a hualmi mayo del alto cunas

      

Esa mañana del 4 de febrero de 1995, al igual que en oportunidades pasadas, Mañuco, se encontraba sentado en un lugar seguro y firme de la margen derecha del majestuoso río Cunas, que entonces por época de lluvias se había incrementado y sus orillas habían carcomido algunas extensiones de siembra de papa, habas, arvejas o de pastos; por lo que, los campesinos muy preocupados maldecían sus destinos. Otros carajeando al río o puchayando mientras chupaban saliva de entre sus dientes; miraban cada mañana o al atardecer sus siembras afectadas. Esos mismos ratos, en sus casas, sus mujeres y sus hijos seguro también estarían rezando a Dios para que el río no crezca más..

Aquel día, el adolescente, llevaba ya unas horas mirando fijamente las aguas sin parpadear o cambiar de dirección la mirada, en cuyos instantes, las aguas parecían dejar su rumbo y avanzar en sentido contrario, llevándose a él, así, sin tumbarlo ni arrastrarlo meciéndolo suavemente mientras desplegaban ruidos más calmados. En respuesta, también Mañuco, gritaba: ¡¡eeeeeaaaaa!!, ¡¡eeeeaaaa!!, tan suave y a la vez confuso, que sólo él comprendía sus gritos de alegría. Todo esto terminaba cuando sus ojos de mucho cansancio parpadeaban; entonces malhumorado daba de puñetes al suelo y trataba de reiniciar otra vez. Muchas veces luego de haber dormido en las noches, sus ojos estaban rojizos, como de diablo, le decían algunos pobladores. Otros burlándose, decían, como de brujo y su patrón renegando escupía hablando: ¡tatao, carajo, límpiate esos legaños! Unas mamitas compadecidas le aconsejaban: ¡tea dao aire, si pues, aire es, debes ya no ir al río¡pero llegado el momento no cumplía! Siempre la gente lo encontraba a orillas de éste caminando, sentado, jugando con las aguas, mientras pasteaba los animales de Don Espíritu Camayo, su patrón de estos tiempos, lo que comprendía, ese día era que definitivamente esa mañana no era igual a las otras, tal vez porque estaba muy nublado y por entre los cerros del Este, grandes nubarrones indicaban que iba a llover más tarde. En eso:

-¡Zonzoooooo!, ¡opaaaa! Retumbó unas voces conocidas por él a sus espaldas.

Como expulsado por la tierra, el muchacho se puso de pie volviendo la mirada sin comprender lo que ocurría. Era Don Espíritu, muy enfadado, que casi lo golpea con el palo que lleva consigo, mientras continuó vociferando: La cría de la Negra no hay... ¿no escuchas como llora la oveja por su cría?... o también estas sordo, carajo... corre, busca. Fue tajante el hombre al decir sus últimas palabras, ¡y no vuelvas a mi casa si no lo encuentras!

Se fue del lugar viendo al muchacho alejarse a toda carrera río abajo, muy preocupado, llevando su saco con el brazo derecho, aquel que seguramente cuando era nuevo formaba parte del terno de algún adulto, pero ahora estaba viejo, descolorido, retaceado por todos lados. No recuerda de quién había sido ni cómo llegó a sus manos. Algunas veces, por su propia iniciativa lavaba al saco, en las piletas públicas de los pueblos, en los sequiones o ríos, sin jabón ni nada, sólo con agua; como quería decirles a quienes con curiosidad o burla le miraban cuando el saco ya lavado y seco, se lo volvía a poner. Mira al opa cochino, decían, dice que ha llavao su saco... ja, ja, ja, ja se reían... cachoso, todavía está andando. Para Mañuco era lo único que tenía para abrigarse, y sentimientos muy fuertes le venían cuando pensaba que tal vez sería de su padre y un día pueda que él lo vea, puesto su saco, entonces seguro que lo reconoce, lo abrace tiernamente y lo lleve con él, ese día seré muy feliz como que naceré de nuevo, decía para sus adentros.

