1.
Villatripas |
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7.
Raúl |
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3.
El lirón |
8.
San Cucufato |
4.
La hoguera |
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10.
Marieta |
Por su gran prosperidad
decidió la autoridad
de Villatripas de Arriba
que viva el alcalde, viva
erigir un monumento,
un auténtico portento
que a los de abajo asombrara.
Una escultura bien cara
como dijo el pregonero
que costara su dinero
pues de mármol alabastro
de nuestro rico catastro
la montara un escultor,
el plena plaza mayor
y terminaba el pregón,
será una gran erección.
Se gastó mucha saliva
en Villatripas de Arriba
la gente de la tan fatua
con la cosa de la estatua
y había gran emoción
cuando la inauguración
la alcaldesa con premura
corrió el velo a la escultura
y apareció ante la villa
la supuesta maravilla
saliendo de entre las aguas
sin siquiera unas enaguas
toda, toda desnudita
una Venus Afrodita
la erección no estuvo mal,
satisfizo al personal.
Tenía el pueblo de al lado
el ánimo muy picado
y allá habló el señor alcalde,
erigiremos de balde
en Villatripas de Abajo
se sufre con desparpajo
por parte del vecindario,
la falta de monetario
vecinos de este lugar
hay que vencer o ganar
¿estáis dispuestos a todo,
por sacudiros el lodo
de esa Venus Afro...leches?
¡Alcalde lo que nos eches!
Respondió la población
con una gran ovación.
Cogieron a la Jacinta,
la moza de mejor pinta
y en la misma plazoleta
la pusieron en porreta
y la echaron al pilón
sin mayor vacilación
luego fue una comitiva
a Villatripas de Arriba
a decirles que bajaran,
miraran y compararan.
Comparando las dos Venus
¿cual es más y cual es menos?
Excepto algún poetastro
que a la boca de alabastro
y el pelma de Don Simón
que de un vuelo fue al pilón
se oyó gritar al compás,
¡la Jacinta mucho más!,
¡la Jacinta mucho más!
Y con graciosa vehemencia
añadió la concurrencia
sobre todo los varones,
que en lo tocante a erecciones
la Jacinta en el pilón,
matarile-rile-ron.
Podemos decir que sin exageración
era algo extraordinario,
la enfermera que cuidaba al bueno de Don
Andrés octogenario.
El abuelo que enfrentaba con un resquemor,
perspectivas eternas
en lugar de rezar miraba con fervor
sus magníficas piernas.
``Para siempre esta vez,''-dijo- ``me
voy a echar en brazos de Morfeo,
ya no te veré más, no me
puedes negar mi último deseo:''
Con un hilo de voz, el enfermo expresó
su voluntad postrera
no diremos cuál fue, sólo que ella accedió
¡bravo por la enfermera...!
Y fue a desabrocharse ella el quinto botón
de los seis de la bata,
que por la enfermedad, o bien por la emoción,
él estiró la pata...
Pero lo grave estuvo, en que estiró algo más.
Y un algo tan notorio
que los deudos al verlo exclamaron: ¡jamás!,
¡jamás iremos al velorio!.
Ni al entierro tampoco, puesto que al ataud
no habrá quien le eche el cierre,
que fue a morir así, en plena senectud
y Andrés erre que erre.
Nadie fue al funeral,
nadie llevo una flor, nadie fue al cementerio
y hasta escandalizó al mismo enterrador,
que dijo: ``Esto no es serio...''
Y al pobre Don Andrés lo enterraron muy mal,
entreabierta la caja
la muerte lo abrazaba de un modo especial,
lo que tampoco es paja...
3. El lirón
En cuanto el frío comenzó
en vez de encender una lumbre
meterse en cama prefirió
por la fuerza de la costumbre.
-Así no se puede vivir,
pronto estaremos bajo cero,
-dijo el lirón-, hala, a dormir,
a roncar el invierno entero.
Y como un leño
se entregó al sueño,
dispuesto a pasar a través
de dos meses o tres,
que no es muy largo
como letargo.
Mas si ese invierno es de interés
entonces sí lo es.
Abría un ojo cada vez
que en su barriga había un hueco,
lo tapaba con una nuez
o cualquier otro fruto seco.
Pues si lo bueno del sopor
es que en su estado no se piensa,
se practica mucho mejor
si está provista la despensa.
¡Qué vida ésta de la floresta!
Mira por dónde al animal
dormir le fue fatal.
Viniendo a mano para un pantano
sufrió aquel bosque una brutal
reforma forestal.
Llegó un buldózer o un tractor;
dio tal meneo al domicilio
del dormilón que, en su estupor,
no pudo ni pedir auxilio.
No pudo ni siquiera ver
la ruina de su madriguera.
Sólo exclamó:``¡Hay que joder-
se, ya está aquí la primavera!''
Cayó la rama, cayó la cama,
cayó el somier, cayó el colchón
aplastando al lirón.
Y digo yo que quedarse roque
durante toda una estación
aunque haga frío es una exageración.
(Javier Krahe)
Es un asunto muy delicado
el de la pena capital
porque además del condenado
juega el gusto de cada cual.
Empalamiento, lapidamiento
inmersión, crucifixión,
desuello, descuartizamiento
todas son dignas de admiración.
Pero dejadme, ¡ay!, que yo prefiera
la hoguera, la hoguera, la hoguera
la hoguera tiene que se yo
que sólo tiene la hoguera.
Se que han probado su eficacia
los carchutos del pelotón
la guinda del tiro de gracia
es exclusiva del paredón.
La guillotina, por supuesto,
por ser el chic de lo francés
la cabeza que cae en el cesto
ojos y lengua de través.
