE A AMERICA
(11 de noviembre 2000)
Recientemente Clinton se cubrió nuevamente de gloria, al felicitar a FDA por la aprobación de la píldora abortiva RU-486. Lo comentaba recientemente José Manuel Prado, haciendo ver que el asunto nos importaba mucho pues significaba que esa píldora abortiva se encontraba ahora en América.
El tema ha apasionado a la opinión pública, pues la píldora abortiva RU 486 se utiliza casi exclusivamente para producir abortos de embriones de pocos días de vida. Y el aborto provocado intencionalmente supone siempre la muerte del embrión, de un ser humano, en sus primeras fases de desarrollo. Esto sigue siendo y será un hecho grave, porque se trata de seres especialmente indefensos, que son atacados -muertos- precisamente donde se suponía que estaban para ser protegidos.
Se invoca con frecuencia la libertad como derecho fundamental de la persona para hacer lo que se quiera. A este respecto, se puede recordar lo que decía el conocido siquiatra Viktor Frankl, discípulo de Freud, que recomendaba a los estadounidenses "que la Estatua de la Libertad en la costa Este de los Estados Unidos se completara con la Estatua de la Responsabilidad en la costa Oeste". El tema nos interesa, además, porque en los mismos despachos de prensa se van deslizando incongruencias que, si no se afila el espíritu crítico, si pueden afectarnos.
Una constante es evitar la palabra aborto, que tiene una pesada carga antisocial
-cuando es intencional, lógicamente- sustituyéndola por interrupción de embarazo. Los recomendaciones de la DEA norteamericana para las mujeres que la iban a usar dan a conocer el calvario de dolor y complicaciones que lleva consigo y que irresponsablemente se legalizan. Como señalaba la organización pro vida, Concerned Woman, este producto (...) no tiene otro propósito que matar (Siglo 21, 9 oct 00). Otro de los engaños es presentar esta píldora abortiva como una solución para hacer el aborto más accesible y privado. Porque el aborto jamás será una cuestión privada. Así lo señalaban en Alemania (F.A.Z., Frankfurt, 16 enero). A primera vista puede parecer claro que el gobierno es quien decide si se aprueba un determinado fármaco, en razón de que el efecto médico deseado se produzca realmente. Aunque sobre los efectos colaterales para la mujer, físicas y psíquicos, existe un debate científico controvertido, sobre su efecto no hay ninguna duda: la RU 486 produce la muerte de un niño. Por esto nadie puede dejar de elevar la voz y decir la verdad: matar a un ser humano no es ninguna cuestión privada. Su liberalización en una sociedad, aun con su camuflaje en forma de píldora, es problema que afecta a las sociedad como tal.
Su tortuoso camino de comercialización, da idea de ante qué nos encontramos. En octubre de 1988 las autoridades francesas lo aprobaron, aunque ya con anterioridad –ya es un buen indicador- había comenzado a utilizarse en China. Ante las protestas públicas, al día siguiente de su aprobación los laboratorios Roussel-Uclaf la retiraron del mercado. Pero el gobierno francés –propietario del 36,25% de las acciones de esta firma farmacéutica– ordenó a Roussel-Uclaf que la siguiera fabricando. En abril de 1997, ante las presiones sociales contrarias a su utilización la firma Hoechst decidió ceder los derechos de fabricación al doctor Sakiz, que fundó Exelgyn, que sólo comercializa la RU 486. Se ve que es un buen negocio. En los Estados Unidos, para facilitar la distribución, Roussel-Uclaf cedió en 1994 la patente para Estados Unidos al Population Council (fundación dedicada al control de la población).
Infortunadamente para esta criatura tan indefensa, el niño por nacer, estamos ante un jugoso negocio. Pero también es verdad que estas aberraciones no se darán si todos participamos más en estos debates en que nos jugamos los valores de nuestra sociedad.