La
formación pedagógica del catequista
Metodología para la Catequesis 1a.
parte
"A propósito de la evangelización,
un medio que no se puede descuidar es la enseñanza catequética. La inteligencia,
sobre todo tratándose de niños y
adolescentes, necesita aprender mediante una
enseñanza religiosa sistemática los datos fundamentales, el contenido vivo de la
verdad que Dios ha querido transmitirnos y que la Iglesia ha procurado expresar
de manera cada vez más perfecta a lo largo de la historia. Los métodos deberán
ser adaptados a la edad, a la cultura, a la capacidad de las personas, tratando
de fijar siempre en la memoria, la inteligencia y el corazón las verdades
esenciales que deberán impregnar la vida entera". ( Evangelii Nuntiandi # 44,
Pablo VI)
Nuestro mundo se está desarrollando de una manera muy rápida.
Pensemos sólo que hace cien años empezaban a existir los coches, la televisión
hace menos de cincuenta. A esto se le llama cambio tecnológico. En el campo de
la educación también ha habido muchos cambios. El hombre se ha dado cuenta que
una misma cosa se puede enseñar de diversas maneras. A esto se le conoce como
método educativo.
Si a nosotros nos interesa dar a conocer la palabra de
Dios, hemos de preocuparnos por escoger la forma más conveniente.
"La edad y el desarrollo intelectual de los
cristianos, su grado de madurez
eclesial y espiritual y muchas otras
circunstancias personales postulan que la
catequesis adopte métodos muy
diversos para alcanzar su finalidad específica: la
educación en la fe".
Catechesi
Tradendae # 51
Juan Pablo II
La diversidad de
métodos en la catequesis
En la transmisión de la fe, la Iglesia no tiene de por sí un método
propio ni único, sino que, a la luz de la enseñanza de Dios, analiza los métodos
de cada época, asume con libertad de espíritu "todo cuanto hay de verdadero, de
noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa
digna de elogio" (Flp 4,8). En síntesis, todos los elementos que no son
contrarios al Evangelio, y los pone a su servicio.
De este modo, "la
variedad en los métodos es un signo de vida y una riqueza", y a la vez una
muestra de respeto a los destinatarios. Tal variedad viene pedida por "la edad y
el desarrollo intelectual de los cristianos, su grado de madurez eclesial y
espiritual y muchas otras circunstancias personales".
Cuando queremos
decir algo, por ejemplo, que no voy a estar por la tarde, puedo poner un letrero
en la puerta, o bien ir a buscar a la persona que me podría visitar para
avisarle, o dejar recado con un vecino o llamar por teléfono.
¿Qué forma
utilizaré para dejar mi mensaje?
Pues empezaré por saber si la otra
persona lee o no, si tiene teléfono, si me queda de paso. El método será útil y
eficaz en la medida que se ajuste a la persona a quien se lo quiero hacer
llegar.
Todos tenemos un método propio, un método con el que nos resulta
más fácil trabajar. Porque todos tenemos unas ideas directrices que orientan
nuestras preferencias.
¿Qué es un
método?
Recordemos que método es el conjunto de principios que
orientan la selección de objetivos, medios y contenido. Y como tenemos
principios diferentes, hay métodos diferentes. Sin embargo, debemos cuidar que
el método elegido no tenga falsos cimientos.
El método es el conjunto de
mecanismos que ayudan a obtener un fin. Lo presentamos como un conjunto porque
es la suma de varios elementos. Es decir, un buen método no depende sólo de un
principio. Y decimos que ayuda a obtener un fin porque el método es, al fin y al
cabo, un
instrumento para lograr una meta.
El método no es lo
importante. Lo importante es la meta. Un método que no lleva a la meta o nos
lleva a una meta distinta de la deseada, no es un buen método. Puede haber
muchos métodos buenos y útiles. Es posible que algún método sea más llamativo
que otro, más atractivo o más espectacular. Pero no se puede decir que sea el
único método.
Un buen método tiene que responder a las exigencias del
objetivo de la catequesis, del contenido a transmitir y del destinatario a quien
se dirige. Si
sólo se fija en uno de estos elementos, será un método
inadecuado.
Hay métodos más útiles para motivar y otros más útiles para
enseñar; hay métodos útiles para niños que no sirven para jóvenes o adultos; hay
métodos oportunos para tratar un tema que no sirven para tratar otro
tema.
