LA MALA MEMORIA HISTóRICA DEL PRIMER MUNDO
Durante treinta años, si se oía hablar del problema demográfico, a casi nadie se le ocurría pensar en otra cosa que en la superpoblación. Pero esto ha resultado ser un mito que la realidad se está encargando de desmentir. Ahora la División de Población de la ONU está rectificando sus cálculos. En su informe bianual de la ONU (World Population Prospects: The 1996 Revision), pronostica que la población mundial disminuirá y que el descenso tendrá lugar en todas las zonas de la tierra. Incluso convocó a fines del pasado año una reunión de expertos en que, por primera vez, el problema era la baja de la fecundidad y el previsible descenso de la población. Pues la caída de la natalidad es universal.
En abril de este año en BID recuerda en su revista del mes de abril, cómo una generación atrás, muchos demógrafos pensaban que América Latina y el Caribe se encaminaban a una catástrofe demográfica. A mediados de las década de los 60, la mujer latinoamericana tenía un promedio de hijos que causaba, según las siempre equivocadas lamentaciones ecológicas, una explosión demográfica que amenazaría la capacidad de muchos países para educar, alimentar y dar empleo a sus ciudadanos. Pero la crisis no ocurrió. Por el contrario, según las nuevas previsiones, la población mundial alcanzará un máximo de 9,400 millones de habitantes a mediados del siglo XXI, y después empezará a bajar.
Lograr una tasa de crecimiento, fue la meta que irresponsablemente fomentó el mundo industrializado, muy especialmente hacia el Tercer Mundo. Ahora esto causa alarma. Muchos países desarrollados se encuentran con sociedades desequilibradas, que serán incapaces de sostenerse, porque tienen un gran número de ancianos y les falta gente joven que trabaje. Señala el New York Times que este cambio afecta a todos los programas que usan fondos públicos (salud, educación, pensiones, defensa). El dato dramático es que no hay ningún país de Europa donde la población tenga niños suficientes para reemplazar a los padres cuando éstos mueran. El ejemplo más reciente es Italia, primera nación de la historia con el dudoso honor de tener más personas mayores de 60 años que jóvenes menores de 20. Este año Alemania, Grecia y España llegarán a la misma situación. Como afirma Jean Claude Chesnais, del Instituto Francés Demográfico, "Los gobiernos observan con preocupación que mientras sus propios pueblos están luchando por no desaparecer, la tendencia mundial es que las poblaciones de color en Africa, India y Asia, aún crecen. Europa es vieja y rígida, por eso se debilita".
Este es el verdadero daño que se ha dado en estas sociedades. No sólo económico, o invasión de inmigrantes... sino que son sociedades en las que se ha roto el concepto de familia. Una desaforada propaganda antinatalista ha socavado a la larga el concepto de familia. Ahora, según señala el New York Times (10-7-98), millones de hombres y mujeres jóvenes gozan de una prosperidad y libertad como nunca tuvieron antes y tienen cada vez menos niños. Y posponen o suprimen el matrimonio. Esto es índice de la disgregación de la familia, verdadera célula de la sociedad, que crea los valores de la solidaridad. La familia ha sufrido dramáticamente y cuando se destruye la familia, colapsa la sociedad. Lo estamos viendo fuera. No dejemos entrar estas ideologías caducas.
Cuando está de moda revisar la memoria histórica, sería muy conveniente que los autores de estos mitos -como el centro de investigación del Club de Roma hace unos 25 años, o el informe Global 2000, encargado por el presidente Carter en 1980- reconocieran sus errores. Nos haría sentirnos mejor a todos.