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Javier Aguilera

Segunda Parte

"Dentro de todos los personajes que frecuentaban el Hippocampus, y el Jazz Bar, Jimmy Salcedo fue, por su importancia dentro del medio, uno de los más apreciados. Al final de la década de los sesentas, en el radioteatro de la cadena caracol se realizaban eventos muy importantes como la Orquídea de Plata Philips, concurso en el cual premiaban a los mejores grupos que se habían presentado durante todo el año en el programa radial La Hora Philips. Uno de esos grupos fueron Los Be Bops, del cual hacía parte como pianista un joven músico costeño que se llamaba Jaime Salcedo Tafache. El premio para el grupo era la grabación de un Long Play, material que se usó para promocionar el grupo y venderlo en el exterior.

Los Be Bops fueron contratados para una gira por Europa y algunos piases del cercano oriente. Como siempre ocurre en medio de la gira el grupo se desarmó y algunos de sus integrantes entre ellos Salcedo Tafache, se quedaron en Europa. En 1969 regresó al país formó un grupo el cual patrocinado por la Federación nacional de Cafeteros, fue a representar a Colombia en la Expo 70, la feria mundial de Osaka, en el Japón. Entre los músicos que participaron en ese viaje estaban, Jimmy Mondragón en la Guitarra, Henry Cuevas en la Batería, Mario Garrido en el Bajo y Julio Cerama cantando. A su regreso de Japón de donde trajo un equipo completo ultimo modelo, Jimmy se estableció en Bogotá y fundo "La onda tres" para trabajar como grupo de intermedio en el Grill Miramar. La primera Onda Tres fueron Cesar Hernandez a la guitarra, Arturo Cataño al Bajo y Alberto Nieto en la Batería.

Si quisiéramos reunir a todos los músicos que trabajaron con Jimmy, habría que alquilar el Campín pues durante los 16 años que existió la Onda Tres fueron muchos los músicos profesionales que por ahí pasaron. Ese fue uno de los méritos de este personaje, preocupado siempre por la perfección de su trabajo, ayudó, aconsejó y de cierta manera educó a muchos músicos quienes después de trabajar con el, miraban su profesión desde otro punto de vista. La presentación personal, el estudio concienzudo del repertorio, la puntualidad, las buenas maneras, fueron siempre los puntos que más recalcó en el trabajo y una de las razones por las cuales cambiaba de músicos con tanta frecuencia. La otra razón era su temperamento fuerte y desconcertante a la vez. Muchas lágrimas derramaron las cantantes sin importar el grado de estrellato que tuvieran, las modelos, las bailarinas, las secretarias, las maquilladoras cuando después de la primera advertencia volvían a cometer el mismo error. Con los músicos, técnicos y empleados suyos en cuestiones de trabajo era tan exigente, que a causa de su manera brusca y a veces grosera de decir las cosas, muchas veces estuvo a punto de que lo agredieran físicamente. Pero en el trato personal fuera del trabajo con sus compañeros más cercanos era muy cálido, generoso de un inolvidable sentido del humor.

Es increíble que hasta hoy en la TV colombiana, después del Show de Jimmy, que duró al aire tantos años, no exista un musical con el criterio y la calidad de producción con los cuales se hacía semanalmente este programa. La clave del éxito de Jimmy fue ser perfeccionista, su aspecto personal, su residencia, sus instrumentos siempre fueron cuidadosamente mantenidos y en su labor profesional nunca dejó ningún aspecto al azar. Siempre se asesoró de excelentes músicos, y el buen gusto siempre lo acompañó. Aunque su producción discográfica fue relativamente pequeña, un álbum con los Be Bops, cuatro con la onda tres, varios arreglos para el disco Diners, por la época que sufrió el coma diabético, iba a viajar a Miami para grabar un disco que ya tenía preparado junto con Willy Chirino.

En 1976 se inició otro ciclo de música en vivo, en Bogotá, con el Restaurante Doña Barbara, el cual combinaba varios elementos que fueron definitivos para su gran éxito. El lugar estaba decorado con muy buen gusto al estilo oeste. La comida era exquisita, estaba atendido por hermosas niñas en su mayoría extranjeras y la música en vivo todas las noches la hacía el grupo Café. Gabriel Rondón a la Guitarra, Jorge Guarin al piano, Edgar Bernal al Bajo y Javier Aguilera a la batería.

