Los orígenes de Torres

La remota época en que la población primitiva del término de Torres nos ha dejado constancia corresponde al Paleolítico, lo podemos constatar por la experiencia de pinturas rupestres que se encuentran en la cueva del Morrón. Fueron descubiertas en 1981, y posteriormente han sido estudiadas por Manuel López Payer y Miguel Soria Lerma, a los que nos remitimos para el estudio de la citada cueva. Se llega al yacimiento, por el camino que desde Torres, en dirección norte, va hacia la cortijada de Trisla, cerca del puerto de su nombre, y desde aquí caminando unos 500 metros hacia la derecha. La altitud sobre el nivel del mar es de unos 1.000 metros. Para la entrada a la cueva, se desciende por una estrecha galería en la que al final nos encontramos con una gran sala circular de cuyo techo pendían un gran número de estalactitas, de las que sólo quedan restos debido a la destrucción de que ha sido objeto por parte de algunos visitantes. Al fondo de este espacio nos encontramos con otra pequeña sala en la que se encuentran las pinturas rupestres que evidencian la capacidad artística del hombre. Por su ubicación en esta zona obscura y escondida está catalogado como un santuario de fondo. Las pinturas, de índole esquemático, representan dos figuras de animales que corresponde a una cabra y a un jabalí. La primera figura, con una longitud máxima de 20 centímetros, está realizada con un trazo único, en color rojo, que indica el perfil del animal, por la posición de sus patas parece que está en movimiento. La segunda figura, el jabalí, presenta mayores dimensiones (26 centímetros) y está compuesta en negro; ambas figuras están separadas por una distancia de 50 centímetros. En cuanto a su interpretación y en base a paralelismos etnográficos, el color rojo simboliza la vida, y el negro la muerte, por lo que las pinturas representarían a un mismo animal, el rojo estaría vivo y el negro muerto. A excepción de una hoja de sílex hallada en el interior de la cueva no se han encontrado restos de útiles que hubiesen permitido fechar con máxima precisión estas pinturas; no obstante, según los estudios de López Payer y Soria Lerma, corresponderían al período Magdaleniense, alrededor del año 9.000 antes de nuestra Era. Su hallazgo supone un hecho de gran importancia, pues hasta la actualidad se trata del único yacimiento de pinturas paleolíticas en la provincia de Jaén. Otro yacimiento de gran importancia, es el que se encuentra en el Cerro de Alcalá, en la margen izquierda del río Torres, lugar que por su elevación era muy apropiado para los asentamientos íberos. En él se han documentado etapas culturales muy distintas: cobre, bronce, ibérico, romano y medieval. Es una amplia meseta en la que se aprecian restos de una compleja muralla, columnas, estatuas etc., pertenecientes a "Ossigi" ciudad íberoromana en la que según los resultados de las excavaciones dirigidas por Iván Negueruela, se han localizado dos necrópolis, una de "Las Tosquillas" y otra de la "Era alta de Caniles". La primera se trata de una necrópolis protoibérica, fechada entre los siglos VII-IV antes de nuestra Era, y la segunda es ibérica y corresponde al siglo V antes de nuestra Era. En la zona de "Las Ventillas" existe otra necrópolis con tumbas excavadas en la roca, sin que aparezcan elementos cerámicos que indiquen la fechación exacta. El yacimiento de Cerro de Alcalá, se cree que es la "Ossigi Latonium" citada por los autores antiguos clásicos. Los restos arqueológicos muestran una zona habitada de gran extensión, en ella aparecieron vestigios de acueductos, columnas, capiteles, basas, cornisas, ladrillos, tégulas, monedas y varias inscripciones que muestran claramente la presencia romana en nuestras tierras. Otros yacimientos que evidencian la existencia de asentamientos romanos por los restos de cerámicas encontrados en ellos, como terra sigilata, tégulas, etc., son los situados en el Cortijo del Zarcejo, Las dehesas, Los Peñoncillos, Las Fuentes, Recena, Cerrillo de Recena y Pulpite. En este último y en Los Ventorrillos, además se han encontrado fragmentos de cerámica ibérica. La mayoría se encuentran en vías de destrucción, y no siempre por causas naturales sino por el expolio humano, lo que debería evitarse concienciándonos de que su preservación es fundamental porque es el único elemento de que disponemos para reconstruir el proceso histórico de las comunidades prehistóricas y antiguas. Con esta multiplicidad de asentamientos, lo que se desprende es que nuestros antecesores se remontan a las primeras poblaciones de nuestra península. Quizás la altura como la garantía de defensa y la riqueza en aguas, elemento indispensable para la inicial cultura agrícola serían las razones que les inducirían a instalarse y a preparar la cuna y el solar de nuestro pueblo.
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