 La hermosa, la bellsima y cruel galera

	Todo el que haya estado en Barcelona y haya visto en el Museo Martimo de las Atarazanas Reales la reproduccin, escala 1x1, de la Galera Real mandada por Don Juan de Austria en la batalla de Lepanto, reconocer que es uno de los barcos ms hermosos que ha visto. Tiene el mrito aadido de que la nave original se construy en este mismo lugar en 1568.
	Este bellsimo ejemplar pertenece al momento de mximo esplendor de este tipo de navo, pero la galera se conoce de muy antiguo. Para algunos autores procede de Egipto, cuando se cambia el canalete por el remo unos 3.000 aos a. J.C.; otros piensan que su origen es Creta, donde floreci una civilizacin talasocrtica, como parece demostrarlo vasos y fragmentos de cermica datados entre 2800 y 1400 a. J.C.
	Tanto los fenicios, como los griegos y romanos, utilizaron autnticas galeras con dos rdenes de remos, birremes y tres, trirremes. Se ha especulado mucho sobre la existencia de estos barcos dotados de varias filas de remos pues muchos autores. ya en la antigedad, dudaban de su posibilidad. Quiz esta discusin sea ociosa, hay representacin de ellas en mltiples lugares, como son vasos, cermicas y toda clase de pinturas. 
	Fue famosa la galera romana dedicada a la guerra llamada Liburna, tanto que, dada su velocidad y capacidad de maniobra, lleg a generalizarse este nombre como navo de guerra. En Bizancio se utiliz un barco similar llamado Dromn, es decir, corredor.
	En el siglo XV adoptara definitivamente el nombre de galera. Se diferenciaba de las naves redondas alterosas y de mucha manga, propulsadas a vela, por su eslora mayor que la manga, en proporcin de 5 a 1 e incluso de 8 a 1, propulsadas preferentemente a remo usando una o dos velas, generalmente latinas, como auxiliares.
	Una caracterstica importante de la galera era la cruja, un callejn longitudinal que corra a lo largo y por el centro del talar en que se halla la cmara de boga y separaba los bancos de una y otra banda.
	En el siglo XIII, todas las galeras tienen ya una sola fila de remos y Sanudo, en el Liber Secretorum, escrito hacia 1290, dice que si bien hasta esa fecha en casi todas las galeras bogaban dos hombres en cada banco, algunos hombres ms ingeniosos los acondicionaron para que pudieran bogar tres hombres en cada uno de ellos, siendo el que ocupaba el lugar ms interno, en la punta del remo, quien lo diriga, limitndose los otros dos a aportar su fuerza, mtodo que se generaliz desde entonces.
	Se aument la velocidad, mediante la adicin de velamen. Llevaban un mstil que se llamaba rbol, luego dos a fines del siglo XVI, con aparejo latino; su velocidad, la capacidad de maniobra debida a los remos, y la independencia de los cambios de tiempo determinaron que, en todo el Mediterrneo, fuese la nave de guerra por excelencia.. Ya seala Maran que el viento es el azar y el azar es mal aliado de la lucha. 
	Puesto que la batalla naval era, tras el abordaje, similar al combate en tierra, la galera estaba poco armada. Su artillera estaba determinada en la proa, por una boca de fuego fija sobre el mismo eje de la quilla, disparando una bola de 25 Kg. A cada lado, dos piezas ms pequeas, las bastardas, disparando bolas de 3 Kg. Para el tiro lateral se dispona de caones ms pequeos, los pedreros. Estos caones se utilizaban durante la aproximacin al enemigo, luego se procuraba embestir a la otra nave de costado, a lo que segua el abordaje.
	Las galeras se conservaron en el Mediterrneo hasta el siglo XVIII; fueron superadas por el bajel bien artillado, como sucedi con el LE BON, de cincuenta caones, que puso en fuga a 30 galeras espaolas en aguas de la isla de Elba, el 10 de julio de 1694.
	Parece ser un aviso de su vulnerabilidad que, en la batalla de Lepanto, se iniciara el ataque con galeazas muy lentas, pero fuertemente armadas, decidiendo quiz la batalla. El hecho es muy discutido, pues atravesaron las lneas enemigas disparando sus numerosos caones, quedando a retaguardia de las galeras otomanas y sin volver a participar en la batalla. Pero este inicio produjo posiblemente numerosos daos en los barcos turcos y de alguna manera trastocaron su orden de batalla, lo que parece fue decisivo en su ulterior desarrollo.
		Dada su belleza, fue tambin el navo de los vencedores. En ella, totalmente engalanada, con el ritmo majestuoso de sus remos, desfilaba el general vencedor ante los dems navos. 
		La batalla de Lepanto fue la mayor que se ha dado en toda la historia con estos barcos; se desarroll, durante cinco horas, el 7 de octubre de 1571, en ella participaron unas 250 galeras por contendiente. Si se tiene en cuenta que eran unos 200 los remeros en cada embarcacin, quiere decir que, solamente en esta batalla, participaron ms de 100.000 galeotes; la necesidad de hombres era tanta, que ya no eran suficientes los esclavos -generalmente prisioneros de guerra- y algunos grandes malhechores, penados hasta entonces con este castigo. Por ello se  pidi a los jueces el aumento del nmero de condenas, por lo que esta pena que hoy nos parece extremada, se generaliz y extendi a delitos por los que hoy no se impondra ni la ms leve de las condenas.
