Titulo: Secuestro

Autor: Juan S. Gallego Vegas

Terminado en: 15 de Octubre de 2006

Rating: PG-13

Spoiler: Ninguno

Resumen: Alexia Ashford es secuestrada y John Dorson y Cynthia Williams investigan su desaparición.

 

 

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Albert Parker detuvo la furgoneta frente al bar de Brian. Él y sus amigos se apearon de la furgoneta y entraron en Brian’s.

-Bien- dijo Albert-, repasemos el plan: lo primero de todo será vigilarla para aprendernos su vida cotidiana. Y cuando lo tengamos todo controlado, la secuestramos.

-Pero, ¿tú sabes quien es la hija mayor de Ashford?- preguntó Ronald.

-No. Pero será fácil identificarla. La otraa hija tiene diecinueve años. Y Alexia tiene treinta y tres años.

-¿Estás completamente seguro de eso?- preguuntó John.

-Sí. Tranquilos, lo tengo todo controlado. Todo saldrá bien.

 

 

Dos días después Albert, Ronald y John estaban montados en su furgoneta, ante la puerta del muro que rodeaba la mansión de la familia Ashford, esperando que saliera Alexia.

No tuvieron que esperar mucho. A los dos minutos de llegar ellos, salió el coche de Alexia.

Arrancaron y fueron tras ella.

 

Albert, quien era el que conducía, aceleró un poco y se colocó al lado del coche de Alexia y golpeó el coche con la furgoneta.

-¿Pero qué hace?- gritó Alexia.

Albert giró de nuevo el volante y la furgoneta golpeó el coche por segunda vez.

La furgoneta golpeó el coche por tercera vez y el coche se salió de la carretera.

Ronald y John se apearon de la furgoneta, saliendo por las puertas traseras y se dirigieron al coche. Sacaron a Alexia, que estaba inconsciente, y la subieron a la furgoneta.

Albert aceleró y se alejaron de allí.

 

 

 

 

 

BELLEFLEUR

SECUESTRO

 

 

 

John Dorson y Cynthia Williams llamaron a la puerta de la mansión Ashford.

Les abrió una chica joven.

-¿Laura Ashford?- preguntó Dorson.

-Sí, soy yo.

-Me llamo John Dorson. Ella es Cynthia Willliams. Somos detectives privados y estamos colaborando con la Oficina del Sheriff en la investigación del caso.

-Pasen, por favor.

Entraron.

John Dorson había sido agente del FBI, donde trabajó en equipo con otros dos agentes, Robert Muldoon y Claire Smith. Un día cayó en sus manos el caso de la extraña muerte de un importante ejecutivo de Ashford-Dyson. Dorson y los otros dos agentes descubrieron que la muerte estaba relacionada con un proyecto de desarrollo de nanotecnología con aplicaciones militares. El objetivo era desarrollar nanomaquinas que se introdujeran en el organismo y mataran al infectado.

Los conspiradores hicieron caer a los tres en desgracia: cuando se infiltraron en unas instalaciones secretas para reunir pruebas, aprovecharon la muerte de un trabajador durante el tiroteo para juzgarlos por asesinato. Ellos huyeron. Pero consiguieron las pruebas: unas muestras de las nanomaquinas. Y se las llevaron consigo Muldoon y Smith. Al investigar el caso, se puso en contacto con ellos una agente de la CIA, Cynthia Williams, que les dio información sobre la conspiración.

Debido a esto, a ella la amenazaron de muerte y ella se marchó con Dorson.

Desde entonces vivían juntos en Bellefleur.

-Laura- dijo Williams-, ¿han contactado loss secuestradores de tu hermana contigo ya?

-No- contestó Laura-. Aún no.

-Entiendo. ¿Y no tienes ni idea de quien haa podido ser?

-No. Ni la más remota idea.

Sonó el teléfono.

-Disculpen- dijo Laura, levantándose.

Laura contestó.