Un buen método en catequesis no sólo transmite bien la doctrina,
sino que además fomenta la aceptación de la fe en el corazón de quien recibe el
mensaje de Cristo.
El catequista es el factor principal para el éxito de
un método. Es decir, los métodos y técnicas no funcionan por sí solos. La
catequesis es, ante todo, un testimonio. Y los aparatos o los mecanismos no
pueden dar testimonio. Sólo las personas son testigos.
Un buen método en
catequesis debe envolver a toda la persona. Es decir, debe lograr que cada
destinatario se introduzca en la sesión con mucho interés y dispuesto a
esforzarse lo que sea necesario para aprovechar el tiempo de la
clase.
Los mejores métodos son los que activan todas las facultades del
ser humano:
la imaginación,
la voluntad,
los sentimientos,
la
inteligencia,
la memoria.
Hay muchos métodos. Y hay varios criterios
que permiten descubrir cuál método es aconsejable para cada situación y cuál no
lo es. Por esto, el catequista debe descubrir no sólo el método que va de
acuerdo con su forma de ser, sino también cuál método debe elegir según los
cambios de destinatarios, de los temas o de los objetivos a
lograr.
Recuerda antes de escoger un método de enseñanza, que el método
es sólo un medio, un medio que te ayudará a transmitir de una manera más
sencilla el mensaje que Dios ha puesto en tus manos. Lo importante es el
mensaje, la Palabra de Dios.
No olvides que es básico encomendarte al
Espíritu Santo para que te ilumine, fíjate bien en las personas a que te diriges
y piensa que tú eres el instrumento que Dios quiere necesitar para hacer llegar
su mensaje.
Es de todos sabido la influencia que las sectas y nuevos
movimientos religiosos están teniendo en algunos círculos de nuestro país.
Nuestra labor como catequistas es buscar el método adecuado para contrarrestar
la influencia de estos grupos radicales y fundamentalistas en nuestras
comunidades.
Debemos encontrar la forma más oportuna de llevarles el
mensaje católico-cristiano, de compartirles la verdad evangélica, de predicarles
como
Iglesia, como madre. De predicar con autoridad, con la autoridad que da
el hecho de saber que Jesús funda la Iglesia Católica y Él es el guía hasta que
vuelva nuevamente a juzgar a vivos y muertos, no nos confundamos, busquemos
participar de esa "Nueva Evangelización" a la que el Papa Juan Pablo II nos
llama a todos los bautizados.
La
formación pedagógica del catequista
Metodología para la Catequesis 2a.
parte
No hay que oponer una catequesis que
arranque de la vida a una catequesis
tradicional, doctrinal y sistemática.
La auténtica catequesis es siempre una
iniciación ordenada y sistemática a
la Revelación que Dios mismo ha hecho al
hombre, en Jesucristo, Revelación
conservada en la memoria profunda de la
Iglesia y en las Sagradas Escrituras
y comunicada constantemente, mediante una
Tradición viva y activa, de
generación en generación".
(Catechesi Tradendae # 22,
Juan Pablo II).
Sabemos que cualquier curso que demos ha de tener un
método adecuado asi que que en esta segunda parte veremos la diversidad de
metodos y la relación método-contendio en la catequesis.
La realidad
religiosa de nuestra sociedad: su alejamiento, su actitud frente a la Iglesia,
su jerarquía de valores, sus preguntas y dudas, su búsqueda del Señor
todopoderoso requiere de catequistas que usen una metodología que responda a las
necesidades específicas de nuestro país. Hoy más que nunca es fundamental
transmitir el Evangelio, la Buena Nueva de Dios, a todos los hombres y mujeres,
niños y jóvenes que suscite en ellos, un deseo de conversión y de adhesión plena
a Dios y a su Iglesia.
Ya aprendimos que un método sin contenido es algo
que no sirve de nada. Por ello, ahora vamos a aprender la relación contenido -
método en la catequesis.
Cuando decidimos escoger un método para dar
nuestro catecismo, podemos enfrentar el riesgo de poner demasiada atención en el
método y olvidar lo que realmente esimportante: el mensaje.
