l perro del gentil
Trata de un joven muy buenmozo que visita todas las noches a una muchacha muy bonita, la muchacha al pasar el tiempo se enamora del joven, luego de tantas visitas nocturnas, la muchacha le pide al joven para que se puedan encontrar de día, y justo en esos días se visualizaba la fiesta del pueblo, la muchacha le pide para que se encuentren en esa fiesta y el joven acepta y se ponen de acuerdo para encontrarse a las tres de la tarde en una banca en la esquina del parque..
Llegada la tarde la muchacha muy contenta va al parque a la hora indicada al encuentro de su enamorado y decía entre sí "por fin lo veré mejor", llega al parque se sienta en la banca y lo espera, ya pasaba casi una hora y el joven no llegaba, sólo un perro se le acercó, le lamía la mano y se sentaba a su lado y de rato en rato el perro se alejaba de ella y volvía llevándole caramelos, pasteles y todo tipo de comida, ella muy molesta porque el joven no llegaba y el perro la estaba poniendo en ridículo delante de toda la gente, insultando al perro (perro cochino, asqueroso, vete, aléjate de mí) se alejó del lugar, pues ya se había cansado de esperar. Esa noche en su cuarto el joven se le vuelve a presentar a la muchacha, ella muy molesta y muy triste le reclama al joven "Porque no fue a la cita acordada" y él sorprendido le contesta "Sí fui a la cita y más bien tú no me reconocías y al contrario me insultaste y me botaste de tu lado. La muchacha no recordaba haber hecho todo eso. Luego ya un poco calmada la muchacha le dice: "Bueno, mañana continúa la fiesta, mañana nos encontramos en el mismo lugar y a la misma hora, esta bien" el joven sonriente acepta, pero esta vez le dice la muchacha " Para reconocerte llevarás puesto en tu cintura mi faja y así será más fácil reconocerte ya que de día nunca te he visto", el joven acepta. Al día siguiente la muchacha va al parque al mismo lugar acordado, espera al joven y éste no llegaba y otra vez se le acerca el mismo perro del día anterior y además tenía la faja de la muchacha bien atada a su cintura; la muchacha muy molesta se dijo "Ese joven que se habrá creído, porque le habrá puesto mi faja a este perro cochino" y diciendo así se fue a su casa, el perro la seguía, pero ella lo botaba a pedradas, y camino a su casa iba pensando que hacer con el joven, así que decidió que esa noche en que seguro la visitaría no lo dejaría salir del cuarto sólo así lo conocería bien y se quedaría con él para siempre.
Llegada la noche el joven vuelve a aparecer ante la muchacha, ella ya no le reclamó nada, el joven tenía aún la faja ceñida a su cintura, toda la noche conversaron, jugaron y cuando ya empezaba a amanecer, el joven se quería despedir de a muchacha como todas las noches. Ella no quería que se fuera y atajaba al joven para que no saliera, el joven desesperado empezó a dar vueltas por el cuarto sin poder salir y cuando ya amaneció y todo el cuarto quedó alumbrado la muchacha vio que el joven que daba vueltas no era humano sino un perro, el mismo que se le había acercado en el parque, al ver esto asustada dejó salir al perro que rasguñaba la puerta y luego muy triste por las noches esperaba al joven buen mozo que conoció y por el día buscaba al perro, pero ya no los volvió a encontrar nunca más, pues era el perro del gentil.
Hace muchícimos años atrás, cuando todavía, era oscuro el día, porque reinaba la neblina como ahora y siempre ha sido. El ganado no aumentaba para nada. Entonces, por obra y gracia de nuestro señor, en Lachaqui; ocurrió una torrencial lluvia, como nunca antes había sucedido. En eso, las casas se movían de lugar, sus bases de hacían. El ganado, como que no importó para nadie; nos rezamos a San Santiago y nos protegió del desastre. Nos rezamos a todos los santos que habían en nuestras memorias, le rezamos a la nada que ya no era imposible. Más tarde se abría ante nuestros ojos un inmenso riachuelo que ahora dejó muchas acequias, y quebradas.
