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Debemos apurarnos, decía mamá mientras guardaba envuelto en un mantel un posillo con trucha frita que llevaríamos al paseo, mamá es "campo maestro ", ella es profesora, trabaja en el campo en la comunidad campesina de Suchis. Era inicio del año escolar y para festejar el reencuentro con sus alumnos decidimos ir de paseo. Alistamos nuestra bolsas y emprendimos el viaje. Un camión muy viejito que hacia el ruido de diez nos llevaría a nuestro destino… Ya en el camino veía como los campesinos cosechaban papa, otros hacían los hornos para preparar "huatia", un techo mas abajo observé unas plantitas de colores rosado, morado y blanco, al preguntar que era mamá me contesto que era la planta de la quinua. Me quede sorprendida y maravillada, era la primera vez que ví la quínua; es muy bonita, pero ¿saben? El camión nos mecía, nos sacudía, nos empujaba adelante y atrás ... como lo hacen los juegos mecánicos, es por los huecos de la carretera …. Hasta que llegamos a Suchis.
Parados en el camino los alumnos nos esperaban ansiosos, luego de bajar del camión nos fuimos directamente a orillas del río Suchis.
Ya llegábamos cuando se elevaron unas hermosas mariguanas; igualitas a las del sueño de San Martín, muy alegres los alumnos se metieron al río. El agua estaba fría. Yo quería ir pero tenia miedo que me dolieran los huesos. Mamá me explico entonces que los niños que se crían en el campo no sufrían de dolor de huesos y no tenían muchas enfermedades que desde pequeños su alimentación rica en calcio y natural que comían mazamorra de quinua con cal hacia que estuvieran protegidos.
No es que desprecie las golosinas pero deberían preferir la comida natural y los chizitos con gaseosa algunas veces estaba bien cambiarlas por galletitas de chuño con un buen vaso de chicha de maíz.
Aquí en el aire es fresquito se siente como llegan a los pulmones, el cielo es azulito y se escucha los gritos de alegría de los alumnos de mamá…. Mis hermanos peruanos, mis amigos.
Llego entonces la hora del almuerzo, nos sentamos en circulo pero organizados en siete grupos,… el grupo de los cóndores trajeron de fiambre ocas, izaño, papas, chuño y carne cocida, el grupo de incas trajeron quispiño, queso y carachi hervido, el grupo de las ñustas trajeron pesque de quinua con bastante queso y de refresco agüita de yerba buena.
El grupo de las palomitas trajeron patacaldo que se parece mucho al chairito y un poco de revuelto de chuño negrito. Y el ultimo grupo las vicuñas trajeron de fiambre ……¡hay! Que alegría trajeron mazamorra de quinua con cal que fortalece los huesos …. Entonces ahora si podré bañarme.
Pasada una hora después de comer un poco de mazamorra de quinua y trucha frita que unimos todos los grupos y nos fuimos a bañar cantando de alegría de tan bonito reencuentro del año escolar, el río no es profundo es tranquilo en aquel hermoso lugar pero cuidábamos de no arriesgar nuestra felicidad.
Ya era hora de irnos a casa el sol empezaba a esconderse y mis amiguitos nos despidieron cuando llego el mismo camión que nos trajo en la mañana después de algunas recomendaciones por parte de mamá nos dijimos ¡hasta otro paseo!..
Una frenada fuerte nos aviso la llegada, me había quedado dormida de tanto jugar y al bajar del camión pude darme cuenta que las señoras que bajaban junto con nosotras traían para vender en la cuidad bastante queso leche y huevo me puse a pensar los bueno e importante que son esos productos que se deben de aprovechar y hacer unas propagandas como los hacen otros productos en la Tv. También se reían porque el polvo de la carretera había teñido nuestro cabello por unos minutos ellas decían que habíamos llegado gringas
Creo que ese tinte natural no hace tanto daño como los tintes químicos que de usan en los salones de belleza,- con un poco de agua esta la solución.
