Informe acerca del 44 Festival Internacional de Cine y
Televisión
2004 Cartagena
(Colombia)
27 de febrero al 5 de
marzo
Jorgelina Corbatta
Wayne State University
El hecho de ser beneficiaria de una Beca Fulbright
(febrero/ mayo 2004) me ha posibilitado volver a ponerme en contacto con Colombia, su cultura y su gente. La beca requiere una doble
tarea de enseñanza y de investigación. Respecto de lo primero, tengo a mi cargo
el curso de literatura argentina titulado “Historia, ficción y exilio en la narrativa
argentina reciente”--basado en mi libro Narrativas de la
Guerra Sucia en Argentina (BsAs, Corregidor,
l999)--para estudiantes subgraduados de la Universidad de los Andes junto a estudiantes graduados de la Universidad Javeriana. En cuanto a la investigación, estoy en el proceso de actualizar mi
conocimiento de la reciente producción narrativa colombiana y, dentro de esta
área, la narrativa filmica. Debido a ello, mi presencia en el “44
Festival Internacional de Cine de Cartagena” al que asistí como investigadora y del cual participé no sólo como audiencia sino también con una exposición sobre “El
cine de la Guerra Sucia en Argentina”, conferencia que tuvo lugar en la filial de
Cartagena de la Universidad Tadeo Lozano el martes 2 de marzo.
El director-fundador del Festival es Víctor Nieto y tiene
como asesor al escritor y Premio Nobel l983-- Gabriel García Márquez--en su
carácter de presidente de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano. Merece
destacarse asimismo la laboriosidad y profesionalidad del jefe de prensa del festival, Jorge García Usta quien nuclea a su
alrededor todo un equipo de jóvenes estudiantes universitarios de la carrera de
comunicación. El festival de cine de Cartagena se inicia en l960 con un grupo de empresarios
cartageneros (encabezados por Victor Nieto) quienes establecen relaciones con
organismos oficiales cinematográficos nacionales e internacionales.y se fija el
mes de marzo como la fecha estable anual de los festivales que en el
futuro incluirian no sólo largometrajes sino también cine publicitario ((l971),
video (l983) y televisión (l984 ) junto con la creación de los premios India
Catalina de Oro y finalmente, en l992, el concurso iberoamericano de
cortometrajes.
Lo que sigue es un informe del festival, las películas que pude ver y la asistencia
a ruedas de prensa de los equipos de filmación de varias de ellas junto con
otras actividades afines. Empecemos por las películas: se impone mencionar en
primer término María llena eres de gracia, del norteamericano Joshua Marston (director y
guionista), protagonizada por Catalina Sandino acreedora del premio del Festival de Cine de Berlín (compartido con Charlize
Theron) y del premio a la mejor actriz en el Festival de
Cartagena. Allí a María llena eres de gracias, que ya había sido distinguida en
Sundance y en Toronto, también se le otorgó a el
premio Opera Prima y el Premio Especial del Jurado. El tema de la pelicula es
casi un tópico socio-cultural en Colombia y para el que llega al país está presente desde las
paredes del aeropuerto Olaya Herrera de Bogotá en affiches en
donde se aconseja a la población no dejarse seducir y convertirse en ‘mula’.
Término que designa a aquellos colombianos, en su
mayoría mujeres, que acceden a transportar en su cuerpo cargas de droga a los
Estados Unidos. La película muestra el proceso que sufre María, una joven de 17
años, que pasa de manipular rosas (una de las riquezas
del país y producto de exportación) a convertirse en una
pieza más del tráfico internacional incitada por un joven a quien
conoce accidentalmente. La penuria económica y la explotación laboral ayudan a
la aceptación de María quien ha de viajar acompañada de otras dos jóvenes
colombianas, una de las cuales (Lucy) muere cuando la bolsita que contiene la
droga se rompe en su interior. Este constituye sin duda el núcleo dramatico de
la película y concentra la soledad,
el dolor, la impotencia, la marginación social y económica de las ‘mulas’
acosadas por todas partes. En palabras de la actriz que protagoniza a Lucy,
Guilied López, las mulas siempre pierden: “Esta película muestra el lado humano
de las personas involucradas en el tráfico de drogas, pero también el de otras
que luchan por socorrerlas. Muestra que el narcotráfico no es sólo un problema de Colombia sino de la comunidad internacional. Lucy es el símbolo de las mulas que mueren. Su ejemplo es terrible” (Diario Festival Internacional de Cine de Cartagena, febrero 20, 2004). Un colombiano residente desde hace años en Queens,
participa como actor y trae consigo la humanidad de situaciones vividas en la
realidad en la cual, según sus palabras, se ha visto abocado a la tarea ingrata
pero solidaria de dar sepultura a muchas de esas mulas, víctimas de la droga
que transportan y a quienes, munidas a menudo de nombres falsos, es difícil identificar.