Pero dejadme, ¡ay!, que yo prefiera
la hoguera, la hoguera, la hoguera
la hoguera tiene que sé yo
que sólo tiene la hoguera.
No tengo elogios suficientes
para la cámara de gas
que para grandes contingentes
ha demostrado ser el as.
Y negaré que el balanceo
de la horca un hallazgo es
y lo que se estira el reo
cuando lo lastran por los pies.
Pero dejadme, ¡ay!, que yo prefiera
la hoguera, la hoguera, la hoguera
la hoguera tiene que se yo
que sólo tiene la hoguera.
Sacudir con corriente alterna
reconozco que no está mal
la silla eléctrica es moderna
americana, funcional.
Y se que iba de maravilla
nuestro castizo Garrote Bill
para ajustarle la bolilla
al pescuezo más incivil.
Pero dejadme, ¡ay!, que yo prefiera
la hoguera, la hoguera, la hoguera
la hoguera tiene que sé yo
que sólo tiene la hoguera.
5. ¿Dónde se habrá metido esta mujer?
Cuando pienso que son ya las once y pico
yo que ceno lo más tarde a las diez...
¿Cómo diablos se fríe un huevo frito?
¿dónde se habrá; metido esta mujer?
La vecina me dice que no sabe
y mi suegra tampoco desde ayer.
No son horas de que ande por las calles.
¿Dónde se habrá metido esta mujer?
Yo le iba a contar lo de García,
y de cómo le he parado los pies...
lo del bulto que tengo en la rodilla...
¿Dónde se habrá metido esta mujer?
Qué hace aquí este montón de ropa sucia,
le compré lavadora y para qué ...
Estas cosas me irritan, no me gustan.
¿Dónde se habrá metido esta mujer?
Mi camisa aún está toda arrugada,
y mañana me la tengo que poner.
¡Pues la plancha, aunque le den las tantas!
¿Dónde se habrá metido esta mujer?
Va a haber bronca, esta noche va a haber bronca.
Me cabrea, hoy tenía ganas de...
pues después de la bronca... ¿pero dónde,
dónde se habrá metido esta mujer?
¡Pero bueno, si falta una maleta...
la de piel, para colmo la de piel!
¿Para qué la querrá la imbécil esta?
¿Dónde se habrá metido esta mujer?
¿Dónde se habrá metido esta mujer?
``El árbol que planté,
benemérita acción
porque ya quedan pocos
en mi pobre ciudad,
era un sauce llorón
pero sin mocos.
Pero resulta que
tenían otro plan
las urbanizaciones.
Pobre sauce llorón
ya secó el alquitrán
tus verdes lagrimones.
El libro que escribí
y que a nadie plagió,
era un grueso volumen,
donde con ilusión
puse todo lo que guardaba
en el cacumen.
Pero resulta que
sopesando el papel
de muy mala manera,
dijo el inquisidor
a la pira con él
y pereció en la hoguera.
Y el hijo que me dio
mi adorada mitad,
nos salió inconformista,
o quizá intelectual,
o emigrante quizá
o en fin quizá turista.
Porque resulta que nacido
en un país
de gritos iracundos,
tuvo que abandonar
y ahora vive en París,
se fue por esos mundos.
Y la próxima vez
te juro que seré
¡oh patria!
algo más práctico
te dejaré un borrego,
una fotonovela
y una flor de plástico.''
-No habrá próxima vez,
déjalo ya Marcial-
le respondió la muerte.
La guadaña zumbó,
así que menos mal
hemos tenido suerte.
(Javier Krahe y Alberto Pérez)
La oveja negra de la familia
mató al lorito con perejil,
destrozó el piano de tía Cecilia,
saltó la cerca, dejó el redil.
La oveja negra ya se ha juntado
a otras ovejas negras como él.
Como no hay hierba fresca en el prado
comen coronas de laurel.
Pero el laurel es extraordinario
de condimento para guisar,
a palo seco, por el contrario,
deja bastante que desear.
La oveja negra cogió un buen día
y se largó sin decir ni mu,
avergonzada al saber que huía
porque encontraba pobre el menú.
La oveja negra vendió su lana
asegurando que era astrakán:
el mercachifle, la gran fulana
se hizo más rico que el Aga Khan.
Y su familia toda se alegra
al verla gorda del buen comer
y ella recuerda su lana negra
que nunca más volverá a crecer.
(Javier Krahe y Alberto Pérez)
Y yo que fui a rondarle la otra noche a Marieta
la bella, la traidora, había ido a escuchar a Alfredo Kraus
¡Y yo con mi canción como un jilipollas!, madre
¡Y yo con mi canción como un jilipollas!
Y entré con el salero al comedor de Marieta
la bella, la traidora, ya estaba acabando el flan.
¡Y yo allí con la sal como un jilipollas!, madre
¡Y yo allí con la sal como un jilipollas!
Y cuando por su santo le compré una bicicleta
la bella, la traidora, ya se había agenciado un Rolls
¡Pegado al manillar hice el jilipollas!, madre
¡Pegado al manillar hice el jilipollas!
Y le llevé una orquídea a nuestra cita en la glorieta
la bella se besaba con un chulo y apoyada en un farol
¡Y yo allí con mi flor como un jilipollas!, madre
¡Y yo allí con mi flor como un jilipollas!
Y cuando ya por fin fui a degollar a Marieta
la bella, la traidora, de un soponcio se me había muerto ya.
¡Y yo con mi puñal como un jilipollas!, madre
¡Y yo con mi puñal como un jilipollas!
Y lúgubre corrí al funeral de Marieta
a la bella, la traidora, le dio por resucitar.
¡Y yo con mi corona hice el jilipollas!, madre
¡Y yo con mi corona hice el jilipollas!
(G. Brassens, adaptada por Javier Krahe)