LOS DERECHOS REPRODUCTIVOS Y LA IPPF

La Federación Internacional de Planificación Familiar (International Planned Parenthood Federation, IPPF) ha elaborado una Carta de derechos reproductivos y sexuales. Su contenido se presenta como una aplicación de los capítulos sobre salud aprobados en las Conferencias sobre Población y Desarrollo y sobre la Mujer (El Cairo 1994 y Pekín 1995).

En líneas muy generales la IPPF presenta su interpretación de los derechos humanos, y en concreto los derechos reproductivos, como si fuera la interpretación de la ONU. Por supuesto, dentro de un amplio contexto de disfrutar libremente, sin referencia a norma alguna objetiva. También, por supuesto, con el derecho "a verse libres a temores impuestos desde el exterior, de la vergüenza, de sentirse culpables, de las creencias basadas en mitos...". Cabe pensar razonablemente que la IPPF engloba aquí a cualquier tipo de religión que "imponga" cualquier norma objetiva, que no me salga de dentro. Hay que estar alerta porque mediante acciones internacionales y ante los gobiernos (ordinariamente a través de ong's subsidiaras) pretenderá lograr que estos "derechos" sean incorporados a nuestra legislación.

Para captar mejor esta problemática, quizá facilite saber "que pata puso ese huevo", es decir, qué es la IPPF. Seguimos a Jacqueline R. Kasun, estadounidense, profesora de Economía, que publicó en Internews (Stafford, 1997) un análisis sobre este organismo.

La IPPF fue creada en 1952. Se su sede está en Londres, pero cuenta con organizaciones afiliadas en 140 países. Es considerada como la ong promotora del control demográfico más grande, rica, poderosa e influyente. Su presupuesto anual asciende a 100 millones de dólares. Las tres cuartas partes de sus ingresos provienen de diversos Estados, interesados en el control natal, ordinariamente de los países pobres. El resto de sus ingresos proviene de la ONU y fundaciones norteamericanas (Ford, Rockefeller, Hewlwtt, MacArthur.

La IPPF nunca ha pasado penurias. En tiempos de Reagan, le cortaron los fondos de los Estados Unidos por fomentar el aborto. Pero los poderosos interesados en que no cese el control natal en países del tercer mundo (nosotros) suplieron ampliamente. Por supuesto, Clinton restableció las subvenciones: 7 millones de dólares, anuales, libres de polvo y paja... Lindo. Así ya se puede trabajar.

En los países del tercer mundo, a través de sus organizaciones afiliadas, intervine activamente en la reducción de nacimientos. De todas formas, advierte, la IPPF no habría tenido tal influencia si no fuera porque los Estados Unidos exige por ley, como condición para ayudas al desarrollo, que los países receptores

-nosotros- tomen medidas para reducir el crecimiento demográfico. La IPPF está convencida falsamente de que la pobreza tiene una sola causas "superpoblación". Cuando encuentra resistencia, por parte de los pobres, a aceptar el remedio, suelen culpar de tal obstinación a "grupos religiosos".

Pero fue muy criticada la postura de la IPPF de apoyar la política china de control de natalidad -del hijo único-, que ha tenido abundantes denuncias de que emplea, para lograr sus fines, multas, despidos, abortos forzados y otras medidas de fuerza para lograr el descenso de la natalidad.

Alerta, pues. Muchas instituciones de ayuda pretenden hacerlo a costa de valores sagrados para nuestra sociedad. Lo del Código del niño sólo fue una primera andanada.

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