La Orden de Calatrava. La Villa de Torres bajo el dominio de los Calatravos.
Podríamos afirmar de entrada que el señorío de la Orden de Calatrava se estableció desde el siglo XIII como el principal bastón defensivo frente a los musulmanes del reino granadino y como un fortificado centinela que cuidara los principales pasos abiertos en el sector montañoso del subbético. Por eso su núcleo geográfico se centró fundamentalmente en el sector suroeste, en torno a la puerta de Martos de la que se constituyó un eficiente guardián durante los siglos bajomedievales. El respaldo económico y militar a sus tareas fronterizas lo proporcionaron desde el siglo XIII numerosas poblaciones asentadas en torno a Martos, en la fértil campiña jiennense, de las que destacaron Porcuna, Jamilena, Torredonjimeno, la Higuera y Lopera. El núcleo de Sabiote en el sector central del reino de Jaén jugó el papel, desde el siglo XIV, de necesaria plataforma de apoyo que enlazara el puerto de Muradal con las aperturas que proporcionaban las famosas Bedmar y el Guadiana Menor, puertas de contacto entre los mundos cristiano y musulmán, por cuyas razones atrajo en su día las ambiciones de la mitra toledana. Un nuevo punto de apoyo en este camino hacia la frontera lo proporcionaba el poblado de Canena, cuyo dominio fue compartido entre la Orden de Calatrava y la de Santiago. Otra plataforma defensiva asignada a los calatravos en el sector meridional de estas tierras, al pie mismo de las montañas subbéticas, fue el formado por las villas de Torres y Jimena y el Heredamiento de Recena que al menos desde el siglo XV quedó sujeto a su jurisdicción. La entrada en su patrimonio hacia mediados del siglo XV de la villa de Arjona y su término amplió la zona defensiva de su jurisdicción e incrementó los ingresos de su hacienda gracias a la gran fertilidad de estas tierras. Aparte de estos significativos respaldos militares y económicos la Orden contó con numerosas propiedades rústica y urbanas dispersas en la loma y la campiña. Destacaron entre estos los bienes asentados en el término de la ciudad de Jaén, para cuya administración debió crearse el priorato de san Benito. En general los calatravos ejercieron sus derechos señoriales en sus territorios por medio de varias encomiendas agrupadas desde la segunda mitad del siglo XV en dos grandes partidos: el de Arjona y el de Martos. El de Arjona agrupaba las villas de Arjona, la aldea de su término Arjonilla Porcuna, Lopera e Higuera de Arjona. Y el de Martos formado por Torredonjimeno, Higuera de Martos, Santiago y Jamilena, así como otros enclaves detentados por la Orden en diferentes puntos de la provincia, como Torres, Jimena, Sabiote y un barrio de Canena. Bien entrado el siglo XVI Francisco de los Cobos aprovecha con gran habilidad la coyuntura y en pocos años ponía bajo su dominio personal las poblaciones de Sabiote, el Barrio de Canena, Torres, Jimena y el Heredamiento de Recena.
La Villa de Torres Bajo el dominio de los Calatravos. Ciñéndonos a los límites cronológicos que nos indica él titulo de nuestro trabajo, hemos de comenzar nuestra exposición en 1285, año en que Sancho IV de Castilla donó la Villa de Torres a la Orden Militar de Calatrava. Con esta cesión Torres dejó de pertenecer al concejo realengo de Baeza en cuyo alfoz estaba incluido desde 1231. La motivación de esta dotación por parte de Sancho IV respondía al deseo de la monarquía de premiar la intervención militar de la Orden en las campañas contra el Islam. Los territorios ofrecidos por los monarcas pertenecían a zonas recién conquistadas, por tanto, formando parte de la frontera del Reino de Granada. El caso de Torres responde a esta afirmación, puesto que su emplazamiento en 1231 representaba el punto más avanzado de las tierras conquistadas. La Sierra de Mágina, que separaba las tierras castellanas de las musulmanas, protegía de forma natural el enclave de Torres; no obstante, la importancia de su carácter estratégico venía representado porque guardaba uno de los pasos que cruzaban la sierra y desembocaban en tierras enemigas. Para su defensa, Torres contaba con un castillo. Su carácter de fortaleza podemos constatarlo por el aprovisionamiento de armas que todavía en 1492 mantenía. Los calatravos, encargados de asegurar la defensa tuvieron que enfrentarse al problema que suponía el establecimiento de nuevos pobladores en un territorio fronterizo que lógicamente no era apetecible. Por tanto, la zona habría que dotarla de algún atractivo que compensara