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En la década del '60 del siglo XX, tomó fuerza en toda América Latina el movimiento indigenista, teniendo como objetivo prioritario incorporar a la vida nacional de sus países, grandes núcleos de población indígena que había permanecido al margen de los avances de la vida moderna.
La nueva etapa abierta en Argentina con el gobierno peronista en 1946, tuvo su correlato en aquel simbólico malón de la paz colla, debido a que algunos de sus participantes, impondrían con el correr de los años una nueva perspectiva en las luchas reivindicativas indígenas y sus formas de organización.
Eulogio Frites, integrante de la etnia colla que había peregrinado hasta Buenos Aires en 1946 junto a su padre, sería designado presidente del "Centro Indígena" creado hacia 1968.
Hacia 1970/71 se convertiría en "Comisión Coordinadora de Institutos Indígenas" (CIIRA), la que aspiraba a constituir un congreso deliberativo y revitalizar la conciencia étnica de los aborígenes argentinos, levantando banderas por la autogestión y contra el genocidio y etnocidio dominantes.
Estas posiciones más combativas, se habían afirmado en 1969 en los congresos indigenistas de Tartagal y Zapala. Desde entonces se delinearon claramente dos vertientes, la combativa y la burocrática.
En Neuquén, desde 1964 se habían creado condiciones para la consolidación de las comunidades mapuches, algunas de las cuales fueron oficialmente reconocidas como proietarias de tierras en reserva, surgiendo una capa de dirigentes indígenas vinculados a los organismos provinciales. En 1970 se constituyó la "Confederación Indígena Neuquina", con apoyo del gobierno provincial, terratenientes y fuerzas armadas. Se desplazó a los dirigentes más combativos y la conducción quedó en manos de una burocracia local que respaldaba el gobierno de Felipe Sapag.
Como reacción, se organizó en 1972 el "Primer Parlamento Indígena Nacional", en el que contrariando el control gubernamental se aprovecharon las condiciones existentes para el desarrollo de una tendencia combativa vinculada a la CIIRA. A pesar del abierto boicot de algunos gobiernos provinciales y los delegados neuquinos oficialistas, los combativos provocaorn un vuelco en las resoluciones.
Sobre las tierras pidieron prioridad para el indígena en los regímenes de colonización, la ampliación de las reservas existentes y apoyo crediticio para los indígenas. La presión de los combativos condujo a que en las conclusiones de la comisión de tierras, se remarcase la urgencia por obtener títulos de propiedad comunales legalizados que evitase la expropiación o el desalojo por parte de los terratenientes, los gobiernos provinciales o nacional. Se hizo énfasis en la necesidad de una educación bilingüe, la construcción de viviendas, la creación de hospitales en zonas marginales, la exigencia de participación indígena en los organismos oficiales afectados a zonas aborígenes.
Paralelamente, hacia fines de 1969 se había iniciado en la poblacion mataca de Nueva Pompeya (Chaco), una experiencia cooperativa orientada hacia la explotación forestal, que al generar una atmósfera de movilización desembocó en la concreción del "Congreso Regional de Cabañaro" (1973), donde la reclamación de tierras asumiría nuevamente el rol protagónico. Se reunieron representantes de comunidades tobas y matacas de Chaco y tobas de Formosa, poniéndose la piedra fundamental de la "Federación Indígena del Chaco", al unírseles la comunidad mocoví.
Igualmente, se fundó a fines de 1973, la "Federación Indígnea de Tucumán", con el auspicio de la CIIRA, que rápidamente encontró apoyo en los trabajadores rurales de los valles calchaquíes. Esa entidad desplegó durante 1974 una serie de movilizaciones en demanda de la recuperación de las tierras comunales, enfrentándose abiertamente a las autoridades provinciales, que desencadenaron una violenta represión policial.
En Buenos Aires, el "Servicio Nacional de Asuntos Indígenas", dependiente del Ministerio de Bienestar Social, se encontraba en manos del sector más derechista del gobierno peronista. Los reiterados intentos de parte de ese sector de manipulación de la CIIRA, condujo a la concreción del "Segundo Congreso Indígena Nacional". Como el congreso estaba controlado por la derecha, fue boicoteado por la mayoría de dirigentes indígenas de las comunidades presentes, a impulsos de los miembros de la CIIRA.
La CIIRA se autodisolvió, constituyéndose en su reemplazo la "Federación Indígena de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires", con el apoyo de indígenas de las villas miserias capitalinas, de federaciones del interior y de sectores estudiantiles y profesionales de la Universidad de Buenos Aires. Uno de sus objetivos era conformar una "Confederación Indígena Nacional", que expresara los intereses de las etnias de todo el país y pudiese influir en la elaboración de una política indigenista nacional.
Hacia fines de 1974, las contradicciones internas del gobierno de Isabel Perón crearon condiciones para un incremento de la represión a las organizaciones populares. Los dirigentes indígenas más combativos fueron perseguidos y encarcelados, mientras se disolvían sus organizaciones. En 1975 se produjo un repliegue general del movimiento indígena nacional, que afectó inclusive las experiencias cooperativas comunales. Se iniciaron desalojos ilegales de comunidades y despojo fraudulento de sus tierras.
Bajo la dictadura militar de 1976, siendo posibles únicamente las reivindicaciones culturalistas, surgió la "Asociación Indígena de la República Argentina" (AIRA). Subrayando su carácter apolítico, acusó a partidos y grupos políticos hegemónicos de manipular al movimiento indígnea con concepciones hispanistas y economicistas. Sus objetivos eran: 1( Respeto por la persona y personalidad cultural india; 2) Tierra al indio; 3) Personería jurídica para las comunidades; y 4) Libre empleo para los indios. La AIRA fue manejada desde sus comienzos por la etnia colla.
En 1986 ganaría la conducción de AIRA una fracción encabezada por Rogelio Guanuco, autodefinida como diaguito-calchaquí para diferenciarse étnicamente, que anteriormente había integrado el "Movimiento Indio Nacional Justicialista" (MINJU).
Guanuco me manifestó en 1989, que a diferencia de la fracción anterior no son sectarios, recibiendo en la AIRA a todos los indígenas que necesitan ayuda o quieren colaborar. Planteaba como base de su gestión a los indios del interior, porque los que habitan en la Capital Federal están integrados a la cultura dominante.
Por su parte, Fausto Durán, secretario general del "Movimiento indio Peronista" (MIPRA), me manifestó en 1989, que la AIRA ya no servía como organismo porque era irrepresentativo, un sello, aunque contradictoriamente reivindicaba su trayectoria primera de lucha. El mayor error de AIRA sería su rol de organismo multipartidario que se le imprimía, demasiado amplio y poco representativo.
Lic. José Oscar Frigerio
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