Arrio de Alejandr�a impulsa el cristianismo a trav�s de una herej�a

Las ra�ces de la controversia arriana se remontan a tiempos muy anteriores a Constantino, pues se encuentran en el modo en que, a trav�s de la obra de Justino, Clemente de Alejandr�a, Or�genes y otros, la iglesia entend�a la naturaleza de Dios.  Cuando los cristianos de los primeros siglos se lanzaron por el mundo a proclamar el evangelio, se les acusaba de ateos e ignorantes.  En efecto, ellos no ten�an dioses que se pudieran ver o palpar, como los ten�an los paganos.  En respuesta a tales acusaciones, algunos cristianos apelaron a aquellas personas a quienes la antig�edad consideraba sabios por excelencia, es decir, a los fil�sofos.  Los mejores de entre los fil�sofos paganos hab�an dicho que por encima de todo el universo se encuentra un ser supremo, y algunos hab�an llegado hasta a decir que los dioses paganos eran de hechura humana. Apelando a tales sabios, los cristianos empezaron a decir que ellos tambi�n, al igual que los fil�sofos de anta�o, cre�an en un solo ser supremo, y que ese ser era Dios.  Este argumento era fuertemente convincente, y no cabe duda de que contribuy� a la aceptaci�n del cristianismo por parte de muchos intelectuales.

El arrianismo debe su nombre al obispo Arrio (256-336), qui�n se form� en Antioqu�a, fue sacerdote de Alejandr�a y despu�s obispo libio, y desde aproximadamente el 318 difundi� la creencia de que no hay tres personas en Dios, sino una sola persona, el Padre.

Disc�pulo de Luciano de Antioqu�a (fundador de una c�lebre escuela teol�gica), Arrio fue ordenado sacerdote ejerciendo su ministerio en Baucalis, una de las nueve iglesias de Alejandr�a. No fue sino hasta haber alcanzado la edad de 60 a�os (320 d.C.) cuando comenz� a predicar sus particulares doctrinas, caracterizadas por un descarnado realismo teol�gico tendiente a eliminar el sentido del �misterio� que, para muchos, se debi� a una fuerte influencia de las escuelas filos�ficas vigentes por entonces (aristotelismo, platonismo, estoicismo y muy especialmente las ense�anzas del jud�o alejandrino, Fil�n).

Arrio, siendo sacerdote de Alejandr�a, sostuvo que Jes�s no era propiamente Dios, sino la primera creatura creada por el Padre, con la misi�n de colaborar con �l en la obra de la creaci�n y al que, por sus m�ritos, elev� al rango de Hijo suyo; por lo mismo, si con respecto a nosotros Cristo puede ser considerado como Dios, no sucede lo mismo con respecto al Padre puesto que su naturaleza no es igual ni consustancial con la naturaleza del Padre. Arrio elabor� esa doctrina a partir de la de Pablo de Samosata, obispo de Antioqu�a. Su predicaci�n le condujo a ser excomulgado por el patriarca Alejandro.

Esta herej�a se difundi� como la p�lvora y gan� pronto a un prelado ambicioso de la corte de Constantino, Eusebio de Nicomedia, que lleg� a convertirse en el verdadero jefe militante del partido de los arrianos; tambi�n simpatiz� con Arrio el historiador eclesi�stico Eusebio de Cesarea.

Arrio abandon� Alejandr�a el a�o 322 d.C. y se fue a propagar su herej�a al Asia Menor y a Siria. Sin embargo, el aumento de sus seguidores llev� al emperador Constantino a convocar un concilio ecum�nico en Nicea (325 d. C.), que, bajo la influencia de San Atanasio (nuevo patriarca de Alejandr�a), proclam� el dogma cat�lico de la consustancialidad del Padre y el Hijo en un �nico Dios, y conden� a Arrio y a sus secuaces, afirmando en el S�mbolo llamado Niceno: "Creemos en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador de todas las cosas, visibles e invisibles. Creemos en un solo Se�or Jesucristo, Hijo de Dios, engendrado s�lo por el Padre, o sea, de la misma sustancia del Padre, Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre, por quien todo fue hecho en el cielo y en la tierra, que por nuestra salvaci�n baj� del cielo, se encarn� y se hizo hombre".

