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A eso de las veintitr�s mil horas, despu�s de caminar varios kil�metros entre cafetales encontr� una choza. La vio a lo lejos junto a una fogata que usaba basura como combustible y desprend�a un olor mas fuerte que el sudor de la guerra. Se acerc�, viv�a una familia grande ah�, no es necesario redundar sobre su pobreza, cuando lo vieron, el hombre fuerte de la casa sac� la escopeta y le apunt�, pero su gente estaba armada hasta los dientes. Pidi� posada, s�lo quer�a eso, s�lo quer�a asilo pol�tico para sus sue�os.
Al hombre le cost� trabajo, pero finalmente accedi� a rentarle un lecho por esa noche y a pagarle por un poco de arroz con frijoles que la se�ora hab�a preparado.
Y as�, no muy c�modo por la sencillez del catre, el fr�o, el asma, las moscas y el olor a basura, el cansancio lo venci� y se durmi� profundamente.
A la mitad de su descanso le interrumpi� el ruido de un tren. Locomotora, silbidos, y �l iba adentro. C�modo, en un vag�n de lujo, viajando hacia M�xico para encontrar trabajo curando gente, y por la ventana ve�a los barrios y a la gente arrastrada por la pobreza extrema y pisoteada por el gobierno capitalista. So�� que estaba en un pa�s igual de injusto como hasta ahora. Mas �l estaba sentado en el vag�n, con su esposa, una mujer bonita, y dos hijos peque�os. No hab�a problema, la situaci�n no era injusta, �l ten�a dinero, un buen empleo, amistades en el gobierno de los Estados Unidos, una buena casa, lejos de la playa, pero tambi�n lejos de la realidad.
�Para qu� preocuparse?, si el jodido no soy yo, -dec�a- �para que cargar un arma y mancharme las manos de sangre?, �para qu� defender ideas?, mejor no arriesg� mi vida, �para que desatar una revoluci�n? Correr, huir, esconderme de todos, me capturan, me torturan y me matan; yo no sufro, no tengo necesidad.
Hay suficiente agua limpia, no tengo sed de justicia, no hay problema, ego�smo: yo tengo lo m�o y me basta, no tengo ambici�n de libertad, de justicia ni de dignidad.
�Para qu� luchar si la victoria es del gobierno?, nos van a matar, que se arriesguen ellos, lo necesitan mas que yo. Yo aqu� estoy bien, que pidan los dem�s, que maten a los dem�s, mi vida es estable, vivo muy tranqu... �Y asustado y sudando!, con el cuerpo temblando y los ojos inyectados y llenos de l�grimas, dificultad para respirar y su mano ahorcando el ca��n del fusil, despu�s de cuatro minutos de sue�o, el Ch� Guevara se despert� de su peor pesadilla.
�Hasta la Victoria Siempre!
Jack Ferm�n Schwaycer.