En los dos años que duró el grupo Café en Doña Barbara se hizo un repertorio grandísimo de Jazz. Músicos como Bernardo Ossa, que iba a tocar las congas, Fernando Saenz con el Saxo Soprano, Jimmy Tanaka excelente arreglista colombiano radicado en el Canadá, y también percusionista, cada vez que venía a Colombia, no fallaba a Barbara. Luis Felipe Basto y Rodolfo Ledesma (quien en la actualidad es el director del Departamento de Música de la Universidad del Valle) como pianistas, cubrían a Jorge Guarín cuando tenía que viajar con Fruko y sus Tesos, que era muy frecuentemente. Realmente el grupo marcó una época, hizo una escuela, que luego retomarían los jóvenes músicos de las nuevas generaciones modificando y mejorando el estilo y los patrones .

Los excelentes grupos de Jazz que hoy existen en Colombia, así sus integrantes sean muy jóvenes y no hayan vivido estas épocas, tienen la influencia, la herencia, de este grupo de músicos, quienes fueron pioneros del género en Colombia.

También tocaron en Doña Barbara, Jean Galvis y su grupo, Fercho Reyes, a la guitarra, el Sardino Acevedo a la Batería y Fabio Gomez en el Bajo. Fácilmente Jean doblaba la edad de sus compañeros. Era una exquisita mujer de 48 años proveniente de una distinguida familia santandereana, que un día decidió irse a los EEUU a aprender a tocar Jazz, y realmente lo logró. Ella duro tal vez 20 años en el exterior y cuando volvió a Bogotá inmediatamente organizó su grupo, el cual tuvo mucho éxito en Barbara y luego en un lugar propìo de Jean que se llamó El Jazz. Jean Galvis , ha sido de los personajes más importantes en el Jazz Colombiano, desafortunadamente, ya no esta entre nosotros.

Cuando Mauricio Vasquez, el propietario de Doña Barbará, tomó nota del éxito que tenían sus meseras, Pepa, la española, Susana la Argentina, la Belga, Mafalda, Nydia Bahamón, las Flacas Cadena, María Margarita, etc. Tuvo una brillante idea: fundar una revista al estilo Play Boy, donde aparecerían en cueros todas estas bellezas. La Revista se llamó Barbara Barbara y alcanzó 5 ediciones. El Restaurante que fue el soporte económico del proyecto, sucumbió bajo el peso de los acreedores de la Revista.

En la segunda mitad de la década de los 70s y la primera de los 80s surgió un género que fue el Café Concierto. Proliferaron este tipo de negocios, de los cuales el primero fue La Gata Caliente, en un pequeño localito en el centro de Bogotá y que luego funcionaría del 80 al 85 en el hermoso edificio redondo de la 100 con 15.

El circo del Gordo Benjumea, funcionó primero en un sótano de las torres del Parque y luego en la 23 con 9ª en el centro, y tantos más, que fueron fuente de trabajo para los músicos. Se hicieron trabajos muy buenos tanto en vivo como grabados para las obras de Café Concierto.

Frente a Keops, ( la mejor y más grande discoteca de la época cuyos dueños eran Nano Pombo y Willie Vergara, en algunas oportunidades presentaban Orquestas y grupos en vivo), un platense, Leon del Toro abrió un barcito mínimo que llamó El Cocoloco, donde inicialmente el cantaba y se acompañaba con su guitarra, las magníficas canciones que dentro del género caribeño componía. Poco a poco se fueron agregando las congas, la batería, un piano acústico, un bajo, micrófonos y de pronto tenía un combo completo tocando todas las noches.

La clientela del Cocoloco, fue la más selecta del país, personajes como Enrique Santos Calderon, Julio Sanchez Cristo, Yamid Amat, María Emma Mejía, Amparito Grisales y las más fulgurantes estrellas de los medios y la televisión y la política eran los visitantes habituales.