El anatema contra Arrio estaba redactado en los siguientes t�rminos: "En cuanto a aquellos que dicen: hubo un tiempo en que el Hijo no exist�a, o bien que no exist�a cuando a�n no hab�a sido engendrado, o bien que fue creado de la nada, o aquellos que dicen que el Hijo de Dios es de otra hip�stasis o sustancia, o que es una criatura, o cambiante y mutable, la Iglesia cat�lica lo anatematiza". Tras este anatema lanzado por el Concilio, Constantino a�adi� la prohibici�n de que Arrio pudiera volver a Alejandr�a, y algunos meses m�s tarde envi� al exilio, a la Galia, a Eusebio de Nicomedia. Pero Arrio, aun desde lejos, no cedi� en sus ataques; pronto se volvi� a granjear la gracia del emperador.

Constantino luego de enviar a Arrio al exilio, le autoriz� a regresar tres a�os m�s tarde, quiz� por influencia de algunos personajes arrianos de la corte. A partir de entonces, el arrianismo goz� de cierta protecci�n oficial, permiti�ndose incluso deponer a San Atanasio del Patriarcado de Alejandr�a y enviarle al exilio, al tiempo que se iniciaba la persecuci�n de los defensores de la doctrina de Nicea (335).

La muerte de Arrio al a�o siguiente no detuvo la expansi�n de su doctrina: un nuevo emperador de Oriente, Constancio II (337-361 d.C.), se declar� abiertamente arriano, mientras que su hermano Constante, emperador de Occidente, defend�a el catolicismo; la muerte de Constante en el 350 d.C. dej� a Constancio como emperador �nico, decidido a impulsar el arrianismo y perseguir la fe cat�lica (S�nodo de Sirmium, 351; Concilio de Arl�s, 353; Concilio de Mil�n, 355).

Campe�n de la fe nicena fue Osio, obispo de C�rdoba, y Atanasio, obispo de Alejandr�a, que soport� duras luchas y hasta el destierro intentando la extinci�n total del arrianismo que se camufl� de diversas maneras y se difundi� entre los b�rbaros germanos hasta los confines m�s septentrionales del Imperio: ostrogodos, visigodos,  burgundios, v�ndalos y longobardos, entre los que perdur� durante muchos a�os. Los �ltimos arrianos longobardos desaparecieron hacia el 670 d.C., gracias a la habilidad de San Gregorio Magno. Introducido por el Obispo Ulfilas entre los germanos, el arrianismo fue la religi�n oficial de los visigodos hasta la conversi�n de Recaredo (589 d.C.).

La herej�a arriana comenz� entonces a disgregarse en varias tendencias con diferentes doctrinas cristol�gicas m�s o menos radicales. Su influencia empez� a declinar con la labor de san Atanasio y de san Ambrosio, obispo de Mil�n; y se extingui� con el acceso al trono imperial de Teodosio (379 d.C.), el cual dio un edicto en el que calificaba a los arrianos de herejes y de �insensatos extravagantes� (380 d.C.).

Finalmente, el arrianismo fue condenado por el Concilio de Constantinopla del 381 d.C., el que pr�cticamente lo elimin� dentro del Imperio; sigui� siendo importante entre los pueblos germ�nicos que invadieron el Imperio y que, progresivamente, ir�an abandonando el arrianismo para pasarse a la fe cat�lica y obtener as� el apoyo de la Iglesia.

Basado en:

Gran Enciclopedia Universal Espasa-Calpe, volumen 4=ARI-AVI, Grupo Editorial Planeta, Bs. As., 2005.

http://www.imperiobizantno.com

http://www14.brinkster.com/docuhistoigle/DocsIglAnt/Arrio_Cronologia.htmi

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/a/arrio.htm

http://cristianismo-primitivo.pais-global.com.ar/

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