![]()
![]()
Hijo y sucesor de Filipo de Macedonia, Alejandro III, el Grande, naci� en el a�o 356 a.C.
Ten�a apenas veinte a�os de edad cuando muri� su padre, el rey de Macedonia. Su madre, Olimpia, era princesa de Epiro. La tradici�n de los reyes macedonios hac�a de Alejandro un descendiente de H�rcules (Heracles); y por la parte de la casa real de Epiro, era descendiente de Aquiles, el h�roe muerto en la guerra de Troya.
El mito fue una fuerza que configur� el esp�ritu de Alejandro durante toda su vida, debido a sus dos antepasados legendarios, los que conformaron su esp�ritu "griego".
Entre los trece y diecis�is a�os fue disc�pulo del fil�sofo Arist�teles (uno de los disc�pulos m�s destacados de Plat�n, siendo considerado el intelecto m�s grande de su tiempo), quien model� la personalidad de Alejandro y atiborr� su esp�ritu con las maravillas de la herencia griega, infundiendo ese esp�ritu helen�stico que posteriormente tan bien supo aqu�l difundir por todo el orbe conocido. Alejandro fue mucho m�s all� de la idea de su maestro, que no hab�a superado la idea limitada de polis, para crear un vasto imperio, un nuevo tipo de Estado, territorial y mon�rquico, griego y no griego.
La tradici�n cuenta que antes de realizar su expedici�n de conquista de Asia, Alejandro fue al santuario griego de Delfos en uno de los meses en que el or�culo de Apolo no formulaba respuestas y en que, por ello, la pitonisa (int�rprete del or�culo) no ten�a derecho a subir sobre el tr�pode sagrado para trasmitir, entre convulsiones y vapores, los dictados del dios. Indignado el rey por este obst�culo imprevisto, arranc� por la fuerza a la pitonisa de su celda y la llevaba a la rastra hacia el santuario cuando ella se apresur� a gritar: "Hijo m�o, eres irresistible". Alejandro, satisfecho, no quiso escuchar otro or�culo y march� lleno de confianza a conquistar Asia.
En la primavera del a�o 334, Alejandro atraves� el Helesponto, dejando tras de s� como regente de Macedonia y Grecia a Antipater, general de Filipo. Alejandro, ya pensaba entonces en una guerra prolongada. Podr�a haber pensado en los diez a�os de la guerra de Troya, su modelo m�tico, porque hizo un sacrificio a la memoria de Protesilao, el primer griego muerto frente a Troya; arroj� la lanza desde su nave como s�mbolo de declaraci�n de guerra y dirigi�ndola hacia el suelo que enfrentaba, seg�n la idea de un pa�s "ganado con la lanza", idea difundida entre los griegos desde tiempos de Homero. Tambi�n se dirigi� hacia Ili�n, peque�a ciudad asentada en el lugar de la antigua Troya, donde ofreci� sacrificio a Atenea, diosa de la ciudad, y deposit� guirnaldas en las tumbas supuestas de Aquiles y Patroclo. Dentro de Alejandro, el mito de Troya estaba vivo. Homero era su gu�a y pod�a esperar la aparici�n de un nuevo Homero, que cantara sus victorias, aunque probablemente s�lo quisiera emular la victoria griega.

Durante el invierno del a�o 334/333, Alejandro permaneci� en la antigua capital frigia de Gordio, esperando refuerzos. Fue all� que cort� con su espada el famoso nudo gordiano, que seg�n el or�culo ser�a desatado por el futuro soberano de Asia.
En Fenicia, necesit� siete meses para vencer la resistencia de la ciudad-isla fortificada de Tiro. Cuando logr� tomarla, ofreci� un sacrificio a Melkart, dios de Tiro, a quien los griegos identificaban con H�rcules. Ese sacrificio lo convert�a en sucesor de los reyes tirios, y al mismo tiempo, celebraba su m�tico antepasado. H�rcules comenzaba a sustituir a Aquiles, y el deseo de Alejandro de constituir un imperio universal cobraba fuerza sobre la idea de una campa�a panhel�nica.