-¿Diga?

-¿Con quien hablo?- dijeron al otro lado dee la línea telefónica.

-Soy Laura Ashford.

-¿Puedo hablar con James Jonathan Ashford?<

-Me temo que eso es imposible: está muerto..

-¿Y con la señora Ashford?

-La señora Ashford también está muerta.

-¡Joder!- dijo el otro, molesto-. Está bienn. Entonces tendremos que tratar contigo. Tenemos a tu hermana.

Laura miró a Dorson y Williams.

Dorson se levantó y buscó otro teléfono para escuchar la conversación.

Tuvo suerte. Encontró uno en la habitación contigua.

-Escúchame atentamente- dijo el secuestradoor-. Si quieres que soltemos a tu hermana, tienes que darnos diez millones de dólares.

-¿Diez millones?- repitió Laura, anonadada..

-Para vuestra familia eso es calderilla. Vuuestra empresa es la mayor compañía informática del mundo.

-Pero…

-¡Ni “pero”, ni nada!- gritó el otro-. Si qquieres volver a verla, ya sabes lo que tienes que hacer.

El secuestrador colgó.

Dorson entró en el salón.

-Tranquila, Laura- dijo Dorson-. Averiguareemos donde tienen a tu hermana y la rescataremos.

 

 

Dorson y Williams caminaban por el camino de acceso de la mansión.

-¿”Averiguaremos donde tienen a tu hermana y la rescataremos”, John? ¿Y por donde vamos a empezar?

-Pues por ir a ponerle al corriente de lo oocurrido al agente Ross.

-Sí, muy bien. ¿Y luego qué?- dijo Williamss-. Esto no nos ha servido para averiguar nada. Solo para saber a ciencia cierta que Alexia ha sido secuestrada. Pero ni tenemos idea desde donde podían estar llamando, ni nada.

Sí, claro; tiene razón. Pero…

-Cada cosa a su tiempo, Cynthia. Un caso crriminal no se soluciona en un santiamén.

 

 

Dorson y Williams estaban en la Oficina del Sheriff de Bellefleur, hablando con el agente Daniel Ross.

-¿Dices que el secuestrador ha telefoneado a la casa de los Ashford? ¿Así que se trata de un secuestro?

-Sí- contestó Dorson-. El secuestrador pidiió diez millones como rescate de Alexia.

-¿Y Laura Ashford no tiene ni idea de quienn puede ser?

-No.

-De todas formas- dijo Williams-, ¿por qué tendría que conocer Laura a ese tipo?

-Por supuesto que no tiene porque conocerloo, pero podría ser que sí.

-De hecho- intervino Dorson-, sí es posiblee que lo conozca, porque él parecía saber mucho sobre Ashford-Dyson.

-Tal vez- dijo Ross-. Aunque también es possible que se trate únicamente de un empleado de la compañía descontento.

-Tal vez- convino Dorson.

 

 

Alexia se despertó con un fuerte dolor de cabeza.

Abrió los ojos y vio que estaba dentro de una caravana. Miró por la ventana y vio que se encontraba en medio de un bosque.

Se abrió la puerta y entró en la caravana un hombre alto y corpulento, con el pelo moreno corto y ondulado.

Tenía barba y bigote.

-¿Ya te has despertado?- preguntó con frialldad.

-¿Dónde estoy?- preguntó Alexia, también, ccon frialdad.

-Tranquila, no estamos lejos. Estamos en laas afueras de Bellefleur. En el… Parque Nacional de Claire Clairmont, creo que se llama.

El bosque a las afueras de Bellefleur, efectivamente, pensó Alexia; Donde desaparecía la gente que dijo haber sido abducida por extraterrestres.

-¿Por qué me has secuestrado?

-Es mi particular manera de hacer justicia..

-¿Justicia? ¿Por qué?

