POEMAS
Como
la hiedra
De
brazos extendidos
Trepando
por tus muros.
Como
la hiedra
protegiendo
del viento
tu
desnudez antigua,
blanco
pan de los siglos.
Como
la hiedra
tú
me pides que eleve
mi
voz al infinito
sobre
un corcel de niebla,
como
la hiedra.
Amparo García-Otero
El
adiós.
(Amor
más allá de la muerte)
Si
un día te marcharas,
si
emprendieras a solas
un
vuelo sin palabras,
si
cortaras de un tajo
el
pecho en que me guardas
para
hundirte en la noche
de
la eterna añoranza,
me
llevarías contigo,
ignorante,
en tus alas,
pues
todos mis recuerdos
navegan
en tu barca
y
la última sonrisa,
lejos
de ser amarga,
celebrará
festejos
de
páginas que aguardan
en
los blancos jardines
de
tu presencia blanca.
Amparo
García-Otero
Cuando
sientas mi voz.
Cuando
sientas mi voz
no
digas nada,
cierra
tu corazón
a
las palabras,
son
torrente de vida
que
despierta temprana,
terciopelo
del mar,
flujo
del agua.
Yo
prefiero el silencio
que
remansa
del
tiempo la corriente
y
su mudanza.
Lago
fiel a su orilla,
continente
que abraza,
mano,
que sin robar,
todo
lo alcanza.
Amparo
García-Otero
De
girasoles blancos.
(Dedicado a W. Blake, cantor de girasoles)
Tu
corazón está sembrado
de
girasoles blancos
y
yo ignoro
a
qué Dios obedeces
o
qué soles persigues.
Tu
corazón gira en el viento
como
una gran cometa
buscando
siempre nortes ignorados
y
yo giro con él
y
me deshilo en haces de luz
para
enhebrarla en tu corazón
sembrado
de girasoles blancos.
Pero nunca lo alcanzo.
El
Maestro.
Era
el alba primera del asombro y la risa,
unos
brazos de ramas levemente nacidas,
los
ojos, como surcos hambrientos de semilla
hallaban
en tus ojos la respuesta, maestro.
Las
esferas lejanas en cielos nunca vistos,
el
corazón abierto a todas ls
caricias,
mi
soledad pequeña, como página en blanco,
buscaba
los umbrales de tu mano, maestro.
Tu
rostro de mil caras, con mil nombres distintos
asumiendo
la carga de todas las historias,
fue
el manantial primero donde bebió mi boca
como
ciervo impaciente que apura el agua dulce.
Hoy
busco en el espejo mis años florecidos
como
rosas y encuentro en su fondo, dormido,
un
lago milenario de cuentos infantiles,
y
la palabra eterna que tú me regalaste.
Amparo
García-Otero
En el ámbito de tu sonrisa.
En
el ámbito de tu sonrisa
se
empequeñece el tiempo
como
se empequeñece un rostro en el olvido,
como
se estrecha el barco del recuerdo.
Tu
sonrisa, de lunas transparentes
empapadas
en noches del invierno,
promesa
de palabras escondidas
en
el manto sutil de tus océanos.
Tu
sonrisa, racimo de hojas dulces,
brújula
que señala el movimiento
de
tus labios, pequeña y voladora
en
el eje de luz de tu secreto.
Amparo García-Otero
(Poema
dedicado al problema de la droga)
En
la otra orilla
ondea
sus brazos de tentaciones blancas
la
flor de lo prohibido.
Sus
pétalos semejan alboradas
de
arcángeles que llaman.
Su
perfume enrarece
y
anega las ciudades.
Las
abejas cegadas
que
liban su pistilo,
se
aposentan en su lecho desnudo
y
se bañan en la espiral dorada
de
su cintura leve, y arrastradas
de
un sueño pavoroso
cruzan
túneles,
emparejan
distancias
hasta
llegar a simas
remotas
e ignoradas.
La
flor de lo prohibido
acaricia
sus alas desgarradas
con
sus pétalos blancos,
cual mortajas.
Una
lágrima sólo,
simplemente
una lágrima
y
en su centro, el camino
de
todas las distancias.
Las
lágrimas acogen
tras
sus pequeñas alas
la
cintura del viento,
el
canto de las aguas,
el
poso de un recuerdo
de
miel cristalizada.
Una
lágrima sólo,
simplemente
una lágrima,
fruta
dulce que nace
de
las horas amargas.
La
cueva misteriosa,
la
voz de la borrasca,
los
sueños inocentes,
la
sombra de la nada,
el
sabor de la niebla,
la
fuerza de la savia,
el
peso de un suspiro,
la
flor encadenada
se
funden, como un soplo,
en
una sola lágrima.
Amparo
García-Otero
Tu
nombre.
Tu
nombre es el milagro que enerva mis pupilas,
tu
nombre es la sonrisa de mi mejor mañana,
tu
nombre es el cincel que esculpe en mi recuerdo
la
copa en la que guardo el elixir del tiempo.
Tu
nombre es la guirnalda de mi piel entregada,
tu
nombre es la constante de mi reloj sereno,
tu
nombre está en el cerco de las puertas que aguardan,
solícitas,
el paso del amor peregrino.
Amparo
García-Otero
La
sinrazón del tiempo no me alcanza:
llevo
la juventud clavada en las pestañas
como
un golpe de luna.
La
muerte es sólo un soplo que adormece
los
recuerdos.
Ellos
como
gotas de rubor adolescente
no
conocen las horas,
no
conocen los días,
son
juventud colgada en ramos de oro
que
sobrevive con su canto coral
y
entre las nubes
los
recuerdos
columpian
su silueta
salpicando
el
mundo y sus orígenes.
Nacen
con el instante de la tierra
para
siempre.
Amparo
García-Otero
Tanto
te esperé
que
las semillas germinaron
y
los frutos del huerto
cambiaron
de color.
Tanto
te esperé
que
aprendí a compartir la alegría
dibujando
guirnaldas de carmín
en
los pozos sin nombre de la noche,
percibí
el silencio de los pájaros
y
escuché el canto de la ausencia.
Muchos
peregrinos
llamaron
a mi puerta.
Llevaban
en sus manos
tu
nombre
como
un rosario de promesas.
Nunca
les atendí
ni
reconocí en sus rostros
algo
que fuera tuyo.
Los
años acompañaron mi soledad
con
sus liras agónicas
y
cada primavera,
los
valles tejían para mí
túnicas
de melancolía.
Tanto
te esperé
que
aprendí a contemplar tu mirada
con ojos de olvido.
Amparo
García-Otero
La
noche es una dama
La
noche es una dama
cubierta
de hojarasca de luna
y
en su delantal guarda
los
sueños imposibles
de
las viejas esfinges.
Cuando
la noche aguarda,
nada
se hace esperar,
todo
responde
con
una sola voz,
un
solo sentimiento
y
una sola palabra.
El
susurro del búho
canta
melancolías
de
noches quebrantadas
como
estrellas de arcilla,
de
la ebriedad del musgo solitario,
de
la luciérnaga triste
y
de viejas canciones
naufragadas
sin rumbo
en
el olvido.
Amparo
García-Otero