a hualmi mayo del alto cunas
Esa mañana del 4 de febrero de 1995, al igual que en oportunidades pasadas, Mañuco, se encontraba sentado en un lugar seguro y firme de la margen derecha del majestuoso río Cunas, que entonces por época de lluvias se había incrementado y sus orillas habían carcomido algunas extensiones de siembra de papa, habas, arvejas o de pastos; por lo que, los campesinos muy preocupados maldecían sus destinos. Otros carajeando al río o puchayando mientras chupaban saliva de entre sus dientes; miraban cada mañana o al atardecer sus siembras afectadas. Esos mismos ratos, en sus casas, sus mujeres y sus hijos seguro también estarían rezando a Dios para que el río no crezca más..
Aquel día, el adolescente, llevaba ya unas horas mirando fijamente las aguas sin parpadear o cambiar de dirección la mirada, en cuyos instantes, las aguas parecían dejar su rumbo y avanzar en sentido contrario, llevándose a él, así, sin tumbarlo ni arrastrarlo meciéndolo suavemente mientras desplegaban ruidos más calmados. En respuesta, también Mañuco, gritaba: ¡¡eeeeeaaaaa!!, ¡¡eeeeaaaa!!, tan suave y a la vez confuso, que sólo él comprendía sus gritos de alegría. Todo esto terminaba cuando sus ojos de mucho cansancio parpadeaban; entonces malhumorado daba de puñetes al suelo y trataba de reiniciar otra vez. Muchas veces luego de haber dormido en las noches, sus ojos estaban rojizos, como de diablo, le decían algunos pobladores. Otros burlándose, decían, como de brujo y su patrón renegando escupía hablando: ¡tatao, carajo, límpiate esos legaños! Unas mamitas compadecidas le aconsejaban: ¡tea dao aire, si pues, aire es, debes ya no ir al río¡pero llegado el momento no cumplía! Siempre la gente lo encontraba a orillas de éste caminando, sentado, jugando con las aguas, mientras pasteaba los animales de Don Espíritu Camayo, su patrón de estos tiempos, lo que comprendía, ese día era que definitivamente esa mañana no era igual a las otras, tal vez porque estaba muy nublado y por entre los cerros del Este, grandes nubarrones indicaban que iba a llover más tarde. En eso:
-¡Zonzoooooo!, ¡opaaaa! Retumbó unas vooces conocidas por él a sus espaldas.
Como expulsado por la tierra, el muchacho se puso de pie volviendo la mirada sin comprender lo que ocurría. Era Don Espíritu, muy enfadado, que casi lo golpea con el palo que lleva consigo, mientras continuó vociferando: La cría de la Negra no hay... ¿no escuchas como llora la oveja por su cría?... o también estas sordo, carajo... corre, busca. Fue tajante el hombre al decir sus últimas palabras, ¡y no vuelvas a mi casa si no lo encuentras!
Se fue del lugar viendo al muchacho alejarse a toda carrera río abajo, muy preocupado, llevando su saco con el brazo derecho, aquel que seguramente cuando era nuevo formaba parte del terno de algún adulto, pero ahora estaba viejo, descolorido, retaceado por todos lados. No recuerda de quién había sido ni cómo llegó a sus manos. Algunas veces, por su propia iniciativa lavaba al saco, en las piletas públicas de los pueblos, en los sequiones o ríos, sin jabón ni nada, sólo con agua; como quería decirles a quienes con curiosidad o burla le miraban cuando el saco ya lavado y seco, se lo volvía a poner. Mira al opa cochino, decían, dice que ha llavao su saco... ja, ja, ja, ja se reían... cachoso, todavía está andando. Para Mañuco era lo único que tenía para abrigarse, y sentimientos muy fuertes le venían cuando pensaba que tal vez sería de su padre y un día pueda que él lo vea, puesto su saco, entonces seguro que lo reconoce, lo abrace tiernamente y lo lleve con él, ese día seré muy feliz como que naceré de nuevo, decía para sus adentros.