Los músicos, encabezados por Jimmy Salcedo, arribaban noche a noche después de sus trabajos, o desde temprano cuando no había "Chisga". Inolvidable el maestro Hernando Becerra, quien por casualidad descubrió el sitio y le encantó, pues allí se podía sentar al piano y tocar lo que quisiera, recibiendo siempre muchos aplausos. El, acostumbrado a la Zarzuela, a la opera, y al acompañamiento de Shows complicadísismos gozaba mucho tocando, improvisando en un ambiente muy informal y cálido.

En Cocoloco, pudimos ver, oír y acompañar a José Feliciano, a Schlesinger, el director del grupo Venezolano Daiquiri, a Kent Shima, pianista Japonés que vino acompañando al ciego Feliciano, a Hector Martignon la primera vez que volvió después de su estadía en Europa y el Brasil, y a una cantidad de artistas que llegaban a la hora menos pensada . Una tarde German Chavarriaga, tenía que sacar su batería y cuando llegó oyó a alguien tocándola. Visiblemente disgustado subió al mezzanine donde estaban los instrumentos y comenzó a recriminar a la persona que abusivamente estaba tocándole su instrumento. Cuando se acercó mas se dio cuenta quien era. Era David Carradine, Kung Fu, el verdadero, el original. Lógicamente Germán cambió inmediatamente de actitud y entabló un cordial dialogo con el actor, con quien terminó en tremenda pelea tres horas más tarde.

El Cocoloco a las dos de la mañana parecía una buseta. No se podía caminar adentro por la cantidad de gente. Para poder ingresar había que golpear con una clave, si no, nadie le abría la puerta, o tocaba esperar que alguien saliera y entrar como un tiro antes que volvieran a cerrar. Estas situaciones de multitudes y de música en vivo hasta altas horas de la madrugada, obligaron a los vecinos del edificio a quejarse. Se quejaron tanto y además con razón, que Leon del Toro se vio obligado a trasladar el chuzo. Se consiguió un local en la 100 con 15 al lado de la Gata Caliente, detrás de Le Palace, y abrió, pero le cambió el nombre lo puso Macondo, y no funcionó. El Cocoloco clausuró actividades.

En Noviembre de 1992, se inauguró el Jazz Bar 93 ah! , se tenía la seguridad de su éxito por las condiciones de Ubicación (Centro 93), Diseño (Barra de Músicos ), Repertorio (Jazz, salsa ,Bolero y son), Músicos : Manrique, Aguilera, Escobar , y excelente servicio. La formula no podía fallar, y no falló. Los medios, invitados por Alvaro Ruiz y Nick Camelo, se encargaron de publicitar el negocio. Al segundo mes no cabia la gente.

Para variar, los fines de semana se invitaba a un artista, cantante o instrumentista, recordando viejas épocas del Hippocampus. Cantantes como Gisela, Alvaro Ruiz, Alvaro Ruiz Jr. Rafael Urraza, instrumentistas como, Tico y Toño Arnedo, quien en muchas ocasiones asistía al bar y tocaba como parte de su practica estudiantil, Edy Martinez, Marc Kittflus, pianista de Juan Manuel Serrat, Marta Patricia Yepes en un break que hizo en España, para venir y estuvo dos meses en Bogotá, Alfredo Linares, pianista y arreglista Peruano, Alfredo de la Fe.

En ese año regresó de los EEUU Oscar Acevedo, después de estudiar en la Universidad de Berkelee en Boston, él era otro asiduo visitante, y con quien se tocaba sin preocuparnos por el horario.

El grupo de los caleños (asi lo llamabamos, por que no tenían nombre) integrado por Juan Vicente Zambrano al piano, Alberto Ramirez a la Guitarra. Satoshi Takeisi a la Batería y Kike Santander en la Voz y el Bajo, fueron invitados muchas veces al Jazz Bar. La calidad de este grupo era impresionante, su repertorio, de Chick Corea, de Tania María, y mucho propio, impecablemente ejecutado, dejaba ver la calidad de estos muchachos que hoy, a excepción de Alberto Ramirez que continúa en Cali al frente de su empresa productora de Jingles, están en los EEUU, ubicados dentro de la Elite de la música.

