uinua

      

Debemos apurarnos, decía mamá mientras guardaba envuelto en un mantel un posillo con trucha frita que llevaríamos al paseo, mamá es "campo maestro ", ella es profesora, trabaja en el campo en la comunidad campesina de Suchis. Era inicio del año escolar y para festejar el reencuentro con sus alumnos decidimos ir de paseo. Alistamos nuestra bolsas y emprendimos el viaje. Un camión muy viejito que hacia el ruido de diez nos llevaría a nuestro destino… Ya en el camino veía como los campesinos cosechaban papa, otros hacían los hornos para preparar "huatia", un techo mas abajo observé unas plantitas de colores rosado, morado y blanco, al preguntar que era mamá me contesto que era la planta de la quinua. Me quede sorprendida y maravillada, era la primera vez que ví la quínua; es muy bonita, pero ¿saben? El camión nos mecía, nos sacudía, nos empujaba adelante y atrás ... como lo hacen los juegos mecánicos, es por los huecos de la carretera …. Hasta que llegamos a Suchis.

Parados en el camino los alumnos nos esperaban ansiosos, luego de bajar del camión nos fuimos directamente a orillas del río Suchis.

Ya llegábamos cuando se elevaron unas hermosas mariguanas; igualitas a las del sueño de San Martín, muy alegres los alumnos se metieron al río. El agua estaba fría. Yo quería ir pero tenia miedo que me dolieran los huesos. Mamá me explico entonces que los niños que se crían en el campo no sufrían de dolor de huesos y no tenían muchas enfermedades que desde pequeños su alimentación rica en calcio y natural que comían mazamorra de quinua con cal hacia que estuvieran protegidos.

No es que desprecie las golosinas pero deberían preferir la comida natural y los chizitos con gaseosa algunas veces estaba bien cambiarlas por galletitas de chuño con un buen vaso de chicha de maíz.

Aquí en el aire es fresquito se siente como llegan a los pulmones, el cielo es azulito y se escucha los gritos de alegría de los alumnos de mamá…. Mis hermanos peruanos, mis amigos.

Llego entonces la hora del almuerzo, nos sentamos en circulo pero organizados en siete grupos,… el grupo de los cóndores trajeron de fiambre ocas, izaño, papas, chuño y carne cocida, el grupo de incas trajeron quispiño, queso y carachi hervido, el grupo de las ñustas trajeron pesque de quinua con bastante queso y de refresco agüita de yerba buena.

El grupo de las palomitas trajeron patacaldo que se parece mucho al chairito y un poco de revuelto de chuño negrito. Y el ultimo grupo las vicuñas trajeron de fiambre ……¡hay! Que alegría trajeron mazamorra de quinua con cal que fortalece los huesos …. Entonces ahora si podré bañarme.

Pasada una hora después de comer un poco de mazamorra de quinua y trucha frita que unimos todos los grupos y nos fuimos a bañar cantando de alegría de tan bonito reencuentro del año escolar, el río no es profundo es tranquilo en aquel hermoso lugar pero cuidábamos de no arriesgar nuestra felicidad.

Ya era hora de irnos a casa el sol empezaba a esconderse y mis amiguitos nos despidieron cuando llego el mismo camión que nos trajo en la mañana después de algunas recomendaciones por parte de mamá nos dijimos ¡hasta otro paseo!..

Una frenada fuerte nos aviso la llegada, me había quedado dormida de tanto jugar y al bajar del camión pude darme cuenta que las señoras que bajaban junto con nosotras traían para vender en la cuidad bastante queso leche y huevo me puse a pensar los bueno e importante que son esos productos que se deben de aprovechar y hacer unas propagandas como los hacen otros productos en la Tv. También se reían porque el polvo de la carretera había teñido nuestro cabello por unos minutos ellas decían que habíamos llegado gringas

Creo que ese tinte natural no hace tanto daño como los tintes químicos que de usan en los salones de belleza,- con un poco de agua esta la solución.

Una vez en casa conté todo lo ocurrido a mi papá y a mi abuelito quien siempre me da consejos, me dijo que si quería sacar buenas calificaciones debería ser dos cosas, la primera y la mas importante estudiar muchísimo y la segunda tomar caldo de carachi que tiene bastante fósforo, además si quiero estar sana y fuerte debo comer comida natural, la comida de nuestros incas... y ¿saben? Ellos tienen razón practicaré sus consejos, sacaré buenas calificaciones, seré una niña sana y el orgullo de mi Perú.









l reyno de los sapitos

      

Yo vivo en La Rivera, cerquita al majestuoso e indomable río Mantaro, y todas las mañanas salgo a correr con mis hermanos y nos divertimos escuchando nuestros pasos en la carretera, porque nos estamos preparando para ser grandes atletas y poder correr como los dioses, pues aquí en Huancayo todos corremos preparándonos para la Maratón de Los Andes, para ser igualito a una gacela jovencita que este año se fue a Paris (Inés Melchor). En el camino a veces nos vamos derechito al río y allí encontramos a los más fervientes, creyentes y católicos animalitos creados por diosito; los sapitos. Dije católicos porque ellos rezan para que a nosotros no nos pise o atropellen carros; porque por aquí, a veces, muere un atleta atropellado.

¿Dije rezan?

¡Claro... rezan! .

Nosotros los hemos escuchado porque a diario nos los encontramos en nuestro camino ¿Ustedes no los han escuchado?

Nosotros sí, a su rezar lo llaman croar y de esa forma se piden a Dios y Diosito les concede su deseo.

Nos han dicho que ellos les piden lluvia a diosito y diosito hace llover. Cuando piden sol, hace sol y los sapitos están más felices que nunca. Diosito no les falla a los sapitos. El no falla nunca nada. Pero cuando se mata a un sapo. Diosito llora, porque han matado a su hijo más chiquito, verdecito y católico: nuestro sapito. Entonces: ¿por qué creen que llueve mucho?

En esos días ya no salimos a correr y lloramos de pena por los sapitos que de a poquito ya no hay más en La Rivera, a veces los matamos sin saber que son nuestros amiguitos. Y otras veces los vendemos en la feria para hacer estracto que sana todos los males. Cuando vivamos en el reyno de los sapitos, todo esto cambiará, si no, no existiría diosito.









l Tac ra rac

      

Una tarde, cuando el sol ya casi se oculta, reunidos varios abuelos hablaban sobre sus historias cuentos de mi pueblo. Yo, Cayrd, estuve pasando por allí muy atento a las conversaciones de los abuelos. Luego de escucharlos empecé a escribir este hermoso cuento del Tac ra rac.

Cuentan que en el Anexo de Saños chico, del distrito de El Tamo, Departamento de Junín, en la Tierra del Dios Huallallo Carhuancho lo cual es símbolo y logotipo del escudo de la UNCP; dicen que hace muchos años, existía una abuelito conocida con el nombre de la abuelita Iñicha Y que vivió hasta los 108 años. Por las noches hace asustar a los pobladores del anexo sobre todo en los lugares desolados y en la mala hora.

Dicen que la abuelita era hija única de un hacendado conocido como pistacho que mataba a las personas por dinero o por placer. También cuentan que este pishtaco mataba a la gente para vender órganos para transplantes; también extraída la grasa de gente en grandes cilindros a base de fuego, después de convertida en aceite humano lo vendría a las grandes empresas para comercializarlo como aceite para maquinarias pesadas, para los aviones, etc, también capturaba a la gente para venderlos y enterrarlos vivos en las estructuras de los puentes para tener consistencia. Así era el malvado Pistacho, que para buena suerte del pueblo ya no existe Su hija Iñicha, hija única siempre le acompañaba en sus actos, por eso después de su muerte se habría condenado por ser malvado su padre y que su hija pagaría la culpa como castigo de Dios.

Dicha abuelita murió soltera y que de muchacha tenía muchos enamorados que eran sus primos y familiares. A ella le gustaba comprar ellas, platos, cucharas, tazones y otros utensilios para su casa y que le servirían cuando esté casada. Pero por la maldad acumulada en su generación familiar anterior como asesinos, explotadores, malvados pishtacos, nunca se casó.

La abuelita Iñicha cuando dormía no descansaba normalmente, descansaba parcialmente. Parcialmente n porque dormía a la expectativa, sino que a eso de media noche su cuerpo se quedaba dormido en su cama y su cabeza salía para andar por las calles de Saños Chico y sus alrededores haciendo asustar a la gente y en busca de utensilios como : ollas, platos, cucharas, tazones y latas viejas y amarrados con pitas de colores se colocaba en su cabeza para arrastrarlos por el suelo los cuales sonaban y hacían ruidos escalofriantes y asustaba a la gente cuando pasaba por cualquier lugar.