		No es de extraar por lo tanto que nuestro gran Miguel de Cervantes, que haba vivido las galeras precisamente en Lepanto, le doliera dentro de su corazn la suerte de estos desgraciados e hiciese a su inmortal Don Quijote romper una lanza en su favor, poniendo de relieve la levedad de los delitos que eran as penados; lo expres en su libro, con su gracia especial, utilizando el fuerte contraluz del humor para poner ms de manifiesto la cruda realidad. No resisto, por lo tanto, la tentacin de transcribir literalmente el comienzo del captulo XXII:
 	Cuenta Cide Hamete Benengeli, autor arbigo y manchego, en esta gravsima, altisonante, mnima, dulce e imaginada historia que, don Quijote alz los ojos y vio que por el camino que llevaba venan hasta doce hombres a pie, ensartados, como cuentas, en una gran cadena de hierro por los cuellos, y todos con esposas a las manos. Venan asimismo con ellos dos hombres de a caballo y dos de a pie; los de a caballo, con escopetas de rueda, y los de a pie, con dardos y espadas; y que as como Sancho Panza los vido, dijo: 
 	 -sta es cadena de galeotes, gente forzada del rey, que va a las galeras.
	Nuestro caballero no atiende a razones, l solamente ve a unos desgraciados ensartados en cadenas, obligados a caminar contra su voluntad, y en su gloriosa locura dice:
 	 -Pues desa manera -dijo su amo-, aqu encaja la ejecucin de mi oficio: desfacer fuerzas y socorrer y acudir a los miserables.
	No lo piensa ms y decide liberar a los desgraciados, pero antes de obrar, muy especial era su locura, quiere indagar de los representantes de la justicia, con muy corteses razones, la causa que ha llevado a esos hombres hasta tan terrible extremo, a lo que responde uno de los guardas de a caballo que eran galeotes, gente de Su Majestad que iba a galeras, y que no haba ms que decir, ni l tena ms que saber.
	Insiste don Quijote, y es remitido a los propios galeotes para que les pregunte directamente ya que como dice el segundo guarda, ellos lo dirn si quisieren, que s querrn, porque es gente que recibe gusto de hacer y decir bellaqueras.
	Conseguido el permiso, pregunta al primer galeote cual es la causa de su condena, e inmediatamente, por algo es el ingenioso hidalgo, nos indica lo que quera demostrar: la levedad de las penas, ya que el hombre responde simplemente, que iba de aquella manera por enamorado, lo que le da pie a deleitarnos nuevamente con su extraordinario humor, ya que de inmediato responde:
	 -Por eso no ms? -replic don Quijote-. Pues, si por enamorados echan a galeras, das ha que pudiera yo estar bogando en ellas. 
	La agradable sorpresa surge de nuevo cuando el desgraciado dice con sencillez:
		-No son los amores como los que vuesa merced piensa -dijo el galeote-; que los mos fueron que quise tanto a una canasta de colar, atestada de ropa blanca, que la abrac conmigo tan fuertemente...
	No terminaba con ello el rigor de la justicia y pienso que nuestro Cervantes, para poner de manifiesto de forma ms contundente la injusticia, hace aadir al galeote:
	...acomodronme las espaldas con ciento, y por aadidura tres precisos de gurapas, y acabse la obra. 
	Aclara el libro que el ciento fue de azotes y que gurapas quieren decir galeras. Insiste en su interrogatorio y pregunta al segundo, muy joven, el cual no respondi palabra, segn iba de triste y malencnico. Lo hace por l otro penado diciendo que el muchacho va por canario, por msico y cantor. Vuelve Cervantes a poner de manifiesto la crueldad del momento con una buscada y frvola frase, que aumente la gravedad del hecho: 
	-Antes, he yo odo decir -dijo don Quijote- que quien canta sus males espanta. 
 	-Ac es al revs -dijo el galeote-, que quien canta una vez llora toda la vida.
	Creo que Cervantes, con sus medidas palabras nos dice cuanto le repugna el tormento, practica habitual de sus tiempos, admitida por la mayora. El guarda lo justifica aduciendo que:
 	...los dems ladrones que all quedan y aqu van le maltratan y aniquilan, y escarnecen y tienen en poco, porque confes y no tuvo nimo de decir nones. 
	Con lo que demuestra cmo se las traa la justicia en aquellos siglos de extrema dureza. 
	Muy mal debi pasarlo nuestro don Miguel con la maledicencia de sus coetneos, pues no dud en llevar a galeras a uno de ellos, nos cuenta que preguntado otro, contesta uno de sus compaeros de desgracia:
 	-As es -replic el galeote-; y la culpa por que le dieron esta pena es por haber sido corredor de oreja...
