Los negros en plena libertad

Luego de obtener la plena libertad gracias a la constitución nacional de 1853, los negros debieron desarrollar estrategias para subsistir aunque desde mucho antes las variadas formas de semi-libertad que habían obtenido les habían permitido entrenarse en tal sentido. Los libertos e incluso muchos esclavos habían ejercido toda clase de comercio y artesanías, produciendo numerosos productos que vendían por las calles, y habían ejercido oficios (peluqueros, sastres, panaderos, cocineros, etc.) que eran relativamente bien valorados, aunque no siempre bien retribuidos, debido a una cierta subvaloración de esos servicios que estaba en relación directa a la consideración social inferior en que continuaron estando.

Desarrollaron sociedades de socorros mutuos, fueron dueños de salones de baile, de pequeños comercios y empresas, tuvieron sus propios rangos en el ejército, fueron artistas, escritores y profesionales, fundaron periódicos que generalmente caracterizaron su condición social como perteneciente a la clase obrera, existiendo casos individuales que lograron elevarse de la condición social infeiror en que habían estado sumidos, aunque no parecen haber sido muchas ni grandes las fortunas amasadas en esta nueva situación, no pasando en general de acceder al status de la clase media alta.

La consideración social de la época fue dispar. Por un lado se encuentran testimonios de afecto y nostalgia hacia la relación familiar entablada en épocas de la esclavitud, hacia nuevas situacionesproducidas por la relación entablada en los ejércitos, o respecto a los variados servicios y habilidades que los miembros de la comunidad negra supieron desarrollar para la sociedad. Aunque el marcado estigma del color oscuro en la piel resultaba una valla insalvable para determinados cargos o dignidades, especialmente en las clases altas de la sociedad donde primaba una conciencia más racista respecto a la superioridad blanca.

Paralelamente, el mestizaje o miscegenación continuaba especialmente entre los estratos socialmente bajos de la sociedad, quienes compartían similares posibilidades ocupaciones y de ascenso social. Aunque también existían vinculaciones sexuales con estratos mas altos, por la atracción que ejercían las mujeres de color, consideradas generalmente como objeto sexual, aunque muchas veces se lo tratara de tapar por considerarlas relaciones vergonzantes.

La disminución del elemento masculino de color debido a su participación en los ejércitos y guerras nacionales posibilitó la cruza racial, mientras el elemento negro puro iba disminuyendo notoriamente en esas décadas. Otra causa de disminuación de la población de color habrían sido las mortales epidemias (cólera, fiebre amarilla) que tan duramente sufrío la ciudad, golpeando por igual todos los estratos sociales, aunque bastante particularmente las clases bajas.

Mucho se ha señalado respecto a la desaparición estadística de la población de color en Argentina, cuestión que algunos investigadores consideran como mal intencionada, en un intento de demostrar que la población se habría "blanqueado" gracias a las teorías de moda propugnadas por algunos sostenedores de la superioridad racial blanca y al numeroso aporte de la inmigración europea en estas tierras. Cabe destacar que seguramente la comunidad negra continuó existiendo en Argentina, aunque con una reducción numérica indudable, desarrollando actitudes dispares frente a la sociedad blanca, ya fuera entre los negros puros y la gente con alguna mezcla de raza, como incluso entre los padres y los hijos de cualquier condición.

El rol asignado a la comunidad negra no parece haber cambiado notoriamente al asignado en épocas anteriores. Su aficción a la música, la danza y el canto siempre fue bien valorada. Se los aceptaba plenamente tanto en los salones de baile o en las festividades, y en los compases de algunas danzas morenas, de las cuales la más notoria fue el tango.

Los carnavales proteños, con alegres comparsas de negros, marcaron un hito no fácilmente olvidable. Fue en esas festividades donde muchos blancos se avenían a imitar las costumbres de los negros, disfrazándose como tales, rememorando añosas y atávicas costumbres de aquellos. Los cánticos y las danzas parecen haber reflejado mayormente cuestiones de la comunidad negra, incluyendo que hasta los hijos blanqueados de los negros se tiznaban la cara durante el carnaval, lo cual para lso viejos integrantes de la comunidad constituía una irreverencia hacia las costumbres y la cultura de sus mayores.

Pero la consideración social en otros renglones continuó marginándolos como antaño. Incluso, el aluvión inmigratorio europeo (italiano, español, etc.) los desplazó notoriamente de sus ocupaciones tradicionales, obligándolos a regresar en muchos casos a actividades como el servicio doméstico, que recordaba épocas pretéritas de la esclavitud, aunque las condiciones fueran indudablemente diferentes. También fueron notoriamente utilizados como clientela electoral por algunos partidos en momentos de las fraudulentas elecciones de la época, aunque no siempre las recompensas por tal apoyo fueran equivalentes al servicio prestado.

La nueva condición de ciudadanos de los descendientes de los negros redundó en cargos públicos en el congreso y los ministerios, siendo común a fines del siglo XIX encontrar que los ordenanzas, porteros, mayordomos y otros empleados de menor jerarquía eran de color.

Las referencias a la marginación en las escuelas, y a la falta de oportunidades laborales fue bastante común en los periódicos de la comunidad negra. Sin embargo, muchas veces la crítica no estaba dirigida contra el medio social sino especialmente hacia la falta de unidad de sus miembros, divididos en pequeños núcleos, a sus costumbres de ocio y su afán de diversiones, poniéndose generalmente el acento en la necesidad de crear asociaciones de carácter mutualista y artesanal para mejor enfrentar un medio no totalmente acorde a sus necesidades.

Basado en:

José Oscar Frigerio, "Condiciones sociales que vivió la comunidad negra en Argentina, y estrategias que elaboró para enfrentar la marginación", inédito, Bs. As., 1998.

Caras y Caretas, Buenos Aires, 1989 a 1902.

El Carnaval Porteño, Buenos Aires, 1877.

La Broma, Buenos Aires, 1878 a 1882.

Ismael Bucich Escobar, "Bajo el horror de la epidemia. Escenas de la fiebre amarilla en 1871 en Buenos Aires, Bs. Aires, 1932.

Víctor Galvez (Vicente G. Quesada), "Memorias de un viejo. Escenas de costumbres de la República Argentina", Bs. As., 1990.

José Ingenieros, "La locura en la Argentina", Bs. As., 1933.

José Penna, "El cólera en la República Argentina", Bs. As., 1897.

George Reid Andrews, "Los afro-argentinos de Buenos Aires", Ed. de la Flor, Bs. As., 1990.

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