DIOTIMA Y EL ESTUDIANTE ENAMORADO
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“Al estar en medio de unos y
otros llena el espacio entre ambos, de suerte que el todo queda ligado consigo
mismo” (Banquete, Platón)
Hace poco más de un año leí
por primera vez el diálogo platónico, el "Lysys", y quedé
inmediatamente fascinado con la idea de teatralizarlo (la dirección y actuación
teatral son una de mis actividades principales, y ya había tenido experiencias
a público muy felices con Sófocles, Esquilo, Eurípides, Sáppho y Kaváfis,
en casi todos los casos incluyendo en buena parte el idioma original). Pero al
poco tiempo me crucé por azar (estaba particularmente barato en una mesa de
ofertas) con "El Banquete", el cual me atrapó aún más y me puso en
la disyuntiva de una obra o la otra.
La primera era más simple y
por ello fácil de abordar, pero sentía que no tenía la profundidad y
trascendencia de la segunda. Por esas cosas del destino, al poco tiempo me
enamoré como hacía mucho no me pasaba, y conceptos del Banquete ("sobre
el amor") se me aparecían involuntariamente con una presencia de tal
intensidad y recurrencia, que ya no tuve dudas sobre en qué diálogo poner
eventualmente mi energía. Otro gran giro posterior del azar fue enterarme que
la obra en cuestión era un hito en la materia que
comenzaba a cursar en la Facultad, y como había que elaborar una reflexión personal sobre la obra o
parte de ella, paso a extenderme un poco sobre esta experiencia un tanto
inasible del enamorado y cómo resonó entonces y todavía hoy en mí el
discurso de Diótima en labios de Sócrates en labios de Platón.
El concepto de Diotima que de
lejos más me impactó fue el de que el amor (ton
Erwta)
es "lo intermedio" (metaxu, que usado aquí con genitivo,
se traduciría "entre, en medio de"). Intermedio entre belleza y
fealdad, completud y carencia (como lo expresa el mito del origen de ErwV,
concebido en la fiesta del nacimiento de Afrodita por las mañas de Penía -la
Carencia o Pobreza- con Poros -la Completud o Recurso- mientras éste dormía),
lo bueno y lo malo, daimwnn entre lo divino y lo mortal, lo perfecto y lo
imperfecto, espíritu y cuerpo, y, agregaríamos, lo permanente y lo
impermanente (¿entre Parménides y Heráclito?).
Luis Gil, el traductor de la
versión trabajada en clase, comenta en su presentación, citando a G.E.R.
Lloyd, que "son evidentes los esfuerzos de Platón para superar el
pensamiento por polaridad propio de los presocráticos, haciendo ver que la
posesión de un atributo no implica por necesidad la posesión del
contrario". Pero creo que la cosa no pasa solamente por una formalidad
"filosófica" de superar léxicamente el dualismo, sino que, como místico
práctico que según muchos era, y que nada casualmente elige el arte como
camino de presentación de las ideas que quieren fundar ciencias, aquí Platón
está tratando de transmitir una genuina
experiencia vivencial, y es la de que la experiencia del amor nos pone de
lleno en un espacio en el que sentimos (así, muy claramente en primera persona)
al mismo tiempo e inmensamente la
vivencia de la carencia y de la completud, del deseo (por supuesto, de lo que no
se tiene, como le dice Sócrates a Agatón y, más tarde a nosotros, Freud) y de
satisfacción, de vacío y plenitud.
Y sigo: de celosa posesividad,
y de anhelo de la máxima libertad del ser amado; de, en los momentos de mayor
entrega a la experiencia, sentirme y como nunca intensamente hombre, e
inmediatamente y como nunca, intensamente mujer; de sólida, tangible
intemporalidad, y la consciencia y voluntad de que el tiempo fluyente haga aquí
y ahora su obra; de exultante seguridad y de delicadísima inseguridad; de
intensa presencia de la carne, así como del espíritu; de lo sensible y de lo
ideal, en la unidad de la persona amada; de lo igual y lo distinto; del disfrute
de la quieta coexistencia de los cuerpos, y el ansia de movimiento; de descanso
y anhelo, felicidad y llanto. De dolor porque el ser amado no es, en todos sus
aspectos, el ser "idealmente anhelado" (la proyección narcisista, rígidamente
fijada en la imaginación de "quién me haría feliz"), y, al mismo
tiempo, de júbilo y alegría por exactamente los mismos motivos: porque NO es
solamente un espejo y prolongación de mis obsesiones, sino, justamente,
maravillosamente él mismo, "lo otro", no en cuanto a polar o idéntico,
sino presente y fluyente en su propia mismidad. Es decir, no es
"perfecto" (con toda la connotación tanática de la palabra
"perfecto", de "lo perfeccionado, lo terminado", referida
por el filósofo Jean Baudrillard y que hace recordar las rígidas estatuas
mortuorias egipcias). Pero en el mismo instante que frente a él me digo este
concepto, aparece como un latido, como la diástole le sigue a la sístole, la
idea de que "por supuesto que es perfecto", porque justamente pasa
todo ésto.