-Yo era un empleado de Ashford-Dyson. Fui ddespedido sin motivo, debido a un recorte de presupuesto. Puse una demanda, pero perdí el juicio y no se me compensó de ninguna manera. El rescate que me pagará tu hermana por ti me servirá de compensación.

-Pues lo siento- replicó Alexia con sequedaad-. Pero te has equivocado totalmente. Así lo único que conseguirás es pasar mucho tiempo encerrado en la cárcel.

-Ya lo veremos.

 

 

Daniel Ross entró en el salón de la mansión Ashford.

-Señorita Ashford- anunció-, ya hemos termiinado de colocar los micrófonos. Dos compañeros míos se quedaran en una furgoneta aparcada a la puerta, a la espera de que vuelva a llamar el secuestrador para localizar la llamada.

-De acuerdo- dijo Laura-. Gracias.

-No hay porque darlas, señorita. Es nuestroo trabajo. Hasta luego.

Ross salió de la casa.

 

 

Eric y Laura Ripley entraron en el bar The Piper Maru.

-¿Te has enterado?- preguntó Laura a Eric.<

-¿De qué?

-Han secuestrado a Alexia Ashford.

-¡No fastidies!- exclamó Eric-. ¿Se sabe quuien ha sido?

-No. Pero sea quien sea el secuestrador, yaa ha llamado a su hermana.

-Espero que la encuentren pronto.

Brenda Astadourian se acercó a la mesa de ellos.

-¿Qué vais a tomar?- preguntó Brenda.

-A mi ponme un Nestea- dijo Eric.

-Para mí un café con leche.

-Muy bien. Marchando.

Brenda dio media vuelta y fue hacía la barra.

-Chris, un té helado y un café con leche.

Chris Astadourian sirvió el pedido.

 

Brenda regresó a la mesa de los Ripley con el té y el café.

En ese momento empezó a sonar la canción “Inside Out” de VonRay.

-Por cierto, Brenda- dijo Laura-, tú y tu hhermano tenéis muy buen gusto musical. Las canciones que ponéis aquí en el bar suelen preciosas.

-Gracias. Me alegra que te gusten.

Les sirvió el café y el té.

-Vamos a guardar unas cosas en el almacén mmi hermano y yo y ahora nos sentamos un rato con vosotros, ¿de acuerdo?

-De acuerdo.

 

 

Ross entró en el laboratorio del edificio de la Policía del Estado de Oregon.

-Disculpe, señor Redman; ¿ha terminado de eestudiar las marcas de neumáticos?

-Sí- respondió Redman-. Unas son, por supueesto, del coche de la señorita Ashford. Las otras son de una furgoneta Ford Transit.

-Muy bien. Muchas gracias.

Ross salió del laboratorio y echó a andar por el pasillo.

Sonó su teléfono móvil.

-Soy Ross, ¿diga?

-Agente Ross, soy John Dorson. ¿Qué ha averriguado?

-Los secuestradores conducen una furgoneta Ford Transit.

-De acuerdo, Cynthia y yo estaremos atentoss por si la vemos para avisarle a usted.

-De acuerdo. Pero recuerde: esto ya es comppetencia nuestra y de la Policía del Estado. No meta las narices donde no le llaman.

-De acuerdo.

Colgó.

 

Dorson colgó.

-¿Qué dice?- preguntó Williams.

-Al parecer el secuestrador conduce una furrgoneta Ford Transit. Tú y yo haremos exactamente lo que le he dicho a Ross: nos limitaremos a estar ojo a avizor por si la vemos.

 

Chris y Brenda cerraron el Piper Maru y se montaron en su coche para irse a casa.

Después de la desaparición de Billy Hammond en Mayo de 2000, Chris y Brenda compraron la casa de los Hammond y desde entonces vivían en ella, aunque hacia ya muchos años que vivían en Bellefleur.

-Bueno- dijo Chris-, vamonos a casa.>

Chris puso el motor en marcha y se dirigió a casa.

