EL EXPERIMENTO MARXISTA: 110 MILLONES DE MUERTOS
Con motivo del 80 aniversario de la Revolución de Octubre (consumada entre el 2 y el 8 de noviembre de noviembre en San Petesburgo), el diario moscovita Izvestia (30-X-97) ha publicado un balance de las muertes provocadas por los regímenes comunistas a la fecha. Según afirma, en los 23 países que han estado bajo gobierno comunista se ha asesinado 110 millones de ciudadanos sólo en tiempos de paz.
La Unión Soviética ostenta la triste marca del régimen más sanguinario del siglo XX. Desde 1917 hasta 1987, las autoridades comunistas acabaron con la vida de 62 millones de personas, sin contar las víctimas de la guerra civil y de la II Guerra Mundial. De esos 62 millones de soviéticos, 40 millones fueron previamente internados en gulags (campos de concentración). En número de asesinatos cometidos en países comunistas, le siguen China, donde entre 1949 y 1967 fueron exterminadas 21 millones de personas, Camboya (2,4 millones), Yugoslavia (un millón), Etiopía (725,000) y Rumania (435,000).
Por lo demás, el balance global de Izvestia coincide bastante con el Libro negro del comunismo, obra colectiva de una docena de historiadores que se acaba de publicar en Francia (Le Livre noir du communisme, ed. Robert Laffont). En más de ochocientas páginas, estos historiadores hacen un balance de las víctimas del comunismo en todo el mundo, que alcanza un total de "unos cien millones de muertos".
El prefacio del coordinador de la obra, Stephane Courtois, ha provocado el rechazo de otros miembros del equipo. Estos reprochan a Courtois que considere "la dimensión criminal como una de las dimensiones propias del conjunto del sistema comunista" y que haga un paralelismo entre el "genocidio de raza" de los nazis y el "genocidio de clase" de Stalin. Courtois responde que "los hechos son testarudos y muestran que los regímenes comunistas han cometido crímenes que afectan a unos cien millones de personas, contra unos veinticinco del nazismo". En cuanto a las tensiones con otros miembros del equipo de historiadores, el coordinador afirma que "muchos de ellos son antiguos comunistas, es decir, muy marcados por esta ideología".
Pero, ¿como pudo suceder esto? Es importante tenerlo claro. Por supuesto no fue sólo un error de concepción política o económica. Algo más terrible y de fondo debió de suceder.
Posiblemente la línea de entender esta pesadilla es que ambos regímenes estaban partiendo de una concepción falsa de la persona humana. Porque, para que se construya adecuadamente la sociedad, debe haber el reconocimiento social de la más profunda verdad sobre la persona humana, hecha por el Creador a su imagen y semejanza y hecha para responder libremente. Si no se parte de todo esto, que es lo que más vale de cada persona, no podrá haber un orden social digno de la persona humana. Lo hemos visto en los regímenes nazi y comunista.
Pero es preciso insistir en que, también en nuestras sociedades -libres ya de esos fantasmas políticos-, la libertad humana pierde su sentido y su eficacia si se ejerce desvinculada de la más profunda verdad sobre el hombre. Una sociedad sin valores
-valores que solo tienen sentido cuando el hombre tiene conciencia de su altísimo valor-, se deshace como podemos ver actualmente en algunos países que se llaman a sí mismas desarrollados. Es preciso insistir en la importancia de redescubrir en la cultura contemporánea el vínculo esencial entre verdad-bien-libertad. La libertad humana pierde su sentido y su eficacia, no se podrá hacer el bien, si se ejerce desvinculada de la más profunda verdad sobre el hombre. De dicha unión depende que el ser humano tenga una vida llena de contenido. Podemos hacerlo, si queremos.