La abuela Iñicha, pues se había condenado por tener relaciones sexuales con sus primos y familiares y por todas las maldades que junto a su padre posiblemente habría cometido. Ya la gente del pueblo le tenía miedo y que casi nadie se le acercaba porque la gente contaba que cuando dormía su cabeza a media noche salía y que su cuerpo seguía durmiendo en su cama y a eso de la madrugada retornaba a su cabeza para que su cuerpo nuevamente despertaría y como si nadie se diera cuenta se levantaba muy temprano.

El día de su muerte sus familiares con asistencia de unos cuantas personas lo enterraron en el Cementerio de Saños Chico para que descansara en paz. Al siguiente día de su entierro hicieron su lavatorio en el lugar donde actualmente lavan la ropa de los muertos de los fallecidos del anexo (Canal de irrigación Sais Cahuide) después de poco tiempo, se dieron cuenta sus familiares que su cuerpo había muerte, pero que su cabeza no. Dicen que su cabeza salía del cementerio a media noche y seguía andando haciendo asustar a la gente con su sonido escalofriante de: Tac ra rac, tac ra rac.

En la actualidad, dicen que por las noches la Cabeza de la Abuela Iñicha conocido como el tac ra rac sigue andando haciendo asustar a los pobladores de Saños Chico. También a veces anda por el lugar del canal de irrigación allí donde lavan ropa para asustar a la gente que cuando escuchan el ruido del tac ra rac sus cuerpos se ponen esponjosos y pareciera que caminaran por el aire de tanto miedo.

Por eso a todas las personas del anexo de Saños Chico y sus alrededores, tengan cuidado con la abuelita Iñicha más conocida como el tac ra rac, porque su cabeza sigue viva y anda arrastrando ollas, platos, cucharas, latas y tazones amarrado con pitas a su cabeza.

A todos los niños niñas de nuestro pueblo le suplicamos que ya no anden por las noches, que allí vienen el tac ra rac para asustarlos y comérseles sobre todo a los que no hacen la tarea escolar.









l valor de Luciano

      

En el cielo existían muchos ángeles y en especial había uno que le gustaba mucho los niños., pero Dios cada cierto tiempo encargaba a cada ángel ser el cuidador y protector de cada niño que existe en la tierra, pero como este ángel era bueno con los niños. Dios le mencionó que podría escoger al niño de quién sería su Ángel Guardián, y este ángel escogió a Luciano, quien era un niño muy pobre. Luciano sufría mucho porque su mamá estaba muy enferma y no tenía dinero para comprar sus medicinas. El ángel al ver esto, le solicitó a Dios que ayudara a Luciano, entonces Dios le dijo al ángel:

-Ya que has escogido a un niño y sobre ttodo a un niño pobre, yo mismo te daré poderes para que puedas ayudar a este niño. Entonces el ángel aceptó.

El ángel siempre encontraba a Luciano llorando por su mala suerte de tener a su madre enferma, se ponía a rezar a Dios pidiéndole que su madre se recupere.

Un día cuando caminaba junto a su madre, Luciano se encontró una billetera conteniendo muchos billetes, que era suficiente para que pudiera internar a su madre en el hospital. Luciano deseaba quedarse con la billetera, y al seguir buscando encontró una dirección que no conocía, entonces persistió en quedarse con la billetera y su contenido, pero al descubrir eso su madre le dijo:

-Hijo, la salud no sólo está en el cuerppo, sino también en el alma, no nos beneficiamos con algo que no durará, ese dinero no nos pertenece, si bien necesitamos el dinero, pero no sabemos la falta que puede ser también para su dueño.

-Pero madre, lo encontramos y es nuestroo ahora. Dijo Luciano.

-No, podemos encontrar riquezas, pero quue sea a causas de nuestro trabajo. Hay que devolver ese dinero, ahí tienes la dirección -dijo su madre-

-Está bien madre, haremos lo que digas, por último eso nos enseñó la vida -contestó Luciano muy triste-.

Entonces iniciaron a buscar la dirección que habían encontrado en la billetera, y en eso se apareció un viejecito y le dijeron:

-¿Usted conoce esta dirección?

-El viejecillo al leer la dirección conttestó. Solo tienes que llegar a esa casa en la cima de ese cerro, apuntando había un cerro muy alto, y preguntar a la persona que sale.

Entonces siguieron su camino hasta llegar a lugar indicado, tocaron y tocaron, pero nadie abrió la puerta, entonces decidieron regresar a casa. En momentos que se prestaban a regresar una voz les hablo:

-No se preocupen, el dueño no tarda en rregresar. Es mejor que pasen y se sirvan lo que él mismo preparó.

-No, mejor volvemos mañana, le dice eso al dueño por favor, respondieron sin imaginarse de donde salía dicha voz.

-¿Mañana?, él ya no estará, él se irá dee viaje. Dijo la extraña voz.

Y al percatarse Luciano, en verdad ya había anochecido, el camino de regreso ya no era visible, por lo que decidieron hacer caso a la voz.

Ingresaron a la casa y vieron un cena servida, había dos platos, dos tazas , dos cucharas, dos cucharitas, entonces Luciano se preguntó:

-¡Quién vivirá aquí?

-No se, pero quien sea, parece que supo que vendría visita. Dijo su madre.

En esos instantes de nuevo escuchan la voz y les dijo:

-No van a probar la cena, miren que se ppuede enfriar.?

Al escuchar eso, iniciaron a comer, pero Luciano tenía la curiosidad de saber de quien era esa voz y preguntó:

-Señor, ¿usted tiene nombre?

Pero nadie le contesta, entonces volvió a preguntar, pero tampoco le contestaba, entonces siguió comiendo.

Para cuando terminaron de comer, ya se habían dormido profundamente. Pero al despertar por la mañana, ambos ya hacían en un hospital, cerca de la ciudad. Sorprendidos le preguntaron a la enfermera lo que había sucedido:

-Señorita, que me pasó. Dijo la madre dee Luciano ¿acaso tuve un accidente?

-No, felizmente la operación salió bien.. Le comunicó la enfermera. -¿Qué operación?, preguntó Luciano.

El doctor Buendía y nos dijo que tu madre necesitaba una operación. Contestó la enfermera.

-Entonces Luciano volvió a escuchar la vvoz que le decía:

-Pensé que tú también necesitabas de unaa operación, pero me equivoqué, tú tienes el cuerpo y el espíritu sano.

-¿Pero, el dinero? Preguntó Luciano.

No era dinero, eran tarjetas con la dirección del hospital y se le cayó al Dr. Buendía, pero eres tú quien con tu actitud de honradez, lograste conseguir la dirección. Luciano no lo podía creer, que por el hecho de tratar de devolver un dinero que no le pertenecía, lograría operar a su madre.

Pero lo años pasan, Luciano aprovechó de esa experiencia para seguir enseñando a sus amigos, el valor de la honradez. Ahora Luciano es Administrador y trabaja en el Hospital donde operaron a su madre. Y en ocasiones piensa que todos tenemos un ángel guardián que nos cuida, protege y aunque no lo veamos el siempre está junto a nosotros.









os carreterros

      

Pedro Quispe Huaraca, de 52 años de edad era el capataz de todo un grupo de trabajadores provenientes en su mayoría de los poblados y comunidades cercanas a Andahuaylas. Analfabeto, natural de la comunidad de Argama en el distrito de Pacucha, hombre fornido y curtido por el tiempo, el clima y las labores efectuadas a lo largo de su aventurada existencia. Era el típico poblador de esas comarcas, rostro cetrino, nariz aguileña, callos en las manos, fuertes músculos que denotaban los duros trabajos a los que estaba habituado. Vestía pantalón grueso, tosco, confeccionado de bayeta, color plomizo claro, camisa a cuadros, rojizo; un poncho muy grueso color nogal, sombrero negro y las infaltables ojotas que pese al frío tenía que llevar irremediablemente, en vista de que la compañía que estaba encargada de la construcción del trabajo carretero entre Andahuaylas y Abancay, no les proporcionaba materiales como por ejemplo un par de botas de jebe, especial para la época de lluvias. Además, él y su grupo habían sido reclutados a la fuerza por las autoridades de Andahuaylas para que trabajen en "Acción Cívica". Corrían los primeros años de la década del cuarenta. Se encontraban en la zona denominada "La Cabaña", lugar ubicado casi a la mitad del tramo en construcción. Extensa puna, donde el frío arreciaba más que en otros lugares. La densa neblina no dejaba vislumbrar lo que había delante, ni a dos metros de distancia, era muy peligroso trabajar en esas condiciones. Muchos trabajadores ya habían perdido la vida al desbarrancarse.

