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SABES LEER,
ELLOS NO PODEMOS
CAMBIARLO Otra
vez Manos Unidas lo ha vuelto a hacer. Nuevo año, nueva campaña. Este
año se dedica al segundo de los objetivos del Milenio. En este caso centrado
en la Educación, al menos Primaria, para todos. Cuando tenemos datos que
confirman que varios cientos de millones de personas en el mundo, ¡hoy!, no
tienen acceso a la Educación Primaria, parece un reto casi imposible para ese
cercano 2.015, en que los dirigentes de casi 200 países que representan a
casi toda la población mundial, aprobaron cumplir éste y otros siete famosos
objetivos. El
lema elegido para la campaña se ha hecho a conciencia. Tan bien como nos
tienen acostumbrados. Se
resume en la idea saber leer todo
el contenido educativo. Y utilizando un nuevo estilo de silogismo, que, por
otro lado, recuerda mucho el viejo estilo bíblico de la abundancia prometida
donde no parece haber posibilidades. Me refiero incluso al cumplimiento de la
promesa mesiánica: "los ciegos ven, los cojos andan". Que en otras
ocasiones hacen referencia al juicio último: "tuve hambre y me disteis
de comer, tuve sed y me disteis de beber, ..." La
primera premisa va directa al lector: sabes
leer, omitiendo el tú, que es
el sujeto de la acción, y que como todos sabemos es el interlocutor de un yo
que habla. La
segunda premisa resalta el sujeto ellos
no, pero omite el verbo saben leer. La
conclusión como ya hemos apuntado antes es algo revolucionaria y supera la
lógica matemática habitual de los discursos humanos: podemos cambiarlo, omitiendo otra vez el sujeto, que en este caso
es nosotros. Rompiendo, o dejando
a un lado, cualquier posible enfrentamiento o conflicto que pudiera haber
entre tú y ellos. Con
seis palabras sólo, nada más con seis, hábilmente se introduce al lector que
no puede seguir siendo un espectador, tiene que implicarse. Pasa rápidamente
sí, con la velocidad a que estamos acostumbrados a vivir, de manera
trepidante, del didáctico ver, al juzgar, y, deja abierto al actuar. Es la
sabia metodología usada por la “Doctrina Social de la Iglesia” convertida en
ejemplo práctico. Y yo
me planteo acerca de la veracidad de la frase, y me pongo a dudar, y en
ocasiones a temblar con cierto escalofrío. ¿Es cierto que yo sé leer, o
simplemente sé juntar letras mecánicamente? Siendo
profesor de religión pienso que incluso mi trabajo de cerca de 18 años podría
resumirse con el esfuerzo por ayudar a mis alumnos de secundaria a aprender a
leer. Muchos pensarán que es una pretensión que se queda corta, pero me daría
con un canto en los dientes si lo hubiera logrado con mis alumn@s. Hablo aquí
de saber leer de verdad, despacio, en profundidad. Leer sacando jugo a las
palabras, de manera que cada alumn@ pueda recrear en su propia vida,
libremente, algo de los temas tratados en clase. Me
fijaré nada más en dos letras, la "r" y la "e". No es por
desechar las demás, sino porque de las seis palabras de la frase sólo una
carece de éstas, y es la palabra no. Que como palabra está bien, y además es
la que cuando se aprende, con dos añitos la dicen los niños, comienza a
desarrollar la personalidad y autoafirmación de cada un@ ;y, por supuesto, es
necesario usarla en situaciones tan intolerables como ésta. - La
"r", así en minúscula me recuerda un grifo, dispuesto a soltar un
agua sabrosamente rica. Sin esta letra en español no se podría decir ningún
infinitivo. Como consciente de su importancia es muy peculiar, puede parecer
hasta algo caprichosa, porque unas veces suena fuerte y otras veces suave; en
ocasiones se escribe doble y otras va sola. Por lo que sea, se ha convertido
en símbolo de tenacidad y de tozudez, pues siempre sigue erre que erre. - La
"e", es una vocal que sirve para llamar a alguien, lo que pasa es
que al escribir le añadimos una h al final. Aquí, algunos le añaden una
"i", como si fuera poco decir sola la "e", y otros, la
convierten en hey, aspirando la h. Pero se basta y se sobra para tener
sentido. Además es una palabra que debemos usar en sustitución de y, como
nexo de unión, cuando la que sigue comienza por el sonido “i”; para facilitar
la pronunciación y evitar cualquier posible cacofonía. En
este momento me fijaré sólo en dos palabras que empiezan por estas dos
letras, que cuando se juntan enriquecen casi siempre la palabra resultante,