En el oto�o del a�o 332 entr� en Egipto, una de las mayores civilizaciones orientales, con una tradici�n antiqu�sima. All� se dio cuenta de que deb�a ganarse al pueblo, en vez de someterlo. Para ser reconocido como fara�n, ofreci� un sacrificio en Menfis a los dioses egipcios. Pero lo m�s significativo de su estad�a fue su visita al or�culo de Zeus-Am�n, en el oasis de Siuah, famoso santuario de griegos y libios. El or�culo de Zeus-Am�n era famoso en todo el mundo griego, y el culto que all� se celebraba estaba estrechamente vinculado a Am�n-Ra, dios supremo del pante�n egipcio. Alejandro fue saludado por el sacerdote del santuario, como hijo del dios, como era usual con los faraones. Por lo tanto, Alejandro volvi� como hijo de Am�n para los egipcios, y como hijo de Zeus para los griegos, y la deidad que combinaba la naturaleza griega y egipcia, en adelante ser�a considerado protector del imperio que Alejandro habr�a de gobernar.
Cuando volvi� a Grecia, luego de conquistar Persia, Palestina y la India, Alejandro habr�a exigido ser adorado como un dios. Ello no ser�a tomado como extra�o, pues habr�a seguido una tendencia t�pica de la mente griega. Para los griegos nunca estuvo bien definido el l�mite entre el hombre y la deidad. De hecho, no tardaron en celebrarse en muchas ciudades griegas cultos al dios Alejandro. Esas ciudades enviaron emisarios para ofrecer a Alejandro una corona de oro, y reconocerlo como un dios. Probablemente no habr�a tomado la iniciativa, aunque posteriormente no se habr�a negado a que se le rindiera culto divino: era soberano absoluto del mayor imperio conocido del mundo.
Luego, podr�a haber acariciado proyectos de conquista del Mediterr�neo occidental, aunque cay� gravemente enfermo, muriendo en junio del a�o 323, a los treinta y tres a�os. Su cuerpo fue embalsamado, convirti�ndose en objeto de peleas entre los generales rivales que disputaron su sucesi�n. Su cad�ver fue llevado a Menfis por Ptolomeo, el general que gobernar�a Egipto fundando la �ltima dinast�a, y posteriormente sepultado en Alejandr�a, la ciudad que tan alto elevar�a el nombre de su fundador.
|
"Lo que distingue a Alejandro de todos los restantes conquistadores es esta misi�n divina. Hab�a crecido con ella y consigui� cumplirla en gran medida, antes de formularla expl�citamente en el banquete de Opis mediante unas palabras como las que cita Plutarco (Mor., 329 C). �Alejandro se consideraba escribe Plutarco, enviado por los dioses como gobernador com�n y �rbitro de todos y a quienes no anexionaba por la palabra lo hac�a con las armas por la fuerza con el fin de reunir los elementos diseminados en un mismo cuerpo, como mezclando en una amorosa copa las vidas, los caracteres, los matrimonios y las formas de vivir.� Este es el motivo verdadero por el que merece ser llamado �Alejandro el Grande�: porque no aplast� o desmembr� a sus enemigos, como los romanos conquistadores aplastaron Cartago y Molosia y desmembraron Macedonia en cuatro partes, porque no explot�, esclaviz� o destruy� a las poblaciones nativas del mismo modo que el �hombre blanco� ha hecho con tanta frecuencia en Am�rica, Africa y Ocean�a; por el contrario, consigui� crear, aun cuando s�lo durante unos cuantos a�os, una comunidad supranacional capaz de vivir en paz interior y de desarrollar una concordia y una solidaridad de las que, lamentablemente, carece nuestro mundo moderno." |
| Hammond, N. G. L., "Alejandro Magno. Rey, general y estadista". |
![]()
Basado en:
J. Humbert, "Mitolog�a griega y romana", GG Edit., Barcelona, 1962.
EHRENBERG, V�ctor, "Alejandro Magno", Los hombres de la historia, N� 74, Centro Editor de Am�rica Latina, Buenos Aires, 1974.
Hammond, N. G. L., "Alejandro Magno. Rey, general y estadista", Alianza Editorial, Madrid, 1992.
![]()