Pareciera que no puedo afirmar
nada sin que aparezca inmediatamente (otra vez, como la secuencia necesaria de
inspiración y exhalación) su opuesto. El aire se carga de silencio, un
silencio que se vuelve sagrado y que, invocando a Spinoza, quiere persistir en
su ser; pero automáticamente y sin poder evitarlo aparecen las palabras,
palabras por borbotones (como Adriano y las estatuas de Antinoo), con un grado
inusitado y desconocido en mí de lirismo y belleza que se parece en todo a la
mentira, al artificio, y que al mismo tiempo no pueden dejar de brotar,
naturales, intensas, "genuinas", como Sócrates inspirado,
"enthusiasmado", procreando en la belleza de Fedro y la Naturaleza que
los rodea en el diálogo que lleva el nombre de este último. Y mientras brotan
las palabras, cualquier concepto verbalizado quiere, una vez más, su opuesto.
Algo así como el punto opuesto que encierra el símbolo gráfico oriental de la
dupla Yin-Yang (Lao Tsé, en muchos puntos cercano a Platón y de quien se
desprenderán luego prácticas místicas parecidas a las de los neoplatónicos,
define en su Tao Te King al ser creador, la verdad, etc., aunque sin usar esas
palabras -lo llama "Tao"-, apelando -como Diotima- a pares de
opuestos: "no es A ni no-A"). Una clara danza de dos, como la metáfora,
que tanto usa Platón, y el símbolo, que está en medio del intérprete y del
objeto o concepto en ese momento interpretado (no casualmente Diotima es
sacerdotisa: tambien está "metaxu" entre lo sagrado o metafísico
y el mortal aquí, y seguramente era adivina, y probablemente hetaira, como el
texto y la exégesis histórica dejan entrever).
Todo símbolo es por fuerza
relacional, y hasta pareciera que la historia del término tuviera que ver con
esa piedra u objeto partido en dos que, al re-unirse, nos permite re-conocernos
y re-ligarnos a un todo mayor desconocido pero al cual pertenecemos (el clan).
Si, como insiste C.G.Jung, el ssímbolo debe ser, para ser tal, algo
vivo, y por ende "no terminado", "no cerrado", sino siempre
henchido de contenidos y derivaciones aún no sospechados, se ofrece como canal
de apertura y acceso a "lo otro", al "no yo". La experiencia
amorosa (y me refiero ahora no sólo a la erótica vinculada a un ser humano,
sino en general) produce símbolos: imágenes, palabras, obras de arte, leyes.
Estos productos del espíritu ("objetivo" -según Hegel-, en cuanto
productor de valores no dados a nuestra percepción inmediata en la Naturaleza)
están "metaxu" del yo y de "lo
otro" (lo no yo). Siguiendo a Martín Buber, para que la experiencia sea de
una real apertura y relación, y yo pueda recuperar mi calidad de ser vivo,
sujeto y espíritu, lo otro no debe ser un "Ello" (objeto, cosa, con
el cual al relacionarme me cosifico) sino un "Tú". Cualquiera que se
haya dedicado al arte, a las mancias o a la interpretación en general, conoce
la inevitabilidad de, para que la práctica funcione, tener que abrirse al
objeto de trabajo como si fuera un "Tú", un otro en el cual uno se
pierde -y reencuentra- a sí mismo, como en la manía helénica. Y en el caso
del amor erótico, el ser amado es quien se posiciona exactamente metaxu del
universo y yo. Es el canal, el agente catalizador, fin y medio (más bien
"ni lo uno ni lo otro": metaxu). Y, en suma, está, una vez más,
"metaxuu"; entre el "Ello" y el "Tú"
de Buber.