Si queremos
ser muy fieles a nuestra misión, no debemos olvidar que hacemos todo por amor a
Dios y con la ayuda de Dios.
El principio de la "fidelidad a Dios y
fidelidad al hombre" lleva a evitar toda contradicción, o separación entre
método y contenido, afirma más bien su necesaria dependencia y ayuda.
El
catequista reconoce que el método está al servicio de la revelación y de la
conversión, y por eso ha de servirse de él. Por otra parte, el catequista sabe
que el contenido de la catequesis no es indiferente a cualquier método, sino que
exige un proceso de transmisión adecuado a la naturaleza del mensaje, a sus
fuentes y lenguajes, a las circunstancias concretas de la Comunidad, a la
condición de cada uno de los fieles a los que se dirige la catequesis.
Un buen método de catequesis es garantía de
fidelidad al contenido.
La comunicación de la fe en la catequesis es
un acontecimiento de gracia, realizado por el encuentro de la Palabra de Dios
con la experiencia de la
persona, que se expresa a través de signos sensibles
y finalmente abre al misterio. Puede acontecer por diversas vías que no siempre
conocemos del todo.
Ejemplos de
métodos
1)Método deductivo, inicia de las verdades y principios más
generales para aterrizar en las aplicaciones más inmediatas. Este método es más
expositivo. Por lo tanto, utiliza principalmente la palabra, sea hablada o
escrita. Las aplicaciones más comunes son:
-El catequista debe decir al
inicio, sobre qué tema va a hacer su exposición, para que todos los asistentes
concentren su atención en el punto a tratar; las conferencias o pláticas deben
iniciarse explicando una verdad muy fundamental, sobre la que se construirá toda
la exposición; las exposiciones deben estar muy cargadas de emotividad,
etc.
2) Método inductivo, parte de las cosas concretas e inmediatas para
llegar a las más generales o elevadas. Este método aplica el principio
catequético de que la mejor catequesis es la que relaciona el contenido de la fe
con la experiencia del destinatario. El método inductivo consiste en la
presentación de hechos (acontecimientos bíblicos, actos litúrgicos, hechos de la
vida de la Iglesia y de la vida cotidiana...) a fin de descubrir en ellos el
significado que pueden tener en la Revelación divina.
El método inductivo
no excluye, más bien exige el método deductivo, que explica y describe los
hechos procediendo desde sus causas. Pero la síntesis deductiva tendrá pleno
valor sólo cuando se ha hecho el proceso inductivo. Nuestras sugerencias
son:
-Como el método inductivo es una
búsqueda, no conviene decir qué tema va a tratarse en la sesión de catequesis;
es muy útil narrar varios hechos de la actualidad que hacen resaltar el tema y
los objetivos que desean tratarse; es útil narrar una anécdota, tanto para
iniciar como para avanzar en el tema, etc.
3)Método activo, es un proceso
de descubrimiento en donde el destinatario busca la solución con la ayuda del
catequista. En este método, el catequista dedica su mayor esfuerzo en hacer
trabajar a los destinatarios. Se sugiere lo siguiente:
- Un recurso de gran utilidad es
el uso de preguntas y respuestas; con un esquema claro y básico (no más de tres
o cuatro ideas), el catequista busca una o varias preguntas para cada punto del
esquema; una vez que ha sido definido el esquema, se hace que el alumno dude, no
se pretende introducir dudas en el corazón del alumno, sino de provocar que
busque el fundamento de lo que expresa; se debe tener también presente que este
sistema alcanza su máxima eficacia cuando la pregunta es muy rica en aspectos y
puntos del tema de la sesión.
4)Método audiovisual, es la combinación de
sonido y de imagen en variados modos.
Ejemplos de audiovisuales son una
película, un sonorama, la explicación dada
ante una estatua, la discusión
sobre un anuncio de periódico, etc.
Sugerimos para su mejor uso, lo
siguiente:
-Un audiovisual en diapositivas no puede durar más de veinte
minutos, salvo cuando es de una categoría excepcional; una diapositiva
proyectada en televisión pierde toda su eficacia; debe preferirse la audición
más fuerte que débil, para que atraiga toda la atención de los destinatarios; el
final de una proyección o audición es muy importante, debe ser en silencio y muy
a tiempo; es muy importante que todos los elementos técnicos se hayan probado
antes de la entrada de los alumnos en el local de la presentación. Sobre todo el
volumen de audición.