Una vez en casa conté todo lo ocurrido a mi papá y a mi abuelito quien siempre me da consejos, me dijo que si quería sacar buenas calificaciones debería ser dos cosas, la primera y la mas importante estudiar muchísimo y la segunda tomar caldo de carachi que tiene bastante fósforo, además si quiero estar sana y fuerte debo comer comida natural, la comida de nuestros incas... y ¿saben? Ellos tienen razón practicaré sus consejos, sacaré buenas calificaciones, seré una niña sana y el orgullo de mi Perú.
Yo vivo en La Rivera, cerquita al majestuoso e indomable río Mantaro, y todas las mañanas salgo a correr con mis hermanos y nos divertimos escuchando nuestros pasos en la carretera, porque nos estamos preparando para ser grandes atletas y poder correr como los dioses, pues aquí en Huancayo todos corremos preparándonos para la Maratón de Los Andes, para ser igualito a una gacela jovencita que este año se fue a Paris (Inés Melchor). En el camino a veces nos vamos derechito al río y allí encontramos a los más fervientes, creyentes y católicos animalitos creados por diosito; los sapitos. Dije católicos porque ellos rezan para que a nosotros no nos pise o atropellen carros; porque por aquí, a veces, muere un atleta atropellado.
¿Dije rezan?
¡Claro... rezan! .
Nosotros los hemos escuchado porque a diario nos los encontramos en nuestro camino ¿Ustedes no los han escuchado?
Nosotros sí, a su rezar lo llaman croar y de esa forma se piden a Dios y Diosito les concede su deseo.
Nos han dicho que ellos les piden lluvia a diosito y diosito hace llover. Cuando piden sol, hace sol y los sapitos están más felices que nunca. Diosito no les falla a los sapitos. El no falla nunca nada. Pero cuando se mata a un sapo. Diosito llora, porque han matado a su hijo más chiquito, verdecito y católico: nuestro sapito. Entonces: ¿por qué creen que llueve mucho?
En esos días ya no salimos a correr y lloramos de pena por los sapitos que de a poquito ya no hay más en La Rivera, a veces los matamos sin saber que son nuestros amiguitos. Y otras veces los vendemos en la feria para hacer estracto que sana todos los males. Cuando vivamos en el reyno de los sapitos, todo esto cambiará, si no, no existiría diosito.
Una tarde, cuando el sol ya casi se oculta, reunidos varios abuelos hablaban sobre sus historias cuentos de mi pueblo. Yo, Cayrd, estuve pasando por allí muy atento a las conversaciones de los abuelos. Luego de escucharlos empecé a escribir este hermoso cuento del Tac ra rac.
Cuentan que en el Anexo de Saños chico, del distrito de El Tamo, Departamento de Junín, en la Tierra del Dios Huallallo Carhuancho lo cual es símbolo y logotipo del escudo de la UNCP; dicen que hace muchos años, existía una abuelito conocida con el nombre de la abuelita Iñicha Y que vivió hasta los 108 años. Por las noches hace asustar a los pobladores del anexo sobre todo en los lugares desolados y en la mala hora.
Dicen que la abuelita era hija única de un hacendado conocido como pistacho que mataba a las personas por dinero o por placer. También cuentan que este pishtaco mataba a la gente para vender órganos para transplantes; también extraída la grasa de gente en grandes cilindros a base de fuego, después de convertida en aceite humano lo vendría a las grandes empresas para comercializarlo como aceite para maquinarias pesadas, para los aviones, etc, también capturaba a la gente para venderlos y enterrarlos vivos en las estructuras de los puentes para tener consistencia. Así era el malvado Pistacho, que para buena suerte del pueblo ya no existe Su hija Iñicha, hija única siempre le acompañaba en sus actos, por eso después de su muerte se habría condenado por ser malvado su padre y que su hija pagaría la culpa como castigo de Dios.
Dicha abuelita murió soltera y que de muchacha tenía muchos enamorados que eran sus primos y familiares. A ella le gustaba comprar ellas, platos, cucharas, tazones y otros utensilios para su casa y que le servirían cuando esté casada. Pero por la maldad acumulada en su generación familiar anterior como asesinos, explotadores, malvados pishtacos, nunca se casó.