Don Espíritu Camayo era un notable agricultor del barrio sur del distrito de Pilcomayo, conocido por su mal genio, por lo que algunos de sus vecinos lo respetaban y admiraban, otros le temían y muchos peones del lugar lo despreciaban hablando de que era muy exigente en el trabajo de las chacras; gritaba y carajeaba cuando no estaba conforme con la faena decían los más ancianos. Pero a la hora de la paga era mezquino y desconsiderado. Don Ishpo, como le decían había sido elegido alcalde distrital; hace 6 años, por lo que los pobladores le pidieron que ventile y aclare el caso de Mañuco, que por entonces era un niño desnutrido y descuidado que vivía con la Tereza Lazo, una solterona de uso 35 años a la que le llamaban la machona, porque dicen que nunca quiso a hombre alguno ni deseo tener hijos, pero Mañuco era su hijo, su mudito. ¿Diga de una vez, pues, Tereza, de dónde has traiu ese chico? Le exigía, Don Justo Flores, un anciano; en la reunión de la aclaración dirigido por el Alcalde. Entonces ella respondió: -Yo lo he traído de la altura de Ahuac tío, una señora, que creo que se llamaba Simeona Rojas, me ha hecho entrega del Mañuco, diciendo que era su Madrina de Bautizo, que sus padres habían muerto, pero que ella ya se cansó de criarlo, porque es mudo, se orina en la cama y no le deja hacer nada, esta que llora, tal vez cuando te llevas a otro pueblo puede mejorarse...

No dejaron que termine de hablar, un tal Demetrio Quispialaya le dijo Cómo que creo que así se llama la señora, tú sabes bien quién es, lo que pasa te haces, así que mejor llevas al chico de donde lo has sacao, ya esa mujer sabrá qué hacer, en vez de que aquí está sufriendo mucho.

Otro de nombre Antonio Aliaga, fue todavía más duro cuando le dijo: Lo que pasa eres una sabida, Tereza, que dijiste, como es mudito a nadie va decir de donde me lo he robado... y cuando crezca me ayudará sin reclamar nada por eso al pobre, ni escuela le haces pisar, estás teniendo por tener.

Si pues es la verda, dijeron casi todos. La tereza, tenía tanta cólera, que parece que iba pegar a todos, votó su manta a su espalda y los ojos le brillaban como queriéndose salir de su órbita y dijo:

-Mira van a hablar bien a... después no estén diciendo yo no te dicho no fui... porque yo les puedo demandar en Huancayo.

Algunos se rieron, otros dijeron: Todavía es lisa, en eso que están así, un poblador, muchacho no más pidió la palabra, era el Juan Poma al que le decían el "Cupte", porque caminaba muy rápido:

-En Huancayo, dijo, tengo entendido qque hay instituciones que se encargan de criar así a los niños abandonados, mejor, pues lo entregamos ahí y asunto arreglado.

Pero como impulsado por algún ánima Mañuco corrió y se detuvo frente al Alcalde, al tiempo que de rodillas, con las manos juntas suplicaba, que no lo lleven a otro lugar. La gente consternada ante este hecho aceptó que se quede y lo cuidaran por turno hasta que pueda trabajar y valerse por sí mismo. Que empiece Don Ishpo, que es la autoridá mayor, dijeron. Cuando el niño se levantó, vio que la gente se alejaba porque la reunión había culminado. Todos hablaban, seguro de lo que había ocurrido. En eso a lo lejos alcanzó a ver a aquella mujer misteriosa, alta, esbelta, de rostro alargado y pálido muy diferente a las del lugar, quien con movimientos de su cabeza aprobaba lo que el niño había hecho dibujándose una sonrisa, discreta en aquel rostro que siempre habían estado triste; por extrañas razones, Mañuco corrió a su encuentro y alcanzó a oír lo que dijo: -Todo será más fácil desde aquí... pero calló al ver que Don Ishpo se acercaba. -Nos vamos Mañuco, apúrate... apúrate; diciendo apresuró el paso. El niño con dificultad volteó a ver a la mujer pero ella, como otras veces había desaparecido. Mientras corría tras de Don Espíritu, el niño pensaba la forma, cómo cambió su vida, desde aquella tarde que vivían con la Tereza y por lavar la zanahoria cosechada de ésta, junto con algunos peones había ido al Río Cunas. Ese día como otros, tampoco la Tereza le había dado de comer, a fin de que nadie lo moleste, por estar comiendo la zanahoria de la patrona, tomó unas cuantas de las más tiernas y corrió a esconderse tras de unos arbustos, ahí muy contento, observando al río, como si éste fuera su conocido comenzó a comer sus zanahorias; en eso ve a una mujer muy hermosa, que voltea y con esa mirada triste le observa. Mañuco se sobresalta no estaba aca, cuando vive, pensaba, o como dice la gente me estoy volviendo tonteao... opa... En eso interiormente escucha las voces de la mujer que le dice:

-No eres opa Mañuco, jamás lo fuiste,, porque si así fuera, no sentirían lástima de lo que del río hacen los demás, ensucian sus aguas, matan a los animales, destrozan las plantas que crecen en sus orillas... pero tú no eres así. Bastante susto sintió el niño, cuando vio a la mujer a la distancia que estaba. En ningún momento movió los labios, sólo le observaba. Quiso correr, en eso agregó: Tú no puedes hablar por el susto que tuviste, cuando viste morir a tus padres, maltratados por los de la base, quienes los acusaron de terrucos... Ya pues acelera chico, le dice un hombre a sus espaldas o has venido sólo a comerte las zanahorias, crau, crau crau, como conejo. Lloró tanto mientras cocía la boca de los costales con zanahoria y continuo todavía en la noche hasta que el sueño lo venció. Pasó muchos meses de aquella aparición y Mañuco estaba contento porque una mujer le prometió llevarle a Ahuac. Corrió a despedirse del Cunas y ve a la joven mujer, que le suplica que no se vaya, porque entonces ella se alejará. Pero él la desobedece, diciéndole: tal vez ahí sepa de alguien de mi familia; pero fue engañado y llevado a Tomas, del que retornó a Pilcomayo por tanta súplica y lloradera; tendría 8 años desde entonces vivió con Don Ishpo y no hubo tales turnos que acordaron los vecinos en la reunión y la joven del río, seguramente molesta como estaba sólo se le aparecía para decirle cosas puntuales como aquel día de la reunión. Para el 4 de febrero del 95, ya tenía 14 años.

Esa tarde que perdió la cría, no regresó a la casa de su patrón; mojado por las lluvias, muy tristes y a la vez con cierta satisfacción por sentirse libre como cuando era niño se quedó dormido en una choza abandonada. En sus sueños vio a la mujer que se acercaba lentamente a él y Mañuco le dijo: después de mucho tiempo de vuelvo a ver.

-Si, respondió ella, y es hora de quee se acaben tus sufrimientos le dijo resueltamente, mientras se acercaba aún más. Mañuco, pensando lo peor se despertó muy sobresaltado, y ahí estaba delante de él, hablándole:

-La ovejita está escondida aquí, no sse perdió y cuando a Don Ishpo le entregues, de nuevo te pedirá que te quedes con él, de eso te aprovecharás para sacar comida y mantas y diciendo estas últimas palabras se alejó entre las aguas.

