Cuando estamos en la taverna
Cuando estamos en la taverna,
no pensamos como nos convertiremos en polvo,
pero nos apresuramos a apostar,
que siempre nos hace sudar.
Lo que sucede en la taverna,
donde el dinero es anfitrion,
probablemente preguntaras,
y escucharas lo que yo digo.
Algunos apuestan, algunos beben,
algunos se comportan desenfrenadamente.
pero de aquellos que apuestan,
a algunos les es quitado todo
algunos ganan su ropa aqui,
algunos se visten en sacos.
Aqui nadie teme a la muerte
Pero ellos arrojan los dados en el nombre de Bacchus:
Primero esta el mercader de vino,
toma con libertinaje;
uno por los prisioneros,
tres por todos los vivos,
cuatro por los cristianos,
cinco por los muertos llenos de fe,
seis por las hermanas sueltas,
siete por los salteadores en la madera.
ocho por los hermanos errantes,
nueve por los monjes dispersos,
diez por los hombres del mar
once por los pendencieros,
doce por los penitentes,
trece por los viajers.
Para el Papa asi como para el rey
todos toman sin frenarse.
La señorita toma, el maestro toma
el soldado toma, el sacerdote toma
el hombre toma, la mujer toma,
el sirviente toma con la doncella,
el hombre rapido toma el hombre flojo toma,
el hombre blanco toma, el hombre negro toma,
el hombre establecido toma, el nomada toma,
el hombre estupido toma, el hombre sabio toma.
El hombre pobre toma, el hombre enfermo toma,
el hombre exciliado toma, y el extraño,
el muchacho toma, el anciano toma,
el obispo toma, y el diacono,
la hermana toma, el hermano toma,
la mujer vieja toma, la madre toma,
este hombre toma, aquel hombre toma,
cien bebidas, mil bebidas.
Cien monedas dificilmente
serian suficientes si todos
tomaran sin moderacion y sin medida.
Pero, ellos toman con mucha alegria,
nosotros somos a quienes todos creen abominaciones
y asi somos destituidos.
Que todos aquellos que nos calumnien sean malditos
y que sus nombres no sean escritos en el libro de los justos.