Este concepto (el de metaxu)
que reúne opuestos sin anularlos, trascendiéndolos sin "superarlos",
participando de unos y otros sin
estancarse en la "perfección" de ninguno de ambos (¿”intermedio”
entre democracia y aristocracia?), me parece uno de los logros intelectuales más
geniales de Platón y presente en la cultura griega toda. Concepto para mí
intensamente deseable en cuanto a que contiene lo multidimensional de la
existencia y se evidenció en los mejores, más intensos, bellos y felices
momentos de mi vida. Tan presente, por ejemplo, en la tragedia griega, metaxu de
Apolo y Dyonisios, símbolo del arte más logrado, y por ello muerto y
continuamente resucitado. En la obra de arte en general, relacional tanto en su
estructura (la belleza se asocia con la armonía en la composición de los
diversos elementos de la obra, o sea, se da "en el medio de" los
mismos) como en su función. En Diotima, metaxu de Sócrates y las verdades
eternas, suprasensibles, "sagradas". En Sócrates, metaxu de
Diotima y los interlocutores del arquetípico banquete ("sumposion" viene de “sun"
+ “pothV",
"el que bebe con": es ya en sí relacional, ocurre "metaxu"),
Aristodemo metaxuu de Sóccrates y Apolodoro, y éste metaxu de
Aristodemo y los propios amigos, ávidos de saber. Y por último, en la obra
"El Banquete" en sí (con todos los innúmeros copistas, traductores y
comentaristas "intermediarios"), metaxu
del arte y de la ciencia (del
artificio y de la verdad), metaxu de nosotros y de Platón.
Si nos asomamos a la etimología
de la palabra metaxu, vemos, según el reconocido filólogo griego Babiniótis, que está
compuesta de meta <+ xu(n).
Meta, en suss primeros y más habituales usos en el
griego preclásico, era una preposición que, con genitivo, dativo o acusativo,
tenía el sentido de “en medio de”, “entre”, (y, menos, “juntamente”
y “además”), y que posteriormente adoptó el uso, cada vez mas frecuente y
luego exclusivo (con acusativo) de “a continuación de” y “después”.
Aquel primer uso de “medio” tendría relación directa con el *met(i)
indoeuropeo, el que será luego raíz de ese concepto en numerosas de lenguas
modernas. Y en cuanto al xu(n),
del cual luego se abandonó la (n), se convirtió muy temprano en su sinónimo sun,
el habitual prefijo (cuando no preposición) que denota el concepto de “con”
o “juntos” (todavía en uso en el “su” lituano y el “su” eslavo).
Proviene probablemente del verbo xuw, el ccual posteriormente cobró el sentido de
“arañar”, “rascar”, “lijar” y eventualmente “pulir”,
“alisar”, pero que habría tenido un uso más antiguo de “tocar”. Es
decir, metaxu,
”en medio de” o “entre”
al estar “con”, “juntos”.
Quizás este simple concepto
relacional, el de metaxu, paradigma del lenguaje y del símbolo
como tal, sea resumen de la cultura toda, en su intrínseca dialéctica
generadora, y en su mejor reflejo de la cualidad creadora, vital y plena de la
Naturaleza, entendida como contracara "no opuesta" del espíritu.
En mi primer acercamiento a
Platón no entendía bien cómo era que unía en un movimiento lo erótico y el
saber. Me parece interesante ahora recordar que en el hebreo bíblico,
"conocer" se usa como sinónimo de "copular". Y que, más acá
en el tiempo, pareciera ser el Espíritu Santo de los cristianos quien expresa,
mediante el amor, la relación entre lo uno y lo otro. Para ir cerrando, me
parece pertinente referir lo que una vez oí decir a Kyran, un místico sufí, y
es que en el amor transitamos por la resbaladiza experiencia de la orilla: no es
exactamente la tierra firme, la isla del yo y de lo conocido en la cual nos
encontramos aislados, ni tampoco el vasto e infinito océano del todo
indiferenciado, que nos define por oposición y en el cual podemos quizás
ahogarnos.
Ni lo uno ni lo otro: metaxu.
Jerónimo Brignone (Junio 2000)
Bibliografia referida:
BABINIOTIS, Giorgios, Diccionario
Etimológico de la Lengua Neo-Helénica, Kendro Lexicologuías, 1998
BAUDRILLARD, Jean, El
Crimen Perfecto, Editorial Anagrama, 1997
BAUDRILLARD, Jean, De
la Seducción, Ediciones Cátedra, 1987
BUBER, Martin, Yo
y Tú, Ediciones Nueva Visión, 1994
JUNG, Carl Gustav, Tipos
Psicológicos, Editorial Sudamericana, 1985
LAO TSE, Tao Te Ching, Editorial Nacional, Orbis, Hyspamérica, 1983
PABON S. DE URBINA, José M., Diccionario
Manual Vox Griego - Español, Bibliograf, 1995
PLATWN, “SUMPOSION", 202e, KAKTOS, 1991
PLATON, Banquete, traducción y notas de M. Martínez Hernández, Editorial
Gredos, Planeta-DeAgostini, 1995
PLATON, Banquete, notas del traductor Luis Gil, Editorial Labor, Orbis,
Hyspamérica, 1983
PLATON, Banquete, estudio preliminar de Francisco Larroyo, Editorial Porrúa,
1998
RUSSOVICH, Alejandro, apuntes de clases dictadas, materia Filosofía, cátedra Abraham, Mayo-Junio 2000