Muy sobresaltado incrédulo, como queriendo no obedecer, el Mañuco al día siguiente deambulaba, cuando alcanza a ver a la cría, que muy tranquila a unos metros de él se alimentaba de pastos tiernos, entonces esa mujer tiene poder, qué será Dios Mío, se santiguó, pero debo obedecerle porque conoce algo de mi familia. Esa misma noche, el Mañuco estaba a la ribera del río Cunas, con mantas y comida aguardando la llegada de la joven, al rato se aparece ésta, vestida como para viajar. Tú irás por la carretera y yo por el río, le dice, viajaremos sólo de noche, en el día te esconderás de la gente. Así viajando pasaron muchos pueblos; Huarisca, Angasmayo, San Blas... pero ella era quien le tomaba la delantera, prácticamente flotaba sobre las aguas, y sólo donde había piedras se demoraba un poco. A dónde me llevas?, le preguntó Mañuco una de esas noches mientras hacían un alto en el viaje, ella con su voz que ahora se compenetraba con el viento le dijo: A reunirte con tu mamá. El de un salto se puso de pie y antes que le preguntará la joven dijo:

-Ella no murió en la masacre, quedó mmuy herida, pero se curó aunque pasó mucho tiempo, pero el muchacho ya no la escuchaba lloraba desconsoladamente, porqué ahora recién le decía que su mamá vive, se puso de pie y le dijo; entonces rápido vamos, ya no descansaré ni comeré sólo caminaré.

-Te falta muy poco, justo a la amaneccida casi ya llegarás, entonces yo me habré ido, tú continuarás sólo. Por qué, le preguntaba el muchacho para sus adentros.

-El pueblo donde está tu madre se llaama Chaquicocha, los ramales principales de este río no pasan por allí, por donde quienes que yo vaya? Le preguntó, el joven sin responder, a la vez preguntó: Cómo sabré quién es mi madre y cómo ella me reconocerá?

-Tranquilo, ya sabe, le revelé en suss sueños como a ti, porque me daba profunda pena la forma como te buscaba de pueblo en pueblo llorando. Entonces ya no te veré más le decía el joven. -Porque no? Yo estaré allí cuando se encuentren. Adiós Mañuco, te hice este favor por tu gran corazón, por tu amor a este río Cunas y se alejó antes que el joven le hiciera una de las mil preguntas que tenía en mente.

Muy de madrugada, cuando aún le faltaba kilómetros para llegar a aquel pueblo una mujer de unos 40 años, llorosa y corriendo se acerca al joven extendiendo sus brazos le dice:

-Tú eres mi Mañuco, eres igual que lee contó la Hualmi Mayu y lloraron ambos.

El dijo: Madre, pudiendo articular palabra... ambos lloraban.






l pajarito y su padrino gallinazo

      

Yo vivo en Cancas y mi colegio está frente a la playa siempre rodeado de muchos árboles, los pajaritos se escuchan de todas partes y hacen su nido en cualquier sitio.

Un día desde el techo de mi salón vimos a un pequeño pajarito que estaba a punto de descolgarse de su nido, él hacía muchos esfuerzos para sostenerse, pero fue imposible, se enredó con la paja del nido y todos mis amigos y yo asustados lo vimos caer.

El pobre estaba muy asustado, pero no se hizo daño, lo único que querían era ver a su madre, se veía decidido a encontrarla porque silbaba fuerte.

Nosotros tratamos de ayudarlo y lo pusimos en el centro del piso, para que su madre lo viera. Cuando llegó su madre lo fue a buscar al nido y no lo encontró, empezó a silbar tan desesperadamente que nos dio mucha pena. Nosotros decíamos -está abajo, míralo- pero ella no nos entendía, cuando nos callamos, ella escuchó a su hijo que estaba en el centro del aula.

Ella quería bajar, pero no podía porque tenía miedo de nosotros, aunque estuviéramos en silencio absoluto.

Queríamos ayudar por eso sacamos al pajarito fuera del aula, lo pusimos cerca de un árbol, y nos alejamos. El pajarito esperaba impaciente a sus padres que se acercaban pues su padre estaba listo a socorrerlo y lo silbaba con fuerza. Justo en el momento que se acercaban a cargarlo se acercó u gato hambriento que miraba a nuestro pajarito con muchas ganas, todo era muy peligroso, el gato estaba cerca, pero los padres del pajarito empezaron a picotearlo. Se desató una gran pelea entre ellos, pero el gato los golpeaba muy fuerte, los dejaba medios soñados y avanzaba cada vez más cerca de nuestro pajarito. De pronto apareció un gallinazo, sin dudarlo se acercó a ayudar a los tres pajaritos que ya veían perdida la lucha. El gallinazo picoteó tanto al gato que este tuvo que salir corriendo. Lo más sorprendente fue al ver cómo colocaban al pajarito en las alas del gallinazo y que éste lo ayudara a subir a su nido que estaba en un árbol muy alto de donde no se podía caer y donde ningún gato lo alcanzara.