5)Método experiencial. La experiencia ejerce
diversas funciones en la catequesis, a la luz de las cuales la existencia misma
debe ser siempre
debidamente valorada. El método experiencial busca educar la
fe apoyándose en las experiencias del destinatario, sea las pasadas o provocando
una presente.
Variaciones de este método son:
a.- La entrevista, que
consiste en invitar a una persona con mucha preparación, de gran testimonio de
vida, para preguntarle ante los alumnos sobre el tema en cuestión.
b.- El
recurso a la experiencia, que ayuda a reforzar el impacto de un tema o para
hacer entrar a los destinatarios muy personalmente en una sesión.
c.- La
vivencia, que consiste en unir la explicación con la vivencia, al experimentar
directamente algunas cosas, reforzamos la memorización y el impacto
emocional.
El uso adecuado de la experiencia personal del catecúmeno
traerá los siguientes
beneficios:
a) Hacer que nazcan en el hombre
intereses, interrogantes, esperanzas e inquietudes, reflexiones y juicios, que
se unen en un cierto deseo de
transformar la existencia. Es tarea de la
catequesis procurar que las personas estén atentas a sus experiencias más
importantes, ayudarlas a juzgar a la luz del Evangelio las preguntas y
necesidades que de estas experiencias brotan, educar al hombre a vivir la vida
de un modo nuevo. De esta forma la persona será capaz de comportarse de modo
activo y responsable ante el don de Dios.
b) La experiencia ayuda a hacer
inteligible el mensaje cristiano. Esto se ajusta al modo de obrar de Jesús, que
se sirvió de experiencias y situaciones humanas para anunciar realidades
sobrenaturales y divinas e indicar a la vez la actitud ante ellas. En este
aspecto, la experiencia es mediación necesaria para explorar y asimilar las
verdades que constituyen el contenido objetivo de la Revelación.
c) Estas
funciones indican que la experiencia asumida por la fe viene a ser en cierto
modo ámbito en el que se manifiesta y realiza la salvación, en la que Dios, de
acuerdo con la pedagogía de la encarnación, se acerca al hombre con su gracia y
lo salva. El catequista debe ayudar a la persona a leer de este modo lo que está
viviendo, para descubrir la invitación del Espíritu Santo a la conversión, al
compromiso, a la esperanza, y así descubrir cada vez más el proyecto de Dios en
su propia vida.
La iluminación y la interpretación de la experiencia a la
luz de la fe se convierte en una tarea permanente de la enseñanza catequética,
no exenta de dificultades, pero que no puede descuidarse, sin el riesgo de caer
en contradicciones o en comprensiones reduccionistas de la verdad.
Esta
tarea hace posible una correcta aplicación del mutuo enriquecimiento entre las
experiencias humanas profundas y el mensaje revelado. Lo testifican ampliamente
el anuncio de los profetas, la predicación de Cristo y las enseñanzas de los
apóstoles, que por eso constituyen el criterio y la norma para todo encuentro
entre fe y experiencia humana en el tiempo de la Iglesia.
Lo más
importante en nuestra misión es lograr que la gente acepta y viva en la Voluntad
de Dios. Debemos recordar siempre que el primer interesado en nuestra labor es
Dios, porque Suya es siempre toda iniciativa. Vamos a estar muy atentos, como
catequistas, a nuestra vida de oración, a nuestro testimonio y a encomendar
desde el fondo de nuestro corazón cada trabajo que hagamos a Dios. Si somos
buenos catequistas, no nos vamos a dar a nosotros mismos, vamos a dar a Dios.
La
formación pedagógica del catequista
La planeación en la
catequesis
"La catequesis tiene la necesidad de
renovarse continuamente en un cierto
alargamiento de su concepto mismo, en
sus métodos, en la búsqueda de un lenguaje
adaptado en el empleo de nuevos
medios de transmisión del mensaje".