Juan Vicente, grabó varios discos con el Flautista Nestor Torres, y en la actualidad está trabajando con Kike Santander en producción. Satoshi, quien es el baterista de cabecera de Toño Arnedo, esta trabajando con la Pianista Brasilera Eliane Elias. Satoshi Takeishi, llegó a Colombia con Juan Vicente, después de acabar un ciclo en Berkelee, estaba en casa de Juanvi, en Cali cuando Javier Aguilera, llamo a Zambrano para reemplazar a Manrique, (Un reemplazo definitivo) quien aceptó el trabajo con la condición de venir con el Japones, condición aceptada inmediatamente. Como se hospedaron en casa de Javier Aguilera, el intercambio bateristico fue intenso. En una de esas sesiones preguntaba Satos, "Javier, como toca tu cumbia?" Después de las explicaciones del caso, acentos, patrones, sincopa, el amarillo en media hora tenía la lección perfectamente aprendida, tanto que un mes más tarde estaba grabando el álbum "Macumbia" con Francisco Zumaqué

En la misma época del Jazz Bar funcionó un lugar donde se tocaba Jazz Contemporáneo, único en Colombia. El lugar se llamaba La Pola y quedaba en la carrera 11 con calle 86. El grupo inmejorable: Cuatro teclados, Bernardo Ossa tocaba dos y Juanvi Zambrano los otros dos, en el Bajo Lisandro Zapata, quien después de esa temporada en la Pola viajó a Inglaterra donde aún permanece tocando con su grupo música colombiana y latinoamericana, tanto en Londres como en el Norte de Africa, a donde va anualmente, Alexie Restrepo en la Guitarra, Toño Arnedo en el Soprano, y Gustavo Gallo en las congas. Mejor para donde. En su repertorio mezclaban Jazz fusión con trabajos propios de gran calidad.

En la calle 86 arriba de la 15 La Cacerola, fue precursora de lugares donde tocar Jazz. Era un pequeño Restaurante donde el grupo del magnífico pianista Gabriel Cuellar se presentaba. Tal vez fue de los primeros grupos que grabaron temas propios no tan inclinados hacia el Jazz pero si utilizando su sonido y formato agregando voces. El grupo era La Banda Nueva, y su éxito, Emiliano Pinilla. El baterista de esta Banda, era Jaime Cordoba, quien en la actualidad continúa su labor de publicista y Jinglero.

En La Cacerola comenzó una era de la música en Bogotá, que continuó con Doña Barbara, y luego el Watson Bar en el mismo local de la Cacerola pero ampliado y remodelado. Por este Watson pasaron, el Grupo Bandido, un formidable grupo integrado por Pacho Sanchez al piano, Lisandro Zapata al bajo, y los hermanos Alexei y Mario Restrepo en guitarra y batería respectivamente.

El repertorio del grupo, eran temas de moda de los grupos Toto, Bee Gees, Michael Jackson, que interpretaban impecablemente, la voz lider era la de Mario Restrepo. También tocó en el Watson, un trio de Jazz, integrado por Jean Galvis, Armando Escobar y Javier Aguilera. La vida del Watson no fue muy larga, pues sus dueños estaban interesados en negocios muy distintos al Show Bussines.

El sector de la calle 85, comenzó a acreditarse y surgieron muchos bares y Tabernas donde se podía escuchar música en vivo, tal vez la más importante y que creó su propio estilo fue Ramón Antigua. Su propietario, Leonardo Alvarez cantautor paisa, creó un nuevo estilo, descomplicado y totalmente informal para la rumba, una decoración rústica, una magnifica orquesta de salsa, la participación directa del público en el espectáculo, mediante concursos y un show de música de los sesenta. Una particularidad única de Ramón Antigua, fue que nunca existió pista de baile. La multitud bailaba encima de las mesas, en los corredores, donde pudiera. La orquesta, una banda grande, estuvo dirigida por Beto Diaz, inicialmente y luego por Memo Urbano y siempre contó con los mejores músicos del género. Era la Banda Mamboré. Gabi Zacasas, flautista y cantante de grandes dimensiones físicas y artísticas, hacía un show de música costeña y Leonardo Alvarez comandaba el show de los sesentas. Con este menú de música, las 250 personas que todos los jueves viernes y sábados, asistían a la Taberna, y consumían cantidades navegables de licor, bailaban frenéticamente hasta el final de la noche.

