JULIAN SIMON, UN MENSAJE LUMINOSO
Julian Simon, falleció el domingo 8 de febrero, en su casa de Maryland. Economista de gran prestigio, de las Universidades de Harvard y Chicago. Estuvo en Guatemala hace un año.
Simon es un enamorado de los datos y de los números. Basta The State of Humanity (1995) obra magna de casi 700 páginas de texto denso, llenos de tablas y números, cuadros y gráficas. Por ello, tiene mucho peso sus testimonio, porque sus estadísticas son de fuentes oficiales y obras de referencia al alcance de cualquiera. El 31 de enero pasado, con ocasión del doctorado Honoris Causa por la Universidad de Navarra, pronunció un discurso que podría ser un resumen de un pensamiento maduro, de su apuesta por el valor del hombre. Extracto conceptos de ese discurso.
Afirma que si nos basamos en los hechos comprobados por la ciencia, el actual pesimismo sobre la "crisis" de nuestro planeta es falso. Incluso los ecologistas reconocen que, en las últimas décadas, la calidad del agua y del aire en los países ricos, como Estados Unidos, ha mejorado. Todo economista de la agricultura sabe que la población del mundo se ha alimentado cada vez mejor desde la Segunda Guerra Mundial. Todo economista experto en recursos naturales sabe que la disponibilidad de los recursos ha aumentado. Y todo demógrafo sabe que las tasas de mortalidad han disminuido en todo el mundo y que la esperanza de vida se ha triplicado en los países ricos y se ha duplicado en los pobres.
Simon es un hombre que apuesta por la capacidad creativa del hombre. En una entrevista reciente, me parece que fue en Guatemala, al preguntarle sobre si era verdad que "los niños vienen con un pan bajo el brazo", comentaba: Sí, aprendí eso de mis amigos católicos; pero los niños traen algo mucho más importante: traen su mente. Allí es donde está todo el valor, porque la riqueza está en su mente. Todos los recursos se han inventado o descubierto con la mente. De modo que los niños traen sus manos para amasar el pan, y sus mentes para hacer mejor pan.
Hay otro elemento crucial: que el sistema político, económico y social garantice la libertad personal frente a la coerción gubernamental. Los trabajadores cualificados precisan un marco social y económico apropiado que favorezca un trabajo duro y la asunción de riesgos, un marco que permita la manifestación de los talentos. El elemento clave de ese marco es la libertad económica, el respeto por la propiedad y unas leyes de mercado justas y sensibles, que refuercen la igualdad de todos.
El problema del mundo no es el exceso de población sino la falta de libertad política y económica. Estas evidencias quedas reflejadas en un extraordinario suceso que comenzó en la década de los años cuarenta, en tres pares de países con la misma cultura e historia y con los mismos niveles de vida en el momento en que se separaron políticamente, tras la segunda Guerra Mundial: Alemania occidental y oriental, Corea del norte y del sur, Taiwan y China. El final es conocido de todos.
Su discurso es una canto a la esperanza: El aumento de las población causa problemas. Pero la gente resuelve los problemas. El principal combustible para el progreso es nuestro stock de conocimientos; y los frenos son: a) la falta de imaginación y b) las regulaciones sociales erróneas de las actividades. El último recurso es la gente, especialmente la gente joven cualificada y esperanzada, que obra con libertad. Gente joven que utiliza energías e imaginación quizá en su propio beneficio, pero que inevitablemente beneficiará también a los demás, a todos nosotros.
Descanse en paz, Dr. Simon y muchas gracias. Mensaje recibido.