	Es el nico del que no se compadece nuestro caballero e incluso lo acusa de alcahuete; s lo hace Sancho, ms ajeno a la importancia de este delito, ya que: tvole Sancho tanta compasin, que sac un real de a cuatro del seno y se le dio de limosna, a lo que el penado responde con llanto y nos demuestra que los pecados del hombre son viejos, pues comenta la ddiva, diciendo:
	-Eso me parece -respondi el galeote- como quien tiene dineros en mitad del golfo y se est muriendo de hambre, sin tener adonde comprar lo que ha menester. Dgolo porque si a su tiempo tuviera yo esos veinte ducados que vuestra merced ahora me ofrece, hubiera untado con ellos la pndola del escribano y avivado el ingenio del procurador
	Su encuentro con Gins de Pasamonte, demuestra varias cosas: que alguien sobreviva a las galeras, que mucho ayudan las letras para alcanzar mejor posicin, pues en ellas escribi su libro La vida de Gines de Pasamonte, lo que supone que dispuso de tiempo y mejor lugar que el banco de remo para escribirlo; y, lo que es peor, demuestra tambin el desagradecimiento humano, pues, una vez libre, el pcaro Gins, como nos cuenta Cervantes en pluma de Cide Hamete Benengeli, autor arbigo y manchego que: 
	Pasamonte, que no era nada bien sufrido, estando ya enterado que don Quijote no era muy cuerdo, pues tal disparate haba cometido como el de querer darles libertad, vindose tratar de aquella manera, hizo del ojo a los compaeros, y, apartndose aparte, comenzaron a llover tantas piedras sobre don Quijote, que no se daba manos a cubrirse con la rodela; y el pobre de Rocinante no haca ms caso de la espuela que si fuera hecho de bronce. 
		Nos queda un mal sabor de boca al pensar que aquellos desgraciados quiz merecan su castigo conociendo la ingratitud con que trataron a nuestro hroe y que quiz estuvo bien puesto el nombre de chusma o canalla, dado a los galeotes. 

	Haciendo referencia a las galeras del tiempo de la batalla de Lepanto, momento en que la galera alcanza su mxima importancia como nave de guerra, sabemos que su dotacin era muy numerosa, llegando a un promedio de entre 350 a 400 hombres.
	Estaban mandadas por un capitn del que dependan dos clases de personal: La gente de cabo, que a su vez comprenda a la gente de guerra y a la gente de mar, y la gente de chusma o de remo.
	La gente de guerra proceda en gran medida de los tercios de Flandes y de alguna manera puede considerrseles como el embrin de la infantera de marina. Su armamento se compona de ballestas, un nmero mayor de arcabuces, mosquetes, picas y espadas. Los oficiales usaban adems una especie de pistoln al que llamaban arcabucejo.
	La gente de mar comprenda: el patrn o el segundo de a bordo tras crearse la figura del capitn. El piloto, experto en navegacin, encargado de determinar la situacin y el rumbo. El cmitre, que en la edad media era el capitn y en el siglo XVI era el oficial de mar encargado de dirigir la boga y las maniobras de vela, tena a los sotacmitres como ayudantes, uno a proa y otro a popa. Posiblemente era el hombre ms importante, siempre al lado del capitn y transmitiendo sus rdenes. No solo deba atender las maniobras de vela, tambin organizar y distribuir la fuerza de los remeros. Con su ltigo incitaba a la boga o castigaba a veces cruelmente, sabiendo hasta que punto poda llegar con el azote sin perder a un hombre.
	Los conserjeres eran prcticos de costa, y siendo una navegacin preferentemente de cabotaje, conocan las corrientes, puntos de recalada, abrigos y puertos.
 	Los alieres y proeles iban a popa y a proa para dirigir tanto el abordaje como la defensa.
	Los marineros se ocupaban de las maniobras pero no de la boga ni de los cambios de entena, lo ms pesado y por lo tanto, a cargo de la chusma.
	Los artilleros, aunque encuadrados en la gente de mar se encargaban, como su nombre indica, de manejar las lombardas de la corulla.
 	La maestranza estaba formada por varios maestros de oficio: remolar es decir cuidado y reparacin de remos; maestro de daja o carpintero; botero, al cuidado de la pipera; calafate para mantener el buen estado del casco; paoleros y despenseros encargados del avituallamiento.
	Haba un alguacil encargado de la justicia y vigilancia de la gente y de la chusma, encargado de evitar peleas, fugas y deserciones.
	En las instrucciones que dio Felipe II a don Juan de Austria, al nombrarle capitn general de la mar, le deca: 
	Ha de haber en cada una de las dichas galeras un capelln sacerdote que tenga cargo de los confesar a sus tiempos y doctrinar.
	Tambin disponan las galeras francesas de capelln al que llamaban limosnero y es momento de recordar a San Vicente de Pal que ejerci su apostolado como tal limosnero durante 40 aos.
	 Dado el elevado nmero de navegantes de cada galera y la rudeza del trabajo, ya desde los comienzos del siglo XVI, iba un cirujano o barbero pero, tras la instruccin dada por Felipe II a don Juan de Mendoza para la toma de posesin del cargo de Capitn General de las Galeras de Espaa, se dispuso que hubiera mdicos y cirujanos titulados en la escuadra.
	Creo que a nosotros, mdicos, nos interesa ms conocer la dotacin humana y su terrible forma de vida, por ello las describo con ms detenimiento que los otros aspectos de la galera; pienso tambin que nos interesar saber algo de sus mdicos. Como muestra de lo importantes que fueron, me referir en especial a uno de ellos, cuya vida y obra fue transcendental en su poca y que de alguna manera no se le ha hecho la debida justicia histrica. 
