|
|
Anoche
tuve un sueño, de pronto sin saber como, puede ver delante de mí a una
hermosa niña que jugueteaba graciosamente; sin parar, corría y bailaba,
luego, levantando ambos brazos giraba su cuerpo, para después ponerse a
dar de brincos mientras reía de una manera encantadora y divertida. De
inmediato sentí por ella un enorme apego y cariño, sin embargo, percibí
que el amor que sentía por ella no era de hacía unos instantes, era un
amor de hacia tiempo, un amor de años, de unos tres o cuatro, que era la
edad aproximada de aquella bella pequeña. Y aquella sensación de algún
modo me llevó a darme cuenta de que por lo menos en mi sueño, aquella
chiquita era mi hija, y así entendí por que mi cariño por ella me parecía
de mucho tiempo. Ella
no dejaba de reír mientras jugaba, giraba, brincaba y su larga cabellera
volaba graciosa por los aires. Yo la contemplaba lleno de gozo y orgullo,
ya que podía darme cuenta, de que mi pequeña hija, hacía todas aquellas
gracias, expresamente para mí, para su papá. Todo era armonía en mi sueño,
una gran felicidad me embargaba por lo que me incliné hacia ella, con
toda la ternura de que soy capaz la abracé y le di un beso, a lo que ella
respondió con una gran sonrisa y como si hubiese recibido “cuerda”,
imprimió aún más alegría a sus piruetas. Fue un momento precioso, yo
estaba feliz y era evidente que la pequeña se sentía contenta, pero
sobre todo amada. Sólo
unos segundos había durado mi sueño y ya una enorme alegría llenaba mi
corazón… más de pronto, mi pequeñita de ensueño desapareció, y
quedó un vacío donde antes todo era alegría. Tan rápido como
había llegado el amor, del mismo modo una gran tristeza ensombreció mi
sueño. ¿Dónde está mi hija? –me pregunté-. Y en ese preciso
instante obtuve la respuesta. No puedo decir que fue una voz, más bien
creo que fue como un mensaje escrito en mi mente, que fue puesto ahí y
que de pronto se corría un velo para que yo pudiera verlo. Y
decía: “Esta niña que has visto y amado en tan poco tiempo, realmente
es una niña que nunca nació, esta niña fue abortada y nunca nadie pudo
amarla como tú lo has hecho, nunca nadie pudo ver lo hermosa que era y
nadie disfrutó de su risa ni recibió sus besos. Es una niña que no pudo
dar al mundo todos los dones que Dios había puesto en ella.” Y
sentí un dolor inmenso en mi corazón, comprendí entonces que aquella
pequeñita no había tenido la oportunidad de nacer,
y comprendí que el haber terminado con aquella preciosa vida,
lejos de lograr algún beneficio, más bien se había convertido en una pérdida
irreparable para toda la humanidad. Tan bella, graciosa, cariñosa e
inteligente; la conocí tan sólo por unos instantes, pero fueron
suficientes para darme cuenta de que hubiera sido una gran mujer. Todo
en mi sueño se ensombreció y sólo pude ver el vacío. No quedó nada,
donde poco antes había tanto. Y así, mi triste sueño terminó, justo en
el momento, en el que desperté llorando. Los malvados llaman a la muerte con obras y palabras. La consideran su amiga, se desviven por ella y con ella hacen alianza: bien merecen que ella los haga suyos. Sabiduría 1;16
Cierta mañana, hace unos cuantos días, recibí
un email que evidentemente no era para mí, el primer indicio del error, y
por si sólo suficiente, era el hecho de que estaba dirigido a Pedro, y
ese, puedo asegurar que no soy yo. Aún así, leí su contenido, pero sólo
para confirmar sin lugar a dudas que había una gran equivocación. He aquí
el texto del correo: Hola Pedro Ya encontré la página que me pediste por
IRC con las 12000 fotos gratis, esta algo cambiada pero es
http://www.sexo?????.com . Además he visitado la página que me diste
sobre Ovnis y me ha parecido maravillosa. Un abrazo de tu amigo Mallorquin Debo confesar que mi corazón se entristeció
pues recordé el texto bíblico que dice: “Ahí donde está tu tesoro,
ahí también está tu corazón”. Y me pregunté: ¿Dónde están el
tesoro y la motivación de Pedro y de Mallorquin?, ¿en 12000 fotos de
sexo y en los Ovnis? E ingenuamente me puse hacer oración por ellos. Y digo ingenuamente, porque unas horas después
revisé otra de mis cuentas de correo, una cuenta totalmente distinta a la
primera y cual sería mi sorpresa cuando
me topé con el mismo email, con los mismos puntos y comas, sólo
que este apareció en el apartado de lotes de correo (o sea en los emails
que se envían por miles con fines de publicidad). Fue entonces cuando caí
en la cuenta de que recibir este email no había sido un error,
simplemente comprendí que ni Pedro ni Mallorquín existían y que este
email me fue enviado intencionalmente, al igual que a otros cientos o
miles de personas, con el objetivo de hacerme entrar al Sitio de las
famosas 12000 fotografías. Y por segunda vez, el mismo
email me puso triste, porque el nuevo giro de esta historia me llevó a
