Homenaje personal a la construcción de la Estación Jean Nicolini de la Asociación de aficionados a la Astronomía en el Observatorio Astronómico Los Molinos 


Con algunas imágenes que tenía decidí  publicar esta página web para homenajear de forma personal a todos aquellos que participaron en la construcción de la Estación Jean Nicolini. Los que quieran saber como quedó finalmente el observatorio acérquense al OALM el día 8 de noviembre del 2003 en horas de la tarde para vivir junto a los socios de la AAA, la inauguración del mismo. 


Hace once o más años un grupo de aficionados reunidos en la casa de uno de ellos prefiguró la posibilidad de construir un telescopio de gran porte para realizar observaciones de objetos astronómicos.

Un motor empujaba la idea y era que ese grupo de personas estaba impulsada por una corriente observacional que había nacido en la AAA y especialmente a través de la Liada en los años 80. Tan grande fue esa influencia que el nombre de la estación es el de un aficionado del Brasil que en los congresos realizados en ambas orillas del plata dejó una huella eterna en ellos.

Creo que esta bien decir impulsados porque muchos de nosotros antes de conocer la AAA y aún menos la Liada, soñaba entre las páginas de los libros de Astronomía, con algún día poder colgarse de algún instrumento gigante que allí aparecía y comenzar a ver lo que sus fotos mostraban o sus temarios indicaban. 

Ese grupo inmediatamente se enriqueció de muchísima gente que entendió que la idea era buena y apoyaron los comienzos de las obras que se lanzaron junto con la de las demás estaciones que hoy se encuentran en el OALM.

La obra pasó por varias etapas donde las últimas tal vez fueron las más vistosas y brillantes por el hecho de que estábamos cada vez más cerca, pero quiero contarles algo de aquellas primeras, que ahora se empiezan a borronear un poco en la memoria pero que a la larga fueron tan importantes como las últimas. Por lo menos las que me acuerdo.

Nunca podré olvidar las jornadas que nos llevaban temprano en la mañana a tomar el L8 en Colón y atravesar el recorrido en una nube de polvo constante, ya que las calles del recorrido no estaban pavimentadas como ahora  o muchas veces regresar sentados en "bancos de tierra" evaluando la jornada, cuanto se había avanzado, cuanto faltaba, etc y les puedo asegurar que desde el comienzo avizorábamos muchos años por delante antes de terminar.

Ir a lo molinos a construir nuestro observatorio era un aventura sin lugar a dudas, pero era una gran esperanza, afincada en esa construcción, de ver plasmado un sueño. Recuerdo las jornadas de acarreo de material cuando este quedaba en la entrada del observatorio junto a la casa, como también las piedras que hoy yacen para la eternidad en los cuatro descomunales pilares que construimos para este observatorio. Uno por supuesto soporta al monstruo y los otros nos aseguran que nada ni nadie va a alterar la cimentación del edificio :). Se me viene a la mente muchos fines de semanas donde nos dedicamos a levantar paredes y el obstáculo era la pared circular. 

 

Hicimos decenas de veces la determinación del centro y usamos un compás improvisado del cual discutimos hasta el cansancio si estaba o no en la posición correcta. Una tarde de viento, la pared horizontal que da hacia la OSE, con casi un metro de altura se nos cayó, y hubo que empezarla de nuevo, pero esta vez nos apuramos a llenar las vigas que las sostenían ya que en una primera instancia no habíamos podido hacerlo.

Festejábamos cada paso, tanto en la estación como en lo logrado en Carmelo con el telescopio, que aún recuerdo la alegría que nos dio el haber podido colocar la puerta, como se aprecia en una de las imágenes, ya que aquello pasaba a ser un lugar cerrado, individualizado por más que la cúpula demoró mucho tiempo en colocarse.

 

Una noche vimos unas leónidas desde dentro del observatorio para protegernos del frío y ya se sentía otra cosa pues el cielo parecía un  planetario natural pero que por supuesto hoy, esa sensación,  está elevada a la enésima potencia cuando vemos abrir la cúpula por las noches y entra la luz de las estrellas al recinto.

La última hilera de ladrillo fue un hito muy recordado, pero aún años más tarde más recordado fue la terminación del revoque y de la pista donde correría la cúpula.

 

Otra instancia fue unas vacaciones de Julio que nos quedamos varios a dormir en los molinos y le dimos un avance grande a los ductos de cableado y agua que alimentarían al observatorio, con cámaras a diferentes distancias etc.

Por otro lado esa fue la jornada donde comenzó a construirse la cúpula, que al principio durmió al costado del 35 y que después pasó a un lado del OJN.

 

La construcción del piso exterior también movilizó mucha gente y grandes acarreos de material para finalmente darnos cuenta que nos había llevado más material que el necesario, generado por la falta de experiencia en estos temas y si  me dejan , fue un desliz que la fuerza y el corazón de ese grupo de personas nos permite hoy, justificarlo . No me puedo olvidar las jornadas de actividad de la AAA donde muchos discutían el diseño del "monstruo" y donde volaban ideas, algunos conceptos físicos, muchos dibujos en el pizarrón y un tubo de papel que iba de acá para allá cambiando semana tras semana con las nuevas ideas motivo del asesoramiento de estudiantes de física y arquitectura. En esas jornada iban apareciendo piezas del telescopio que se venían construyendo en Carmelo que se traían para motivar a la barra y hacer ver que la gente en Colonia se lo había tomado muy en serio y de esa forma acá remontar varios de los mínimos de actividad por los que muchas veces pareció atravesar la construcción durmiendo gran cantidad de meses sin el más mínimo avance.

Ir a los molinos era un ritual donde uno iba por tener cada vez más cerca el objetivo pero también porque estaba trocando el tiempo de ocio para construir un observatorio, (pavada de trueque!! que no todos pueden tener el privilegio de hacer), porque se sentía bien imaginando lo que iba a ser, porque uno sentía que una vez terminado iba a poder estar más cerca de las estrellas.

Hablar de todos los que nos dieron una mano en Los Molinos sería imposible, gente, mucha de ellas que ya no son socios, gente que hoy se fue del país, gente que desinteresadamente se sumó a la causa viendo que la empresa era una obra justificable, gente que sin trabajar directamente colaboró con donaciones y apoyos similares.

Once vueltas dio la Tierra alrededor del Sol esperando la terminación de la EJN.

En esos once años pasaron en materia de relaciones humanas cosas buenas y malas, como en toda actividad de esta índole especialmente en los últimos tiempos  pero nada podrá opacar el trabajo de todos los que pusieron su grano de arena, su piedra, su roca, o su montaña , todos son importantes.

Es significativo que el trabajo de muchos haciendo tareas puntuales hoy redunde en una obra social para una asociación con fines sociales como también para la comunidad en general ya que al estar en un predio estatal de alguna forma u otra la sociedad toda podrá por lo menos algunas vez visitarlo . En ese sentido es un contrasentido porque hoy se resalta lo individual, lo personal y esto, de eso no tiene nada. Para mi es un símbolo y me alegro de tener un ejemplo para darle por la cabeza al individualismo que pregona estos tiempos posmodernistas. Es un símbolo que surge de la Astronomía, la ciencia que estudia el universo, donde la parte se refleja en el todo y el todo se refleja en las partes y desde uno de los ángulos donde mejor podemos entender la realidad.

  No puse ningún nombre por respeto a todos los que han participado directa o indirectamente pero sepan que  todos fueron parte de la construcción de la  Estación Jean Nicolini. Raúl Salvo

 

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