-¡Rapitu uceosos! Pronto cairá la lloviaa y tindrimos qui parar il trabajo por uy día, mañana vendrán visita los enginieros, no quiro quidar mal, pes! Perdo, agarrando un largo zurriago en la disestra, animaba a los "carreteros" para aligerar su labor.

En muchas ocasiones se producían disputas, en especial por el reparto del alcohol y la coca pues sin essos ingredientes no ponían muchas ganas en la faena, aun más: no querían trabajar. Podría escasear la comida y el abrigo, pero que faltara el trago y la hoja de coca para "chacchar", no era permitido por los rudos campesinos.

-Tayta Pidro, más cuca pi', puco tragetuu más, nu poidimos trabajar asé- Los carreteros exigían más alcohol y coca que les daba fuerzas y ánimo para la labor.

-¡Uy Tunas no sias jodedo, anda un más ttrabaj!- fue la respuesta inmutable de capataz, solía repetir hasta el cansancio "yu ya cunosco a me Cinti".

Tomás Huamán era el lugarteniente de Pedro, hombre noble y sincero, siempre reclamaba los derechos de todos y por eso se ganó la enemistad del capataz y de las autoridades. Ya en varias ocasiones había sido encerrado y castigado en la cárcel de Abancay, "para que no caliente la cabeza al campesino ignorante". Sin embargo por su liderazgo sobre la masa, siempre era devuelto al lugar de trabajo, motivo que aprovechaban las astutas autoridades para acelerar el avance del tramo carretero. Era una disputa, una rivalidad a manera de concurso, querían demostrar quién trabajaba más rápido, quién era "más machu, m´s hombri" si los abanquinos en el frente que les correspondía o os andahuaylinos, por su lado.

Una de esas mañanas, cuando todos esperaban un día rutinario como siempre y nada hacía adivinar que sucedería algo especial, en la distancia por entre los débiles rayos solares y en medio del pajonal, divisaron una firma humana. Muy lejos aún para poder determinar de quién se trataba. Conforme avanzaba, comenzó a distinguirse su figura juvenil y femenina. Los carreteros hicieron un alto en su labor dejando al lado los picos y palas, esforzándose por ver quién sería.

-Uy, meren quin sirá. Parece mujir di taaytacha inginiro- dijo uno de ellos.

-Sunsu maqtacha. Nunca mujir grenga u boonita un sir mujer inginiro- respondió alguien que no quería hacer caso a lo que decía Cirilo, natural de a comunidad de Cupisa. Siguieron con su acostumbrado trabajo. La mujer en mención ya estaba a unos doscientos metros de donde ellos se encontraban. Los mechones de su larga cabellera dorada refulgían como hilos de oro con los rayos solares. Hasta el cielo pareciera que se había súbitamente despejado para dar la bienvenida a tan inesperada visita.

-Buenos días señores, me extravíe en el camino que seguía hacia Abancay, pero gracias a Dios que están aquí, les encontré- fue el salud de la misteriosa dama, de tez muy clara. Se encontraba ataviada con unos pantalones gruesos color azul oscuro, negras botas altas de montar, un blusa olor café, chaleco negro y bufanda marrón en el cuello, colgando descuidadamente uno de los extremos sobre el amplio pecho. Era muy bella, por cierto. Una perfecta "grenga" para los campesinos.

-Mamitay, señoreta, qui hacis pur aquí, dioschallay- Pedro contestó por todos, dirigiéndose hacia ella.

Un murmullo de admiración y asombro comenzó a producir un extraño ruido entre los trabajadores, nada acostumbrado a observar ese tipo de mujeres y mucho menos recibir ningun visita en esos lares tan lejanos y extraños, como ella misma.

-Oh, no, no reocuparse por mi. Yo quererr quedarme poco tiempo, poco tiempo. Estoy muy segura- Su hablar denotaba un claro acento extranjero.

Sentase al borde del camino que con mucho esfuerzo estaban abriendo los campesinos, para que "llige carru pis". De sus espaldas, bajó una mochila de regular tamaño y se dispuso a descansar. Como si les conociera de siempre a los comuneros, los observaba de una forma muy familiar, con unos ojos celestes como el cielo que producía un sentimiento raro en los campesinos. Con mucha calma buscó entre sus pertenencias, sacó una cajetilla de cigarrillos. Extrajo de ella uno sólo y prendiendo con un pequeño fósforo, cubriendo con las mano abiertas del viento helado, empezó a arrojar por sus labios rojos como la grana, bocanada tras bocanada de humo.

Pronto legó el atardecer y con él, se acentuó el frío. El viento era cortante y lo comuneros se arropaban en los ponchos. Retiraronse hacia los galpones, que eran especies de cobertizos construidos a base de madera muy tosca y con techo de paja, lugar donde comían y dormían, como quien dirían "n "cama redonda". Pedro estaba impaciente por la extranjera, pues perturbaba a os comuneros y su diario vivir.

Luego de la frugal ena, si así se le puede llamar, que consistió en unas cuentas papas sancochadas frías, maíz tostado (cancha) y charqui, Pedro se dirigió a la extraña dama: -Señoreta ahura dúnde dormirá-

-Oh, no hay problema, yo sentirme cansadda y pronto quedaré muy dormida, muy dormid- fue la respuesta.

Tal vez la costumbre del país de donde venía hacía que el fuera indiferente estar entre tantos hombres desconocidos. Todos se dispusieron a dormir. Las estrellas titilaban en lo alto del cielo. Los comuneros extendieron pellejos de carnero y tapándose con sus ponchos, se dispusieron a pasar la noche. Con toda la naturalidad del mundo, l dama también se acomodó entre ellos y cruzando los brazos sobre el pecho, inició un placentero sueño. Tanta era la sorpresa de los campesinos, que nadie podía pegar un ojo, siempre pensando quién sería tan extraña mujer, a qué había venido y qué pasaría después. Pedro recordó cuentos e historias de "aparecidos" que su abuelita les narraba en la cocina, junto a la luz mortecina del fogón donde algunos leños secos seguían consumiéndose lentamente, alumbrando tenuemente la noche oscura ¿Tal vez sería alguna difunta que estaba cumpliendo su condena penando por esos lares tan lejanos? Su cuerpo empezó a temblar, un sudor frío cubría su frente. En suaves susurros quiso comunicarse con los otros comuneros, pero éstos también se encontraban muy nerviosos y sudando a mares, no podía articular expresión alguna. Los dientes entrechocaban sonoramente, produciendo un leve ruido.

-Pidrucha, Tayta Pidru, quin sirá pis issta mujir, apista muy forte, chachau.

Pedro, que se encontraba al costado de la dama, de pronto sintió que una de las delicadas manos de esta mujer se posaba sobre su rostro, quiso salir despavorido, pues esa mano parecía de una persona muerta, totalmente fría, helada. Pero, no tenía valor ni para respirar. "Zunzo suy, pisadilla is" se decía a sí mismo para darse valor. Pesadilla del cual esperaba despertar pronto con la llegada del nuevo amanecer.

Al clarear la aurora, la primera en levantarse fue la extraña dama, quien agradeció a todos pos las atenciones recibidas.

-Gracias, gracia, nunca podré olvidarless- Pidió al capataz que le acompañe un trecho para que siga su camino Iniciaron su andar lentamente y después de unos 25 minutos de haber avanzado, la extraña dama se despidió por última vez de Pedro, tomó sus manos entre las suyas, nuevamente un ramalazo de terror recorrió todo el cuerpo de Pedro soltó muy rápido esa frías manos y dio media vuelta, retornando la carrera. No recordaba de ningún ingeniero Sánchez, aunque el mes anterior estuvo en Andahuaylas comprando materiales y víveres para el campamento. Tal vez a eso se debía el no haber conocido al mencionado Sánchez. Con mucha prisa recorrió el camino de retorno al lugar donde dejó a los comuneros n su labor, completamente cansado llegando junto a ellos, les narró lo sucedido, cual sería la sorpresa al escuchar de labios de sus compañeros que era verdad la visita del ingeniero mencionado, pero también era verdad que él les había contado con mucha tristeza, que su esposa, una bella gringa de origen norteamericano, había fallecido en la ciudad de Abancay hacía unos tres meses atrás, a causa de una rara enfermedad la reacción de todos no se hizo esperar, se volvieron mudos del espanto, algunos empezaron a vomitar, otros echaban espuma por la boca, no sabían qué decir y pronto uno a uno empezaron a salir corriendo despavoridos no creían que hubieran pasado la noche con una difunta. No querían permanecer ni un minuto más en ese lugar y jamás volverían, así las autoridades les encadenara pidiendo apoyo de la policía para que puedan retornar al trabajo Este hecho paralizó por buen tiempo el avance de la carretera, al final fue necesario traer peones, comuneros de otras latitudes muy lejanas para dar por concluido el tramo carretero entre Andahuaylas y Abancay. De la mayoría del grupo de comuneros que pasaron la terrorífica experiencia y durmieron con la "gringa" nunca más sesupo Algunos enloquecieron y otros se retiraron de la región a sitios ignorados y lejanos. Pedro, simplemente vabga en su comunidad sin pronunciar palabra alguna, pues había perdido totalmente el habla, tenía los ojos desorbitados y una expresión de total abandono en el rostro abatido.









ay golpes en la vida que no sanan fácilmente

      

No recuerdo exactamente lo que ocurrió aquella noche, esa vez mi padre y yo estuvimos tan unidos como nunca aunque la situación en Ayacucho estaba mal... Las fuerzas subversivas golpeaban con fuerza el Perú, y "Ayacucho era el centro de aquellas matanzas de miles campesinos".

