El pósito de Torres.

Corría el año 1539, siendo Torres señorío de don Francisco de los Cobos, cuando en el Cabildo del 23 de junio se hace referencia a Francisco Ruiz, vecino de Torres, como depositario del pósito; por tanto podemos considerar como temprana la aparición del pósito de Torres, ya que estas instituciones aunque se remontan a la Edad Media, fue a lo largo del siglo XVI cuando empezaron a proliferar, no empezando a legislarse sobre ellos hasta 1584, año en que Felipe II dictó una Real Pragmática para la conservación y aumento de los pósitos de los pueblos. El pósito era una institución que tenía la misión de almacenar trigo, constituyendo un deposito de pan (así será denominado) con la finalidad de destinarlo a los pobres para socorrerlos en aquellas épocas que el grano escaseaba. El trigo almacenado era vendido a los panaderos y estos se comprometían a elaborar el pan de manera que la población pudiera adquirirlo a precios inferiores que el de las poblaciones cercanas. Esta función se llamaba panadeo, y durante mucho tiempo fue la fundamental en el pósito de Torres. Pero esta institución no sólo colaboró a socorrer con el panadeo a los individuos de una sociedad expuesta, año tras año, a padecer las penurias y calamidades provocadas bien por la sequía o por el contrario por el exceso de lluvias y con más persistencia en nuestro pueblo, siempre amenazado por las grandes tormentas; de modo que sus fondos también fueron destinados a pagar el salario del médico que no sin dificultades el pueblo procuraba costear del mismo modo, en ocasiones corría con el pago de medicinas para socorrer al vecindario. Además de las funciones expuestas, facilitaba el trigo a los labradores que carecían del mismo para realizar las siembras. A esta función se llamaba repartimiento y consistía en el reparto de trigo o de dinero que se repartía a los labradores para sembrar los barbechos. Estos prestamos se efectuaban principalmente en noviembre, para la sementera, y la cantidad prestada, tanto en grano como en metálico debía ser reintegrada al año siguiente pero aumentada, el trigo por media crez que solía ser de medio celemín por fanega y el dinero también era entregado a interés. Como vemos, esta actividad era puramente crediticia, facilitando, cuando el interés o crez no eran muy elevados, las siembras del campo que, de otra manera y en determinados momentos, no hubiera podido realizarse. Los llamados repartimientos fueron con el paso del tiempo, la actividad que perduró, pasando a un segundo plano y posteriormente desapareciendo las actividades benéficas. El pósito de Torres fue de carácter municipal, dependiendo por tanto del control del Ayuntamiento que era el encargado de conseguir los fondos para la compra del trigo. Y en efecto; en el año 1547, arrendó los montes de Trisla que eran propiedad del Ayuntamiento para con su renta contribuir al mantenimiento del pósito. En cuanto a la administración esta recaía directamente sobre el depositario, que era el encargado de administrar tanto los granos como los maravedíes que se encontraban en las paneras y arcas del pósito, además era el encargado de que se reintegraran los prestamos concedidos, debiendo presentar todos los años al cabildo municipal las cuentas; en las que quedaban reflejados todos los movimientos de entradas y salidas de grano y de maravedíes. El edificio del pósito estaba situado junto al Ayuntamiento; en él se guardaban todo tipo de medidas para el grano. Sus dependencias estaban destinadas, la mayor parte, a paneras para almacenar el trigo. El dinero era custodiado en un arca con tres llaves diferentes que para mayor seguridad que para mayor seguridad cada una quedaba en poder de personas distintas. Para concluir podemos considerar la beneficiosa función que desempeño el pósito en nuestra localidad; fue decayendo después de alcanzar su apogeo en el siglo XVIII; una de las causas de su decadencia y desaparición fue el mal uso de sus fondos, no en el ámbito local, sino en la esfera estatal, no en vano fue objeto de numerosas exacciones para contribuir a los gastos de la corona. Hasta aquí el papel desempeñado por el pósito, organismo que supo adaptarse al paso del tiempo y adaptar sus funciones a las necesidades que tuvo la población.

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