Era increíble lo sucedido, nosotros aplaudimos de alegría y además aprendimos lo importante que es ser solidario.

Esas son las historias que suceden en mi pueblo, las vivimos día y noche por eso estoy feliz de vivir aquí.






holo vende madre

      

Cuál sería su imaginación del zonzo Teodoro Vilca, que siempre bien cambiado de ropa no más andaba, desde que fue a visitar a sus primos, hijos de su tía Leocadia, que vivían allá por Lima, ni bien estuvo dos meses de las vacaciones del 2000 y regresó creído, creído, puesto su pantalón vaquero, comprados en segunda mano seguro, con su polito sencillo sin poncho ni nada andaba en tanto frío que hce en aquí nuestro pueblo de Accocucho.

Cómo sería de creído, que el profesor de la escuela prohibió a los alumnos ir con ropas colorinches, pero él siempre llevaba su casaca de tres colores, colgado de su cintura. Entonces el profesor colorado de la rabia lo llamaba a un rincón, al que no miraban los demás y lo castigaba, para mañana, le decía, no quiero que vengas de esa forma. Pero él luego salía todo sonriente y cuando sus amigos, curiosos, le preguntaban si le había dolido el golpe, sonriente, como quinceañera respondía: pero si no me ha pegado, me ha dicho que lindo tu casaca, no tienes uno igual para mí. A todos ya había cansado, sus bromas les tenía corconcho Su caminar, también era total, diferente a los demás. ¡Tatao! decían las chicas a las que había hartado. Caminaba despacio como el papacha Demetrio Huayre, que después de emborracharse y dormirse en la pampa: burrr jooo, burrr jjoooo burrrr jooo; espantando las moscas de rato en rato, que se paraba en su bigote, seguro para comerse lo que había quedado del atún con cebolla y pan que se comió el abuelo antes de tomarse.

-¡Mosca carajo!, repetía mientras se espantaba con la mano derecha ¡chuspe crajjj...! y se había vuelto a dormir.

Ya avanzada la tarde, se despertaba y como que teniendo un poco de vergüenza no se levantaba rápido, miraba con los ojos un poquitito abiertos de un lado para otro; y, como tenía harta pereza, todavía continuaba tirado, pero seguro cuando su conciencia le avisaba que ya no había nadie cerca, el viejo sabidazo, se levantaba dando unos pasos rápidos, para después caminar lento hasta su casa, como golpeando duro al suelo con sus pies y sus brazos también lentos uno para atrás, el otro para adelante como no queriendo que el cuerpo le gane en caer a uno de los lados. No sé quién, sería el vivazo que por eso le había llamado "papacha temblor".

Igual el Teodoro, cuando iba a la escuela miraba a todos de reojo y caminando lento a más saluda con un "buenas..." Un día su tío, Teófilo Vilca, arriando sus burros se cruzó en el camino de adentro con el Teodoro y éste, como era de creidazo lo saludó:

-"Buenas..." y continuó su camino. Suu tío lo miró con tanta sorpresa y un poco dudando todavía le preguntó:

-¿Buenas?... ¿qué es eso de buenas?, ¿no hay buenos días tío?... ¿mejor que me diga buenas... perro?; ¿buenas... gato? creo que es decente todavía. Pero el Teodoro ya se había ido.

-Tranquilo Don Teófilo -le decía uno de sus mingaleros- ahora, pues, la juventú está con eso de lo moderno y no más saludan así.