(Catechesi tradendae, N° 17,
Juan Pablo II)
Reflexionaremos acerca de la necesidad de programar y de
planear nuestras actividades catequéticas. Aprenderemos a planear nuestro
trabajo mediante los siguientes puntos:
Análisis de la realidad: antes de
programar Necesidad de la programación
Es común ver, en todos los
ámbitos, que cada vez se planea menos, cada vez se hacen las cosas sin
responsabilidad, al "ahí se va", por eso vemos las consecuencias: la catequesis
no ha tenido los resultados esperados, nuestra gente no está evangelizada, los
métodos no han sido los adecuados, en vez de que nos comprometamos como miembros
de la Iglesia, algunos nos alejamos más, pero ¿qué hacer? Hoy, más que nunca, es
fundamental que aprendamos a planear, al hacerlo, tomaremos más responsabilidad
de nuestras acciones y seguramente todo lo haremos mejor, vale la pena ¿o
no?
a) Antes de programar: análisis de la realidad.
Primero:
debemos considerar el conocimiento de la Comunidad entre sí. Esto permitirá
abrir el camino de la relación personal y conocimiento mutuo.
Segundo:
recoger de la Comunidad los objetivos que esperan alcanzar; es fundamental
partir de las necesidades e intereses comunitarios con los que
trabajamos;
hay que concretar nuestras expectativas.
Cada comunidad es única y
especial, esta es la razón de porqué hay que analizar nuestra realidad para que
sea más fácil seleccionar las actividades a realizar.
Programar es tan
necesario como trabajar. Por que la falta de programación provoca mucha pérdida
de tiempo y de energía. Recordemos que programar es preparar los pasos
necesarios para llegar a una meta. Ningún viento es favorable para el barco que
no sabe a donde va.
El análisis del entorno permite elegir mejor los
objetivos prioritarios y conocer mejor a los destinatarios. El catequista debe
hacerlo con detalle, porque necesita actualizarse constantemente para comprender
y adaptarse mejor a sus destinatarios.
Los puntos fundamentales para
hacer bien un análisis del entorno son los siguientes:
1. Datos geográficos:
Extensión del
área, cantidad de personas, distancias, transporte, condiciones
del terreno,
etc.
2. Nivel
cultural:
Instrucción de la gente, etnias con idiomas o costumbres
especiales, etc.
3. Situación
religiosa:
Porcentaje de bautizados, instrucción religiosa, religiosidad
popular, sectas,
etc.
4. Situación
familiar:
¿Son estables las familias o hay muchos divorcios o
amancebados?
¿Abundan las madres solteras?
5. Situación social:
Economía, política,
seguridad, abusos, etc.
6. Intereses
de la gente
¿Cuáles diversiones, posibilidades de descanso, o gustos
predominan?
¿Cuáles vicios son más comunes?
7. Valores y antivalores
predominantes.
¿Qué es lo mejor que tiene la gente del rumbo?
¿Y qué
es lo peor de esa gente?
8. Factores
que facilitan la evangelización.
¿Qué ayuda presta el Obispo o el párroco
a nuevos proyectos o a impulsar nuevos
esfuerzos?
¿Hay actividades de
evangelización que son útiles pero que nadie promueve?
¿Cuáles?
9. Dificultades para evangelizar.
¿Hay
algún grupo o algunas personas que pueden dificultar la tarea
de
evangelización?
¿Cuál es el mayor obstáculo que puede encontrarse para
llevar a cabo el
programa de evangelización? Y ¿tiene solución?
Hay
que tomar en cuenta que no podemos programar todo. Trabajamos con seres
libres. Y no podemos profetizar cuántos asistirán a nuestros cursos o
cuántos aprovecharán bien nuestra catequesis. Estas situaciones tan comunes nos
llevan a exponer dos principios básicos:
a)El programa es para el hombre y no
el hombre para el programa. Por lo tanto, debemos hacer las modificaciones
cuando se requieran.
b)En caso de duda, respetar lo programado. Podemos caer
en el error contrario:
hacer demasiados cambios al programa. Y los excesivos
cambios confunden a las personas o entorpecen otras actividades.
Cada
programa tiene un perfil distinto. Pero hay unos pasos comunes que
podemos
aplicar en todos los programas:
1. Análisis del entorno: para
conocer mejor el trabajo
2. Fijar los objetivos vitales prioritarios para
trabajar en lo importante y no en lo secundario
3. Fijar los temas
prioritarios:para no perderse en temas sin importancia
4. Definir a cuántas y
cuáles personas deseamos llegar:para conocer dónde está nuestra meta
concreta
5. Fijar el horario y el lugar: para poder invitar con
precisión
6. Decidir qué hacer para que asista mucha gente: promoción
7.