	Me refiero a Dionisio Daza Chacn que debi tener en su tiempo menos actuacin poltica que mdica, ya que no figura en la cabecera de la Historia como otros mdicos de su tiempo de menor valor, aunque fue uno de los cirujanos que ms contribuy al progreso de la ciruga. Le podramos llamar el Ambrosio Par espaol, pues al igual que el gran cirujano francs, y prcticamente en su mismo tiempo, humaniz el ejercicio quirrgico, desterrando el fuego en la curacin de las heridas, tanto con el aceite hirviendo, sustituido al modo de Par, por una pasta emoliente hecha con huevo, como usando la ligadura vascular para la hemostasia, en vez del hierro al rojo. 
	Fue Daza Chacn el primero en negar en Espaa la condicin de txicas y combustas que se daban, por autores de la autoridad de Da Vigo, a las heridas producidas por arcabuz y demostrando la naturaleza no venenosa de la plvora.	
	Us un originalsimo apsito, no encontrado en Par, consistente en introducir el mun de la amputacin dentro del abdomen de una gallina viva, procedimiento que a primera vista parece grotesco, pero hoy diramos lleno de sentido comn y de gran intuicin. Apsito en realidad asptico y rico en fibrina, procedente del peritoneo.
	Naci en Valladolid en 1513 de humilde condicin, alcanzando una edad poco frecuente en su poca ya que muri en 1596. Inici sus estudios en su ciudad natal; se conservan los nombres de sus primeros maestros, el cirujano Arias y el licenciado Torres. Complet su formacin en Salamanca con el cirujano Ponte el chico; al final de sus das se le titulaba como licenciado, mdico y cirujano. Presuma ya en su vejez de ser el primer cirujano de la Real Cmara que disfrut en su jubilacin de unos emolumentos iguales a los que cobraba durante sus 37 aos de ejercicio de su profesin.
	Tuvo amistad con Andrea Vesalio, al que admiraba como extraordinario anatomista aunque no tanto como cirujano, del que dijo que le confiaba los casos quirrgicos difciles. 
	Durante la mayor parte de su vida fue cirujano militar de un emperador, un rey, una reina y un prncipe, tras empezar, en tiempos de Carlos I, bajo el mando de don Pedro de Guzmn abuelo del Conde Duque de Olivares, que iba por Maese de Campo de tres mil hombres. Despus de muchas campaas culmin su actuacin militar al mando de don Juan de Austria, primero en Granada y despus en Lepanto, pues como l mismo dice: El ao 1569 su Majestad me mand que fuese a servir al Serensimo Don Juan de Austria a las galeras. Sigui sirvindole en todas las campaas en el Mediterrneo.
	Tenemos especial noticia, por sus propias palabras, de la amistad y afecto que profesaba a don Juan. ste, que como su padre, padeca de hemorroides, fue intervenido. Le practicaron una incisin y muri a los cuatro das, por lo que parece, de la hemorragia. Dionisio Daza Chacn se duele de la muerte de una persona muy querida con la que haba participado en Lepanto y dice en uno de sus escritos, que de haber estado a su lado, no habra permitido el error de la incisin, usando a lo sumo de las sanguijuelas.
	De la categora humana de este mdico hablan sus propias palabras, extradas de su libro dedicado a la ciruga. Practica y Teora de Ciruga en romance y latn. Permtanme que transcriba y lea tan larga cita. Es fresca y actual, y estas palabras del gran cirujano que son difciles de mejorar, tienen la gracia de conservarse tal como las escribi y su ortografa es de alguna manera un encanto adicional. As ve al mdico nuestro ilustre antepasado: 
	Para ser bueno ha de ser hombre reposado y letrado, con experiencia y de buena estimativa; que lo que hablare lo entienda y lo sepa poner en obra; porque hay muchos habladores que tienen solamente letras garrulativas a la apariencia; y lo que hablan no lo entienden; ni saben apenas ordenar un clister, y quieren usar cosas nuevas, y malas experiencias. Estos son phisicos de apariencia no de obra que dan a entender al vulgo que saben algo sin saberlo, y no saben curar y sanar una enfermedad; y aun sanaran mejor los enfermos y ms ayna; si no fuesen curados por estos que tienen nombre de phisicos que su nombre es matasanos, salvo aquellos que de suyo se avian de sanar sin phisica; y aun a estos les estorvan que no sanen tan presto; que como han de ser ayudadores de natura son estorbados y contra natura; no toman consejo de otros por presuncin, y quieren antes que se muera el doliente, que no que sepan su ignorancia. Huyen de llamar compaa y cuando la llaman son muy porfiados en su opinin, aunque no sea buena, por mostrarse que saben algo y prometen mucha salud; y no dan ninguna. Esto viene de tener poca consciencia y no ser buenos cristianos y de falta de humildad. Otros hay enamoradicos, que en cualquier cosa que van a curar se enamoran, teniendo deshonestos pensamientos. Estos merecen por lo menos ser privados perpetuamente.