La abuelita Iñicha cuando dormía no descansaba normalmente, descansaba parcialmente. Parcialmente n porque dormía a la expectativa, sino que a eso de media noche su cuerpo se quedaba dormido en su cama y su cabeza salía para andar por las calles de Saños Chico y sus alrededores haciendo asustar a la gente y en busca de utensilios como : ollas, platos, cucharas, tazones y latas viejas y amarrados con pitas de colores se colocaba en su cabeza para arrastrarlos por el suelo los cuales sonaban y hacían ruidos escalofriantes y asustaba a la gente cuando pasaba por cualquier lugar.
La abuela Iñicha, pues se había condenado por tener relaciones sexuales con sus primos y familiares y por todas las maldades que junto a su padre posiblemente habría cometido. Ya la gente del pueblo le tenía miedo y que casi nadie se le acercaba porque la gente contaba que cuando dormía su cabeza a media noche salía y que su cuerpo seguía durmiendo en su cama y a eso de la madrugada retornaba a su cabeza para que su cuerpo nuevamente despertaría y como si nadie se diera cuenta se levantaba muy temprano.
El día de su muerte sus familiares con asistencia de unos cuantas personas lo enterraron en el Cementerio de Saños Chico para que descansara en paz. Al siguiente día de su entierro hicieron su lavatorio en el lugar donde actualmente lavan la ropa de los muertos de los fallecidos del anexo (Canal de irrigación Sais Cahuide) después de poco tiempo, se dieron cuenta sus familiares que su cuerpo había muerte, pero que su cabeza no. Dicen que su cabeza salía del cementerio a media noche y seguía andando haciendo asustar a la gente con su sonido escalofriante de: Tac ra rac, tac ra rac.
En la actualidad, dicen que por las noches la Cabeza de la Abuela Iñicha conocido como el tac ra rac sigue andando haciendo asustar a los pobladores de Saños Chico. También a veces anda por el lugar del canal de irrigación allí donde lavan ropa para asustar a la gente que cuando escuchan el ruido del tac ra rac sus cuerpos se ponen esponjosos y pareciera que caminaran por el aire de tanto miedo.
Por eso a todas las personas del anexo de Saños Chico y sus alrededores, tengan cuidado con la abuelita Iñicha más conocida como el tac ra rac, porque su cabeza sigue viva y anda arrastrando ollas, platos, cucharas, latas y tazones amarrado con pitas a su cabeza.
A todos los niños niñas de nuestro pueblo le suplicamos que ya no anden por las noches, que allí vienen el tac ra rac para asustarlos y comérseles sobre todo a los que no hacen la tarea escolar.
En el cielo existían muchos ángeles y en especial había uno que le gustaba mucho los niños., pero Dios cada cierto tiempo encargaba a cada ángel ser el cuidador y protector de cada niño que existe en la tierra, pero como este ángel era bueno con los niños. Dios le mencionó que podría escoger al niño de quién sería su Ángel Guardián, y este ángel escogió a Luciano, quien era un niño muy pobre. Luciano sufría mucho porque su mamá estaba muy enferma y no tenía dinero para comprar sus medicinas. El ángel al ver esto, le solicitó a Dios que ayudara a Luciano, entonces Dios le dijo al ángel:
-Ya que has escogido a un niño y sobre ttodo a un niño pobre, yo mismo te daré poderes para que puedas ayudar a este niño. Entonces el ángel aceptó.
El ángel siempre encontraba a Luciano llorando por su mala suerte de tener a su madre enferma, se ponía a rezar a Dios pidiéndole que su madre se recupere.
Un día cuando caminaba junto a su madre, Luciano se encontró una billetera conteniendo muchos billetes, que era suficiente para que pudiera internar a su madre en el hospital. Luciano deseaba quedarse con la billetera, y al seguir buscando encontró una dirección que no conocía, entonces persistió en quedarse con la billetera y su contenido, pero al descubrir eso su madre le dijo:
-Hijo, la salud no sólo está en el cuerppo, sino también en el alma, no nos beneficiamos con algo que no durará, ese dinero no nos pertenece, si bien necesitamos el dinero, pero no sabemos la falta que puede ser también para su dueño.