En ese sentido, el texto dentro del texto, lo constituye la ermana de Lucy (residente
junto con su marido en los Estados Unidos por varios años) en cuya casa se
refugian María y su amiga tras la muerte de Lucy aunque una vez allí son
incapaces de confesar esa muerte y, mucho menos, su causa. La inminente
maternidad, en el caso de la hermana de Lucy, y también de María, sera el
elemento redentor y el factor fundamental para la elección de los Estados
Unidos como lugar de residencia. Aunque la película tiene un
final abierto lo sospechamos positivo. Y así el tiítulo, y su resonancia
bíblica, adquiere una polivalencia de significados en donde la madre, también
víctima expiatoria, recupera la vida como don fundamental. No puedo dejar de anotar la clara
oposición de los dos papeles
por los que compartieron el premio de Berlín María (Catalina
Sandino) y Aileen Wuornos (Charlize Theron). Si bien ambas
sirven de instrumento para detectar problemas sociales (el narcotráfico en Colombia, la prostitución en EU), una
encarna la inocencia y la capacidad de recuperación mediante la maternidad
y—por ende—la afirmación de la vida. La otra, por su parte, fue llamada “la doncella de la muerte” y encarna
justamente eso al afirmar: “Odio profundamente la vida humana”. El carácter mariano de una y el monstruoso de la otra (la película se
titula justamente Monster y fue acreedora del Oscar de este año) contrastan en la pureza/ fealdad
aunque en ambas está presente el amor, mariano en un caso y lesbiano en otro. La película colombiana presentada a
continuación fue Hábitos sucios de Carlos Palau (2003) en donde se cuenta la
historia de la monja Leticia López Manrique, religiosa de la comunidad de Las
Adoratrices quien fuera inculpada por la muerte de una de sus compañeras de
claustro, Luz Amparo Granada, ocurrida en Bogotá. Su cuerpo, desmembrado y
quemado, fue hallado dos días después de su desaparición del convento en un paraje abandonado de la Antigua vía al Llano. Leticia se entregó a las autoridades
tras afirmar la injusticia de su acusación. En la película aparecen
otros motivos: la relación de la monja asesinada con las prostitutes del barrio a quienes trata de ayudar (en peligroso
antagonismo con los proxenetas que las explotan); su vinculación con un
compañero de estudios quien quiere volverla militante guerrillera, su
contracción al estudio y al trabajo humanitario. El ‘caso de la monja de
Colombia’ como se conoció, sirve al director Palau para reflexionar sobre la
estructura eclesiástica en el país y en el mundo y constituye una herramienta
crítica para examinar la presencia de la iglesia y de la ideología católica en
el medio social colombiano. Se trata además de un film
intertextual en la medida en que dialoga con sor Juana Inés de la Cruz en la
version literaria de Octavio Paz (se muestra el libro Las trampas de la fe) y
con la version filmica de Maria Luisa Bemberg, “Yo, la peor de todas”. También,
en forma lateral pero presente, está Michel Foucault y su Historia de la
sexualidad como una de las formas con la que el imaginario colectivo
contemporáneo se enfrenta con el complejo fenómeno sociocultural de la
sexualidad humana a lo largo de la historia de la humanidad. Lamentablemente la
crítica ha sido adversa a esta película y su director se ha despachado acremente
contra aquella (la de El Tiempo, entre otras, que fue su blanco en “Diálogos
con directores colombianos” del 1 de marzo y que fuera contestada en el Diario
de la misma fecha ). Me interesa detenerme en un reportaje hecho a Palau por
Pedro Adrián Zuluaga, y en un texto crítico firmado por Oswaldo Osorio,
presentes en la revista de cine colombiana Kinetoscopio (Vol. 14, 67). Zuluaga comienza refiriéndose a la película
anterior de Palau, “A la salida nos vemos” (l986) y a sus proyectos posteriores
entre los que se incluye una investigación sobre la inmigración japonesa en el
Valle del Cauca que, a pesar de haber viajado a Japón, filmar allí la primera
secuencia y contar con el proyecto de coproducción, no se llevó a cabo por