Un rato después, Chris dijo:

-Se nos ha dado bien el día, ¿verdad?

-Sí- contestó Brenda-. Se nos ha dado bastaante bien.

-Por cierto- dijo Chris-. Me he quedado muyy preocupado por Alexia.

-Te entiendo- replicó Brenda-. Yo también eestoy muy preocupada por ella.

-Espero que la policía la encuentre pronto..

-Yo también.

Medio minuto después, pasaban al lado del supermercado.

-Chris- dijo Brenda-, para aquí, tenemos que comprar leche.

-De acuerdo.

Chris disminuyó de velocidad y entró en el aparcamiento del supermercado.

 

Victor Sanders estaba aburrido.

Hacía alrededor de dos horas que no entraba nadie en el supermercado y pagaba lo que había comprado en la caja que atendía él.

Menos mal que ya solo quedan cinco minutos para cerrar pensó, y podré irme a casa.

Por cierto, ¿Qué ponen hoy en la TV? ¡Ah, sí! CSI Miami.

Victor miró hacía la puerta de entrada al supermercado y vio entrar a una pareja joven.

Ambos eran de estatura media. Él tenía el pelo moreno y los ojos azules. Tenía aspecto joven.

Ella se daba un cierto aire a él. Tenía el pelo rubio y los ojos azules.

Ambos tenían el pelo largo, media melena.

Pasaron al lado de Victor, quien les llamó para que le prestaran atención.

Ella se dio cuenta, pero él siguió adelante. Ella le llamó:

-Chris.

Ambos se acercaron a Victor.

-Lo siento, pero vamos a cerrar- les dijo.<

-Solo vamos a comprar leche.

-De acuerdo, pero daos prisa.

Chris y Brenda siguieron adelante.

Encontraron en seguida lo que habían ido a comprar.

Mientras cogían una caja de seis tetrabricks, vieron que un hombre cogía cuatro yogures y los escondía bajo la chaqueta que llevaba.

Brenda y Chris le siguieron hasta la caja registradora.

Ellos se adelantaron a él y pagaron la leche.

Cuando ellos se apartaron dejando libre el pasillo entre la caja en la que estaban pagando y la siguiente, el ladrón echó a correr. Saltó la alarma al detectar el código de barras de los yogures robados.

-¡Al ladrón!- gritó Victor.

Chris echó a correr tras el ladrón. Salió a la calle. Vio al ladrón corriendo a unos metros por delante de él. Se acercó a un todoterreno y se detuvo al lado de él.

Sacó una llave y se puso a abrir la puerta.

Chris aceleró su carrera y cuando se acercó, se lanzó sobre él y lo derribó.

El ladrón se revolvió bajo el cuerpo de Chris y le dio un puñetazo.

Chris volvió la cara a consecuencia del puñetazo, pero cuando volvió a mirar al ladrón, este pudo ver que la cara de Chris no mostraba ni el más leve gesto de dolor.

Chris respondió dándole un puñetazo en la cara a él y, aprovechando que el estaba quejándose de dolor, le inmovilizó los brazos apoyando las rodillas en ellos.

Justo entonces llegó la policía.

 

-Contra el coche- ordenó el policía, empujáándolo contra el coche.

Le puso las esposas.

Chris estaba hablando con el agente Ross.

-¿Qué robó?- preguntó Ross.

-Cuatro yogures- contestó Chris.

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-¿Le vio usted robarlos?

-Sí. Mi hermana y yo estábamos comprando leeche y vimos como se metía los yogures bajo la chaqueta.

-¿Es esta tu hermana?- preguntó Ross, señallando con un gesto de la cabeza a Brenda, que estaba al lado de Chris.

-Sí.

-¿Cómo se llama?

-Brenda.

Ross apuntó el nombre de Brenda en su libreta de notas.

-De acuerdo. Eso es todo. Cuando uno de loss enfermeros te vea ese moretón en la cara, podéis iros.

-Bien.