-Pero madre, lo encontramos y es nuestroo ahora. Dijo Luciano.
-No, podemos encontrar riquezas, pero quue sea a causas de nuestro trabajo. Hay que devolver ese dinero, ahí tienes la dirección -dijo su madre-
-Está bien madre, haremos lo que digas, por último eso nos enseñó la vida -contestó Luciano muy triste-.
Entonces iniciaron a buscar la dirección que habían encontrado en la billetera, y en eso se apareció un viejecito y le dijeron:
-¿Usted conoce esta dirección?
-El viejecillo al leer la dirección conttestó. Solo tienes que llegar a esa casa en la cima de ese cerro, apuntando había un cerro muy alto, y preguntar a la persona que sale.
Entonces siguieron su camino hasta llegar a lugar indicado, tocaron y tocaron, pero nadie abrió la puerta, entonces decidieron regresar a casa. En momentos que se prestaban a regresar una voz les hablo:
-No se preocupen, el dueño no tarda en rregresar. Es mejor que pasen y se sirvan lo que él mismo preparó.
-No, mejor volvemos mañana, le dice eso al dueño por favor, respondieron sin imaginarse de donde salía dicha voz.
-¿Mañana?, él ya no estará, él se irá dee viaje. Dijo la extraña voz.
Y al percatarse Luciano, en verdad ya había anochecido, el camino de regreso ya no era visible, por lo que decidieron hacer caso a la voz.
Ingresaron a la casa y vieron un cena servida, había dos platos, dos tazas , dos cucharas, dos cucharitas, entonces Luciano se preguntó:
-¡Quién vivirá aquí?
-No se, pero quien sea, parece que supo que vendría visita. Dijo su madre.
En esos instantes de nuevo escuchan la voz y les dijo:
-No van a probar la cena, miren que se ppuede enfriar.?
Al escuchar eso, iniciaron a comer, pero Luciano tenía la curiosidad de saber de quien era esa voz y preguntó:
-Señor, ¿usted tiene nombre?
Pero nadie le contesta, entonces volvió a preguntar, pero tampoco le contestaba, entonces siguió comiendo.
Para cuando terminaron de comer, ya se habían dormido profundamente. Pero al despertar por la mañana, ambos ya hacían en un hospital, cerca de la ciudad. Sorprendidos le preguntaron a la enfermera lo que había sucedido:
-Señorita, que me pasó. Dijo la madre dee Luciano ¿acaso tuve un accidente?
-No, felizmente la operación salió bien.. Le comunicó la enfermera.
-¿Qué operación?, preguntó Luciano.
El doctor Buendía y nos dijo que tu madre necesitaba una operación. Contestó la enfermera.
-Entonces Luciano volvió a escuchar la vvoz que le decía:
-Pensé que tú también necesitabas de unaa operación, pero me equivoqué, tú tienes el cuerpo y el espíritu sano.
-¿Pero, el dinero? Preguntó Luciano.
No era dinero, eran tarjetas con la dirección del hospital y se le cayó al Dr. Buendía, pero eres tú quien con tu actitud de honradez, lograste conseguir la dirección. Luciano no lo podía creer, que por el hecho de tratar de devolver un dinero que no le pertenecía, lograría operar a su madre.
Pero lo años pasan, Luciano aprovechó de esa experiencia para seguir enseñando a sus amigos, el valor de la honradez. Ahora Luciano es Administrador y trabaja en el Hospital donde operaron a su madre. Y en ocasiones piensa que todos tenemos un ángel guardián que nos cuida, protege y aunque no lo veamos el siempre está junto a nosotros.