Elegir los materiales: para tenerlos a tiempo
8. Elegir quiénes pueden
ayudar: para saber cuáles fuerzas tenemos
9. Hacer el calendario de
actividades: para no improvisar y preparar todo lo
necesario con
tiempo
10. Evaluar el programa: para poderlo mejorar la siguiente
vez
b) Necesidad de la Programación
La catequesis tiene unas
actividades y objetivos que siempre serán fijos de un modo o de otro. Por
ejemplo, siempre debemos enseñar a orar, siempre debemos dar cursos de educación
básica, siempre debemos preparar a la recepción de los Sacramentos,
etc.
Sin embargo, también hay objetivos y actividades que van surgiendo
con nuevas necesidades y circunstancias. Por esto, lo primero que debemos hacer,
después de terminar el análisis del entorno, es decidir qué necesita nuestra
comunidad. Es decir, fijar los objetivos prioritarios de nuestro trabajo
evangelizador. Sólo así podremos hacer un programa que dé resultados adecuados a
nuestra gente. Un programa busca resolver una necesidades. Busca lograr unos
objetivos. Pero no podemos hacer un programa que resuelva todas las necesidades
de una comunidad o
todos los problemas de una persona. Tenemos que hacer un
programa que resuelva sólo alguna cosas. ¿Cuáles? Las más importantes. Por eso,
debemos seleccionar qué necesidades debemos resolver primero. Así podremos fijar
nuestros objetivos prioritarios sobre cuantos tenemos delante.
A
continuación un esquema de programación:
Objetivos: es la expresión del resultado
que se pretende obtener dentro de un proceso educativo, es decir, expresar lo
que queremos conseguir, para poder realizar cualquier acción, es preciso
tener claro lo que se desea hacer. Los objetivos deben conducir a una acción
transformadora.
Hay tres trayectorias posibles en un proyecto
educativo:
a) El saber, que implica centrar la tarea educativa en la
información y los conocimientos que hay que adquirir acerca de situaciones o
problemas;
b) El saber-vivir o saber-ser, que supone centrarse en las
actitudes, en el conocimiento de sí mismo y de los demás ante situaciones
concretas;
c) Por fin, el saber-hacer, o centrarse en un proyecto que es
preciso realizar para transformar o mejorar una situación.
Estos
objetivos deben:
Responder a las necesidades e intereses del grupo. Ser
factibles y evaluables. Expresar una conducta observable.
Actividades: son conjuntos de tareas
previstas y realizadas por nosotros y por otros miembros de grupos,
asociaciones, que en conjunto, nos ayudan a lograr la acción transformadora
propuesta. Es necesario describir con el máximo detalle posible cada actividad,
desarrollándolas con pasos lógicos, progresivos y coherentes, atendiendo a todas
las características de las personas y del grupo al que van dirigidas.
Por
ejemplo, en la planeación de un curso de catequesis para quienes ya han hecho su
Primera Comunión, se debe tomar en cuenta la duración, quiénes van a asistir, el
horario, los temas a ver, etc. para un éxito y apoyo al programa de catequesis
integral en las parroquias.
Una acción (de grupo, se entiende) es un
proceso a largo plazo con unas metas prefijadas, que trata de llevar a una
transformación del entorno en un ambiente social concreto.
Una actividad,
por el contrario, es un pequeño paso dentro de ese proceso, con una ejecución
inmediata, que nos ayudará a realizar el conjunto de la acción
prevista.
En segundo lugar, un objetivo debe especificar de forma clara
la actividad de conducta final que se espera alcanzar, pero nunca los medios
concretos con los que vamos a intentarlo. Esto queda reservado a la actividad,
pues de lo contrario, las posibles alternativas quedan eliminadas, obligándonos
así a limitarnos en nuestros planes de enseñanza.