 

 

Donnie Dorland miró hacia la puerta de entrada a la sala de interrogatorios cuando oyó abrirse la puerta y vio que era Ross quien entraba.

-Donnie- dijo Ross-. Puedes irte. Yo me encargo.

Donnie salió, dejando a Ross a solas con el ladrón.

-¡Vaya, vaya!- dijo Ross, soltando sobre laa mesa los folios que llevaba en la mano-. Así que eres John Masters, exemplado de Ashford-Dyson.

-Así es- contestó John-. ¿Por qué?

-Resulta que hace unos días desapareció unaa vecina del pueblo. Tal vez la conozcas, ya que es la hija del fundador de la compañía para la que trabajabas, Alexia Ashford.

-Sí. La conozco. En una ocasión el señor Asshford dio una fiesta y a ella acudieron sus dos hijas: Alexia y Laura. Las recuerdo porque eran unas chicas preciosas.

-Pues resulta que poco después de que desappareciera Alexia, pudimos averiguar que la habían secuestrado. El secuestrador llamó a Laura. Y por la conversación que mantuvieron, descubrimos que el secuestrador era un exempleado de Ashford-Dyson.

-¿Acaso insinúa que el secuestrador soy yo??

-Si no fuera así, ¿por qué robar unos yogurres? La única razón que se me ocurre a mí, por la que querría alguien hacer eso es porque no quiere estar mucho rato en un lugar para que no le puedan reconocer.

John no dijo nada.

-¿Dónde retienes a Alexia?

John no respondió.

-¿Dónde tienes a Alexia?- insistió Ross.

John siguió sin responder.

-Callarte no te servirá de nada. Será mejorr que hables.

-No pienso decir nada sin un abogado.

-Muy bien. Tú abogado viene para acá. Le essperaremos.

Ross salió de la sala de interrogatorios.

Una vez fuera, se acercó a Dorson y Williams.

-No he conseguido sacarle nada. Ha pedido uun abogado. A menos que el abogado sea un inútil total, ya no vamos a conseguir que “cante”- les dijo.

-Esperemos a ver que pasa- dijo Williams-. Pero en el caso más que probable de que no “cante”, déjenos seguirle. Tal vez averigüemos algo.

-De acuerdo- dijo Ross.

Dorson y Williams todavía no habían abierto su oficina de detectives privados. Pero como Dorson había sido agente del FBI, no necesitaba sacarse la licencia porque, a efectos prácticos, ya la tenía.

Por su parte, Williams no necesitaba ninguna licencia tampoco, ya que ella era, sencillamente, la ayudante de Dorson. Y en cuanto al arma, como había sido agente de la CIA ya tenía permiso de armas.

 

 

Cinco minutos después, llegaba el abogado de John.

Cuando llegó, el interrogatorio continuó. Pero no lograron sacarle nada.

 

-Ha sido una inútil perdida de tiempo- dijoo Ross, cuando terminaron y salió de la sala de interrogatorios.

John también salió y pasó al lado de los tres sin mirarlos siquiera.

-No se preocupe- dijo Dorson-. Williams y yyo le seguiremos y en cuanto sepamos algo o veamos algo sospechoso, le avisaremos.

-De acuerdo. Pero vosotros seguidle y avisaadme si es necesario. Pero no hagáis nada, ¿entendido?

-Entendido.

 

 

Al día siguiente, como venía siendo costumbre en ellos desde que habían inaugurado el Piper Maru, Eric y Laura fueron a desayunar en el bar de Chris y Brenda.

Brenda, que estaba limpiando unas mesas, se acercó a ellos.

-¿Qué va a ser? ¿Lo de siempre?

-Sí- contestó Laura.

-Chris- dijo Brenda-. Ponles lo de siempre.

Brenda se fue a atender a otros clientes.

Al poco, Chris se acercó a la mesa de los Ripley con sendas tazas de café con leche y cuatro tostadas con mantequilla y mermelada de naranja, dos para cada uno.

