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Los temores del año dos mil
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Una visión rápida sobre los temores apocalípticos del fin del segundo milenio de la cristiandad, revelan una particular confusión y diversificación de los grupos y tendencias religiosas y filosóficas actuales.
Las ideologías religiosas se van apartando paulatinamente de la Biblia cristiana y/o confluyendo con nuevas teorías y profecías que muchas veces poseen ingredientes antiguos reformulados. Además, la creciente carrera espacial abre nuevos horizontes y temores a la fantasía popular, que no han tardado en confluir con las corrientes seudo místico-religiosas.
De allí concepciones como el Movimiento New Age (Nueva Era), o la infinidad de teorías alrededor de los ovnis, que implican una adecuación o adaptación de la teoría de la divinidad y del papel del hombre en relación a Dios, y las fantasías respecto al apocalipsis como destrucción de la tierra por el choque de un cometa o asteroide.
Resulta notorio, sin embargo, su carácter minoritario. Al menos, las manifestaciones más extremas del fenómeno no son evidentes en sectores masivos, como pudo suceder en la Edad Media con los flagelantes. Tampoco son terrores, son apenas temores, dado los grandes avances que gracias a la ciencia la humanidad ha concretado en este milenio, alejando el fantasma de la superstición para alumbrar una visión más realista y positiva del mundo. Lo notable es que los Estados Unidos de Norteamérica parece ser la sede de la mayoría de estos fenómenos, aunque igualmente haya manifestaciones semejantes, aunque menores en otras partes del mundo. Satanismo y fanáticos suicidios en masa, siempre localizados en grupos minoritarios, parecen constituir la característica de este fin de milenio.
En mixturas y combinaciones para todos los gustos y paladares son realmente sorprendentes las creencias a que algunos grupos han arribado, fuera de toda lógica y posibilidad, de ahí también el carácter de peligrosidad que han adquirido aquellas sectas que al no poder ver plasmadas sus delirantes fantasías resuelven acometer con sus propias manos, a través de la violencia hacia terceros o la auto-violencia, lo que sus falsos dioses no pueden concretar: un apocalipsis terrible y destructor de la humanidad.
La mayoría de las predicciones modernas se relacionan al retorno de Jesucristo a la Tierra, la aparición del Anticristo y la masiva batalla de Armagedón entre las fuerzas del bien y del mal que producirá la extinción de millones de personas. Igualmente, otros hablan de contactos con seres extraterrestres que cambiarán totalmente la concepción de la humanidad respecto a su visión del mundo y de la historia.
Generalmente se ha aplicado la designación de Anticristo a controvertidas personalidades de la historia, quienes enfrentaron despiadadamente a la Iglesia, católica o protestante, dado que el término es de raíz y cuño cristiano. Otras veces, la superstición ha atribuido cualidades demoníacas, perversas y/o malignas a auténticos innovadores, revolucionarios, contrarios generalmente a la tradición y el status quo complaciente. Las diferencias se vuelven demasiado sutiles y subjetivas.
La lista actual de Anticristos parece extensa y variada, uniendo personajes de muy heterogénea actuación: Nostradamus, Napoleón Bonaparte, Adolf Hitler, algún dictador latinoamericano, alguno que otro Papa, Charles Manson y hasta el mismísimo creador de la computadora, Bill Gates, etc.
Sin embargo, una cosa es cierta. Ninguno de los candidatos parece haber reunido todos los contradictorios atributos que se han atribuido al Anticristo. Seguramente, si realmente ha existido y es uno solo, pasaría desapercibido entre la maraña ideológica creada por tan dispares creencias enfrentadas entre sí, aunque todas pretendan referir a la misma fuente.
Nuevamente el tiempo juega una mala partida a los principios, siendo demasiadas las concesiones y adaptaciones a las cambiantes realidades como para mantener una pureza necesaria que alumbraría sobre una claridad postergada.
Mas allá de todo ello, la ciencia aparece generalmente como la madre de la tecnología y el progreso acelerado que conduce el camino de la historia por derroteros que permanentemente tienden un puente sobre el vacío apocalíptico.
A medida que el hombre se va alejando de la perdida ingenuidad primera, cuando hablaba con los animales y no tenía preocupaciones ni pesares en el paraíso terrenal, sigue añorando el regreso...
Y la postergada naturaleza, antigua y venerada deidad, nunca desechada por ser siempre omnipresente y condición necesaria de la relación del hombre con la ciencia, la historia y el cosmos, seguramente seguirá recordándonos que fue la verdad primera... y quizá sea también la verdad última.
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Basada en:
FRIGERIO, José Oscar, "Profecías y temores del fin de milenio", en Historia, N° 79, Buenos Aires, septiembre-noviembre 2000.
ELIADE, Mircea, "La nostalgia del paraíso en las tradiciones primitivas", en Irving Louis Horowitz (comp.), Historia y elementos de la sociología del conocimiento , tomo I, EUDEBA, Buenos Aires, 1974.
NAVARRETE, Felipe, "La iglesia en su hora más dramática (el desafío de las sectas)", Buenos Aires, 1992.
GEROMETTA, Oscar, "Aproximaciones al fenómeno de las sectas", Ed. Claretiana, Buenos Aires, 1995.
http://www.religioustolerance.org/destruct.htm
http://www.mayhem.net/crime/cults.html
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