Ese día mi padre me abrazó tan fuerte y me besó como nunca, fue como si estuviese despidiéndose de mi para siempre, me sentí un poco extraño al ver el rostro de mi padre semi lloroso como si quisiera decirme algo, mi padre era tan frívolo, calculador el tenía un porte de galán, era tan hermoso para ser mi padre, recuerdo que mi abuela decía tu padre es un hombre súper inteligente, pero no sabe aprovecharlo hasta que lo pierde.

No sabía que actividades realizaba a veces mi padre aparte de trabajar, el no trabajaba como los otros señores, si no que +él solo salía y regresaba, eran tan extraño que no podía entender, tampoco sabía porqué tenía tantas reuniones en mi casa con señores que ni siquiera yo conocía, eran tan extraños y misteriosos que me causaban miedo.

Esa noche mi padre oyó tocar la puerta y fue a ver quien era, yo un curioso sin remedio me asomé y vi entrar a 7 hombres de traje, tan elegantes que parecían que no eran del pueblo, ellos entraron y mi padre les dijo ue pasaran a la sala, en ese momento mi padre me mandó a dormir, yo le dije que todavía era temprano y que no tenía sueño, el me dijo: mañana temprano iremos a un sitio muy hermoso y tranquilo que todavía no conocía y que por eso debía ir a dormir temprano, entendí y me fui a mi cuarto me tiré a la cama, mirando el techo y pensando -¿por qué mi padre no quiso me que quedara? La curiosidad me invadió y fui a ver lo que pasaba como quien toma un poco de agua, bajé de mi cuarto, fui a la cocina, tomé agua y me asomé a la puerta de la sala, pegué mi oreja a la puerta y sólo escuché unas cuantas cosas que decían una vos gruesa: Si queremos una victoria definitiva, la única manera de hacerlo es eliminando al líder de los senderistas Eusebio Palomino Torres, que se hace llamar "cholo Eusebio" con aquellas palabras yo me asusté y fui corriendo a mi cuarto y me metí a la cama pensando en lo que había escuchado ¡qué horror"! pensé, matar a una persona y pensando en ello me dormí.

Al amanecer mi padre me despertó, era muy temprano y me dijo: vamos levántate dormilón que debemos ir al sitio que te prometí llevarte.

Aquel sitio quedaba por el barrio de Santa Ana, pasamos por varios lugares y también por la plaza de armas, vi por ese lugar unos señores que vendían periódicos, me paré y mire los títulos y entendí que habían matado en sitios muy cercanos a Ayacucho, lo que entendí me asustó y corrí hacia mi padre, lo abracé y me dijo: eso no pasará aquí porque yo lo evitaré, eso me alivió y seguimos caminado.

Llegamos a Santa Ana y primero visitamos la iglesia, rezamos un largo rato y salimos, caminamos un poco y llegamos a un río que tenía varios tipos de peces, atrapamos algunos y los llevamos a casa.

Al día siguiente me desperté con entusiasmo, sin imaginar que ese día sériale más triste de mi vida, al anochecer vi a mi padre salir al jardín y centrarse en su banca preferida lo observaba desde el corredor y no imaginaba porqué estaba tan preocupado, me senté y pensé -que es lo que estaba pesando- por qué estaba tan angustiado, después de un rato me ganó el sueño y quedé dormido profundamente.

Al despertar muy temprano sentí un dolor de cabeza insoportable, me levante presentí algo, fui primero hacia el jardín, pensando en mi padre, llegué al jardín y encontré a mi padre tirado en el piso, al principio creí que había tomado la chicha de jora que mi abuela preparaba y que estaba un poco mareado, pero luego me percaté que había sangre derramada en el piso entonces mi corazón dio una tincada y me acerqué a él corriendo y con los ojos llorosos tomé aire y cogí el cuerpo de mi padre entre mis brazos y me di cuenta que tenía un color tan extraño, que estaba frío y tenía mucha sangre en la cabeza, comencé a llorar inconsolablemente y todo se me vino a la cabeza y me acordé de mi abuela, dejé a mi padre y comencé a buscar a mi abuela.

La encontré en el debán, toda golpeada y en posición fetal con los brazos y piernas moradas tenía un hinchazón en la cabeza co si la hubiera golpeado con alguna cosa, enseguida fui hacia ella y empecé a desamarrarla de pronto vi un montón de sangre en el piso.

Después de un instante tocaron la puerta, fui a ver quien era, abrí la puerta y entraron cinco hombres corriendo, fui tras ellos y vi que cargaron a mi padre y se lo llevaron, uno de ellos nos llevó a la Sanidad nos quedamos un rato hasta que me harán de curar a mi abuela , después se nos acercó un policía y nos dijo: No fueron los únicos afectados, tienen mucha suerte de estar vivos, los senderistas atacaron a varios, en ese momento recordé lo que me había dicho mi padre: eso no pasará aquí porque yo lo evitaré, en ese momento me puse a llorar porque mi padre me había dicho esas palabras pero sin embargo había ocurrido y el había sido una de las víctimas.

Las palabras que me dijo el policía también se me quedaron en la mente y en ese momento nació en mi rencor hacia aquellos hombres que mataron a mi padre aun sin saber quienes era pasaron unas horas y nos fuiomos a la sanidad.

Al retornar a mi casa mi abuela y ni yo pronunciamos una sola palabra y cuando entramos a la sala y no sentamos en el sillón vimos sangre en la mesa y mi abuela comenzó a llorar desconsoladamente, no pude calmar la falsamente y me puse a llorar con ella. Fueron muchos meses que parecían años que estaban llenos de sufrimiento y dolor tratando de sobrevivir sin mi padre, el ser más querido que teníamos.

Pasaron ocho largos meses de lo ocurrido y mi abuela se enfermó por la muerte de mi padre, ella ya no quería comer, ni quería hablar, me sentía solo.

No pude dormir tres días por cuidar de mi abuela, pero al cuarto día ella mejoró y comenzó a comer y hablar, ella me miraba pensativo y a la ve triste, y decidió que ya era el momento de que sepa la verdad

Ella me preguntó si quería que le cuente todo sobre mi padre y mi madre yo le dije: sí, y comenzó así:

Dijo que mi padre era un policía de "inteligencia" que investigaba a las personas involucradas con sendero y que mi madre era detective y guardaespaldas de mi padre y poco a poco comenzaron a sentirse afecto y después amor, así pues ellos se casaron y te tuvieron. Cuando tu tenías más o menos tres o cuatro años tu madre murió, . Como tocaron la muerta y ella abrió, vio que eran dos hombres morenos vestidos denegro, preguntaron por tu padre, ella les dijo que no se encontraba y se fueron, tu madre los siguió y llegaron a un huayco y los hombres se dieron cuenta de que alguien los seguía, voltearon y dispararon sin percatarse que era una mujer ellos no tuvieron más remedio que dejarla morir.

Tu madre se arrastró llena de sangre y casi sin color hasta llegar a la casa después de unos instantes llegó tu padre encontrándola agonizando y le contó todo ella en sus últimos segundos de su vida le dijo: cuida y educa a nuestro hijo, te amo, así murió tu madre en brazas de tu padre.