El "Village" bogotano

El sector aledaño a las torres del parque, se hizo acreedor al mote del Village Bogotano, y en el comenzaron a funcionar lugares como La Teja Corrida donde se presentaban músicos, bailarines, mimos, teatreros, con un criterio muy amplio, allí se podian oir grupos de Jazz, de salsa, de folclor tanto del Pacífico como de Atlantico, realmente fue un espacio para todas las expresiones artísticas de Bogotà, el cual hacía honor a su nombre pues en los inmisericordes inviernos Bogotanos, las goteras eran parte del decorado, sin que los asistentes se inmutaran. Cuando mucho se cambiaban de lugar huyéndole al agua, pero el show continuaba como si nada.

Otro lugar fue La Casa Colombia, donde se le dio preponderancia a la música Colombiana presentando a diario espectáculos y ballets folclóricos.El Quiebracanto, también se instaló en el Village, la salsa dura que ha identificado al Quiebra, comezó a sonar alrededor de la Plaza de Toros. En esta area han surgido y muerto infinidad de sitios, y aunque algunos han tratado de mantener música en vivo, como La Teja, no volvió a aparecer ninguno.

Dentro del movimiento musical Bogotano hay dos personajes que sin ser músicos han contribuido de manera fundamental, al desarrollo de la música Urbana.

El primero, melómano especializado en los aires del Caribe, Cantante esporádico de Boleros, y empresario del espectáculo, desde hace tiempo en un local mínimo de la calle 23 abajo de la 13, fundó El Goce Pagano. Toda una institución para ir a oír y bailar salsa, de la mejor, escogida de la discoteca particular del dueño del bar, el señor Cesar Pagano, apellido adoptado por el cómo seudónimo, en sus escritos sobre música para el diario El Tiempo y otras publicaciones y para sus programas radiales en la Emisora Javeriana. En el localito de la 23 del goce aunque hubiera querido no era posible presentar música en vivo por la estreches del lugar, entonces abrió una sucursal del Goce en la Caracas con 74, un poco más amplia, pero tenía el ojo puesto a un sitio en la Zona Rosa, a donde había trasladado su negocio, desde la Candelaria, el pintor Ruben Rueda, "El son de los grillos" y que no estaba dando mucho resultado. Donde puso el ojo puso el negocio, pero en vez de el Goce, lo bautizó con nombre de mujer: Salomé. Comenzó con los Martes de amarte, con un solo músico, cantante , guitarrista, bolerista, camorrista, anarquista, que a pesar de los dos últimos apelativos, es de los pocos músicos tocados por Dios, que sin haber asistido a ninguna academia, manejan unos niveles musicales superiores al común: El Loco Gustavo Rodas. Duró lo que puede durar un personaje así en un trabajo como este. Después , Cesar toma el local de al lado, lo cual significa que triplica la capacidad, en dos pisos y comienza a llevar orquestas, conjuntos, cantantes, ya no solo los martes sino todos los días de la semana

Por Salomé Pagana, que es como finalmente quedó bautizado el bar, han pasado todos los músicos, bogotános en los géneros de salsa, folclore, Jazz, y por supuesto Boleros, género preferido de Pagano al cual ha definido como "Corruptor de Mayores". De la misma manera para los grandes de la música cubana, Rubalcaba, Irakere, Los Van Van, La original de Manzanillo, La orquesta Aragón, Chucho Valdés, cuando vienen a Bogotá, la rumba en Salomé es impajaritable. Son sesiones de música irrepetibles, donde todo el mundo "Descarga" y se repite la consigna, "quitate tu pa ponerme yo"