Eric vio el moratón en la mejilla de Chris.

-¿Qué te ha pasado, Chris?- le preguntó.

-No es nada- contestó él-. Anoche fuimos a comprar unas cosas mi hermana y yo y un tío intentó robar. Yo le detuve. Conseguí reducirlo, pero al principio él se resistió y me dio un puñetazo.

-Pero tú estas bien, ¿no?- preguntó Laura.<

-Sí. No es nada. Ni siquiera me duele.

 

 

Dorson y Williams estaban sentados en su coche, parados frente a un restaurante en el que había entrado John Masters.

John y Cynthia vieron cómo John se sentaba a la mesa que se encontraba justo al otro lado de la cristalera de la fachada del restaurante, con otros dos hombres.

Uno de los otros dos llamó mucho la atención de John y Cynthia.

¡Joder!, pensó John, ¡Ese tío está cuadrado! Hasta se da un cierto aire a Silvester Stallone.

Y es que, efectivamente, el hombre aquel era musculoso y alto y tenía el pelo moreno y ondulado. Incluso sus rasgos faciales eran un poco parecidos a los de Stallone.

A pesar de estar en un restaurante, los tres hombres no comieron nada. De hecho, una vez se reunió con ellos John, solo estuvieron hablando unos instantes y después salieron del restaurante.

Se montaron en una furgoneta Ford Transit.

-¡Rápido!- dijo Dorson-. Cynthia, llama a RRoss y dile que los tenemos. Explícale lo que ha pasado.

Williams cogió el teléfono móvil y marcó el número de Ross.

-¿Agente Ross?- dijo Williams-. Los tenemoss. John Masters se ha reunido con otros dos hombres en el restaurante Mary’s y los tres se han montado en una Ford Transit.

Williams escuchó un momento.

-De acuerdo. Seguiremos en contacto.>

Colgó.

 

Ross colgó su teléfono móvil.

-Han encontrado la furgoneta- anunció a su compañero, Donnie Dorland.

Ambos echaron a correr.

 

 

Dorson y Williams seguían a John y los otros dos hombres.

-Llámale otra vez para decirle que se diriggen a las afueras del pueblo. Que van a salir a la carretera que pasa por los límites del Parque Nacional.

Williams llamó de nuevo a Ross y se lo dijo.

Cuando por fin se detuvo la furgoneta, Dorson pasó de largo.

-¿Qué haces, John?- preguntó Williams extraañada.

-Es para que no sospechen. Cuando ya no noss vean, pararé y volveremos allí andando.

-No estarás pensando lo que creo que estas pensando, ¿verdad?

-No. Solo los observaremos. Solo si es estrrictamente necesario, intervendremos.

Dorson detuvo el coche en el arcén.

Él y Williams se apearon y echaron a andar de vuelta al sitio en el que se había detenido la furgoneta.

Una vez llegaron, se escondieron detrás de la furgoneta y miraron a través de las ventanillas de las puertas laterales traseras.

Vieron una caravana al otro lado de la valla de tela metálica, en el borde del bosque.

Dorson miró con unos prismáticos hacia el interior de la caravana… y vio a Alexia sentada en una silla, atada y amordazada.

-Ahí está Alexia. Pero ellos no están.

Dorson guardó los prismáticos y él y Williams echaron a correr agachados hacia la valla. La saltaron y se acercaron a la caravana. Se pusieron apoyados con la espalda en la caravana y agachados.

En ese momento oyeron voces que venían del bosque.

Los secuestradores salieron del bosque y entraron en la caravana. La puerta estaba al lado contrario contra el que se habían apoyado Dorson y Williams.

John y Cynthia oyeron todo lo que dijeron.

En el interior de la caravana, Albert dijo:

-Ya empiezo a estar harto de todo esto.

-¿Qué quieres decir?- preguntó Ronald.