carecer del apoyo de Colombia. Me parece
interesante transcribir las palabras de Palau acerca de ese proyecto
abortado:
Esa inmigración [la
japonesa] nace de la lectura que hace un joven japonés
de La María de Jorge Isaacs. La lee en castellano y la
traduce por entregas a la Revista de la Universidad de Tokio. Compañeros y discípulos de él, comienzan a leerla. Esa era
una época en la que Japón era completamente miserable por las guerras civiles,
era un país lleno de hambre, entonces no solamente la
historia de amor les atrajo sino la descripción fértiles del Valle del Cauca que hacía Jorge Isaacs en el libro y
comienzan a pensar en inmigrar. Y efectivamente llega el día en que lo hacen en
un un barco y llegan al Africa. Piensan que Buenaventura es Africa, nunca habían visto negros./…/ Es como el año l923 o l924. /…/ Mi
proyecto está sustentado en cuatro pilares. Lo épico, lo literario, lo
político y lo romántico. Lo politico tiene que ver con lo mismo que pasó en los
EEUU cuando a los japoneses se los encierra en campos de concentración
después de Pearl Harbour. A estos japoneses que
llegaron pequeñitos al Valle del Cauca y que fueron creciendo económicante con
sus tierras y empiezan a aportar un gran Desarrollo a la region, comienzan los
terratenientes a tenerles bronca. Esos terratenientes denuncian ante el
consulado gringo en Cali que en las tierras de los japoneses se esconden
pistas de aterrizaje para que los aviones de ese país
se reabastezcan y así atacar el canal de Panamá. Todo esto
está en las investigaciones que hice. Las conjuras llegan al
Departamento de Estado norteamericano y Roosevelt le pide a López Pumarejo que
le mande todos esos japoneses a los campos de concentración en Texas y en
California y López Pumarejo dice no, no se los mando, pero se los encierro acá.
Y así se crean los campos de concentración en Fugasuga, junto con los alemanes,
los japoneses son detenidos durante tres años, se les
confisca sus bienes, su tierras, los obligan a pagar de esa confiscación los
alimentos y la estadía” (85).
Quiero ahora detenerme en las opinions de Palau sobre de la película Hábitos sucios cuando responde
acerca de las licencias que se permite respecto de lo que ocurrió en la
realidad: “La licencia más importante—dice Palau—es la de considerar al personaje de Leticia inocente
/…/ Porque la forma en que la condenaron por el asesinato de Luz Amparo fue muy
rápida, fueron más importantes las denuncias de las otras compañeras que ir a
investigar los crímenes perpetrados en las 21 prostitutas, crímenes que fueron
denunciados por Leticia y Luz Amparo. /…/ “Para mí—continúa—todo fue un crimen de limpieza
social, porque a las dos monjas las llamaron a amenazarlas varias veces [para]
que no siguieran denunciando lo del asesinato de prostitutas. Además, cuando en el
expediente leo que Leticia denuncia ante la provincial
de las adoratrices el lesbianismo de unas compañeras, esa sola frase me permite
construir la licencia de la ficción. Allí creo que está la clave de todo…” /…/
Habla luego de la analogía: decrepitud de la sociedad nuestra, metida dentro de
los muros de ese convento y afirma que esa es la razón de ‘tocar, aunque
tangencialmente, tantos temas’ a la vez que expresa su admiración por La calle
de la amargura de Mizoguchi en donde se hace algo semejante a lo suyo. En
cuanto a la elección de actrices de teatro (pertenecientes al grupo La
candelaria que dirige Santiago García), considera que mediante ellas se logra ese tono casi desfasado que necesitaba en su
película (como ejemplos semejantes cita el cine de Alain Cavalier o
el de Carl Dreyer y también a Langlois como modelo del expresionismo allí usado). Respecto del cine
colombiano actual, el de Víctor Gaviria o el de Luis Alberto Restrepo, dice
“Nosotros tomamos unos riesgos dramatúrgicos que son inusuales en el cine
colombiano” (88) y vuelve a referirse a su actitud ante las autoridades, la ley
del cine y las distribuidoras: “Eso me siento yo, muy
maltratado, muy desvalorizado, muy mal valorado, injustamente mal valorado.”
