La presente ponencia se realiza en nuestra doble condición
de integrantes del equipo de investigación que dirige el Profesor
Juan Angel Magariños de Morentín en la Facultad de Periodismo
y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, y
como integrantes de las Cátedras de Museografía I y II e
Introducción a la Museología del Instituto de Formación
Docente y Técnica N° 8 de La Plata.
En el primer caso, es más que auspiciosa la posibilidad
generada por el proyecto de investigación que dirige el profesor
Magariños, de analizar al museo en su totalidad como acto comunicativo
complejo, y no es menos auspiciosa la composición intradisciplinaria
de dicho proyecto, integrado por profesionales de ciencias de la comunicación,
diseño en comunicación visual y museología, condición
hoy indispensable -la intradisciplinaridad- para abordar la compleja realidad
del museo. En este proyecto se suman el convenio firmado con la Universidad
Nacional de Jujuy para el rediseño y expansión del museo
creado por el Grupo Yaví de Investigaciones Científicas a
través de su Director el Dr. Jorge Kulemeyer y con el Gobierno de
la Ciudad de Buenos Aires, en relación al Museo José Hernández
de Motivos Tradicionales, cuya Directora es la Lic. Ana María Cousillas,
a efectos de optimizar la propuesta comunicativa de ese Museo. Este proyecto
-EL MUSEO COMO ACTO COMUNICATIVO. Su producción e interpretación-,
esperamos pueda representar un aporte significativo, precisamente, para
el conocimiento por parte del museo, de sus públicos; aunque el
objetivo es más ambicioso, ya que se propone elaborar un modelo
de análisis del museo desde una perspectiva específicamente
comunicativa que integre distintas semiosis. Se trabajará desde
la concepción constructivista de Foucault, el enfoque semiótico
(Verón) y los estudios culturales (Allén, Danesi, Maturana),
como también la construcción derivada de la lógica
modal, y de los correspondeintes mundos semióticos posibles (Magariños).
Poder realizar este tipo de investigación hoy en
la Argentina, implica acercarnos a las tendencias teóricas y empíricas
vigentes en los principales centros internacionales (Asencio: s/f, Schmilchuk:1991,1996,
Hooper-Greenhill:1998, Xavier Cury y Rizzi:1993) y por otro lado, nos habla
de un cambio de actitud en los museos: ya no esperamos pasivamente que
la gente se acerque al museo, sino que, a través de un análisis
y de un conocimiento profundo de la institución como agente comunicador,
de una permanente autoreflexión acerca de su función dentro
de la sociedad, el museo sale en busca de su público y de su no
público.
Con respecto a nuestra condición de docentes formadores
de futuros museólogos, la responsabilidad es siempre muy grande.
El Instituto de Formación Docente y Técnica N° 8 de La
Plata hace un tiempo que viene trabajando en la modificación del
Plan de Estudio de la Carrera de Museología, ya que resulta vital
ajustarlo a las nuevas necesidades que se plantean hoy para los museos.
Esta es una tarea que no depende exclusivamente del estudio puntual y pormenorizado
que se viene llevando a cabo, sino que se trata también, de convencer
a una estructura burocrática -la Dirección de Cultura y Educación
de la Provincia de Buenos Aires- de la urgente necesidad del cambio. Lo
que sí se ha implementado son modificaciones en los programas de
las asignaturas. En las que son de nuestra incumbencia, se modificaron
los contenidos, se actualizó la bibliografía y se estructuró
un plan de actividades extra curriculares que incluyen, entre otras, pasantías
para los alumnos en museos, figura que está contemplada en nuestra
Carrera desde sus inicios y que ha tenido experiencias favorables (como
la reciente del Museo de Física de la Facultad de Ciencias Exactas,
perteneciente a la Red de Museos de la Universidad Nacional de La Plata,
que continuará durante este año, junto a otras experiencias).
Todo ello a efectos de proporcionar el corpus teórico y los instrumentos
fundamentales para el análisis y el abordaje de ese fenómeno
complejo que es el museo de este fin de milenio.
Retomando la propuesta inicial de nuestro trabajo, creemos
que existe la potencialidad de nuevos públicos para los museos,
aunque también creemos -en una perspectiva histórica-, que
esos públicos potenciales siempre existieron. Por lo tanto, la divergencia
con nuestro universo de análisis actual estaría marcada (o
debería estarlo), por un cambio de actitud del museo hacia sus públicos.