-¡Moderno, moderno... carajo!, dijo mmuy colérico como el diablo Don Teófilo y seguía hablando... Cuando le dea duro en su poto con la sincha de mi caballo ahí va a saber qué cosa es moderno y más que va querer quedarse con la antigüedad, como nosotros y... saludar correctito.

Yo era un cholito humilde y bueno. Mi madre nunca había hecho alcanzar su platita para mandarme a algún lugar de visita. Ahora que ya puedo ir de peón le doy todo lo que gano para que compre azúcar y sal. Al resto, no importa. Como dice mi hermana Toñita, aun que sea no hay que comer, primero es la salú de la mamá que está enferma; y así era, le habían atacado un mal medio raro. Nadie acertaba con su dolor.

-Es agarrao del cerro Llantajoi'llor,, me dice el curandero cuando le hice reconocer, como ese cerro es chúcaro, tu mamá va empeorarse y puede morir y ese maldito cerro puede llevarse cuerpo y todo a tu mamá. Mientras así me hablada pude ver su lengua dentro de su boca que más parecía una cueva oscura y su lengua un trapo verde, de tanto masque, masque de la coca.

De lo que me dijo el curandero ya pasó dos años y en verdad mi mamá está empeorando. Nunca olvidaré de cómo me lloré esa noche después que el curandero me dio su parecer, mientras trasladaba mis pachitos a otra estancia, en plena noche con luna; solitito, de puro hombre me lloré por la salud de mi mamá. Dicen que cuando estás triste las ánimas te tientan para llevarte y convertirle en un encantado a darte muerte, pero yo aunque me recordaba de todo eso, seguí llorando.

El otro día me mingaron los padres del Teodoro para trabajar cinco días sembrando cebada, tal vez con esa platita puedo de nuevo hacer ver a mi mamá con el curandero, diciendo, le acepté, no más a pesar que me pagaría poco y todavía con mesa afuera..

-Es que no va ver quien te traiga tu comida... por eso mejor tu te preparas... y tú, le dice al Teodoro volteando hacia atrás, ¿no puedes trabajar junto con el Davicho?

-No... responde y agrega mientras se palmea su pecho como opa... este pechazo tiene que ir hacer sus trabajos que al profe le dejó... y en la tarde, tengo un partidazo de la patada Horario corrido... Como miran, no tengo tiempo. Y se alejo.

Era mi tercer día de trabajo en la siembra de pasto de don Román Vilca. Ttanto empeño le puse para terminar rápido y mi madre a diario haciendo esfuerzos me traía mi comida. Mientras comía silencioso, no sé cómo ya corría el Teodoro acercándose a nosotros, llegada y media, mientras se mete a los montales nos dice: -No me han visto... no me conocen.

Tuve confuso, cuando ya veo venir a muchos soldados que llegada y media nos preguntan ¿donde está?

-¿Quién..?. les respondo avanzando unn poco más... mi madre sintiendo miedo seguro de lo que me pueden hacer me agarra fuerte de mi mano. Ellos no necesitaron seguir conversando conmigo. Habían agarrado los restos al Teodoro, cuando escapaba y se lo estaban llevando: Mamáaaaaa Mamáaaa lloraba fuerte el pobre muchacho, sentí pena por eso abandonando mi tarea me fui avisar a sus familiares, mientras pensaba porqué, se lo llevan, él debe tener mi edad, no cumple todavía los 17 años para ir al servicio; ah ya sé, como es medio tallón piensan que tiene más por eso se llevan para que luche con los terrucos ya que según los soldados habían sufrido muchas bajas.

Pero no fue necesario, parlamentar con su mamá, ya ella sabía y lloraba:

-A dónde pues se llevan a mi Teodoro,, Teodorucha. Seguro a la guerra a enfrentarse con los alzados, pobre mi criatura, ahí morirá... no lo veré Dios mío, taytacha lindo, ¿por qué ... pues por qué...?