-Que ya llevamos muchos días aquí y nada dee nada. No pagan el rescate.

-Tienes razón, deberíamos acabar con esto- convino John.

Albert se acercó a la mesa que estaba a su izquierda, abrió un cajón y sacó una pistola.

-¿Qué vas a hacer?- preguntó Ronald alarmaddo.

-¿Tú que crees que voy a hacer, imbecil?- rrespondió Albert-. Lo único que podemos hacer: cargárnosla.

-¿Estás loco? No te lo permitiré.

Ronald se lanzó contra Albert e intentó arrebatarle la pistola. Esto cogió desprevenido a Albert, por lo que Ronald consiguió sentarlo en el sofá que había a la espalda de Albert.

Pero apenas cayó sentado en el sofá, Albert apoyó el pie derecho en el pecho de Ronald y lo empujó con él, lanzándolo de espaldas, trastabillando, contra el asiento del conductor de la caravana.

Albert se levantó y apuntó a Ronald con la pistola.

Cuando vio desde el exterior que Albert iba dispararle a Ronald, Dorson entró en la caravana y apuntó con su pistola a Albert.

-Ni se te ocurra- dijo Dorson.

Durante unos segundos, Albert miró a Ronald apuntándole y Dorson miró a Albert apuntándole a su vez.

Entonces Albert se volvió hacia Dorson y le disparó en la mano con la que sujetaba la pistola, la derecha… Pero la bala salió desviada y atravesó el cristal de la ventana que había a la espalda de Dorson.

Al agacharse, la pistola se le cayó a Dorson. Intentó cogerla de nuevo.

Antes de que pudiera hacerlo, Albert se lanzó contra él y lo derribó. Dorson cayó de espaldas y le dio un rodillazo a Albert en la tripa.

-¡Quietos todos!- gritó alguien.

>

Todos miraron hacia la puerta.

Williams había entrado en la caravana y apuntaba a Albert con su pistola.

Oyeron el sonido de varios coches que se detenían.

Al poco, varios policías entraban en la caravana.

 

Los policías metieron en un coche patrulla a Albert. Ya estaban todos detenidos.

Ross se acercó a Williams y Dorson.

-Creí haberos dicho que os mantuvierais al margen- dijo.

-Lo sé- contestó Dorson-. Pero si no hubiérramos intervenido, la hubieran matado. Ya lo viste: “Silvester Stallone” tenía una pistola.

-¿Silvester Stallone?- preguntó Ross, extraañado.

Williams también miraba con extrañeza a Dorson.

-Es como yo llamo al “musculitos”.

-Ya.

Ross se fue sin decir nada más.

-¿Por qué lo de llamar “Stallone” al de la pistola?

-Porque se parece a Stallone. ¿No te has fiijado?

-No. Estaba muy ocupada salvándote el culo para fijarme en eso.

-Gracias- dijo Dorson, hablando ya en serioo.

-De nada.

Dorson y Williams se quedaron mirándose. Cuando se dieron cuenta de que se habían quedado mirándose sin decir palabra, Williams preguntó apartando la mirada, incómoda:

-¿Cómo está tu mano derecha?

-Bien. Pero, ¿crees que me ha dado?<

-Sí. ¿No te han dado?

-No.

-Pues me pareció que sí.

-No. Me agaché como acto reflejo al oír rommperse el cristal.

 

 

Esa noche, el Piper Maru dio una pequeña fiesta para celebrar que Alexia había sido rescatada sana y salva.

A ella acudieron los Ripley y Dorson y Williams. A estos últimos los había invitado Alexia a que se pasaran por allí a tomarse algo, como agradecimiento por todo lo que habían hecho por ella.

Al poco de llegar ellos, terminó la canción que estaba sonando cuando entraron y a continuación empezó a sonar “The Boulevard of Broken Dreams” de Green Day.

Dorson y Williams, los Ripley y Chris y Brenda empezaron a bailar.

 

 

FIN

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