Los museos en el mundo han cambiado y, aunque tardiamente,
la tendencia está llegando también a nuestro país.
Como no podría ser de otro modo dentro de una estructura centralizada
y de desigualdades regionales, la visibilidad del cambio se materializa
primero en los grandes museos de la ciudad de Buenos Aires. Aún
en los países con condiciones más favorables y con extensa
tradición en la cultura del museo, esos cambios consumieron varias
décadas y el proceso de reacomodamiento cristalizó en los
‘90; y las problemáticas que originaron ese largo proceso, son las
mismas que hoy se plantea el museo, lo que se ha modificado es el lugar
desde donde éstas son miradas.
En lo que concierne a nuestro continente, desde la Mesa
Redonda de Santiago (mayo de 1972) al presente, se viene discutiendo sobre
la función social del museo, interdisciplinaridad, actualización
del lenguaje museográfico a fin de optimizar la comunicación,
utilización de sistemas de evaluación para comprobar la eficiencia
de su relación con la comunidad, capacitación del personal.
Pero hoy, en un contexto nacional e internacional, en el cual el repliegue
del Estado en su responsabilidad respecto a los museos es un factor vital,
se incorporan al análisis conceptos como museo-empresa, estudios
de marketing, industria del ocio que presentan desafíos teóricos
y metodológicos.
Si el marco teórico desde el cual construímos
nuestra mirada, nos indica que el museo es una institución al servicio
de la sociedad, es evidente que si esa sociedad cambia, muta, el museo
(como ya no puede ser un cuerpo autoreferencial y trabajar para la institución
por la institución misma), necesitará testear las nuevas
necesidades y requerimientos de la sociedad.
¿Cómo deberían ser los museos para
dar respuestas a las nuevas demandas?
1. Más dinámicos e interactivos.
2. Más democráticos.
3. Más sensibles.
4. Más profesionales.
5. Más polémicos.
6. Más representativos de todos los segmentos sociales.
7. Más atento a sus públicos.
1. Nadie duda de la función educativa que tienen
que desempeñar hoy los museos. Tan así es que se la considera
una función inherente al mismo, siempre partiendo del concepto de
educación permanente, informal e impartida a lo largo de la vida
del hombre (la visita a la exposición no es una clase, el museo
no es la escuela). Lo que sí se plantea el museo es que esa función
se de en un ámbito de libertad, con una cierta intencionalidad lúdica;
la combinación deseada es aprender y disfrutar. En una civilización
dominada por los medios electrónicos, los visitantes de museos ya
no se conforman con circular por la exposición simplemente mirando,
sino que van en busca de experiencias que comprometan todos los sentidos
y que permitan obtener beneficios rápidos y explícitos. Dado
que debe competir con otras situaciones de aprendizaje efectuadas en soportes
multimediales que a la vez que informan permiten la interacción
con el público usuario, el museo debe incorporar esta tecnología,
considerándola una herramienta más de la interacción
en el museo, pero no la única. Otra manera de interactuar en el
museo es la interpersonal: los informantes de sala, las visitas guiadas
(o acompañadas), las funciones periféricas en general posibilitan
el debate, la consulta, el intercambio de dudas, la instalación
de preguntas que no necesariamente deben tener respuestas, la exploración
de conceptos e ideas nuevas.
2. Si bien la entrada gratuita es un buen indicador de
la eliminación de barreras para el acceso de públicos diversos
a los museos, ello no es suficiente para hablar de un museo más
democrático. Democratizar el museo es básicamente democratizar
su mensaje, posibilitar su apropiación a cualquier categoría
de visitante, con edades, intereses, motivaciones o nivel socio cultural
diferentes. La exposición -mayor instrumento de comunicación
del museo-, debe presentar su discurso en distintos niveles de lectura
para que ninguna categoría, por no poseer los códigos necesarios
para interpretar el mensaje, quede excluida.