(id). Después de haber visto una sola obra de Palau, Habitos sucios, no comparto esos juicios
desvalorizadores que en general me parece se basan en un rechazo visceral, no
consciente, del tono y del contenido crítico de la película respecto no solo
del sistema eclesiástico sino sobre todo de la hipocresía moral que reina en su
mundo. Lo que sí veo como cierta debilidad narrativa es la falta de
continuidad argumental/protagonismo ya que la película se centra y concentra en
la historia de de la hermana Beatriz en la primera parte para descentrarse/
concentrarse en la hermana Gloria (la presunta asesina en la segunda) lo cual
fragmenta el hilo narrativo y distrae al espectador. Coincido en esto
con “La película que lo tenía todo” de Oswaldo Osorio aunque deploro la
ausencia, y la omisión me parece injusta, de referencias al impacto visual de
la película, la recreación de ambientes que la acerca a la ya citada de
Bemberg, la fuerza expresionista de los colores, objetos y rostros en la
ambientación y cierto dramatismo formal que bien conviene al tema que se va
desarrollando.
La película colombiana presentada a continuación fue
Malamor de Jorge Echeverri donde se nos cuenta los últimos diez días en la vida
de una joven de 17 años que, según reza el programa del festival, “lo apuesta todo a lograr que el amor que
siente por el amante de su madre, Hache, sea recíproco. Sin embargo, sus
estategias fracasan una tras otra y el anillo de bodas que ella
le pidió un día, sólo lo lucirá cuando él mismo la entierra en las nieves
eternas de la Sierra Nevada, paisaje que ella siempre adoró” (27). En este caso sí me parece justo tildar a esta película de
excesos gratuitos y efectistas, que buscan provocar un impacto en la audiencia
mediante la combinación de efectos de telenovela más una supuesta crudeza que
suma sexo, droga y muerte. Película decadente cuya factura justificó el
director en rueda de prensa como un proyecto eminentemente personal, basado en
obsesiones personales. Proyecto, a mi juicio, cursi a la vez que elitista
porque trata de una clase social—la alta-- y está dirigida a
esa misma clase social. Pretende, sin lograrlo, acercarse a un mundo como el de El ultimo tango en París y solo se queda en un
soft porno con pretensiones poéticas y de belleza visual.
La compensación de tanto intento frustrado y pretencioso
vino de un hermosísimo documental Del Palenque de San
Basilio dirigido por Erwin Goggel cuyo protagonista es la comunidad afrocaribe del Palenque de San Basilio, sus lazos comunitarios, sus
tradiciones, sus riturales y su cohesión social. El documental aparece dividido
en cuatro episodios en donde se narran también el origen
y el desarrollo de diversos ritmos musicales caribeños. Dejo la voz a la
presentación que se hace en el programa del festival: “Las formas de trabajo,
las relaciones con el entorno natural y social, las negociaciones amorosas y
familiares, los ritos de iniciación de edades, los cantos fúnebres, son vistos
con un cuidado extremo. Los habitantes son personajes dignos
y contradictorios, vivos y férreos en su voluntad de vivir y prolongar los
hábitos de su tierra. De paso, el documental recupera las voces de las
mujeres protagonistas frecuentemente olvidadas de la vida histórica y quienes
en esta obra hablan con detalles sobre el desarrollo de sus vidas y de sus
descendientes, y la de cantautoras como Totó la Momposina y Petrona Martínez. Y enfatiza, a manera de homenaje, el papel cumplido por Batata, uno
de los mayors percusionsistas colombianos, fallecido hace poco y miembro de una
tradición de músicos” (22). Se pone también el acento en la tension
entre herederos de la tradición, pertenecientes a generaciones diferentes,
rindiéndose un bellisimo homenaje a la mejor memoria cotidiana, ritual, musical
y creadora del Caribe. Merece destacarse que asistieron a la proyección de la
película varios integrantes de Palenque quienes homenajearon la película con su música,
danzas y tambores.