Don Espíritu Camayo era un notable agricultor del barrio sur del distrito de Pilcomayo, conocido por su mal genio, por lo que algunos de sus vecinos lo respetaban y admiraban, otros le temían y muchos peones del lugar lo despreciaban hablando de que era muy exigente en el trabajo de las chacras; gritaba y carajeaba cuando no estaba conforme con la faena decían los más ancianos. Pero a la hora de la paga era mezquino y desconsiderado. Don Ishpo, como le decían había sido elegido alcalde distrital; hace 6 años, por lo que los pobladores le pidieron que ventile y aclare el caso de Mañuco, que por entonces era un niño desnutrido y descuidado que vivía con la Tereza Lazo, una solterona de uso 35 años a la que le llamaban la machona, porque dicen que nunca quiso a hombre alguno ni deseo tener hijos, pero Mañuco era su hijo, su mudito. ¿Diga de una vez, pues, Tereza, de dónde has traiu ese chico? Le exigía, Don Justo Flores, un anciano; en la reunión de la aclaración dirigido por el Alcalde. Entonces ella respondió: -Yo lo he traído de la altura de Ahuac tío, una señora, que creo que se llamaba Simeona Rojas, me ha hecho entrega del Mañuco, diciendo que era su Madrina de Bautizo, que sus padres habían muerto, pero que ella ya se cansó de criarlo, porque es mudo, se orina en la cama y no le deja hacer nada, esta que llora, tal vez cuando te llevas a otro pueblo puede mejorarse...
No dejaron que termine de hablar, un tal Demetrio Quispialaya le dijo Cómo que creo que así se llama la señora, tú sabes bien quién es, lo que pasa te haces, así que mejor llevas al chico de donde lo has sacao, ya esa mujer sabrá qué hacer, en vez de que aquí está sufriendo mucho.
Otro de nombre Antonio Aliaga, fue todavía más duro cuando le dijo: Lo que pasa eres una sabida, Tereza, que dijiste, como es mudito a nadie va decir de donde me lo he robado... y cuando crezca me ayudará sin reclamar nada por eso al pobre, ni escuela le haces pisar, estás teniendo por tener.
Si pues es la verda, dijeron casi todos. La tereza, tenía tanta cólera, que parece que iba pegar a todos, votó su manta a su espalda y los ojos le brillaban como queriéndose salir de su órbita y dijo:
-Mira van a hablar bien a... después noo estén diciendo yo no te dicho no fui... porque yo les puedo demandar en Huancayo.
Algunos se rieron, otros dijeron: Todavía es lisa, en eso que están así, un poblador, muchacho no más pidió la palabra, era el Juan Poma al que le decían el "Cupte", porque caminaba muy rápido:
-En Huancayo, dijo, tengo entendido quee hay instituciones que se encargan de criar así a los niños abandonados, mejor, pues lo entregamos ahí y asunto arreglado.
Pero como impulsado por algún ánima Mañuco corrió y se detuvo frente al Alcalde, al tiempo que de rodillas, con las manos juntas suplicaba, que no lo lleven a otro lugar. La gente consternada ante este hecho aceptó que se quede y lo cuidaran por turno hasta que pueda trabajar y valerse por sí mismo. Que empiece Don Ishpo, que es la autoridá mayor, dijeron. Cuando el niño se levantó, vio que la gente se alejaba porque la reunión había culminado. Todos hablaban, seguro de lo que había ocurrido. En eso a lo lejos alcanzó a ver a aquella mujer misteriosa, alta, esbelta, de rostro alargado y pálido muy diferente a las del lugar, quien con movimientos de su cabeza aprobaba lo que el niño había hecho dibujándose una sonrisa, discreta en aquel rostro que siempre habían estado triste; por extrañas razones, Mañuco corrió a su encuentro y alcanzó a oír lo que dijo: -Todo será más fácil desde aquí... pero calló al ver que Don Ishpo se acercaba. -Nos vamos Mañuco, apúrate... apúrate; diciendo apresuró el paso. El niño con dificultad volteó a ver a la mujer pero ella, como otras veces había desaparecido. Mientras corría tras de Don Espíritu, el niño pensaba la forma, cómo cambió su vida, desde aquella tarde que vivían con la Tereza y por lavar la zanahoria cosechada de ésta, junto con algunos peones había ido al Río Cunas. Ese día como otros, tampoco la Tereza le había dado de comer, a fin de que nadie lo moleste, por estar comiendo la zanahoria de la patrona, tomó unas cuantas de las más tiernas y corrió a esconderse tras de unos arbustos, ahí muy contento, observando al río, como si éste fuera su conocido comenzó a comer sus zanahorias; en eso ve a una mujer muy hermosa, que voltea y con esa mirada triste le observa. Mañuco se sobresalta no estaba aca, cuando vive, pensaba, o como dice la gente me estoy volviendo tonteao... opa... En eso interiormente escucha las voces de la mujer que le dice:
-No eres opa Mañuco, jamás lo fuiste, pporque si así fuera, no sentirían lástima de lo que del río hacen los demás, ensucian sus aguas, matan a los animales, destrozan las plantas que crecen en sus orillas... pero tú no eres así. Bastante susto sintió el niño, cuando vio a la mujer a la distancia que estaba. En ningún momento movió los labios, sólo le observaba. Quiso correr, en eso agregó: Tú no puedes hablar por el susto que tuviste, cuando viste morir a tus padres, maltratados por los de la base, quienes los acusaron de terrucos... Ya pues acelera chico, le dice un hombre a sus espaldas o has venido sólo a comerte las zanahorias, crau, crau crau, como conejo. Lloró tanto mientras cocía la boca de los costales con zanahoria y continuo todavía en la noche hasta que el sueño lo venció. Pasó muchos meses de aquella aparición y Mañuco estaba contento porque una mujer le prometió llevarle a Ahuac. Corrió a despedirse del Cunas y ve a la joven mujer, que le suplica que no se vaya, porque entonces ella se alejará. Pero él la desobedece, diciéndole: tal vez ahí sepa de alguien de mi familia; pero fue engañado y llevado a Tomas, del que retornó a Pilcomayo por tanta súplica y lloradera; tendría 8 años desde entonces vivió con Don Ishpo y no hubo tales turnos que acordaron los vecinos en la reunión y la joven del río, seguramente molesta como estaba sólo se le aparecía para decirle cosas puntuales como aquel día de la reunión. Para el 4 de febrero del 95, ya tenía 14 años.