Es justamente allí, en una quebrada, que petrificado quedó el toro más fuerte, más vigorozo, el cemental de mamá Eugenia; ella cobraba 10 libras por dejar que reproduzca el ganado con el manchado toro "barroso". Mi barrosito, se ha muerto, decía mamacha Eugenia, pero su barrosito no había muerto, se había quedado allí, en acción de montar a las hembras que querían tener descendencia, pero la gente ya no iba con fe solo a observar lo que había pasado con el toro.
Luego de la lluvia, vinieron más y más curiosos. A observar el prodigio de la naturaleza.
Aura mamá Eugenia no nos cobrará más -decían-
Ya han pasado muchos años que la lluvia no vuelve como aquella vez. Ni queremos que retorne mala, de nuevo. Pero, el que va con fe a la quebrada, llevándole pasto y sal al "barrosito". El barrosito le monta, dizque, a sus vacas, aunque chusquitas y el ganado aumenta. Por eso en Lachaqui hay mucha carne, bastante leche y queso.
Pero aquel que va sin fe y deja a sus animales por la quebrada, da a luz, hijos flacos y débiles, hijos tuertos, o mancos o cojos, hijos que necesitan que se les atienda, porque sino se mueren sin más nada.
Por eso no más la gente se queda y con fe va llevándole al barrosito su pago, agradeciéndole la producción de su casa.
Si vienes a Lachaqui, ven con fe trayendo pasto y sal al barrosito, donde estés te hará el milagro, porque él es un toro encantado. La niebla, la nieve y el viento son testigos que no miento.
Hubo un tiempo en que el zorro era el animal más astuto sobre la faz terrestre. Este, era vivo, precoz y bastante inquieto. Pero no contaba con la idea y el pensar de otros seres (inclusive los no vivientes) que podían ganarle en las absurdas pruebas que él planteaba.
Cierta vez, el zorro, le dijo al conejo para que realicen una carrera. El conejo aceptó.
No contando con la astucia del zorro corrieron y el conejo perdió. La apuesta era que moriría el que perdiera. Perdió el conejo y el zorro se lo comió.
Así pasaban los días y todos los animales menores a este -el zorro- le temían.
Un día, el batán díjole que quería competir con él en una prueba que sin duda era el zorro quien sacaría a relucir su astucia, como siempre.
El zorro abobado y espantado pensó -pero si las piedras no hablan-
Pero era un batán quien dirigía sus palabras y él queriendo seguir con sus vanidades, aceptó.
Está bien, competiremos. Si gano, te hundo en la parte más honda del río.
Y si gano yo -díjole el batán- ¡mueres!
Aceptado -dijo el zorro-
"… apuesto que te gano en bajar ese cerro (señalando un cerro bastante elevado).
No lo creo, yo te gano.
Apostamos entonces.
Apostamos.
Ya en la cumbre.
Oye señor zorro, creo que hay injusticia en esta prueba, y creo que yo voy a ganar y no debe ser así, ¿qué dirán entonces los animales si te ven perder?, mira, te doy ventaja cien pasos, luego, yo salgo, ¿te parece?
¡Qué tonto, opa es este batán, no sabe que le voy a ganar!
Y darme ventaja, ja, ja, que es una prueba injusta, ja, ja, que yo no voy a ganar ja, ja, -pensó- bueno pues. Y salió disparado.
Mientras el zorro descendía el cerro corriendo desesperado, el batán contaba sus pasos y, al llegar a lo pactado empezó a rodar desde lo más alto del cerro. Primero lo hizo con calma y poca velocidad, tal como tenía que ser. Luego rodaba con mayor fuerza y muy veloz. Y dando grandes saltos, a medio cerro dio alcance al zorro y con gran fuerza aplastó su cabeza y lo mató, dejándolo tirado ante los ojos del mundo.
Tras ellos una gran avalancha de piedras y tierra los cubrieron.
Abajo, algunos animalillos que contemplaban la carrera, vieron cuan estúpido fue el zorro.
l toro encantado
l zorrro y el batán
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