3. Atendiendo a lo expresado por Tomislav Sola, los museos
deberían mostrar "una sensibilidad nueva respecto de los detalles,
las microsituaciones y el presente" (1987: 48). Esta actitud sería
reflejo de un museo más cercano a la gente común y a sus
necesidades y vivencias, donde estén presentes las voces y los testimonios
de esos actores sociales. En esta instancia resulta imprescindible incorporar
la historia oral, no sólo como metodología de investigación,
sino también como recurso museográfico.
4. Una de las mayores potencialidades del museo reside
en su equipo de trabajo, el que debe ser inter y multidisciplinario. Este
personal especializado debe generar programas museológicos generales
y museográficos específicos, teniendo presente que al momento
de reclamar fondos, la presentación adecuada de ideas y proyectos,
la explicitación de beneficios y oportunidades y la clara manifestación
del uso social del museo, puede definir la obtención de recursos.
5. Los museos deben constituir un espacio de reflexión,
un lugar para la actitud crítica. ¿Se deben evitar en los
museos las exposiciones polémicas, o se deben generar situaciones
que le permitan al público habituarse a esta nueva actitud del museo,
y optar por visitar o no las mismas?. ¿Los museos deben mostrar
la realidad?. Cabría recordar que así como no existe un "ojo
inocente", tampoco existe un museo inocente, y que el discurso de un museo
da lugar a mundos semióticos posibles que no necesariamente deben
ser compatibles. El museo ya no brinda una única mirada, ya no facilita
la "verdad revelada", sino las múltiples verdades que encierran
los objetos. Ya no tiene la última palabra.
6. Todos los segmentos sociales deberían estar
representados en los museos y dejar así de constituir un factor
de reproducción y legitimación de las diferencias sociales;
para que el visitante sienta que el museo le pertenece, necesita verse
de alguna manera representado, percibir que parte de ese patrimonio y del
discurso acerca de ese patrimonio tiene que ver con él, con su historia
personal o colectiva. Cuando las temáticas abordan grupos minoritarios
(pueblos aborígenes, inmigrantes, trabajadores, mujeres) sería
de esperar que los equipos de trabajo estuvieran integrados por representantes
de aquellos grupos que están siendo interpretados y representados,
participando en la construcción de esa representación en
el trabajo de curaduría. Sería saludable que, a través
de este paradigma, el museo comenzara a compartir su "autoridad" con los
protagonistas del discurso, aceptar que existen diversas voces idóneas,
además de las de sus profesionales.
7. Este último aspecto -un museo más atento
a sus públicos- resume la expectativa mayor de estas instituciones
por dar respuesta a las demandas. Estas expectativas se resuelven, entre
otras metodologías, a través de los estudios de público,
que constituyen una herramienta abarcativa y totalizadora para poder materializarlas.
Estos estudios producen un conocimiento integral de la institución,
lejano a los criterios cuantitativos de los estudios de público
anteriores y dirigido a analizar actitudes y opiniones. Abarcan desde la
propia imágen que los integrantes tienen del museo, hasta la imagen
que éste tiene en la sociedad, que lugar ocupa en el imaginario
social, que visibilidad tiene en la gente (se analiza la legislación,
el discurso político, la presencia en los medios, la opinión
pública no escrita), completando con análisis más
puntuales en relación con la exposición, el uso del espacio,
la arquitectura, las actividades periféricas.
Conjuntamente con el tipo de investigación como
la que está dirigiendo el Prof. Magariños, representan instrumentos
operativos para concretizar los cambios necesarios, a efectos de optimizar
la propuesta comunicativa del museo.
En esta misma línea, desde la Cátedra de
Museografía II se ha implementado una Ficha de Crítica de
Exposición como una propuesta metodológica para los alumnos,
con el objetivo de analizar intrínsecamente la exposición,
"deconstruirla" y contrastar su funcionamiento como agente comunicador.
Consiste en un método para evaluar la calidad de la comunicación
de la exposición, sin desconocer que sólo es una parte del
sistema de comunicación más amplio, conformado por el museo
en su totalidad. Se toman como elementos indiciales la ideología
de la exposición, el objetivo general y los secundarios, la morfología
(profundidad, anillos y entropía), la estructura (título,
introducción, unidades temáticas, cierre), objetos símbolos,
recorrido, señalética, gráfica, textos, iluminación,
uso del color, apoyaturas, recreaciones y escenografías, tecnologías;
elementos que en su totalidad posibilitan el acto comunicativo.
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