Esa tarde que perdió la cría, no regresó a la casa de su patrón; mojado por las lluvias, muy tristes y a la vez con cierta satisfacción por sentirse libre como cuando era niño se quedó dormido en una choza abandonada. En sus sueños vio a la mujer que se acercaba lentamente a él y Mañuco le dijo: después de mucho tiempo de vuelvo a ver.
-Si, respondió ella, y es hora de que sse acaben tus sufrimientos le dijo resueltamente, mientras se acercaba aún más. Mañuco, pensando lo peor se despertó muy sobresaltado, y ahí estaba delante de él, hablándole:
-La ovejita está escondida aquí, no se perdió y cuando a Don Ishpo le entregues, de nuevo te pedirá que te quedes con él, de eso te aprovecharás para sacar comida y mantas y diciendo estas últimas palabras se alejó entre las aguas.
Muy sobresaltado incrédulo, como queriendo no obedecer, el Mañuco al día siguiente deambulaba, cuando alcanza a ver a la cría, que muy tranquila a unos metros de él se alimentaba de pastos tiernos, entonces esa mujer tiene poder, qué será Dios Mío, se santiguó, pero debo obedecerle porque conoce algo de mi familia. Esa misma noche, el Mañuco estaba a la ribera del río Cunas, con mantas y comida aguardando la llegada de la joven, al rato se aparece ésta, vestida como para viajar. Tú irás por la carretera y yo por el río, le dice, viajaremos sólo de noche, en el día te esconderás de la gente. Así viajando pasaron muchos pueblos; Huarisca, Angasmayo, San Blas... pero ella era quien le tomaba la delantera, prácticamente flotaba sobre las aguas, y sólo donde había piedras se demoraba un poco. A dónde me llevas?, le preguntó Mañuco una de esas noches mientras hacían un alto en el viaje, ella con su voz que ahora se compenetraba con el viento le dijo: A reunirte con tu mamá. El de un salto se puso de pie y antes que le preguntará la joven dijo:
-Ella no murió en la masacre, quedó muyy herida, pero se curó aunque pasó mucho tiempo, pero el muchacho ya no la escuchaba lloraba desconsoladamente, porqué ahora recién le decía que su mamá vive, se puso de pie y le dijo; entonces rápido vamos, ya no descansaré ni comeré sólo caminaré.
-Te falta muy poco, justo a la amanecidda casi ya llegarás, entonces yo me habré ido, tú continuarás sólo. Por qué, le preguntaba el muchacho para sus adentros.
-El pueblo donde está tu madre se llamaa Chaquicocha, los ramales principales de este río no pasan por allí, por donde quienes que yo vaya? Le preguntó, el joven sin responder, a la vez preguntó: Cómo sabré quién es mi madre y cómo ella me reconocerá?
-Tranquilo, ya sabe, le revelé en sus ssueños como a ti, porque me daba profunda pena la forma como te buscaba de pueblo en pueblo llorando. Entonces ya no te veré más le decía el joven. -Porque no? Yo estaré allí cuando se encuentren. Adiós Mañuco, te hice este favor por tu gran corazón, por tu amor a este río Cunas y se alejó antes que el joven le hiciera una de las mil preguntas que tenía en mente.
Muy de madrugada, cuando aún le faltaba kilómetros para llegar a aquel pueblo una mujer de unos 40 años, llorosa y corriendo se acerca al joven extendiendo sus brazos le dice:
-Tú eres mi Mañuco, eres igual que le ccontó la Hualmi Mayu y lloraron ambos.
El dijo: Madre, pudiendo articular palabra... ambos lloraban.
Menu Principal
Contactos
Webmaster
Enlaces
Otros cursos