Pedro Quispe Huaraca, de 52 años de edad era el capataz de todo un grupo de trabajadores provenientes en su mayoría de los poblados y comunidades cercanas a Andahuaylas. Analfabeto, natural de la comunidad de Argama en el distrito de Pacucha, hombre fornido y curtido por el tiempo, el clima y las labores efectuadas a lo largo de su aventurada existencia. Era el típico poblador de esas comarcas, rostro cetrino, nariz aguileña, callos en las manos, fuertes músculos que denotaban los duros trabajos a los que estaba habituado. Vestía pantalón grueso, tosco, confeccionado de bayeta, color plomizo claro, camisa a cuadros, rojizo; un poncho muy grueso color nogal, sombrero negro y las infaltables ojotas que pese al frío tenía que llevar irremediablemente, en vista de que la compañía que estaba encargada de la construcción del trabajo carretero entre Andahuaylas y Abancay, no les proporcionaba materiales como por ejemplo un par de botas de jebe, especial para la época de lluvias. Además, él y su grupo habían sido reclutados a la fuerza por las autoridades de Andahuaylas para que trabajen en "Acción Cívica". Corrían los primeros años de la década del cuarenta. Se encontraban en la zona denominada "La Cabaña", lugar ubicado casi a la mitad del tramo en construcción. Extensa puna, donde el frío arreciaba más que en otros lugares. La densa neblina no dejaba vislumbrar lo que había delante, ni a dos metros de distancia, era muy peligroso trabajar en esas condiciones. Muchos trabajadores ya habían perdido la vida al desbarrancarse.
-¡Rapitu uceosos! Pronto cairá la lloviaa y tindrimos qui parar il trabajo por uy día, mañana vendrán visita los enginieros, no quiro quidar mal, pes! Perdo, agarrando un largo zurriago en la disestra, animaba a los "carreteros" para aligerar su labor.
En muchas ocasiones se producían disputas, en especial por el reparto del alcohol y la coca pues sin essos ingredientes no ponían muchas ganas en la faena, aun más: no querían trabajar. Podría escasear la comida y el abrigo, pero que faltara el trago y la hoja de coca para "chacchar", no era permitido por los rudos campesinos.
-Tayta Pidro, más cuca pi', puco tragetuu más, nu poidimos trabajar asé- Los carreteros exigían más alcohol y coca que les daba fuerzas y ánimo para la labor.
-¡Uy Tunas no sias jodedo, anda un más ttrabaj!- fue la respuesta inmutable de capataz, solía repetir hasta el cansancio "yu ya cunosco a me Cinti".
Tomás Huamán era el lugarteniente de Pedro, hombre noble y sincero, siempre reclamaba los derechos de todos y por eso se ganó la enemistad del capataz y de las autoridades. Ya en varias ocasiones había sido encerrado y castigado en la cárcel de Abancay, "para que no caliente la cabeza al campesino ignorante". Sin embargo por su liderazgo sobre la masa, siempre era devuelto al lugar de trabajo, motivo que aprovechaban las astutas autoridades para acelerar el avance del tramo carretero. Era una disputa, una rivalidad a manera de concurso, querían demostrar quién trabajaba más rápido, quién era "más machu, m´s hombri" si los abanquinos en el frente que les correspondía o os andahuaylinos, por su lado.
Una de esas mañanas, cuando todos esperaban un día rutinario como siempre y nada hacía adivinar que sucedería algo especial, en la distancia por entre los débiles rayos solares y en medio del pajonal, divisaron una firma humana. Muy lejos aún para poder determinar de quién se trataba. Conforme avanzaba, comenzó a distinguirse su figura juvenil y femenina. Los carreteros hicieron un alto en su labor dejando al lado los picos y palas, esforzándose por ver quién sería.
-Uy, meren quin sirá. Parece mujir di taaytacha inginiro- dijo uno de ellos.
-Sunsu maqtacha. Nunca mujir grenga u boonita un sir mujer inginiro- respondió alguien que no quería hacer caso a lo que decía Cirilo, natural de a comunidad de Cupisa. Siguieron con su acostumbrado trabajo. La mujer en mención ya estaba a unos doscientos metros de donde ellos se encontraban. Los mechones de su larga cabellera dorada refulgían como hilos de oro con los rayos solares. Hasta el cielo pareciera que se había súbitamente despejado para dar la bienvenida a tan inesperada visita.