Hubo también películas de Brasil: la premiada en el
Festival como la mejor película fue Carandiru cuyo actor, Wagner Moura recibió
el premio al mejor actor por Carandiru y por Camino de las nubes. El argentino-brasileno Hector Babenco, director de Carandiru
incursiona de nuevo en el ámbito carcelario que lo hiciera famoso en la
adaptación de la novela de Manuel Puig, El beso de la mujer araña. Si en
El beso de la mujer araña Babenco narraba la historia de la mutua interacción
entre un guerrillero y un homosexual quienes instauran allí un mundo otro en
oposición al de afuera, en Carandiru—nombre de la prisión ubicada en Sao Paulo
y la más grande de América Latina—el caos interior mima el exterior y aunque se
pretenda romantizar esas vidas mediante la ayuda de un médico encargado de
llevar a cabo un programa contra el sida, la realidad triunfa en la masacre de
los presos que narra la real ocurrida el 2 de octubre de l992 y que termina con
la destrucción de la cárcel. Se muestra un mundo sin
redención que nos recuerda su excelente film Pixote, la ley del más fuerte. Película ya clásica en el género que se
inserta en la línea que inaugurara Los olvidados de Luis Buñuel y, que se
continúa en tiempos más recientes, con Rodrigo D No Futuro y La vendedora de
rosas de Víctor Gaviria. La película que
a mí realmente me impresionó por la fuerza y la economía en la descripción de
un mundo y un protagonista y por su carácter totalmente innovador fue Madame
Sata, co-producción franco-brasileña de Karim Ainouz en donde se nos muestran
las diversas caras del protagonista quien aparece caracterizado en el
programa del festival como: “Criminal legendario. Homosexual
orgulloso. Estrella de cabaret. Amante apasionado. Asesino. Padre devoto de siete hijos adoptados. Madame Sata, nacido de
esclavos en las áridas tierras del norte de Brasil y vendido por su madre con tan solo
siete años, ejerció su libertad por las calles ded lapa, Río de Janeiro. Negro, 1,82 metros de latura, 90 kilos de músculo
metidos en una camisa de seda y unos pantalones ajustados y con una navaja en
el bolsillo” (19). La película se inspira en las leyendas y mitos tejidos en
torno de de Joao Francisco dos Santos (l900-l976), conocido por Madame Sata, nombre que
adquirió de un personaje de la película de Cecil B. De
Mille, Madame Satán de l930. El mundo evocado en la película me recuerda, en su
fuerza y pluralidad de sentidos, al habitado por los personajes de Jean Genet y
Genet mismo situado en un tugurio carioca pintado con
la fuerza expresionista de un Roualt. Chile estuvo representado por dos películas, la comedia
Sexo con amor poseedora de cierta comicidad liviana en historias cruzadas de
amor y sexo y B-Happy que recibió el premio a la mejor actriz de reparto. Narra
la historia de Kathy y su desamparo en un pueblito de
la costa chilena. Me recuerda la película belga Rosetta y algunas otras del grupo Dogma aunque con mayor optimismo frente a la
posibilidad de cambios en la suerte. Venezuela, por su parte, presentó un
film ambicioso pero no logrado, Yotama se va volando en el que mediante la
estrategia del cuarto cerrado, conviven seres muy diversos: el de
una guerrillera, Yotama, junto con seres de clase alta y un músico retirado. La
interacción y el proceso de cambio en los personajes, resultado de esa
convivencia forzada y en principio amenazadora porque son rehenes de Yotama
resulta bastante poco creible. Amor en concreto fue la otra película
proveniente de Venezuela en la que ahora es la unidad de tiempo, una noche en
Caracas, el centro del relato entrecruzado de vidas diversas: un taxista
con sabiduría tanguera; una médica que atropella a un hombre y cambia su vida;
un joven en busqueda de su definición sexual y una pareja en motocicleta. Con
una factura semejante a la de Amores perros o 21 gramos la película confunde,
más que ilumina, historias tejidas de clichés sin profundidad ni interés. Perú estuvo presente con otra narración de seis
historias cruzadas en torno al escándalo politico que tuvo lugar en el 2000 a
raíz de la exhibición pública de videos donde se muestra el soborno realizado
por el asesor del presidente Fujimori, Vladimiro Montesinos, que provocó la
caída de aquel Con pretension de
instrumento que descubre la corrupción, la descomposición moral y la hipocresía
que signan la sociedad peruana de ese momento, la realidad de la película es
una mala alegoría rebosante de clichés. De Argentina vi El juego de Arcibel,
situada en un país imaginario—Miranda—con claras referencias a la Argentina
bajo dictadura y cuyo mayor interés reside en el intento de revisar la era de
las utopias, los 60 y 70 en Argentina encarnada en los miembros de la izquierda
en el interior de la cárcel pero que se diluye luego en otra alegoría forzada y
que en cierto modo intenta dar forma a ‘las acciones paralelas que obran por
analogía’ (uno de los paradigmaticos temas de literatura tantástica teorizados
por Bioy Casares en Antologia de la literatura
fantastica y que, en su momento, Subiela—con menor infelicidad—tambien
llevara al cine).
