NIÑOS, ESPECIE EN EXTINCIÓN

El titular exacto se refiere a los niños europeos, afortunadamente para nuestros países. Es una imagen del economista Michel Godet en Le Monde (oct 19, 1997): ¿qué dirían los ecologistas si, desde hace veinte años, la tasa de fecundidad de las ballenas hubiera bajado hasta llegar a menos de la mitad necesaria para la renovación de generaciones? ¡Sin duda, alertarían a la opinión pública de esta catástrofe planetaria! Pues esto es lo que ocurre en la vieja Europa... con los humanos.

Francia cuenta hoy con 1,7 millones de jóvenes menos que en 1975. Una pérdida superior a la que sufrió durante la Gran Guerra de 1914 a 1918. Ahora el Gobierno ha recortado facilidades fiscales a las familias con hijos. Comenta Godet: parece como si la sociedad estuviese ahora dominada por una población envejecida y conservadora. Sin embargo, no existe otra riqueza que las personas: cuando no hay gente, no hay futuro.

Otra información viene de The Wall Street Journal (oct 22, 1997). Cada nueva estimación del futuro de la población mundial supone una baja. Nicholas Eberstadt, investigador del Harvard Center for Population and Development Studies, advierte como afectaría la implosión demográfica a la experiencia familiar de muchos niños. Según sus estimaciones, la tasa de fecundidad (media del número de hijos que tendrá una mujer) ha bajado en las regiones desarrolladas de 1,7 a principios de los años noventa a 1,5; y, bajará al 1,4 en la otra década.

Esta disminución demográfica tendría repercusiones en la idea de familia, sobre la idea actual y correcta que todos tenemos. En Italia, dentro de dos generaciones, tres de cada cinco niños no conocerán hermanos, primos, tíos ni tías; sólo tendrán padres, abuelos y quizá bisabuelos. Según esto, menos del 5% de los niños italianos del futuro tendrán a la vez hermanos y primos. Esto sin entrar en la incidencia del divorcio: niños que nunca conocerán a uno de sus padres.

En España, se plantea el pensador Julián Marías: Por supuesto, no hay un número óptimo de hijos por familia: ello dependerá, entre otros muchos factores, del mismo vigor físico y moral de los padres, de los medios que posean, etc. Cada familia es un caso particular. Pero señala que es lo que sucede ordinariamente, en las familias de varios hermanos.

Es más difícil que se les de sobreprotección, a veces en forma angustiosa; la presencia de varios hermanos alivia la carga de los padres; ellos mismos contribuyen al perfeccionamiento de los padres; hay ambiente predominantemente joven, abierto, en la familia; cuando llegan las dificultades conyugales, se procuran superar "por los hijos". La experiencia de los padres es mayor a medida que van llegando nuevos hijos: el primogénito suele presentar más problemas que todos los que le siguen. Además, o las matemáticas fallan o las energías de los padres se multiplican: un estudio llevado a cabo por el Dr. Huntington sobre antiguos alumnos de la Universidad de Yale, descubrió que los que lograron carreras más brillantes tenían, en promedio, triple número de hijos que los demás.

El verdadero problema de nuestra sociedad es de fondo; el dato de los niños sólo es la punta del iceberg. Estamos en una civilización del ego, del yo, que se debate en un individualismo feroz. No basta premiar la natalidad, como si se tratara de ganado. Sólo transmitiendo valores a través de la misma familia, los jóvenes crearán familias estables, fecundas y responsables. Sólo así se transmitirá nuestra cultura de siempre.

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