-Buenos días señores, me extravíe en el camino que seguía hacia Abancay, pero gracias a Dios que están aquí, les encontré- fue el salud de la misteriosa dama, de tez muy clara. Se encontraba ataviada con unos pantalones gruesos color azul oscuro, negras botas altas de montar, un blusa olor café, chaleco negro y bufanda marrón en el cuello, colgando descuidadamente uno de los extremos sobre el amplio pecho. Era muy bella, por cierto. Una perfecta "grenga" para los campesinos.
-Mamitay, señoreta, qui hacis pur aquí, dioschallay- Pedro contestó por todos, dirigiéndose hacia ella.
Un murmullo de admiración y asombro comenzó a producir un extraño ruido entre los trabajadores, nada acostumbrado a observar ese tipo de mujeres y mucho menos recibir ningun visita en esos lares tan lejanos y extraños, como ella misma.
-Oh, no, no reocuparse por mi. Yo quererr quedarme poco tiempo, poco tiempo. Estoy muy segura- Su hablar denotaba un claro acento extranjero.
Sentase al borde del camino que con mucho esfuerzo estaban abriendo los campesinos, para que "llige carru pis". De sus espaldas, bajó una mochila de regular tamaño y se dispuso a descansar. Como si les conociera de siempre a los comuneros, los observaba de una forma muy familiar, con unos ojos celestes como el cielo que producía un sentimiento raro en los campesinos. Con mucha calma buscó entre sus pertenencias, sacó una cajetilla de cigarrillos. Extrajo de ella uno sólo y prendiendo con un pequeño fósforo, cubriendo con las mano abiertas del viento helado, empezó a arrojar por sus labios rojos como la grana, bocanada tras bocanada de humo.
Pronto legó el atardecer y con él, se acentuó el frío. El viento era cortante y lo comuneros se arropaban en los ponchos. Retiraronse hacia los galpones, que eran especies de cobertizos construidos a base de madera muy tosca y con techo de paja, lugar donde comían y dormían, como quien dirían "n "cama redonda". Pedro estaba impaciente por la extranjera, pues perturbaba a os comuneros y su diario vivir.
Luego de la frugal ena, si así se le puede llamar, que consistió en unas cuentas papas sancochadas frías, maíz tostado (cancha) y charqui, Pedro se dirigió a la extraña dama: -Señoreta ahura dúnde dormirá-
-Oh, no hay problema, yo sentirme cansadda y pronto quedaré muy dormida, muy dormid- fue la respuesta.
Tal vez la costumbre del país de donde venía hacía que el fuera indiferente estar entre tantos hombres desconocidos. Todos se dispusieron a dormir. Las estrellas titilaban en lo alto del cielo. Los comuneros extendieron pellejos de carnero y tapándose con sus ponchos, se dispusieron a pasar la noche. Con toda la naturalidad del mundo, l dama también se acomodó entre ellos y cruzando los brazos sobre el pecho, inició un placentero sueño. Tanta era la sorpresa de los campesinos, que nadie podía pegar un ojo, siempre pensando quién sería tan extraña mujer, a qué había venido y qué pasaría después. Pedro recordó cuentos e historias de "aparecidos" que su abuelita les narraba en la cocina, junto a la luz mortecina del fogón donde algunos leños secos seguían consumiéndose lentamente, alumbrando tenuemente la noche oscura ¿Tal vez sería alguna difunta que estaba cumpliendo su condena penando por esos lares tan lejanos? Su cuerpo empezó a temblar, un sudor frío cubría su frente. En suaves susurros quiso comunicarse con los otros comuneros, pero éstos también se encontraban muy nerviosos y sudando a mares, no podía articular expresión alguna. Los dientes entrechocaban sonoramente, produciendo un leve ruido.
-Pidrucha, Tayta Pidru, quin sirá pis issta mujir, apista muy forte, chachau.
