El Cerro de Alcalá
Es a partir del Neolítico hacía el IV milenio antes de Cristo y sobre todo en la etapa siguiente, el Calcolítico, en torno al III milenio antes de Cristo, cuando se va consolidando una economía productora, y la zona empieza a poblarse. En esos momentos se inicia la primera ocupación del Cerro de Alcalá. Las comunidades agrícolas del Guadalquivir contactaron con las poblaciones de las sierras meridionales, y se empiezan a encontrar asentamientos asociados a los fértiles suelos de la zona de la vega, donde se empezará a desarrollar la producción agrícola. Irrumpirá ahora el fenómeno megalítico en los rituales funerarios, enterramientos de carácter colectivo con una amplia variedad formal, que aunque no se han documentado por el momento en este término, si aparecen en zonas próximas. Tenemos un vacío de información para este término municipal hasta finales del II milenio y los inicios del I milenio antes de Cristo, coincidiendo con el denominado Bronce Final, momento en que se vuelve a ocupar el Cerro de Alcalá. A estos momentos del I milenio antes de Cristo corresponden algunas cerámicas y elementos metálicos que procedían de pozos o simples "loculi" que encerraban urnas con incineraciones, cubiertas de fuentes carenadas. También de aquí parecen proceder unas cerámicas con decoración pintada, orientalizantes, que denotarían la influencia tartésica en la zona. A partir de esos momentos las poblaciones de la zona evolucionaron adquiriendo los rasgos propios de la cultura ibérica, y el Cerro de Alcalá será uno de los oppida del siglo IV antes de Cristo, que continuará ocupando en los siglos siguientes hasta época romana. La excavación de dos de las necrópolis puso al descubierto numerosas tumbas, siguiendo el ritual de incineración ibérico, algunas de ellas de gran tamaño, revestidas con adobes. Junto a ellas se documentaron algunos "ustrina", lugares donde se incineraban los cadáveres El paso del siglo IV al III antes de Cristo, muy complejo en todo el Alto Guadalquivir, también lo fue en esta zona. El Cerro de Alcalá, que bien pudiera ser la Ossigi a la que hacen referencia las fuentes escritas, quedaría en el área bastetana. A la etapa ibérica, en una fase ya tardía, entre finales del siglo II o inicios del I antes de Cristo pertenecía un vaso de plata con inscripción ibérica que se encuentra en el museo del Louvre, y que se conoce como vaso de Torres. Se trata de un hallazgo fortuito, del que se desconoce su procedencia con una inscripción en la parte superior junto al borde; los signos utilizados pertenecen a la llamada escritura meridional, siendo una de las más antiguas inscripciones ibéricas que se conocen. A partir de la conquista romana de la Campiña de Jaén, se observan algunas transformaciones en el paisaje que se acelera a partir del siglo I después de Cristo, cuando Ossigi ostenta algún tipo de estatus privilegiado que configura lo que inicialmente fue el oppidum ibérico del Cerro de Alcalá como municipio romano. La municipalidad de Ossigi se manifiesta no sólo en este núcleo urbano, sino también en una transformación sistemática del territorio adscrito a la comunidad. Reflejo de ello es la sistemática implantación rural de una estructura de hábitat permanente basada en el modelo de la villa, donde el campesino propietario reside en su fundus. Algunos sitios que reflejan esta situación serían los del Cortijo del Zarcejo, Las Dehesas, Los Peñoncillos, Los Ventorrillos, La Zarzuela, La Tosquilla o Pulpite, que presentan en superficie vajilla de terra sigilata, revestimientos de estucos, cubriciones de tégulas y toda una serie de cultura material adscribible a este mundo.