ONU: INFORME CONFLICTIVO SOBRE GUATEMALA
Siglo 21, 8 septiembre 2001
Se trata de un informe, acerca del aborto en Guatemala, aunque no sólo informa: recomienda... La noticia escueta (Zenit, agosto 01) señala que el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (The United Nations Human Rights Committee) concluyó su sesión número 72 con una serie de «conclusiones y recomendaciones» (conclusions and recommendations) que exigen la legalización del aborto en Guatemala. El Comité ONU señala que Guatemala debe garantizar el derecho "de las mujeres embarazadas que deciden interrumpir sus embarazos».
Además, el Comité pidió al país proporcionar a las mujeres embarazadas «la información y los medios necesarios para garantizar estos derechos»; y señala además que el país debe enmendar su legislación «contra el aborto».
En definitiva, el Comité se opone a la Constitución de Guatemala, que defiende el derecho a la vida del no nacido. Según Mercedes de Willson, hasta hace poco representante de Guatemala ante las Naciones Unidas, «Occidente le ha quitado todo a nuestros países pobres. Lo último que nos queda son nuestros niños y nuestra fe. Y ahora quiere quitarnos nuestra fe y nuestros niños».
Realmente ya deberíamos estar acostumbrados, después de recientes interferencias humillantes e imprudentes de la hasta ahora embajadora norteamericana. Sólo que ahora el tema es particularmente dramático. Lo señalaba Eulogio López recientemente, refiriéndose a España. Ojalá no sea nuestro caso, pero sigo su texto, porque conocerlo puede servirnos. Señala que pasados 16 años de la aprobación de la ley del aborto en España, se han matado (sí, matado, que no otra cosa es abortar) a más de 600.000 niños no nacidos. Es decir, el mismo número de muertos que durante la Guerra Civil española.
La despenalización realizada por los socialistas estuvo repleta de las habituales mentiras de la cultura de la muerte. Por ejemplo, que se practicaban en España 300.000 abortos clandestinos. Que la despenalización iba a reducir el número de abortos en condiciones sanitarias peligrosas. Que se trataba de ayudar a madres en dificultades, también falso, además de que el supuesto de peligro para la salud psíquica de la madre se convirtió en un coladero para desaprensivas. De lo que se trataba era de matar y de no comprometerse con la vida. Porque los niños implican responsabilidad e incomodidad.
Pero, tras 16 años, señala, se ha creado un mercado de la muerte con empresas perfectamente organizadas, que precisan clientes y que obtienen muy buenos beneficios. Pero, sobre todo se ha generado una complicidad social. Una buena parte de la población, a tenor de esos 600.000 abortos durante 16 años, se ha visto implicado en la gran matanza. O es una mujer que ha abortado, o un padre o una amiga que ha aconsejado hacerlo, o un novio que ha presionando para que se haga, o un psicólogo o un médico que han colaborado en ello, etc. En definitiva, muchos más de esos 600.000 han atravesado la línea de la crueldad con el débil. Y entonces surge el mecanismo mental más poderoso que existe: o se vive como se piensa o se acaba pensando como se vive. Y un segundo mecanismo, igualmente tétrico: ¿Cómo va a ser malo el aborto si yo he abortado o ha abortado alguien muy próximo a mí, incluso muy querido por mí? La conclusión: 16 años después de la legalización del aborto, España es una sociedad enferma, algo en lo que está de acuerdo demasiada gente.
Alerta, Guatemala. Todo esto no es problema específico de Guatemala: es mundial. Pero estamos a tiempo de no dejarnos. Alerta, porque, como Mercedes de Willson señaló en una entrevista concedida a ACI Prensa, los organismos que controlan la ONU y muchos funcionarios estadounidenses, trafican con las necesidades de países tan pobres como Guatemala. La táctica es condicionar la ayuda extranjera a la aplicación de programas de control natal que incluyen el aborto.