Mi padre juró matar a esos malditos aunque no sabía quienes habían sido, así terminó de contarme, después de escuchar too sentí un inmenso odio a aquellos hombres que me habían quitado a mi madre y también la oportunidad de conocerla. Decidí ir a la casa de mi tío, hermano preferido de mi padre, el acababa de llegar de Lima, "pardo" se hacía llamar por todos, era el más valiente, el más alto y el más chistoso, le dije pues a mi tío que me contara algunas cosas de mi padre, comenzó a contarme que él y mi padre era muy traviesos y juguetones, que iban de un lado para otro como si fueran cabras y dijo que una vez habían visto en una quebrada un asesinado a sangre fría de una pareja de esposos, había una señora que tenía un niño pequeño en los brazos y el otro era su esposo, primero mataron al señor con un balazo en la cabeza, y como la señora presenció el crimen comenzó a gritar desconsoladamente, los asesinos le gritaban que se callara pero la señora no paraba de gritar, parecía que se había traumado y ellos no tuvieron otra opción que dispararle para que se callara, le dieron en el corazón traspasando también la cabecita del niño, así murieron los esposos, nosotros al ver tal crimen comenzamos a correr sin detenernos asustados, así pues pasamos tu padre y yo un gran susto que por pocas nos cuesta la vida. Pasaron varias horas y dije tengo que regresar, la abuela está sola, mi tío me dijo; te acompaño. Estábamos ya en la puerta de mi casa y de pronto escuchamos los gritos de mi abuela, yo iba entrar pero mi tío me detuvo y dijo: yo voy ir a ver que pasa tu espérame aquí, él salió todo agitado y me cogió de la mano y me llevó corriendo por una acequia que había por mi casa, en ese momento no entendía nada, no sabía porqué me llevaba de esa manera, después de un rato llegamos a la plazoeleta de Santa Ana y vimos un montó de hombres sin cabezas, otros sin manos ni piernas, mi tío aterrorizado me abrazó para que no observara tanta muerte y me llevó a la iglesia.

En la iglesia mi tío me dijo que mi abuela ya no estaría con nosotros, comencé a llorar y el me dijo: no te preocupes yo estoy contigo y nunca te abandonaré.

Pasaron diez años ahora ya estoy contigo y nunca te abandonaré.

Pasaron diez años ahora ya soy un joven y me he convertido en una gran persona, pero todavía siguen libres os de sendero y no estoy tranquilo.

Año 1991 primer gobierno de un profesor de matemáticas llamado Alberto Fujimori, las esperanzas surgieron en el país y en m, sólo pensar que este nuevo gobierno ya no permitiría más muertes.

Año 1992, el líder senderista Eusebio Palomino Torres es capturado en el departamento de Lima en una casa de San Borja, al escuchar esa noticia el alivio llegó hasta mi alma y ser, sentí por fin una paz interior, saber que el maldito senderista que fue el causante de tantas muertes ya estaba entre las rejas, ¡sí!, por fin iba a pagar todo lo que me hizo y les hizo a todos.









os hombres de negro

      

La provincia de Grau, cuya capital es Chuquibambilla es la primera población que uno pisa, al atravesar la laguna de Lluillita, viniendo desde Lambrama. Por consiguiente, es la primera población por la que pasaron los hombres de negro, que días antes se fugaron de la cárcel de Abancay. Estos, estaban conscientes de que en esa zona se les buscaba y al pasar la localidad del último rincón de Grau suspiraron aliviados.

Ahora a estaban en la comunidad de Progreso, allí, sería más difícil dar con ellos; la policía nunca se atrevería ir a ese lugar por estar fuera de su jurisdicción y ser un lugar inhóspito.

Pero estaban equivocados al pensar que en aquel lugar iban a estar tranquilos y así planear con mucha calma donde sería el golpe más fuerte que puedan dar gracias a su sed de venganza y sentirse satisfechos frente a los agravios sufridos.

La comisaría de Abancay reunía a más de cuarenta voluntarios para darles caza.

-Hay quince mil dólares- dijeron- clavenn esa cifra en nuestra cabeza, o sea una porción para cada uno si atrapan a los hombres de negro ¡vivos o muertos!

Todos los voluntarios tenían un mismo gesto, como si fuesen un sólo hombre. Fueron seleccionados los más feroces soldados de los cuarteles de Apurimac.

El comandante añadió:

-Los hombres de negro están acusados de numerosos asesinaos, por lo tanto, todos sus miembros son condenados a muerte.

--No hay que temer contemplaciones, ni hhay que vacilar a la hora de la hora de los disparos.

El dinero se les entregará lo mismo por cazarlos vivos o muertos.

Los voluntarios dispuestos a salir, escuchaban con atención las recomendaciones. Uno de ellos preguntó.

-¿Cuántos hombres forman nuestro objetivvo?

-Quince

-Eso quiere decir que no han tenido ningguna baja en varios encuentros ¿verdad?

-Esos encuentros -agregó el comandante- no significa que esos perros estén bien armados, sino, tan solo significa que saben huir.

Los voluntarios, partieron inmediatamente, durante ocho días, batieron toda la zona, desde Chuquibambilla hasta Tamboracay, sin encontrar el menor rostro de los perseguidos. Nadie los había visto pasar y no habían dejado en ninguna parte sus huellas, lo cual resultó increíble tratándose de la cantidad de hombres más buscados y perseguidos.

Cuando los voluntarios cubiertos de polvo y estresados por estar ocho días sin dormir se presentaron en Abancay. El comandante no podía creerlo, nadie entendía lo que podía ocurrir, nadie sabía donde estaban ocultos los hombres de negro y sin embargo la explicación era sencilla. Los hombres de negro había dado un rodeo completo por las zonas más alejadas de las localidades y se adentraron en la localidad de Kero, donde dieron los últimos toques a su plan macabro.

Las jornadas del 13 y 14 de septiembre de 1987 fueron una terrible pesadilla para el pueblo de Chuquibambilla, la noche había caído ya, no se oían más que rumores confusos de uno que otro, algunos ladridos de perros callejeros y el canto del ave nocturna.

Los hombres jugaban al billar en el Club Social y otros brindaban copas en las cantidad, la gente como si presintiese algo funesto se recogieron temprano a sus hogares. La impaciencia que se apoderaba de las almas fuertes en e umbral de los grandes sucesos los tenía presos.

Ese día increíblemente se respiraba un ambiente tenso, rígido, oscuro, esta tarde corrieron rumores de que los cumpas vendrían en cualquier momento a arreglar cuentas con el miserable teniente chaparro, que, dicen que es un informante de los Sinchis y por eso debe morir... por soplón.

Se comentaba un fin de cosas, todas relativas a esa guerra popular, que tanta miseria y muerta estaba causando sin saber los motivos del porqué.

A esa hora la noche había quedado lóbrega, el dormitorio estaba a oscuras, aun avanzaron po el pasillo, abrieron la puerta muy sigilosamente y de pronto... la sensación de la muerte, le dieron un tajo en la yugyuar y la sangre salió a borbotone, murió sin decir nada.

Era el policía Mogollón, más conocido como el teniente Chaparro, pues vivía casi fuera de la ciudad junto a sus dos pequeñas hijas. Junto a esa muerte, empezó la infernal balacera, los fusiles vomitaban de sus entrañas el fuego, destrucción y muerte.

¡Viva la revolución!... ¡Viva el camarada Gonzalo" Y otras arengas a viva voz se oían por todas partes.

Los policías casi nada hicieron pues, eran pocos, apenas se defendieron. Después de la destrucción los cumplas tomaron la plazoeleta, dieron discursos arengando al pueblo a unirse a esta lucha.

Mientras os techos de las casas rústicas fueron víctima de balas y cientos de valerosos corazones empezaron a latir más y más aprisa, sintiendo el retumbar de las bombas y balaceras.

-Traqa, traqa, traqa, traqa...

-boom, boom, bomm, boom, boom.

-Chill, chill, chill, sonaban las calless de Chuquibambilla.

Nadie se atrevía a asomarse siquiera a la ventana por miedo a morir, todos imaginaban cuerpos ensangrentados de hombres, mujeres y niñitos que hayan sido atrapados en feroz balacera.

La roja sangre, la negra tristeza, la loca crueldad habían arribado a Chuquibambilla, justo al empezar el 14 de septiembre.

A eso de las res de la madrugada, cuando ya estaba perdido para el pueblo -los hombres de negro gritaron ¿Campo! ¡Campo! ¡Campo!, que era una consigna de retorno al campo. Quedó más oscuro la madrugada, más el silencio la envolvió en sus negras alas, ni un perro ladró y fue más oscura la impotencia y la tristeza que embargaba al pueblo, esperaron posprimeros rayos del astro rey para salir a buscar a sus seres queridos que no volvieron la noche anterior y así contemplar la crueldad dejada por los hombres de negro.

Hasta el río de Orercco hacía llegar su murmullo de llanto ante tanta desesperación de sangre, lágrimas, destrucción, pena, de ayes y muerte.

Todo era muy confuso los gritos y gemidos de los moribundos familiares, era una dantesca desolación donde nadie sabía como y a quién socorrer, porque todos se sentían impotentes de hacer algo, como socorrer a sus familiares u otros.