En eso todos corren a la plaza. Yo de curioso también los sigo viendo ahí al Teodoro llorando todavía. Uno de los soldados que tenía sus galones dijo:

-Este no es hombre, está llorando, poor su culpa casi los rojos de mierda, nos matan... quénes son su familia?, diciendo lo empujaron pa delante, él cayó arrodillado.

-Mi hijo, mi huahua lloraba. Su madree pensando que ahí lo iban matar, la Ana y la Anuca, hermanas del Teodoro también se acercaron llorando. Pero los soldados un poco maldiciendo a las muchachas, el más sabido dijo mientras con su lengua se pasaba sus labios:

-En nuestra base de Campo Armiño, neccesitamos que alguien nos cocine, laven nuestros uniformes diciendo esto rodeaba a las muchachas casi ya por tocarlas.

-No importa señor dijeron ambas, de bbuen gusto podemos ir, pero deja a nuestro hermano menor porque mi madre sufrirá mucho y se puede morir...

-El soldado saboreando como si fuera triunfo de guerra dice: -No, en sí nos hacen falta muchas ayuudas... ustedes solas no podrán.

El Teodoro se paró y vivo sacándose sus lágrimas hablá:

-Tengo una hermana más... está en mi casa... pero si no pueden esperar... pero al fin ahí está mi madre ella les puede ayudar.

-Cobarde, carajo, maricón dijeron toddos... ofreciendo a su propia madre todo por salvarse.

En eso, pensando para mí sólo que no consentiré tanto abuso en mi pueblo, mientras yo viva, corrí, como empujado por una corneadera de oveja macho y con todo mi mal parlamentación les dije:

-De aquí no se llevarán a nadie... y eso diciendo empuje a mi atrás y las muchachas que asombradas y tontas todavía, por lo que el Teodoro había dicho, me obedecieron.

-Cholo cojudito, me dijo uno, no sabees con quienes te has metido y comenzó a apuntarme con su arma, en pleno pecho seguro me iban a dar. Todos corrieron gritando a esconderse y las mujeres me agarraron pensando tal vez protegerse aunque sea con mi cadáver si es que me mataban. Yo recé por unos momentos por mi madre enferma y mi hermanita Toña y que vuelva mi padre para protegerles ya que nos había abandonado ya hace mucho tiempo.

De seguro que me iban a matar de no ser que a lo distante se escuchan disparos; entonces como ratones corrieron al monte a esconderse a la vez que hablaban, gritando...

-Estos mierdas han llamado a los rojoos, traicioneros... pero ya verán....

Desde aquel día todos me estiman, y sigo luchando aunque sea buscando de centavo en centavo para curar a mi madre. Mira como es él, dicen algunos no como el teodoro que desde que llegó de Lima, se ha vuelto sin cariño para su pueblo, para su madre. Eso seguro le despertó envidia, cólera al Teodoro y más que le decían "Cholo vende madre" seguro que se quería agarrar conmigo por eso con tanta insistencia cuando le estoy esquivando no más, no sé cómo me encuentra y me cita para hoy día a las 12, en la quebrada.

Después de insultarnos de todo nos vamos a las agarraderas y golpes, yo le dije no te recuerdas que caminabas con el papacha temblor, todo creído, como gallina sebona cuando no puede poner huevo porque el cebo tapó el poto. Me dio un puñetazo y yo le devolví otro. Le saqué como se dice, su quinta maña, al maldito vende madre, y lo dejé ahí tirao como para que se lo coman los buitres y me alejé...








os mejores amigos

      

En las profundidades del mar, en las cálidas aguas de Playa Hermosa, se encontraba un grupo de animalitos típicos del mar de Tumbes, éstos eran muy juguetones y aventureros.

Cierto día, el camarón, la langosta, el cangrejo, el caracol, el pulpo y el camarón brujo, planearon realizar un gran paseo hacia la isla del Amor. Una tarde, los inseparables amigos partieron hacia Puerto Pizarro, donde está ubicada la Isla del Amor. En el trayecto desde una embarcación pesquera algunos hombres irresponsables tiraron un tanque de petróleo y el camarón se enfermó..