recordar un segundo texto bíblico:
“Yo les digo, a cualquiera que haga caer a
uno de estos pequeños, más le valdría que lo hundieran en el mar con una
gran piedra atada al cuello.” Y de nuevo hice oración, pero ahora no por
Pedro y Mallorquin, sino por todos aquellos que tienen su tesoro en la
pornografía, y ensucian con ella a tanto corazón limpio que neciamente
sucumbe ante la tentación de hacer click. “No
os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y
donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo,
donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni
hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también
vuestro corazón.” Mateo
6;19-21 “A
cualquiera que haga caer en pecado a uno de estos pequeños que creen en mí,
más le valdría que lo hundieran en lo profundo del mar con una gran
piedra de molino atada al cuello. ¡Qué malo es para el mundo
que haya tantas incitaciones al pecado! Tiene que haberlas, pero ¡ay del
hombre que haga pecar a los demás!” Mateo
18;6-7
Esta tarde en misa, me encontraba absorto en mi acostumbrado recorrido visual del Altar, cuando descubrí que algo faltaba y me pregunté: ¿Dónde están los servidores? Pero al poner atención noté que en esta misa no había un servidor, sino tres, tres pequeñines de escasos 7 u 8 años, a quienes por su escasa estatura no pude distinguir a simple vista. La celebración dio inicio, pero no pude sustraerme a dedicar unos instantes a observar a aquellos pequeños y al enfocar mi vista en el rostro de uno de ellos aprecié algo inusual: Aquel niño, sin perder la postura ensayada de su cuerpo, no podía evitar sonreír con alguien en la asamblea. Y sin esforzarme, pude descubrir con quien sonreía. Aquella comunicación se llevaba a cabo con una señora joven, misma que correspondía a la sonrisa disimulada de aquel monaguillo con una expresión de felicidad que la desbordaba. Pude entonces adivinar que aquella madre en esos instantes estaba viviendo uno de los momentos más bellos de su vida, y en su maternal rostro podía apreciarse fácilmente una enorme alegría y al mismo tiempo un gran orgullo. Para ella, en esos momentos no existíamos, dialogaba con su hijo y aunque el pequeño no lo percibía, aquella madre lo arropaba amorosamente con su mirada. Aquella madre prácticamente no perdía movimiento alguno de su pequeño, ensimismada lo cuidaba, le sonreía y de cuando en cuando algo en silencio le decía. Entre tanto, el pequeñín estaba en lo suyo, se arreglaba el alba, corregía su postura y gallardamente levantaba su rostro hacía el frente con actitud solemne; y esta por demás decir, que esto provocaba nuevamente la admiración de su madre. Y así transcurrió la misa, y aquella mujer vivió más que cualquiera cada momento de ella, le hizo señas a su pequeño para que se acercara a comulgar, sonrió con orgullo cada vez que su pequeñín mantuvo su pose de Santo, y claro, también sudó de nervios cuando después de la comunión a su hijo le correspondió recoger el cáliz. Hasta aquí pude observar aquella hermosa relación, pero he querido dejar al final lo que me pareció lo más bello de este suceso. Un momento especial que coincidió con la Consagración de las ostias, con los instantes más maravillosos de toda Eucaristía. Cuando el Sacerdote elevaba al cielo sus manos y con ellas la ostia para ser consagrada, aquella madre se encontraba inmersa en un nuevo diálogo, tenía ahora sus ojos fundidos en la figura de Cristo, quien desde su cruz le correspondía a su vez con una tierna mirada. Ella con sus manos juntas cerca de su boca, le hablaba a Jesús en el volumen bajo que Cristo escucha con tanto agrado, y sin dejar de hablarle, volvía su mirada hacia su hijo, luego regresaba con Cristo y mientras que, una contra otra, apretaba con fuerza sus manos, le seguía rogando con ahínco. Finalmente la consagración terminó y quedándose hincada unos instantes más, por fin aquella madre se puso de pie y tanto ella como yo, pusimos atención al resto de la celebración. ¿Qué le dijo aquella madre a Jesús? ¿Qué peticiones le habrá hecho? ¿Con cuánto amor le habrá encomendado a su hijo? Yo no pude escuchar sus palabras, tan sólo pude imaginar cuales fueron los términos de aquel amoroso ruego materno. Más de lo que sí estoy seguro es que Jesús la escuchó; que Jesús, de cuerpo presente, en el momento del milagro eucarístico tomó en cuenta cada palabra de aquella oración. Quizá nunca volvamos a saber de la vida de aquel pequeño, pero con una madre que ora así por él, seguramente no habrá obstáculo para que Jesús sea por siempre parte importante de su vida.
Hijo
mío, atiende la instrucción de tu padre Provervios 1;8-9
Del libro “Libro
de Anécdotas” De:
José Luis Contreras Sáenz. Chihuahua, Chih., Méx. Inicio:
Abril 23 del 2000
Si este libro ha sido de su agrado por favor entre aquí y
|
|
|