Los desesperados gritos apenas fueron perceptibles en el trueno de la tragedia, en la tremenda confusión que se vivía. Lágrimas como torrencial lluvia bañaron el rostro de aquellas personas que sufrían la pesadilla de la plazoleta de Chuquibambilla.

Alguien murmuró:

-Sólo Dios, sólo él sabe el porqué de taanta desgracia.

Ante tanta tristeza y pena, el pueblo reflexionó y fue quizás, la mañana en la que con más fervor religioso sitió alguno no quedó libre en la catedral del pueblo, las velas que hacía años se habían llenado de polvo y que parecían ser mercadería de relleno en muchas de las tiendas, fueron las más buscadas y cotizadas.

Todos cayeron de rodillas ante la imagen del Señor de la Exaltación, nadie se atrevía a levantar la cara y mirar de frente por temor a pedirle muchas explicaciones, porque en esos momentos se sentían adormecidos de tanto dolor; se escucharon unas voces muy agudas y todos voltearon a verlos, eran un grupo de mujeres que entonaban un cántico, así como el (aya taki) canto de despedida a sus muertos y poco a poco la multitud empezó a corear las letras del cántico fúnebre para desahogar sus penas.









a madre del heroe

      

La novedad era que los soldados ecuatorianos habían invadido nuestro territorio y que estábamos en guerra. La radio, la televisión y los diarios dedicaban gran parte de sus noticias a informar sobre los incidentes con Ecuador. Un día mientras compraba los alimentos en el mercado escuchaba que los vendedores decían: ¡una hora más y nos vamos a la movilización! A mí, igual me daba, Luego fuera del mercado observé que gran cantidad de gente se dirigía a la plaza de armas de Bagua, yo toda chismosa me fui a ver que es lo que sucedía. En el parque una enorme multitud de gente con banderas rojas y blancas gritaban fuerte: ¡Tiwinza es peruano y no ecuatoriano" ¡Fuera monos traicioneros de nuestra soberanía!

A tantos gritos me emocioné, encargué mis cosas y regresé a la movilización, luego al final fui a mi casa y conté a mis hijos lo sucedido, ellos riéndose me dijeron: "Qué loca eres mamá" dirán patriota, hijos. Así enseñé a amar a nuestra patria, yo, toda una analfabeta como nos laman a los que no sabemos leer ni escribir.

Mi hijo estaba sirviendo en el Glorioso Ejército en la frontera con Ecuador. Los incidentes continuaban, se hablaba de bajas en el Ejército Peruano. Al igual que otras madres, yo empecé a preocuparme, ya que mi hijo era un joven de 22 años, toda una proeza para la familia.

Las marchas y movilizaciones comenzaron a duplicarse en Jaén, Bagua, Chachapoyas, Nieva, Bagua Grande y San Ignacio, entre otras ciudades cercanas. Los periodistas llegaron de Lima y el extranjero, grandes titulares dedicaban al conflicto: "Sangra la frontera"., "Monos en tierra peruana", etc. No tenía ninguna información de mi hijo, pero si se comentaba que había soldados muertos.

En Bagua formé parte de un comité que se organizó para recolectar alimentos y donarlo a nuestro ejército. Trabajé duro pensando que esos alimentos han de servir para mi hijo.

A la puerta del cuartel "El Milagro" sede de la Secta Región Militar, llegaban familiares de soldados de diferentes lugares, muchas madres nos consolábamos diciendo: "Quiera Dios que a nuestros hijos no les haya pasado nada".

Los días fueron transcurriendo y se hablaba de un suboficial Minchán y de un teniente Guzmán que habían muerto. Allí en esa patrulla habría estado mi hijo. Dicen que los ecuatorianos atacaron la patrulla, cerca de las 6 de la tarde, estaban bien armados y habrían sembrado minas anti-personales por esos lugares. La patrulla se dispersó, algunos para ya no verse nunca más. Tal era el caso de mi hijo, de quien nadie me explicó su final.. Luego, yo angustiada por la preocupación que invadía a todas las madres y la llegada de helicópteros con muchos soldados heridos, desfallecidos y mutilados; unos sin piernas, otros sin brazos, esas escenas daban mucha lástima y lo sentíamos de verdad.

Un soldado herido nos contó que la guerra aun no había terminado, y que nuestros hermanos estaban luchando en las trincheras, en lugares espesos e inhóspitos.

"Algunos soldados por más fuertes que eran se rendían ante las explosiones de bombas y los contraataques que se daban oscurecer el día, el ejército ecuatoriano había invadido toda esa zona fronteriza".

"Mis compañeros se acobardaron y tenían miedo de morir, otros estaban dispuestos a continuar arriesgándose por su patria, iban con la frente bien en alto a luchar. La lluvia era otro factor de sufrimiento, las trampas, las bombas antipesonales las explosiones fueron acabando vidas inocentes, que sólo querían defender parte de la soberanía nacional donde se cobijaban, pero no lograron su sueño, sólo quedó para el recuerdo la fortaleza y valentía que tuvieron como verdaderos héroe de la patria".

En vista de lo que escuché, llena de dolor fui a la base militar. El milagro y supliqué a muchos oficiales que busquen el cuerpo de mi hijo para darle cristiana sepultura. Fue en vano, me dieron que toda esa zona estaba minada por los ecuatorianos.

Yo pensando tener información de mi hijo, fui al lugar del conflicto, desafiando pongos y la creciente de los ríos, llegué a Ciro Alegría, Nieva y luego a Pinglo, Guarnición Militar donde servía mi hijo. Sólo veía montañas gruesas y espesas. En cada soldado que miraba estaba la imagen del varón que yo parí y que murió en la guerra defendiendo su patria.

Ahora sí ya puedo leer y escribir, lo que pienso y lo que siento.

Reclamo lo que es justo y nadie me puede impedir.. Nadie creía que mi hijo había muerto, él era alegre, amigable y juguetón. Jamás odió a persona alguna, pensaba trabajar y formar su propia empresa.

En Pinglo, cuando me encontré con el jefe de la guarnición, un tal comandante Lazarte me dijo" "Deje de llorar. Has tenido un gran hijo que ha muerto defendiendo a la patria, tú eres la madre del héroe"; Siéntate orgullosa. No es fácil olvidar a un hijo, mucho más cuando su cuerpo no ha sido encontrado. Cada vez que escuchó el himno "Los gigantes del Cenepa", el corazón me desangra y no puedo contener las lágrimas.

Mi hijo murió por la estupidez de la guerra, por el capricho de los militares ecuatorianos de persistir en territorio nuestro.

Veinte mil soles fue el precio del héroe, eso me pagaron por la vida de mi hijo; luego me entregaron un diploma y una medalla, todo una promesa, un talentoso joven perdí, Me hubiese gustado verlo llegar triunfante de la guerra.

Ahora me he vuelto fuerte, ya no tengo ganas de llorar quiero ser una defensora de la paz, la primera en oponerme a la guerra.

El pueblo ecuatoriano afronta una dura crisis económica. Ellos no quieren tampoco la guerra, son pocos los militares que siembran el odio entre hermanos.

Yo, la madre del héroe, una chacarera, de un vestido largo, invoco a los gobiernos del Perú y Ecuador a que persistan por un acuerdo de paz duradero y no sacrifiquemos más vidas humanas. Y, la madre del héroe. Seguiré orando por todos los muertos en "El Cenepa" y luchando para que reine la paz. Cuando era niña, no pude ir a la escuela mis padres era muy pobres. Y me obligaron a trabajar desde chica.

Ahora ya sé escribir y leer, y gracias al programa de alfabetización puedo escribir mi nombre y me he atrevido a contarles esta breve historia, la historia de esta pobre mujer que perdió a su hijo amado en la guerra.

Gracias al programa de alfabetización hasta los ancianos tenemos ese privilegio.

Yo soy simplemente la viejita que aprendió a escribir PAZ con letras grandes. ¡Te amo Perú!, aunque no se la madre del héroe, soy María Samaniego, la baguina recién alfabetizada.









emorias de un recuerdo vivido

      

Ellos son dos, y son del fondo, de los suburbios de Lima, donde las personas olvidan, que ahí hay "gente" que respira... Fue así como una realidad poco a poco se convertía en recuerdo, un recuerdo vivido cada día de la vida, es así... De los días que me olvidaba dormir, buscaba un sustituto para el sueño y recordé la historia de alguien que hizo que viera diferente este lado de la vida... Voy a contarte un sueño. Un sueño que acaricia la realidad...