Medios: nos ofrecen una ayuda
imprescindible para lograr los objetivos propuestos. Pueden ser materiales o
personales. Los primeros están claros: desde los lapiceros hasta la máquina de
escribir. Los personales requieren mayor atención: hemos de pensar no sólo en
nosotros, sino también en las personas a quienes vamos a implicar. Todos los
medios deben ser concretos y deben estar a nuestro alcance a todos los niveles:
técnicos, económicos, temporales, etc. Se trata, en definitiva, de hacer una
relación exhaustiva de todos los medios que precisamos para desarrollar
correctamente las actividades que hemos propuesto de acuerdo con los objetivos
trazados. Es una medida eficaz para evitar sorpresas desagradables en el momento
de poner en práctica la programación, dado que de esta manera podemos preparar
de antemano lo necesario, comprobar el funcionamiento de aparatos,
etc.
Tiempo y Seguimiento:
siempre conviene prever el tiempo que estimamos durará la acción o actividad.
Debe ser real y podemos optar entre varias posibilidades a corto, medio y largo
plazo. Estos conceptos son muy relativos y dependen en gran medida de la persona
o grupo que lo programa, pero de forma general podemos considerar a la
programación corta como la diaria o semanal, la media como mensual o trimestral
y larga a la que abarca todo un curso.
El Seguimiento es la revisión
continua que vamos realizando a diario con todos los Implicadas. Se trata de ir
tomando el pulso a diario para ser fieles a la exigencia de flexibilidad y
adaptación, así como para seguir de cerca el proceso personal de la
comunidad.
Revisión o
Evaluación: es la referencia que nos va a indicar el grado de consecución de
los objetivos propuestos, el proceso educativo desde su nacimiento, esto es,
desde la misma programación.
Esta revisión debe ser diaria y global, o
sea, al completarse el proceso o parte del mismo. Puede realizarse en grupo o
individualmente, de forma oral o escrita.
Esta evaluación se concreta en
estos tres aspectos: sistemática, por cuanto no se basa en improvisaciones ni en
observaciones no controladas o casuales. Integral, porque tiene en cuenta todos
los factores y aspectos que intervienen en el proceso catequístico. Continua,
dado que su acción está unida al proceso de enseñanza y aprendizaje. Podríamos
preguntarnos: ¿qué cumplimos y en qué porcentaje; qué nos faltó hacer, porqué;
usamos los métodos correctos en nuestro trabajo catequístico; trabajamos como
equipo de catequesis en nuestras reuniones y actividades?, etc.
La
experiencia muestra cómo dan bien la catequesis quienes la preparan y cómo la
imparten mediocremente quienes no la preparan. Es comprensible que muchos
catequistas tienen miedo a dedicar demasiado tiempo en preparar su clase. Y
temen encontrar un trabajo excesivo. La preparación de una buena sesión de
catequesis no es, sin embargo, una tarea difícil ni exige mucha duración. Todo
depende de una buen sistema para hacerlo. Por esto mismo, es fundamental planear
oportuna y adecuadamente los cursos, talleres, pláticas, retiros en nuestras
comunidades. Cada vez aumenta más la necesidad de catequistas que confirmen en
la fe a sus hermanos, que enseñen a otros a dar razón de su Esperanza, que se
entreguen a la Evangelización y motiven a otros a unirse cada vez más a
Jesucristo el único Salvador y Redentor, vale la pena ¿verdad?.
En
reunión con otros catequistas, elaboren una guía de cómo dar una clase de
catequesis, desde la planeación hasta el desarrollo de la misma, apoyándose en
nuestras sugerencias.
Debemos considerar el conocimiento de la Comunidad
entre sí. Además de recoger de la Comunidad los objetivos que esperan
alcanzar.
El programa es para el hombre y no el hombre para el programa.
Por lo tanto, debemos hacer las modificaciones cuando se requieran.
En caso
de duda, respetar lo programado. Podemos caer en el error contrario:
hacer
demasiados cambios al programa. Y los excesivos cambios confunden a las personas
o entorpecen otras actividades.
Los objetivos en la planeación
deben:
1. Responder a las necesidades e intereses del grupo.
2. Ser
factibles y evaluables.
3. Expresar una conducta observable.
Me
esforzaré por planear y programar mis actividades catequéticas, buscando
presentar el mensaje cristiano cada vez mejor.
Tomaré en cuenta para
realizar actividades a las personas de mi comunidad, haré aquello que beneficie
un proceso de crecimiento constante.
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La formación pedagógica del
catequista
c) El programa puede descubrir un dato que sucede muy
frecuentemente a los |