las dificultades que presentaba la cercanía de los moros del reino granadino. Ello fue lo que pretendió en 1327 el Maestre Frey Juan Núñez, al eximir del pago de impuestos a todas las gentes que se decidieran habitar nuestra tierra. Conforme fue avanzando la conquista y Torres se fue alejando de la frontera, las condiciones de inseguridad fueron desapareciendo, lo que trajo consigo un aumento poblacional. Sobre el origen de los pobladores, Ignacio Ahumada argumenta que podrían proceder de Cuenca, Valencia y el área catalana, basándose en la existencia de la palabra "rosoli" denominación de un licor de gran arraigo en la provincia de Jaén y en las zonas anteriormente citadas, por tanto, no descarta que el vocablo migrara de la zona de Levante y Cuenca hasta Jaén, por lo que respecta a Torres, en la documentación consultada el uso del licor es frecuente que aparezca en cualquier tipo de festejos que la villa de Torres celebraba, así lo hemos constatado al menos desde el siglo XVIII. En 1460 la población de Torres había experimentado tal aumento demográfico que fue preciso que las casas se construyeran fuera del recinto amurallado. En los años sucesivos el crecimiento no se detuvo, y en 1500 el crecimiento de la población dio lugar a la creación de la actual plaza del Ayuntamiento, que quedaba fuera del recinto amurallado, y en la que se construyeron varios edificios públicos, un pilar y un rollo o picota. El objetivo perseguido por los comendadores que gobernaron la villa en los comienzos de la Encomienda se limitó a la defensa y poblamiento de la zona. Pero conforme avanzaron las conquistas cristianas esa finalidad dejó de tener sentido, la actuación de los comendadores se transformó, y la explotación del territorio y sus gentes fue una de las pautas que marcaron su comportamiento. Así en 1486 los habitantes de Torres soportaban una situación de marginación impuesta por el Comendador Mendoza. Oprimidos por agobiantes cargas, obligados a trabajar con salarios insuficientes y a veces nulos, las clases populares protagonizaron un movimiento reivindicativo que fue materializado en una protesta que hicieron llegar hasta el Maestre de la Orden. A lo largo del período que estamos tratando, las principales actividades productivas eran las agroganaderas. La ganadería fue la primera actividad económica que se realizó porque el ganado podía trasladarse de un lugar a otro cuando el peligro fronterizo lo recomendase. El término contaba con buenas tierras de pastos que eran adehesadas para su explotación. A finales del siglo XV tenemos noticias de la existencia de al menos dos dehesas. También se explotaba la corta de maderas y el carbón que de su quema se sacaba. Otro aprovechamiento era la caza, fundamentalmente de osos y jabalíes. Entre las actividades artesanales hay que destacar la fabricación de tejas, producción de lino y la transformación de productos agrícolas para lo que existían varios hornos y molinos. En las zonas cultivadas predominaban los cereales, viñas y olivar. Sin olvidar las excelentes huertas que, regadas por el río Torres, ya producían buenas frutas y hortalizas. Sobre las manifestaciones religiosas, a comienzos del siglo XVI, tenemos constancia de la existencia de tres ermitas: Santa María de la Fuensanta, San Nicasio y Santa María del Rosel, y ya estaba arraigada la devoción a la Virgen de la Cabeza. También la asistencia social, ligada a una cofradía de religiosos instalada en la localidad, está representada por la existencia de un hospital para acoger a los pobres. Podemos concluir diciendo que durante los siglos que Torres permaneció bajo el dominio de la Orden Militar de Calatrava la organización de su gobierno, economía y formas de vida dependieron del arbitraje y control de esta institución de monjes-soldados. En primer lugar respondió a las características propias de lo que realmente era, una tierra fronteriza con problemas de poblamiento, y más tarde sus bienes territoriales fueron explotadas en buena medida a favor de la Orden. La administración del Maestrazgo de las Ordenes Militares fue encomendada a los Reyes Católicos con el compromiso de que sus bienes no fuesen enajenados, pero las necesidades económicas de Carlos V impidieron que el pacto se respetara, de modo que el monarca procedió a vender los territorios de la Orden. Así, en 1539 Carlos V vendió la villa de Torres a su secretario Francisco de los Cobos, los Marqueses de Camarasa, ostentaron el poder en la villa hasta mediados del siglo XIX