A los diez años uno aprende a vivir cada tarde como si fuera la última, a pasar las horas enteras jugando pelota y lanzando canicas, también aprender como arrancarle a la vida unas cuantas sonrisas y llevarse consigo muchas alegrías como canicas en el bolsillo, pero no es así para todos, algunos ven la luz del sol ocultándose y comparan el rojo del cielo con la furia que tienen por o vivir una vida normal y piensan en la noche como un miedo que hay que enfrentar cada día y sentir que lo envuelve con un frío llanto que sobrepasa su alma... Así pensaba Miguel, quien vivía cada día pensando en mañana, llevando consigo un peso que lo llenaba de alegría y el recuerdo de un padre que los abandonó a su suerte, eso era lo que sentía, quien pasaba horas caminando y volviendo a su casa donde el frío airea sobrepasaba la pared que parecía papel, para abrazar a su hermano Enrique, el motivo por el cual Miguel pasaba los días caminando, olvidando su época de juego, la niñez que caminaba de la mano con el pensamiento de responsabilidad que tiene con su familia.

Miguel tenía el pensamiento de que le debía algo a su madre y hermano, la mente de un niño a esa edad pensando en problemas de adultos viviendo una realidad de la cual todavía no debía enterarse ... todavía...

Me acuerdo cuando lo veía muy temprano luego de estar sentado al pie de la cama que compartía con su hermano, cuando bajaba la loma donde pusimos la casa, iluminado con el alba, restregándose los brazos para entrar en calor y buscar a alguien que necesite que le carguen algo para empezar la faena del niño que quiere tener el puesto de padre; barrer, cargar, levar encargos y varias cosas, sufrir, llorar, llevarse golpes y lágrimas, porque recuerda que, cuando vaya a meter la mano en el bolsillo va a sacar unos cuantos reales que n can a alcanzar para alimentarse, hoy tal vez no se coma y no quiere pensar en qué tal vez hoy tuvo suerte porque no sabrá cómo será mañana, luego llegar a la casa con el rojo del cielo; abrazar a su mamá esperar con ansias la noche para llevarse el primer bocado del día a la boca. Enrique llega gritando: "miguel", y le ruega que lo lleve con él para ayudarlo pero sólo consigue desprecios, no es que Miguel no lo quiera, sino que se pone a pensar en los horrores que hay en la calle a los que puede exponer a Enrique y suficiente es que lo vea él sólo... Pero necesita ayuda, él sabe que la necesita, pues si quiere tener más no sólo necesita de sus manos sino también de las de Enrique.

Fue así como pasaron los 365 días de un ano del cual no debía recordarse las noches de Navidad y Año Nuevo que sólo son bulla en la calle y deseos de esperanza de rogar, crecer rápido para llenar huecos que hay en el alma, iban a pasar años para que Miguel se diera cuenta que tenía talento, un talento que le iba a permitir abrirse campo en lo que {el llama "un mar de letras", los libros. Enrique sólo mira, Miguel trabaja s madre va muriendo con su enfermedad, se ve que una noche, Enrique llora, Miguel corre, su mamá sufre, alboroto y mucha bulla, gastar lo último en medicinas, Miguel se dio cuenta que necesita de su hermano para traer de eso que todos creen que es poder: dinero...

Las tardes se volvieron más duras, Enrique nunca pensó en lo difícil que es hacer una faena de Miguel; "no sé como sigue trabajando y me protege", piensa Enrique, "Enrique no se cansa, ¿qué lo sostiene para seguir adelante? Piensa, Miguel. Las noches llegaban más rápidas y Miguel se daba cuenta de lo que estaba por venir, abraza muy fuerte a Enrique y lo besa justo en medio de la frente y le dice: Una tarde cuando tengamos suficiente dinero para pagarle al médico vas a r a buscarlo y vas a caminar muy lento desde la posta médica a la casa", Enrique quedó confundido y el silencio abordó la atmósfera.

Fue una tarde de Julio que empezaron con pie derecho la faena, poco a poco iban llenando sus bolsillos por limpiar lunas y cargar cosas pero con cada moneda que metía Miguel al bolsillo su rostro se tornaba más y más melancólico. Llegó la noche y era hora de contar el dinero, y no alcanzaba para pagarle al médico pero Miguel apretando fuerte las monedas empezó a llorar, corrió muy rápido casi ni lo podía alcanzar Enrique, llegaron a la loma y subió hasta la casa, Miguel empujó la puerta y abraza a su mamá echándose a llorar, entre gemidos Miguel gritó: "anda, por ayuda Enrique, que se nos va la mamá", corrió muy rápido a la posta, cuando volvió, entró el médico y vio en los ojos de Miquel una soledad inevitable, la esperanza que tiene en Enrique y la responsabilidad que a los catorce años había tomado, quedarse solo con su hermano. Era muy tarde, la madre de los muchachos los había dejado en un mundo donde todo podía pasar, el médico se llevó a la señora, Miguel tomó una esquina y se echó a llorar, Enrique está confundido a dos metros de Miguel llorando como en las noches oscuras e las que recordaba que no estaba su papá.

Pasaron los años y gracias a Dios siempre había alguien que se preocupe por ellos, siempre había alguien que podía pagarles un año más de estudio en colegio fiscal del barrio pero ahora sin madre, les espera el orfanato y ahí las cosas son un poco más difíciles.

Como en todo caso y como en todo cuerpo, se siente que algo está vacío algo que se llena de sueños y alegrías, era la inspiración que Miguel esperaba, otro motivo para abrir los ojos, una luz de salvación en el valle de malos recuerdos ya vividos por Miguel, Enrique estaba feliz, su hermano sonreía después de mucho tiempo y los malos recuerdos se iban pagando con felicidad; "Nunca tuvo una vida normal siempre buscó lo más tranquilo pero lo más difícil lo perseguía", la decía Enrique a cualquiera que le preguntaba ¿Cómo es tu hermano? Si lo hubiera escuchado a Miguel, las palabras le emanaban como un orador griego, tenía una sutileza única para escribir y rozaba apenas el arte de comunicarse coloquialmente, justo cuando Miguel estaba a punto de creer que todo iba a ser diferente, que iba a sacar a Enrique de todo lo malo que habían pasado y salir adelante con un amor y un sentimiento de felicidad; pero se dio cuenta que llamó muchas veces a la puerta del amor pero el corazón nunca escuchó, se la cerraron: El engaño, la traición y la desilusión, sí, la musa que él había creído tener resultó ser otro percance más, nunca lo quiso y lo engañó tantas veces como pudo, Miguel tiene 17 años sólo malos momentos vivía, ahora escribía pensamientos de nostalgia, furia y rabia, versos que hacen entrar en una realidad de la cual todos estábamos expuestos. Había lágrimas en los ojos de Miguel esa tarde de Julio, había lágrimas de Miguel en cada papel que encontraba Enrique, Miguel abraza fuerte a su hermano y parece que piensa que por él tan solo vive y Enrique iba entendiendo cada vez más el punto de vista que tenía Miguel sobre la realidad, no puedes soñar, no puedes confiar, no puedes salir ileso de nada, siempre tienes que esquivar los huevos que te pone la vida y aprender a vivir con eso.

"De los sueños que hay para vivir, me tocó vivir una pesadilla" y relaciones así encontraba Enrique en las hojas de Miguel, quien ya terminó la secundaria y con él se fue el pensamiento de niño trabajador y llegó el sentimiento de culpa, que en todo este tiempo no hizo nada para sacar a su hermano de los suburbios, se fue con él también los diplomas de toda clase de concursos y ahora es atreverse a vivir "la vida real", ya no hay colegio, donde esconderse, tiene que vivir de su talento, Enrique lo acompaña en cada presentación que hace Miguel, y sólo los recibe la puerta del rechazo, nadie quiere publicar algo de alguien que nunca ha pisado una universidad, Miguel se desespera, Enrique piensa, las oportunidades son cada vez más escasas, sin educación eres nada.

Han pasado los años y parece que lo aprendieron hacer cuando estaban pequeños les enseñó que eso lo iban hace toda la vida. Volvieron a la loma, Miguel tiene ya 25 años y ha escrito cada día de su vida un libro, se ha presentado a varias editoriales y todas lo rechazan, "¿Cómo quieren que progrese si no me dan la oportunidad?, gritaba Miguel mientras recogía sus hojas, le daba rabia pensar que no le daban la misma oportunidad que a todos, "¿Qué el sol no sale para todos"?, ¿no tenemos las mismas debilidades y saltamos los mismos obstáculos?" preguntaba Miguel, pero nadie le respondía. El amor encontró a Enrique pero no le ha dicho nada a Miguel, en las noches Miguel se sentaba en la pampa de la loma a fumar y pensar que está fracasado, el amor está decepcionado, que han pasado 25 años y no ha hecho nada, no logró nada con estar escribiendo, no ha puesto más que migajas en la mesa que comparte con Enrique, preso de su desesperación pensó por un momento en quitarse la vida y dejar inconcluso un poema que le dice a su hermano la realidad de las cosas y la forma que no hay que hacer para vivir.