Para terminar me
interesa mencionar dos documentales. Uno es Los archivos de Pablo Escobar de
Marc de Baufort quien, en diálogo con El Espectador explica su origen: “Hace un
año, antes de que se cumpliera el décimo aniversario de la muerte de Escobar,
pensé que aún había una historia por contar, que el mundo, pero en especial los
colombianos, tenían que ver la otra cara de Pablo Escobar y acabar con ese
mito, derrumbarlo, dejar de pensar que era un héroe mayor, porque eso no es
bueno para la historia del país” (febrero 8, 2004: p. 6 A). Para ello Baufort se comunica con la hermana y la madre de Escobar con la
intención de recuperar material filmado ya que—afirma—“como todo hombre que maneja un enorme ego, Escobar debía
haber filmado muchas cosas de su vida” (îd). Asistimos así a la infancia del narcotraficante, la estrecha relación con su madre
de la que dice el director “Lo que más quería Escobar era satisfacer a su
madre. Cómo serían los lujos, que mientras Escobar estaba en
la cárcel, la madre paseaba por Rusia y China” (id.). Se muestran también los lazos entre poder y
política en las alianzas con importantes figuras y, a la vez, en la
construcción de su propio liderazago a partir de su generosidad al interior de
los barrios pobres de Medellín y dentro de su propio reino, la hacienda
Nápoles. Esta, comprada en l978, se convirtió en el centro de operaciones del cartel de Medellín. Allí se reunian los jefes de la
organización, se organizaban fiestas con las orquestas mas
famosas del momento, siempre había cuatro o cinco aviones
(mantenidos por técnicos de los Estados Unidos) y la finca llegó a tener hasta
un zoológico poseedor de especies únicas. De acuerdo con el documental, Escobar
pago 50,000 dólares por el único par de loras negras
en cautiverio en el mundo. Al respecto dice Baufort “Cuando compra la hacienda
Nápoles, assume una actitud más dominante. Ya no es el hombre
callado de otra época. Ahora se lo ve gritando, mandando como un gran mariachi. El volumen de
plata que tenía era enorme. Le llegaban 400 millones
de pesos a la semana” (id.). Por su parte Luz Maria, la hermana de Escobar, asegura que su
canción favorita era “Si yo fuera rico” de la película El violinista en el
tejado. La miradad benévola con que se considera la figura y los hechos
vinculados con la vida de Escobar han suscitado
diversas críticas. El otro documental recrea la vida de un escritor, Cepeda
Samudio: el hombre y el mito de Juliana Cepeda quien reúne allí fotos de
diferentes momentos de la carrera de Alvaro Cepeda Samudio como escritor,
cineasta y periodista a la vez que incluye extractos de sus películas La
langosta azul y Carnaval para toda la vida. También se recogen testimonios de
personajes importantes de Barranquilla como el músico Rafael Escalona, Quique Scopell, Nereo López y su viudad Tita
Cepeda. Vinculado con esta modalidad de recrear la vida de un
escritor quiero comentar, aunque no fue parte del festival, el largometraje de Luis Ospina, La desazón
suprema. Retrato incesante de Fernando Vallejo (2003), que acaba de ganar el
premio en el festival de Toulouse
y que recrea la vida del
escritor antioqueño residente en México, Fernando Vallejo (ganador del premio Rómulo Gallegos en 2003) .
Ospina, en un reportaje aparecido en Kinetoscopio menciona las diversas etapas
en la producción del retrato, las películas familiars que se incluyeron así
como las tomas cedidas por Barbet Schroeder, director de la version fílmica de
La virgen de los sicarios basada en la novella homónima de Vallejo. Incluye también testimonios de Elena Poniatowska, Carlos Monsivais,
William Ospina—entre otros. Y con esta mención fílmica- literaria
termino, por ahora, este informe del festival de Cartagena del 2004.