	El buen phisico ha de ser viejo, experimentado, de buena estimativa y de buen seso. Ha de haver curado por lo menos quince o veinte aos arriba y ha de haver visto prctica de muchos hombres doctos; y conferido muchas veces con ellos. Por donde los que mucho tiempo practicaron en una aldea o en partes donde no ay conferencia de doctos hombres, al cabo son phisicos de aldea. El buen mdico ha de ser docto en prctica y theora, y reposado; y tan secreto como el confesor; bien fortunado, de buena presencia; y no ruin gesto, humilde y alegre y gracioso de buena manera; no jugador, ni putaero; y no interesal; sino que su principal intento sea curar al doliente; y no sacarle los dineros; y al paciente haga despus su virtud; conforme al trabajo y peligro de la enfermedad; ya que es el doliente y a quien es el phisico que le cura; y no de premio mximo si es pobre, y por esto el mdico ha de tener renta o salario para poderse mantener honradamente y para curar los pobres de balde, que ha de ser obligacin. Ha de ser honesto, y hombre verdadero, no codicioso, ni malicioso, ni murmurador, ni mentiroso, ni vicioso, ni hipcrita. Ha de ser dado a su estudio y no a vicios. No ha de ser negociador ni mercader; ha de ser bien acondicionado, ha de andar siempre limpio y bien ataviado y aun oloroso porque alegre al paciente. Amoroso que cure con afficin y no ha de ir a ver al doliente por grande amigo ni aun pariente que le sea, sin ser llamado ni aun rogado; y no ha de echar rogadores para que se curen con l; ni para que le llamen.
	Son palabras textuales que demuestran su categora de mdico, no tanto la de escritor, pese a haber coincido en Lepanto con Cervantes.
	De la misma manera que Ambrosio Par, crea que el agua tiene propiedades curativas, puesto que las heridas curan mejor si eran bien lavadas, Dionisio Daza Chacn preconizaba su empleo en las heridas y puntualizaba la temperatura y los modos de aplicarla. A este respecto podra citarse tambin la creencia de las propiedades curativas sobrenaturales de ciertas aguas, empleadas luego durante las epidemias, preocupacin presente en otros ilustres mdicos de su tiempo como son, entre otros, Julin Gutirrez Toledo (1518), quien aconseja las aguas medicinales como curas excelentes, y describe el vao y como se debe fazer, Francisco Daz (1530-1590) que se ocupa de la utilidad del agua y de los baos para la litiasis y cita varias fuentes termales y baos y Jernimo Pardo, que muestra su preferencia por el agua frente al vino, pues los excesos de este acortan la vida. 

	La galera real era de majestuoso porte, sus dimensiones nos recuerdan ms a un navo de competicin que a uno de guerra, con su casco alargado y estrecho como el de una trainera. El equipo que hizo su reconstruccin en el Museo Martimo de Barcelona y basndose en el hecho cierto de que dispona de 30 remos por banda, le calcul una eslora, incluido el espoln, de 60 metros, por una manga mxima de 6,20 metros y un puntal de 2,08. Los remos medan 11,40 metros de longitud; en realidad, en la banda izquierda haba un remo menos ocupado este espacio por el fogn.
	Su decoracin era suntuosa desde el espoln, rematado por la impresionante figura de Neptuno cabalgando sobre un estilizado delfn en actitud de atacar con su tridente a cuanto enemigo se le cruzase, hasta la popa generalmente decorada en todas las galeras; en la Real se hizo un autntico alarde como corresponde a la nave capitana de la flota, mandada por el hermano del rey ms poderoso de su poca. Esta rica popa cerraba por detrs a la no menos rica carroza, lugar noble de la galera y que se extenda desde el yugo al dragante en la popa, lugar donde se encontraba la tabla llamada timonera desde la que se gobernaba la nave. Los laterales que cerraban esta carroza estaban a su vez adornados con esculturas y bajorrelieves ricamente dorados.
	A esta rica ornamentacin se aadan varias banderas propias de la poca cuya vistosidad no era menor que la de sus nombres: estandarte, flmula, tordano, panel y gallardetes. Por tratarse de la capitana, la Real llevaba el estandarte real y el de la Santa Liga que le entreg en Npoles en nombre del Papa, el cardenal Granvela. 
	A toda esta riqueza decorativa se aadan los fanales que, en nmero de dos o tres, coronaban la carroza, como distintivo de su categora y en la noche, para su reconocimiento. Tenan un gran valor como smbolo, demostrado por el inters que los capitanes tenan en arrebatarlos al enemigo. Con gran protocolo atendan a su encendido; en presencia de la Real solamente ella tena el derecho a encender los tres, los capitanes de las otras galeras, dos y las dems, uno.
	
	Mientras contemplaba en el Museo Martimo de Barcelona la hermosa y  bellsima reproduccin de la Galera Real de Don Juan de Austria en Lepanto, salt a mi imaginacin, quiz inducido tambin por el aroma marino del prximo puerto, una imagen casi real. La vi avanzar con sus grandes velas hinchadas por el suave viento, los pendones ondeando al aire, y todas sus doradas esculturas brillando, iluminadas por un sol glorioso que no se quera perder el acto. Vi tambin en cubierta a las gentes de guerra y a las gentes de mar, engalanadas con sus mejores ropas, en formacin perfecta, dando guardia al prncipe vencedor. Pude sentir el sonido de chirimas y timbales interpretando una marcha triunfal y el suave y rpido caminar de la hermosa nave impulsada por sus remos, batiendo el agua acompasados, como el latido de un gran corazn.