Cuando cualquier transeúnte desprevenido, observa el nombre de un lugar que se llama Café Libro, supone que es un Bar Biblioteca, tal vez esa era la idea de Alberto Lintfack, cuando en un pequeño localito de la 48 con 17 abrió el primer Café Libro. Pero la música y la Danza, pudieron más que los libros, y con ese criterio que además incluye, Galería de Arte; hoy son cuatro. Dos en la zona universitaria de Chapinero y dos en la Zona Rosa, donde semana a semana se presentan grupos, Videos, Cine, todo alrededor de la música. En la hermosa casa de la 81, remodelada en un cálido estilo tropical, se realiza todos los lunes un ciclo de Jazz, que ya lleva años, se han presentado todos los grupo de este género, llenando el inmenso vacío que desde 1993, con la desaparición del Zanzíbar, existe en Bogotá. Los demás días de la semana, en los diferentes Cafelibros, puede uno encontrarse con grupos de Reggae, Salsa, Folckor, o sesentas.

Con este mismo criterio existió Saint Amour, en la 83 con 15 y luego en la 84 con 14. Por razones que desconocemos, hace tres años se acabó.

Los Quiebracantos, dos en el centro y uno en la 79 con 15, han logrado mantenerse, y aunque en un principio trataron de presentar música en vivo, en la actualidad solo el de la 17 , organiza los miércoles conciertos con grupos como El Bloque de Búsqueda, Mango, La Funkera, Ciegos Sordomudos, genero Rock-Fusión , los cuales son muy concurridos por un publico joven, que afortunadamente, debido a la cantidad de escuelas de música que existen actualmente y a los medios de comunicación, saben y conocen de música, lo cual hace que estos eventos sean mucho más que las consabidas "Peperas" de otros tiempos.

Cuando la Zona Rosa, todavía no era la Zona Rosa, en la 13 con 82, Kent Biswell decidió abrir lo que denominó, "El Café del Jazz". Excelente lugar. Kent Biswell en la Guitarra y la registradora, Mario Henriquez al piano, Armando Escobar en el bajo, y el recordado René Rodriguez en la Batería, tal vez fue el último trabajo fijo que hizo el viejo René. Con el tiempo, se fueron rotando los músicos y hubo un momento mágico en el cual había un super combo: Joe Madrid, Kent Biswell, Memo Urbano, El Gordo Jaime, Javier Aguilera y Gustavo Gallo.

Dos boricuas, bravos tocaron en el Café : Israel Tanenbaun, Pianista y Johny Benitez bajista. Ese fue otro lugar, que se llenaba todos los días de lunes a sábado, y que mantenía una nómina de músicos, insuperable. Hay un dicho para definir esto: "Conseguirán más baratos, pero mejores..... ni creo" . Entonces comenzaron a frecuentar el lugar un grupo de músicos jóvenes interesados en el Jazz. Los Zagarra, Los Sandoval, Los Arnedo, Mauricio Jaramillo, José Madero, Willi Maestre, Manuel Tejada, Oscar Acevedo, Carlos Díaz, Alfonso Robledo, Gustavo Eraso, y el más joven, Diego Moris, pianista con escuela clásica, quienes son en este momento todos figuras del Jazz en Colombia. El Café del Jazz subsistió hasta cuando la 82, se inundó de bares para muchachos. El Dance, el Trance y todos esos géneros modernos, cuyo publico son los adolescentes, sitiaron literalmente al Jazz. Él publico del Jazz era en ese tiempo, gente relativamente mayor, que no encontraban parqueadero, y si lo encontraban, al salir encontraban a cuatro o cinco pepos, sentados encima, del carro tomando trago y balanceándose al ritmo de mil músicas estridentes que salían de los parlantes de todos los bares aledaños instalados en la calle. Así poco a poco asfixiado por la multitud exterior fue muriendo lentamente "El Café del Jazz"

Los músicos Colombianos, con mucha razón, tienen fama de versátiles y excelentes instrumentistas, por lo cual son muy solicitados en el exterior, principalmente en las Antillas Menores, y en los Cruceros de lujo, en el Caribe.