Todos sus amigos se encontraban tristes y fueron a visitar al pez lenguado, quién les dijo que buscaran la Orquídea Roja en la Isla de la Fantasía.

Al día siguiente partieron desde muy temprano. En el trayecto la langosta fue atrapada en unas redes camaroneras, el camarón brujo con sus filudas tenazas la liberó cortando las redes.

Luego le sucedió a la concha. Unos niños que se encontraban bañándose, la cogieron y la lanzaron con fuerza hacia el fondo del mar, quedando perdida de sus amigos.

Todos buscaron a la concha, pero fue inútil, no la encontraron; pero el pulpo no se daba por vencido y animaba a sus amigos a que no pierdan la esperanza de encontrar algún día a la concha. Siguieron su camino y el cangrejito se enfermó de tristeza y no quería avanzar, pero su deber era encontrar la Orquídea roja para salvar a su amigo. Luego siguieron su camino y se encontraron con un gran número de anémonas. Al pulpo lo inyectaron de veneno y el caracol rápidamente le preparó un remedio para que sane.

Al día siguiente el pulpo se sentía mejor y le dio las gracias al caracol por salvarle la vida y que algún día le pagaría el favor. Siguieron su búsqueda y se encontraron con un tiburón hambriento. Nuestros amigos tuvieron que luchar contra este feroz animal. El pulpo salió lastimado nuevamente; el caracol brutalmente golpeado y, la langosta perdió dos patitas, casi no caminaba. El pulpo socorrió al caracol dándole un poco de tinta para sanar sus golpes y le dijo:

Amigo mío, tu me salvaste una vez, y ahora me toca a mí, muchas gracias.

Al llegar la noche, nuestros amiguitos descansaron de su largo viaje para recuperar fuerza y retornar el viaje.

Al día siguiente nuestros amigos se encontraron con un lobo marino, quién al verlos que estaban heridos, les brindó ayuda y curó sus heridas. El camarón brujo le preguntó: ¿Dónde se encuentra la Isla de la Fantasía? La Isla de la Fantasía -dijo el lobo marino- se encuentra muy lejos de aquí, pero allí, viven aves, gaviotas y pelícanos. Ayer que estaba tomando el sol me encontré con una conchita, preguntando por sus amigos, estaba muy triste porque no los encontraba.

-¡Es la concha!, exclamó, el pulpo. EEstá viva, vamos a buscarla. ¿Hacia dónde se dirigen? -Preguntó el pulpo. A la Isla de la Fantasía, dijo el lobo marino.

Nuestros amiguitos siguieron su travesía y cuando se encontraron frente a las gaviotas, un pelícano atacó al cangrejo queriéndose comer; el pulpo le dio un fuerte manotazo y el ave huyó de miedo. Nuestros amiguitos siguieron su camino. Había unas jaibas molestando a una concha. El camarón brujo dijo: ¡Es concha! Y fueron a defender al amigo perdido. Ya juntos llegaron a la Isla de la Fantasía donde tuvieron que vencer muchos obstáculos hasta encontrar la Orquídea Roja. De repente se le apareció la Hada Sirena tocando una linda canción con su arpa le dijo: ¡Bienvenidos a esta isla. El camarón brujo, le contó el por qué de su visita y el Hada les prometió entregar la Orquídea Roja para que curara a sus amigos, siempre y cuando ellos acepten quedarse esa noche. Ellos gustosos aceptaron la invitación ya que estaban muy cansados. El hada les convidó alimentación, y cobijó y cuidó de ellos toda la noche.

Al despertar aparecieron en el hogar del pez lenguado, quién les entregó la Orquídea Roja, y éste preparó el remedio y se lo dio de beber al camarón, que al día siguiente despertó débil, pero contento diciéndoles a sus amiguitos un lindo sueño, pero sus amigos le hicieron ver que gracias a la Orquídea Roja, había salvado su vida.

Muy contentos continuaron hacia la Isla del Amor donde los esperaba el hada sirena..


El Coordinador general


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