	Pasado ese primer momento de emocin, me fij en los remos y el que, en solitario, estaba expuesto y me di cuenta de su tamao, grande como un poste de telgrafos y me pregunt: y los hombres que los manejaban? Se encendi una luz de alarma en mi cerebro, y vino a mi recuerdo las palabras del gran maestro de los mdicos humanistas, don Gregorio Maran, cuando dice:
	Veremos que la gloriosa galera avanza sobre el mar porque la impulsan unos seres humanos, hermanos nuestros, que reman ensartados por cadenas, amarrados, como seres inanimados, por las slidas bancas a los costados de la nave, doblados, cuando flaquean, por el castigo de la anguila que el cmitre brbaro sacude sobre sus espaldas; y si nuestro odo se escurre entre los gritos de mando y el estruendo ensordecedor de las chirimas, oir, all abajo, el gemido y la maldicin y la blasfemia de los que sufren, sin piedad de nadie y sin el consuelo siquiera de comprar con su martirio ni las migajas de la gloria que se repartirn los dems.
	Ya el doctor Alcal deca: 
 	La vida del galeote es vida propia del infierno; no hay diferencia de una a otra, sino que la una es temporal y la otra eterna.
		Comprend que adems de hermosa y bellsima, era cruel. Y si la boga era tan cruel, la vida en puerto no lo era menos, pues generalmente seguan encadenados sin ms movimiento que poder dormir bajo los bancos, prcticamente a la intemperie, bajo la lluvia o envueltos en la humedad del mar y apenas cubiertos por una ligera gualdrapa.
	Su alimentacin era mala y escasa, compuesta principalmente por la galleta, pequea torta de pan, afortunadamente integral, cocida dos veces para retrasar su fermentacin y tan dura que los veteranos esperaban con malsano alborozo el primer mordisco de los novatos, que en la mayora de los casos les costaba un diente generalmente mal asentado. Recurran para ablandarlo a remojarlo en el agua del mar, lo que tambin era afortunado pues aada a la dieta cloruro sdico, tan necesario tras el tremendo esfuerzo. En situaciones excepcionales les daban pan blanco, lo que en el momento se criticaba, alegando: 
	...aunque era de ms contento y satisfacin para ellos, era menos a propsito porque el bizcocho enjuga ms las humedades. 
	Posiblemente la razn estribase en la avaricia de los administradores, ms que en el hecho cierto de que esa racin de pan era de 11 onzas y la de bizcocho, de 26.
	Una vez al da reciban una menestra ordinaria, compuesta con habas, judas o lentejas. En ocasiones especiales, la llamada menestra fina, con arroz o garbanzos, estos ltimos preferidos por los espaoles, como dice el doctor Gonzlez:
	Nuestra marinera est acostumbrada al uso de los garbanzos y los prefieren a las dems menestras.
	Los galeotes casi nunca se regalaban con estas menestras, recibiendo la hecha con habas, la legumbre ms barata, cocida con algo de aceite, y no siempre, ya que se suprima con cualquier pretexto. nicamente en las grandes ocasiones o tras un gran esfuerzo tenan acceso a algo mejor, como ocurri en la campaa de las Islas Terceras por consejo del marqus de Santa Cruz, uno de los almirantes ms humanitarios, que tambin ordenaba aadir vinagre e incluso medio azumbre de vino en el que mojaban la galleta, disfrutndolo como un gran manjar al que no estaban acostumbrados. 
	Incluso en el siglo XVII, cuando las condiciones eran ms humanas, hipcritamente, puesto que era ms caro, Vargas Ponce, en 1680, publica una carta enunciada as:
	Carta noticiando los inconvenientes que se siguen de dar siempre arroz a los remeros.
		Este simple enunciado no necesita comentario, es suficiente para conocer hasta qu punto se escatimaba la alimentacin de estos desgraciados.
	Las condiciones higinicas eran otro horror, tanto que el Padre Guevara, describi cmo los parsitos, pulgas y chinches principalmente, eran huspedes habituales de tan bellos navos. De sus palabras se deduce que los visit repetidas veces y que tena conocimiento exacto del hecho. Con gracia especial, nos informa:
	Es privilegio de la galera que todas las pulgas salten por las tablas y todos los piojos que se cran en las costuras y todas las chinches que estn en los resquicios, sean comunes a todos y se repartan por todos y se mantengan entre todos; y si alguno apelare de este privilegio, presumiendo de muy limpio y pulido, desde ahora le profetizo que si echa la mano al pescuezo o a la barjuleta, halle en el jubn ms piojos que en la bolsa, dinero.
	Y aade en otra ocasin y de alguna manera nos introduce en los usos de la poca, en la que la higiene no deba ser prctica en uso puesto que para nada nos habla del agua y del jabn:
	Es saludable consejo, mayormente para los hombres regalados y de estmagos delicados que se provean de algunos perfumes, menju, estoraque, mbar, y, si no, de alguna buena pomada hechizada, porque muchas veces acontece que sale tan grande hedor de la sentina de la galera que, a no traes en qu oler, hace desmayar y provoca a reversar.
 	A estos horrores hay que sumar las enfermedades habituales debidas a las condiciones en que vivan estas pobres gentes, hiponutricin; escorbuto, pelagra, beriberi, en mayor o menos grado por avitaminosis; infecciones de todo tipo, como enteritis graves, tuberculosis, y cabe destacar el "pasmo", descrito en todos los libros y que seguramente se refiere al ttanos.
