Biografía(terra)
Nací en Lima el 19 de febrero del 65 en
el apacible barrio de Miraflores. Tengo 35 años pero parezco de
30 y quien me diga lo contrario arderá en la hoguera eterna.
Fui un niño tímido y sin embargo
travieso.Asistí puntual y esmeradamente al colegio Markham, en
el sereno barrio de San Antonio, donde me distinguí por mi
entusiasmo para jugar fulbito en los recreos y también por mi
torpeza para las matemáticas y el enrevesado juego de hockey
sobre césped.Los años de mi infancia los viví en una casa muy
bonita en Los Cóndores, a una hora en carro de Lima, pasando
Chaclacayo.
Soy
el tercero de diez hermanos, y está probado científicamente que
soy el más tonto de los diez. Al terminar tercero de media, mi
madre, preocupada por mi conducta díscola, me envió a trabajar
como practicante al diario "La Prensa", cuyo director
era amigo de ella. Ese verano en "La Prensa" cambió mi
vida, y supongo que también la del periódico, porque unos años
después terminó por quebrar. En el periódico hice de todo un
poco, y pasé años muy felices.
Los dos últimos años del colegio, nada más salir de clases corría a "La Prensa", donde me quedaba hasta bien entrada la noche. Hice amigos estupendos y descubrí que el periodismo puede ser un vicio y una pasión. El año 82 entré a la universidad Católica con la firme determinación de ser abogado y luego político, pero ese mismo año se jugó el mundial de fútbol de España, así que no fui a clases para ver el fútbol y casi me botan el primer semestre. Fui un pésimo estudiante. Pasé cuatro años mediocres y agonizantes en la universidad, en los que me dediqué a jugar fulbito, visitar la cafetería de artes y pasar raspando con once casi todos los cursos, salvo el de lógica, que, lógicamente, acabó con mi carrera universitaria. Se puede decir entonces que carezco de estudios superiores.
Me inauguré en la televisión el año 83, cuando apenas contaba la tierna edad de 18 años. Hacía programas políticos muy serios, pero luego me aburrí y empecé a entrevistar a toda clase de personalidades célebres o extravagantes, y entonces me la pasé mejor.
He hecho bastante televisión, y a veces me he divertido. Recuerdo con cariño la temporada que hice el año 90, cuando apoyé con fiebre tropical a Vargas Llosa y perdimos, y la del año siguiente, cuando, a mi regreso de Miami, lancé "Qué hay de nuevo", una copia tercermundista de Letterman que me excitó mucho y que, según recuerdo, tuvo buena acogida entre la vasta población insomne y despistada de Lima.
Hace como seis años hago televisión en Miami, y no me quejo. Primero estuve en "Sur", que como dicen los gringos terminó por irse al sur, luego en CBS en español, que también se disolvió con la rapidez de un alkaseltzer, y ahora estoy en Telemundo, y además distribuyo el programa en algunos países de América Latina, bien por eso.
De mis libros, qué puedo decir: comencé a escribir el año 90, cuando tenía 25, en un crudo invierno madrileño, y desde entonces no he podido dejar de escribir. Es, a la vez, un condena y una bendición, y no dudo de que es también mi vocación más verdadera y creo que perdurable. Me gustaría escribir, sólo escribir, pero los libros dan poca plata y no quiero que mis hijas vayan a un colegio malo.
El libro que más escándalos provocó fue sin duda el primero, "No se lo digas a nadie", que escribí en Washington entre el 92 y el 94, años en que me retiré del circo de la tele; el que más quiero, no sé por qué, es el segundo, "Fue ayer y no me acuerdo", quizá porque no vendió tanto como el primero; la sorpresa fue "La noche es virgen", que ni siquiera pensaba publicar y mandé medio vergonzosamente a competir por el Herralde y para mi perplejidad acabó ganando ese premio que me llena de orgullo, ya que no de pesetas; y mi corazón me lo jugué entero en "Yo amo a mi mami", que es un poco mi infancia novelada; olvidaba decir que me reí muchísimo escribiendo "Los últimos días de La Prensa", que, no creo exagerar, es quizá la novela más divertida de las que he escrito. Por último, quiero decir que sería nadie, sería apenas un fantasma balbuceante, si no fuera por el amor de Sandra y mis hijas Camila y Paola: los mejores momentos de mi vida me los han dado ellas, y por eso las amo para siempre y después también.
JAIME BAYLY Y SU AUDAZ VISITA A CHILE