aunque por su apariencia nadie diría que pudieran ser ni más ni mejores que
otras. Las palabras en que me quiero centrar son religión y respeto. Religión, se sabe que viene del latín, de al menos
dos acepciones: - Re-ligare. Sí, como la palabra ligar,
que significa unir, aunque aquí no se refiere a lo que hacen casi todas las
personas desde adolescentes. Se refiere a "re-unir", volver a unir,
o volver a percibir y establecer las relaciones existentes entre Dios y sus
criaturas; de las personas entre sí; y, entre las personas y el mundo,
naturaleza, o universo. De
ahí los cristianos decimos con los creyentes de otras religiones que existe
un orden establecido, desde “el principio”, que supera el caos, y en el que
tod@s estamos implicad@s. Y, la
otra acepción viene de "re–ligere":
curiosamente re-leer, del que no dejamos de hablar. También de aquí, surge, y
está muy relacionada con "re-eligere";
que tiene que ver con elegir, y con volver a elegir. ¡Qué importante es la
libertad de elección!, ¡y elegir bien! Respeto, que en italiano se usa, casi, con la
misma palabra latina que la precede, cuando se habla de mirar, y que viene de
"re-spectare". Qué
importante sería aprender a mirar de forma admirativa a los demás, y así ser
respetuos@s con tod@s sin importarnos su raza, religión, ideología y otras
cosas que nos diferencian; como dicen la Constitución Española, la
Declaración de Derechos Humanos de 1948, la actual Constitución Europea; y,
que también aparece en el Proyecto Educativo de Centro, en el Currículo de
cualquier asignatura, y en tantos sitios donde podemos dejar tan muerta la
palabra como bien escrita, por incumplimiento. Aprender
a respetar sería así aprender a remirar, o a mirar bien, de forma correcta
para ver adecuadamente: -
a uno mismo, y de ahí la importancia de la autoestima; -
a los demás, lo que nos hace capaces de ver a los otros como
iguales; así nace la empatía, que lleva a la amistad y el amor; -
a Dios. Sí, también hay que mirar a Dios con buenos ojos, aunque
siendo humanos no seamos capaces de verlo como si fuera con sus propios ojos.
De ahí nace la oración; -
a las cosas, para que se mantengan en el orden establecido. De aquí
nacen, entre otras, la economía, si hablamos de las relaciones que tienen con
las personas, en el aspecto de derecho y propiedad ; y la ecología, si hace
referencia a los seres vivos, plantas y animales de los que los humanos
tenemos la responsabilidad de cuidar bien. Sólo
he querido decir y repetir cosas que todo el mundo puede saber, lo mismo que
hace el lema que comento, "re-cordarnos"
(también del latín, volver a pasarnos por el corazón) a todos, pero que
podemos seguir sin creer que es posible, u oír como quien oye llover. En
cuanto a la conclusión, el lema es tozudo: podemos cambiarlo. El optimismo que denotan estas palabras no
deja de exigir un compromiso a todos. En este sentido, hay un filósofo alemán
que al hablar de los retos de la humanidad señala dos dificultades que
dificultan el progreso: la dispersión y la palabrería. Y en muchas ocasiones
tiene razón porque cada un@ vamos a lo nuestro, lo cual muchas veces provoca
enfrentamientos y conflictos por las, a veces, sin-razones más tontas;
aparte, de que cuántas veces se nos va la fuerza por la boca, y luego no
hacemos nada de lo prometido o muy poco. Y cuántas
reticencias más podemos apreciar para no sumarnos a la propuesta. El mayor
problema de la actualidad es que tod@s tenemos tantas cosas que decir y nos
paramos tan poco a escuchar. Parecemos vivir en un curioso Babel, que,
convierte la vida en un desierto, lleno de ruidos, y personas que hablan sin
que nadie escuche, rebajad@s así en gentes, o lo que es lo mismo, poco más
que entes. Se
les ha ocurrido a quienes realizan la campaña usar sólo seis palabras, y, que
para conseguir los objetivos propuestos, cuantas más manos unamos, más
posible será el cumplimiento. Cuant@s más seamos, sin excluir a nadie, mejor.
Me permito añadir algo que se sugiere y que todos hemos oído alguna vez:
"si quieres puedes"; en este caso, “si queremos podemos”. Lo que sí
podemos estar segur@s es que tendremos el mundo que seamos capaz de hacer,
porque otro mundo sí es posible. Esas
seis palabras, han sido escritas y no dejan de sonar convertidas en dardos
directos al corazón: Sabes leer, ellos
no, podemos cambiarlo. J.
Enrique Moreno |