	Por si fuera poco a las enfermedades hay que aadir los traumatismos, ya sean normales a este tipo de navegacin, los golpes de mar seran de un efecto terrible sobre los remos y las bancadas de remeros, o los debidos a las batallas, momento en que nuestra imaginacin se pierde, sobre todo, si tenemos en cuenta que estos hombres iban encadenados y que rara vez eran liberados de sus grilletes, incluso en los naufragios.
	Pero no termina aqu todo el espanto, puesto que hay que tener en consideracin los castigos, de los cuales podemos pensar que el menor era la disminucin de la alimentacin hasta el ayuno, e incluso menor el castigo con el ltigo. Por causas mnimas se les cortaban la nariz o las orejas, y si se produca un robo, la pena era cortar la mano. Tenemos que agradecer al gran Daza Chacn que consiguiera la normativa de que en estas amputaciones estuviera presente el cirujano, para dibujar la lnea de la amputacin y poner un torniquete que, adems de la hemostasia, mantuviese la piel estirada hacia el codo y disponer as de cantidad suficiente para cerrar el mun.
	El mdico don Pedro Ponce de Len tuvo que curar a un galeote, cuyo capitn, del que dice don Gregorio Maran. estampemos su nombre, para maldecirle, se llamaba Lorenzo Roa. Este energmeno, este sdico capitn, para castigar no sabemos qu falta, lo someti a un cruel tormento, le mand colgar una talega con dos balas de can de sus genitales e izarlo a la entena y mantenerlo as suspendido hasta que, pasado un tiempo, el desgraciado perdi el conocimiento y sus genitales negros como la pez, se desprendieron.
	Se lleg a la perversin, y tengamos en cuenta que estos castigos no eran privativos de Espaa, practicndose en todos los pases, de descuartizar al reo, amarrando sus extremidades a cuatro galeras y como dice Mateo Alemn:
	Cada nave se alejaba arrastrando un fragmento del mrtir. 
	No es de extraar que morir ahorcado fuese una liberacin. Un galeote, Miguel de Molina, fue condenado por su capitn a ser descuartizado. Felipe II, en un gesto de magnnima humanidad, conmut esta pena por el ahorcamiento. El reo, mientras ponan la soga a su cuello, pronunci un largo y elocuente discurso de gracias a tan piadossimo rey.
	
	Todo este espectculo dantesco del galeote uncido a su banco, remando hasta ms all del agotamiento, flagelado sin piedad, deshidratado y desnutrido, descansando de forma precaria bajo el banco de remo sobre su propia inmundicia, la galera, en el mar, se ola antes de ser avistada, no lo podemos extrapolar -Distingue tempora et concordabis iura-, a la forma de vida de nuestros das.
	Quiz la primera pista nos la da el hecho de que haba galeotes voluntarios, lo que nos hace pensar en la mala vida que llevaran esos desgraciados para enrolarse en tan duro y terrible trabajo. No se puede olvidar que en el siglo XVI todava no se haban extendido los productos trados de Amrica, en especial la patata y el maz que, una vez difundidos, salvaron a Europa de la hambruna generalizada. La contumacia del hombre es tal, que sobre todo la patata, cuyas cualidades nutritivas nos parecen obvias, fue despreciada dicindose de ella que era causa de envenenamiento, por lo que tard muchos aos en ser aceptada en la dieta normal. Esto ocurra en tiempos en que la escasez de cereal era tal que, algunos aos de mala cosecha, se prohiba la fabricacin de cerveza, para destinar todo el grano a la panificacin.
	Esta hambruna determinaba que durante los largos inviernos, a las casas mal acondicionadas para el fro, se aadiera una dieta alimentaria muy escasa, con poca grasa y protena, por depender de un "corral" con pocos animales y deficitaria en frutas y verduras. Quien haba sobrevivido a los rigores invernales y a las frecuentes epidemias, lo hacia en un estado muy precario, afectados en mayor o menor grado por el escorbuto, la pelagra y otras enfermedades debidas a la avitaminosis.
	El hombre de esos tiempos estaba acostumbrado al dolor, al hambre y a las penalidades; era capaz de soportar las extracciones dentarias; sufrir las intervenciones quirrgicas -ya mencionamos que D. Juan de Austria muri tras una intervencin de hemorroides-, y la curacin de las heridas de arcabuz con aceite hirviendo, as como la amputacin de miembros; todo ello sin anestesia, cosa que nosotros no podramos soportar hoy y que nos horroriza solamente pensar en ello.
	Tampoco la alimentacin del galeote era esencialmente peor que la de los marineros de la poca. En las grandes travesas de meses, la galleta, nica forma de pan posible, se llenaba de moho, insectos y gusanos, as como las habas y dems legumbres; y el agua, por la descomposicin de cucarachas y dems inmundicias cadas y fermentadas en ella, ya no era incolora, inodoro e inspida; perdidas sus caractersticas esenciales, se haca densa y de color pardo, de mal olor, y peor sabor, alteraciones que achacaban a que el agua haba sufrido mareo. Por estas razones solan comer de noche para no ver el estado de los alimentos, -ojos que no ven, corazn que no sufre-; puede que estas malas condiciones de los alimentos les fuesen favorables pues quiz suponan una adicin insospechada y no pretendida de protenas e incluso vitaminas a la dieta. Por el contrario, al ser la galera esencialmente un navo de cabotaje, con mayor nmero de hombres a bordo y bodegas de menor capacidad, los alimentos y el agua por lo menos, se repondran con ms frecuencia. 