Pedro, que se encontraba al costado de la dama, de pronto sintió que una de las delicadas manos de esta mujer se posaba sobre su rostro, quiso salir despavorido, pues esa mano parecía de una persona muerta, totalmente fría, helada. Pero, no tenía valor ni para respirar. "Zunzo suy, pisadilla is" se decía a sí mismo para darse valor. Pesadilla del cual esperaba despertar pronto con la llegada del nuevo amanecer.
Al clarear la aurora, la primera en levantarse fue la extraña dama, quien agradeció a todos pos las atenciones recibidas.
-Gracias, gracia, nunca podré olvidarless- Pidió al capataz que le acompañe un trecho para que siga su camino Iniciaron su andar lentamente y después de unos 25 minutos de haber avanzado, la extraña dama se despidió por última vez de Pedro, tomó sus manos entre las suyas, nuevamente un ramalazo de terror recorrió todo el cuerpo de Pedro soltó muy rápido esa frías manos y dio media vuelta, retornando la carrera. No recordaba de ningún ingeniero Sánchez, aunque el mes anterior estuvo en Andahuaylas comprando materiales y víveres para el campamento. Tal vez a eso se debía el no haber conocido al mencionado Sánchez. Con mucha prisa recorrió el camino de retorno al lugar donde dejó a los comuneros n su labor, completamente cansado llegando junto a ellos, les narró lo sucedido, cual sería la sorpresa al escuchar de labios de sus compañeros que era verdad la visita del ingeniero mencionado, pero también era verdad que él les había contado con mucha tristeza, que su esposa, una bella gringa de origen norteamericano, había fallecido en la ciudad de Abancay hacía unos tres meses atrás, a causa de una rara enfermedad la reacción de todos no se hizo esperar, se volvieron mudos del espanto, algunos empezaron a vomitar, otros echaban espuma por la boca, no sabían qué decir y pronto uno a uno empezaron a salir corriendo despavoridos no creían que hubieran pasado la noche con una difunta. No querían permanecer ni un minuto más en ese lugar y jamás volverían, así las autoridades les encadenara pidiendo apoyo de la policía para que puedan retornar al trabajo Este hecho paralizó por buen tiempo el avance de la carretera, al final fue necesario traer peones, comuneros de otras latitudes muy lejanas para dar por concluido el tramo carretero entre Andahuaylas y Abancay. De la mayoría del grupo de comuneros que pasaron la terrorífica experiencia y durmieron con la "gringa" nunca más sesupo Algunos enloquecieron y otros se retiraron de la región a sitios ignorados y lejanos. Pedro, simplemente vabga en su comunidad sin pronunciar palabra alguna, pues había perdido totalmente el habla, tenía los ojos desorbitados y una expresión de total abandono en el rostro abatido.
No recuerdo exactamente lo que ocurrió aquella noche, esa vez mi padre y yo estuvimos tan unidos como nunca aunque la situación en Ayacucho estaba mal... Las fuerzas subversivas golpeaban con fuerza el Perú, y "Ayacucho era el centro de aquellas matanzas de miles campesinos".
Ese día mi padre me abrazó tan fuerte y me besó como nunca, fue como si estuviese despidiéndose de mi para siempre, me sentí un poco extraño al ver el rostro de mi padre semi lloroso como si quisiera decirme algo, mi padre era tan frívolo, calculador el tenía un porte de galán, era tan hermoso para ser mi padre, recuerdo que mi abuela decía tu padre es un hombre súper inteligente, pero no sabe aprovecharlo hasta que lo pierde.
No sabía que actividades realizaba a veces mi padre aparte de trabajar, el no trabajaba como los otros señores, si no que +él solo salía y regresaba, eran tan extraño que no podía entender, tampoco sabía porqué tenía tantas reuniones en mi casa con señores que ni siquiera yo conocía, eran tan extraños y misteriosos que me causaban miedo.
l reyno de los sapitos
l Tac ra rac
l valor de Luciano
os carreterros
ay golpes en la vida que no sanan fácilmente