Pasaron las noches con sendos rechazos y cigarrillos en la mapa. Era hora que Enrique haga algo por su hermano, que le diga que sigue vivo sólo porque él está presente y lo que ha aprendido de oral lo sabe gracias a él, gracias a sus lágrimas y a su afán.

Miguel no ha llegado a casa esa noche y Enrique ha salido a buscarlo, caminó por varias horas y la desesperación lo iba consumiendo, Enrique lo encontró como un cuerpo tirado en la tierra lleno de heridas espirituales como corporales, encontró hojas a su alrededor y sangre en cada una de ellas, lo abrazo tan fuerte como pudo tomó las hojas e iba limpiando las heridas, no entendía el ¿por qué? De quitarse la vida, las lágrimas no se contuvieron, salieron a relucir y en cada una de ellas se venían los gritos y recuerdos, Miguel ya no existía en el mundo, se fue el ejemplo de hermano que cualquiera quisiera tener, esa noche fue larga para cualquiera, los arreglos funerarios no e hicieron esperar, toda la gente que conocía a Miguel desde pequeño se las arregló para darle un cofre digno de un héroe de los suburbios, del lugar más alto de Lima pero bajo en clase social, la gente abraza a Enrique y le dan el pésame pero él sabe que nadie le va a devolver a su hermano.

Ahora estoy frente al lecho de mi hermano Miguel y las lágrimas se me escapan como en la noche de su muerte, Miguel se despidió de mí una tarde de julio y cayo en manos de Dios esa misma noche. Tengo en mis manos sus hojas manchadas de sangre y culpo a la realidad de que me haya quitado a mi hermano, si pudiera tener una vida como un sueño, ahora dime tú, ¿cuál es el sueño de mi pueblo? ¿hacer sufrir a mi hermano?, ¿cuál es el sueño de mi pueblo? ¿ignorar a los menos tienen? Con qué sueña mi pueblo, ¡por dios! }Con progreso! ¿con futuro!... Miguel dejó en mis manos un libro d}en el que dice No debo hacer, pero tengo miedo de abrirlo pues hoy más que nunca necesito de él, de su recuerdo, de su motivo, de su yo interno, de su beldad, de su fuerza... Miguel dijo algo que no entendía que "la muerte es tan sólo el principio", ¿Miguel será feliz donde está? ¿Podré ser feliz sin Miguel? Estoy arrodillado al pie de su lecho con lágrimas en los ojos y no sé que hacer.... Nosotros somos dos y somos del fondo de os suburbios de Lima, donde las personas olvidan que ahí hay gente que respira...









a vida de Ángel en Huancayo

      

Había una vez dos adolescentes que tuvieron un hijo, y como los adolescentes no tenían dinero para criar y alimentar a su hijo, ellos decidieron dejar al niño en un orfanato, meses después el niño fue adoptado por una señora viuda, ella era natural de estados Unidos. La señora se llevó al niño a Estados Unidos, la madre que le adoptó al niño le puso el nombre de Ángel. Y así pasó 10 años, la madre adoptiva le contó sobre sus padre, el niño dijo saldré profesional e iré a buscar a mis padres legítimos, la señora dijo está muy bien porque al abandonarte quedaron en el vicio.

Pasó los años y él salió profesional y decidió regresar a Huancayo. Ángel dijo buscaré como una aguja a mis padres, el como no conocía Huancayo pasó todo el viaje atento, el carro en que viajaba le trajo hasta la catedral y como vio una iglesia se quedó a rezar por su madre adoptiva y por sus padres, salió de la iglesia preguntó a una señora ¿Disculpe dónde habrá un hospedaje más cercano para poder hospedarme? Y la señora le indicó, ahí en la esquina de Giradles y Ancash. Ángel le agradeció por la amabilidad que tuvo con él diciéndole una frase ¡gracias que Dios te lo pague! Al día siguiente Ángel se despertó muy contento para ir en busca de sus padres del hostal y a las afueras del hostal sorpresivamente se encontró con un policía y le preguntó ¿Dónde queda el Mercado Modelo? Y el policía dablemente le indicó y Ángel se dirigió inmediatamente al Mercado Modelo donde le había dado referencia de sus padres su madre adoptiva. Pero lamentablemente se dio con la sorpresa que nadie lo conocía, como vio que empezaba a oscurecerse se vio obligado a alquilar un cuarto que estaba cercano al mercado con las esperanzas de volver a buscar al día siguiente, y al transcurrir lo días y no dar con sus padres recordó que su madre adoptiva le había contado que sus padres progenitores estaban en el vicio del alcoholismo, se le ocurrió buscar de cantina en cantina de los alrededores del mercado modelo preguntando por el señor Faustino Casas y la señora Rosalinda Paredes, y por ahí de repente cruzó un borracho y preguntó a Ángel ¿A quién buscas desesperadamente hace días? Respondió Ángel con llanto en los ojos, a mis padres señor. Y el borracho le contesto, como se llaman: Faustino Casas y Rosalinda Paredes, el borracho contestó ¡acaso eres el hijo Faustino! Ángel le contestó ¡sí señor!, pero ellos acostumbraban venir a este bar, pero hace días dejaron de venir en un diálogo conillos me dijeron que vivían en el Cerrito, pero no me dijo en qué dirección exacta. Ángel le dijo que si ellos vuelven por aquí su hijo les está buscando para poderles ayudar en todo o que necesiten y que lo quiere y los extraña mucho.

El joven dijo mejor continuaré buscándoles mañana con la información que me dio el señor y al día siguiente Ángel recogió sus cosas y se dirigió al Cerrito en busca de sus padres, hizo lo mismo que en el mercado modelo pero esta vez tocando puerta en puerta hasta dar con sus padres, de por ahí vio un parque y se dirigió ahí, parado en el parque horas tras horas preguntando por sus padres a personas que basaban por ahí y un señor se acercó y le dijo que hacer joven todo meditabundo y cabizbajo, respondió busco a mis padres que me dijeron que viven por estos lugares y al ver el señor no le daba ninguna referencia de sus padres optó por alejarse del parque, y al seguir caminando vio a un bagabundo y borracho que estaba merodeando por ahí y Ángel le preguntó si conocí l señor Faustino Casas y la Señora Rosalinda Paredes y el vagabundo le contestó sorprendidamente }para qué buscas a esas personas? Y Ángel respondió ¡Ellos son mis padres! Y el vagabundo sorprendido le dijo yo soy el señor Faustino Casas , pero yo no tengo hijos y Ángel no esperó ningún momento para abrazar a su padre sin saber si era consciente de que el que abrazaba era su padre y se manifestaba de la misma manera, de por ahí se escuchó una voz enérgica de su padre, quién eres tú si yo te dije que no tengo hijos Ángel muy triste le dijo que yo soy tu hijo que abandonaste en el orfanatorio, donde reaccionó su padre con llanto en los ojos y gritó ¡Mi hijo ha vuelto! ¡Gracias Dios mío" yo pensé que estaba solo en la vida, pero a hora si vengo por quién vivir. Ángel emocionado preguntó por su mamá y s padre le dijo que tu mamá está en el cielo y que vivirá en nosotros, con el grito en la boca lamentando su muerte de su madre le dijo como murió mi madre.

Tu madre había fallecido con una enfermedad denominada cirrosis ocasionado por el alcohol.

De la misma manera su padre padecía ese mal.

Viendo que ya era de noche se dirigieron a un hostal para pasar la noche hasta que se establezcan pero en la mañana siguiente al despertar vio que su padre agonizaba por el mal y Ángel dijo padre que tiene porqué estás así, y su padre respondió, hijo ya es hora de que me vaya, porque he alcanzado la dicha de ver a mijo otra vez pero esta vez echo todo un hombre con un porvenir muy grande, pero sí perdóname por haberte abandonado y con llanto en los ojos y grito al cielo Ángel, le dijo que yo soy consciente de todo lo que haz hecho porque fue por tener un porvenir mucho mejor que ustedes el agradecido soy yo, y o no tengo que juzgarte ni perdonarte de nada.

Pasó unos minutos y su padre había fallecido muy tranquilo porque su hijo no le guardaba ningún rencor, que otra vez lo tenía en sus brazos.

Después de ese suceso lamentablemente Ángel regresó a Estados Unidos y se encontró nuevamente con su familia, se caso con el tiempo y tuvo una familia feliz.





El Coordinador General


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