De asentamiento
medieval a Encomienda
Actualmente no se conservan vestigios arquitect�nicos del pasado
medieval de Torres, sin embargo son diversas las referencias documentales, que
evidencian la presencia de pobladores en estas tierras durante la Edad Media.
Concretamente son dos los documentos datados en 1231 y 1243, que mencionan a
Torres tras la conquista cristiana; en ambos se procede a la delimitaci�n del
territorio (alfoz) del concejo y la di�cesis episcopal de Baeza. Seg�n el privilegio
de 1231 otorgado por Fernando III a la ciudad de Baeza, Torres pose�a alfoz
propio: "El de Ferrumblar per Guadalquevir ad sursun usque ad Torres sicut dividit
terminum cun Iahen el do vobis Torres cun suo termino...", lo que supone, seg�n
M. Jim�nez y T. Quesada, que dispon�a de un territorio organizado, y que tal
organizaci�n territorial, sin duda alguna, tuvo que configurarse con anterioridad
a la conquista castellana. De forma semejante a lo ocurrido con otras zonas
de Sierra M�gina, en �poca isl�mica el t�rmino de Torres aparec�a poblado por
peque�as aldeas o alquer�as (qura) situadas en los m�rgenes del r�o Torres,
lo que facilit� el desarrollo de una agricultura de irrigaci�n, organizada en
terrazas, en la que se cultivaban productos hort�colas, junto a cereal y olivo.
Cultivos que seg�n los textos escritos, a�n predominaban a finales del siglo
XV. Estos n�cleos rurales utilizaron como refugio com�n (Hisn) un asentamiento
emplazado sobre un punto estrat�gico de la ladera suroeste del Aznait�n, posiblemente
reutilizando antiguas estructuras de fortificaci�n iberorromanas. Quiz�s a ellas
haga referencia el top�nimo de Turrus (torre), y que como han se�alado M. Jim�nez
y T. Quesada se trata de un nombre pre�rabe que pod�a identificarse con el lugar
de asentamiento de una poblaci�n mulad�, la cual tras ser islamizada y mezclarse
con los nuevos grupos �rabes, conserv� su antigua denominaci�n romana. De hecho,
algunos asentamientos de la zona permanecieron habitados de forma ininterrumpida
desde �poca romana, como lo confirman los restos arqueol�gicos documentados
en el yacimiento de las Ventillas, donde se han localizado algunas tumbas antropom�rficas
excavadas en la roca de claras caracter�sticas visigodas (siglos V-VIII despu�s
de Cristo). Todos estos datos nos muestran la presencia de un importante sustrato
de poblaci�n ind�gena (mulad�es) habitando estas tierras en �poca emiral (siglos
VIII-X despu�s de Cristo). Como ha puesto de manifiesto M. Salvatierra, la mayor
parte de las fortificaciones de esta zona de sierra quedaron integradas en el
territorio perteneciente a los Banu Habil, rebeldes mulad�es que a finales del
siglo IX y principios del X rechazaron la autoridad del Emir "Abd Allah". El
propio municipio de Torres pudo constituir uno de estos castillos rebeldes,
que finalmente fue sometido por el Emir "Abd al Rahman III" durante la llamada
campa�a de Montilun. Posteriormente, la proximidad de los ej�rcitos cristianos
al Valle del Guadalquivir, provoc� una intensa reestructuraci�n de sus elementos
defensivos, proceso que alcanzar�a sus cotas m�s altas tras la consolidaci�n
en Sierra M�gina de la Frontera con el reino Nasr� de Granada. Como ya hemos
indicado, una vez que Torres fue conquistada por los ej�rcitos castellanos qued�
integrada en las tierras del concejo de Baeza. No obstante, en el a�o 1285 pas�
a formar parte de las posesiones de la Orden Militar de Calatrava, tras ser
donada por el Rey Sancho IV el Bravo, junto con los castillos de Coll�n y Canena.
Con el objetivo de consolidar el control de este t�rmino y fomentar su repoblaci�n,
la Orden emprende importantes obras de fortificaci�n, construyendo un nuevo
alc�zar, que convierte en la casa de la encomienda y residencia del Comendador
y edificando una muralla defensiva que circundara el n�cleo de poblaci�n. De
ambos, desafortunadamente no se conserva ning�n elemento arquitect�nico, pero
s� en numerosas referencias recogidas en los libros de visitas de la Orden de
Calatrava de finales del siglo XV. En un principio Torres y Canena formaban
una sola encomienda, que desaparece a finales del siglo XV, al incrementar la
Orden de Calatrava sus posesiones en la zona de Sierra M�gina. La permuta efectuada
por don Luis de Guzm�n, Maestre de Calatrava, de los poblados de Maqueda, San
Vicente y Colmenar por los n�cleos de Arjona, Arjonilla, la Figuera, Recena
y tres cuartas partes de Jimena configur� el territorio de la encomienda de
Torres, Canena y el Heredamiento de Recena. Seg�n E. Solano, el desarrollo alcanzado
por esta poblaci�n a finales del siglo XV fue tal, que se hac�a necesario ampliar
la iglesia e incrementar el n�mero de molinos y de hornos. Estas necesidades
fueron continuamente reclamadas por sus vecinos al Comendador, pero como �ste
no atend�a a sus peticiones, los vecinos, apoyados por los propios visitadores
de la Orden, consiguieron que se pusiera plazo al Comendador para entregarle
la parte necesaria de sus bienes si no acced�a a sus requerimientos.