Aruba fue, durante mucho tiempo, fuente de trabajo para los Colombianos. Un sobresaliente Trompetista nariñence, Eduardo Maya, fue el colonizador del mercado isleño. Desde hace mucho tiempo, radicado en la isla, conformó su orquesta, donde un alto porcentaje de los músicos era Colombiano. Edgardo Bossio, Kent Biswell, Fercho Reyes, Hernando Maya, Dagoberto García, Jorge Guarín, pasaron largas temporadas en Aruba, trabajando en Hoteles acompañando Shows internacionales. Los Cinco de Oro, integrados por José Angel Macías, Germán Chavarriaga, Jimmy Perdómo entre otros, a comienzo de los setentas, realizaron una larga temporada, y mucho antes el Maestro Hernando Becerra, quien fue un embajador musical por todo el planeta, en épocas de Xavier Cugat, y Ernesto Lecuona.

Los barcos fueron otro cuento. Se contrataban los músicos en Bogotá, y del aeropuerto de Miami, pasaban derechito al barco, con contratos renovables de seis meses en adelante. El formato de los grupos era cuarteto, y el repertorio el adecuado para animar a las oleadas de gringos, de todas las especies que duraban ocho días en el crucero, desde los deliciosos cursos de colegialas en su excursión de fin de año, hasta los aburridos grupos de la tercera edad, pasando por otoñales señoras, en plan de olvidar su cuarto fracaso matrimonial. En alguna temporada de estas los dos conjuntos musicales del tour eran Colombianos, en esa ocasión navegaban en el mismo barco: Jorge Kruger, Danilo Escobar, Edgar Bernal, Mario Henriquez, Germán Chavarriaga, y Armando Escobar. El barco duraba anclado en el puerto una tarde y una noche y a la mañana siguiente muy tempranito, continuaba su viaje. Tanto los pasajeros como la tripulación, dentro de la cual estaban los músicos, bajaban a tierra, y debían regresar al navío, una o dos horas antes de zarpar. Una noche en Puerto Rico, Germán Chavarriaga y el Mono Bernal, paseaban desprevenidos por el puerto, cuando de un fabuloso Cabaret, repleto de mujeres, salían a borbotones, las queridas notas de La Pollera Colorá . Invadidos por la nostalgia de su tierra, y por el orgullo de saber su música querida en el exterior, penetraron raudos al Nigth Club. Sentados en la barra, no se habían repuesto aun de la emoción, cuando la Bartender, una hermosa mujer de piel canela y formas voluptuosas les dijo: "Quiubo Pues! Que les provocaría tomar bizcochos? Era Pereirana, y había como tres paisanas más, todas divinas. Invadidos por la nostalgia y una profunda emoción patriotica, ellos y ellas dieron inicio a la más frenética celebración, que solo se vio interrumpida cuando el barco en medio de su ensordecedor pito, se alejaba del puerto rumbo a su próximo destino.

Germán Chavarriaga

Después de mil abrazos, y promesas de marinero, nuestros dos queridos colegas afrontaron la cruel realidad. Habían cometido una grave falta, que les acarrearía, sanciones y multas, pero eso no significaba nada, al lado de la inolvidable velada de la noche anterior. Lo que no se esperaban era la maniobra que tenían que hacer para volverse a embarcar. Tuvieron que esperar otro barco que hacía la misma ruta y abordarlo.

Y luego en altamar, donde los estaba esperando el otro, bajar de cubierta por una escalerita de lasos, los cinco pisos de altura que tienen estos colosos del mar, montarse en un botecito, navegar varios cientos de metros y emprender el ascenso de otros cinco pisos, por otra escalerita de lazos, azotados por los vientos marinos, hasta conseguir la cubierta del barco que era su hogar en el Caribe. Ese día juraron que nunca jamás, por buena que estuviera la fiesta, no se volvían a quedar del Barco.

El último grupo de Colombianos, que realizó este trabajo lo llevó Jorge Kruger, en el año 94. Fueron : Mauricio Jaramillo, José Madero y Alfonsito Robledo. Hicieron una temporada de seis meses, y en la actualidad el pianista Ricardo Uribe y su pareja como cantante, trabajan regularmente cada fin de año un crucero por las Bahamas".

Continuar a la 3a y ultima parte del texto.

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