	En cualquiera de los casos es sorprendente la comprobacin de que hubo galeotes que sobrevivieron a tan dura pena, incluso sufrida durante aos. Este hecho hace pensar en que pudo haber algn factor, difcil de entender, que de alguna manera ayud a malvivir a estas desgraciadas gentes.
	En esos tiempos, de extrema dureza, encontramos con cierta frecuencia la figura del anacoreta. Estos hombres sometan su cuerpo a toda clase de penalidades como son la mala habitacin y el escaso vestido, con su consecuencia de incomodidad y fro; el hambre ocasionado por el repetido ayuno, es decir, una dieta escasa y casi carente de protenas e incluso de agua; la falta de sueo, ya que gran parte de este tiempo se dedicaba al rezo y a la meditacin; y, como colofn, los daos corporales producido por penitencias extremas como son coronas y cinturones de espinas, cilicios o cuerdas excesivamente apretadas o la frecuente autoflagelacin. Parece ser que a travs del castigo corporal, del dolor en definitiva, alcanzaban un estado especial que sacndoles del mundo terrenal, los elevaba a un estado superior.
	Todas estas penalidades continuas, y sobre todo este dolor corporal, creaban un estado anmico que Aldoux Huxley describe muy bien al estudiar a estos ascetas de la edad media, y cita entre ellos san Juan Mara Bautista Vianney, del que comenta:
 	Esto puede explicar por qu el Cur D'Ars sola decir en los das en que tena libertad para flagelarse sin misericordia, que Dios no le negaba nada. 
	En su estudio alcanza conclusiones que de alguna manera podemos aplicar a los galeotes ya que el citado autor piensa que cuando el remordimiento, el odio, el miedo aumentan la produccin de adrenalina e histamina y cuando las heridas infectadas vierten en la sangre protenas desnaturalizadas:
 	La eficacia de la vlvula reductora del cerebro disminuye y entran en la conciencia del asceta, aspectos desconocidos de la Inteligencia Libre, con la inclusin de psicofenmenos, visiones y, si est filosficamente y ticamente preparado para ello, experiencias msticas.
	En el transcurso de su investigacin sobre ciertas drogas, como el cido lisrgico, Aldoux Husley llega a la conclusin de que su accin es comparable al producido por los actos de los anacoretas antes descritos. Lo que conocemos de la vida del galeote quiz nos permita pensar que los sufrimientos que padecan en la galera, tan similares -eran azotados, sufran heridas infectadas, hambre, odio y miedo terrible-, actuaran en ellos como una droga alucingena de este tipo, aislando sus cerebros. 
	Se puede enlazar este estudio con un artculo que public Jos Mara Armengol en El Peridico de Catalua, del 30 de noviembre de 1997. En l describe la presencia de alucingenos en los restos de cerveza hallados en una vasija de la Edad del Bronce en un poblado ibrico de Mas Castellar, en el municipio de Ponts (Alto Ampurdn). 
	En este artculo habla de un reciente estudio del arquelogo de la Universidad de Barcelona, Jorge Joan, que descubri estos restos de alucingenos en el anlisis microscpico y qumico de las vasijas halladas en ambos poblados. Su estudio le ha permitido determinar morfolgicamente que entre la cerveza se hallaba adems el cornezuelo de centeno cuyo principal componente alucingeno es el cido lisrgico, elemento que se extrae para la droga conocida como LSD.
	Hay que recordar que, en ese tiempo de hegemona de la galera como buque de guerra, se mezclaban durante la panificacin toda clase de cereales y entre ellos el centeno, del que no se eliminaba el cornezuelo por desconocimiento de su naturaleza. Hoy sabemos que la accin vasopresora de la ergotamina, tomada con asiduidad, provoca sndromes isqumicos de los miembros, con necrosis y prdida de los mismos, hecho frecuente en la poca y que durante mucho tiempo fue achacado errneamente a la lepra, lo que nos confirma la presencia de dicho hongo en el pan.
	Por lo que sabemos, la alimentacin de los galeotes no era cuidadosa y se puede pensar que la harina empleada en la elaboracin de la galleta fuera de poca calidad y que la concentracin de centeno, y con l de cornezuelo, fuese muy alta y que, al no estar complementado por una alimentacin abundante y diversificada, determinase, en ocasiones por acumulacin, fenmenos alucingenos que se sumaran a los anteriormente descritos, por lo que el galeote, afectado por ambas causas, se encontrase en la situacin descrita por Huxley, en que la eficacia de la vlvula reductora del cerebro disminuye, y posiblemente huyeran as de la conciencia de su terrible realidad. 
	Pese a lo ltimamente expuesto me asalta una cruel y justificada duda. El Galeote de Sevilla, con mente despierta, y en sencillos y eficaces versos, describe claramente la realidad de estos desgraciados:
	Varias veces por huir
nos hacen que reventemos;
y en tan crueles extremos,
por alcanzar y seguir,
morimos junto a los remos.
 

